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Diario personal sin pausa 
 
 Maite Pagazaurtundua 
 
El martes por la mañana terminé de leer el último relato de Los peces de la amargura del escritor donostiarra Fernando Aramburu. Cuando unos días antes leí el primero de ellos tuve la sensación de que la página de este diario que escribí hace dos semanas podría haber pasado inadvertida dentro de él.
 
No sé si fue esa misma mañana o había sido la anterior, ya  perdonarán la inconsistencia de mi memoria, pero en un desplazamiento del lunes o del martes desde mi domicilio vi a un hombre que me resultaba conocido. Alguna vez lo había visto de más lejos en esa misma calle. Era el de las fotos de los periódicos. Me acercaba a Julio Iglesias Zamora, secuestrado por ETA hace unos años y al que nunca había mirado cara a cara. A pocos metros también él me vio y reconoció. Nos miramos al interior de los ojos. Como si nos contásemos una vida. Nos saludamos sin hablarnos. Creo que él se quedó mirando mientras me alejaba, aunque no lo sé de cierto porque no miré atrás.
 
 Fernando Aramburu vive en Alemania desde hace muchos años, pero sabe de la tragedia de la intolerancia vasca, y de sus efectos secundarios en las familias y en las almas de los afectados, como voluntariamente no saben muchos vecinos nuestros.  
 
Ha llenado de verdad sus relatos. Es la verdad de las mentiras, si me permiten la expresión de Vargas Llosa y una cita del escritor peruano: “la literatura cuenta la historia que la historia que escriben los historiadores no sabe ni puede contar”. La historia que no cuentan las verdades oficiales del Gobierno Vasco. Y lo hace sin tremendismo, con delicadeza inadvertida, para no caer en el panfleto, para respetar las reglas internas de la ficción.
 
Había tenido el libro sobre la mesilla de noche más de una semana y no me atrevía a abrirlo, pero me había comprometido junto con mi querido amigo José Ramón Recalde a participar en la presentación del libro el martes, día 10 de octubre, en la librería Lagun de San Sebastián.
 
Durante la mañana del martes se transmitía cada poco rato en las noticias de CNN+ que Iñaki de Juana había abandonado la huelga de hambre porque se siente reconfortado por el apoyo social. El consejero de Justicia vasco se refería a él exigiendo proporcionalidad para su caso. Entiendan la proporcionalidad a la nacionalista vasca, esto es, desean verlo en la calle porque creen que hay que olvidar. Las noticias por un lado, y la opinión del consejero olvidaban, ambas, el detalle de que se trata de un asesino múltiple, responsable de 25 asesinatos y de amenazas de muerte concretas, personales, proferidas desde la cárcel públicamente a través de un periódico afín. Durante todo el día, revuelta por el libro y por las noticias sentía los peces de la amargura y melancolía en mi estómago. Yo también.
 
Ahora bien, el libro de Fernando remueve pero no derrumba. Contiene la ternura de su mirada y chispazos de esperanza y dignidad desde la que los seres humanos buscamos recomponer la figura. Gran libro, gran persona, Fernando.