| ¡Basta Ya! | ||
| Salvar la vida |
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(Dedicado a los “tontos” de mis compañeros, ninguno de los cuáles ignoraba que aceptar ser concejal del PP en el País Vasco podía costarle la vida. Con mi admiración y mi amor).
Mi madre tiene una de esas televisiones, para mí esotéricas, que le permite ver los distintos canales autonómicos, canales de Historia, de Arte, deportivos… e Intereconomía.
Hace 3 ó 4 semanas estaba en su casa y vimos el programa El Gato en Intereconomía; eran los días en los que se hablaba de dos compañeros míos que iban a ser asesinados si de Juana Chaos moría en prisión. Llamaron a Leopoldo Barreda, nuestro portavoz en el Parlamento Vasco, para hablar del tema. Uno de los contertulios le preguntó: “¿no cree, entonces, que la decisión del Gobierno de atenuar la prisión de de Juana les ha salvado la vida?”. Leopoldo le contestó que, en realidad, les había reforzado en su convencimiento de que la amenaza violenta es el camino para que se ceda a todas sus exigencias.
A mí esa pregunta me dejó anonadada. El que la hizo es un contertulio habitual del que siento no recordar el nombre. No es que fuera muy original; simplemente estaba prestando su voz a la moda progre de los deseos de paz infinita, del falaz buenismo que predica el valor de cada vida como un bien absoluto a salvaguardar “como sea” y, por supuesto, a costa de lo que sea. ¡Manda huevos! que diría Trillo. ¿Cómo contestas a eso? ¿Predicas que una vida humana no tiene valor?
Desde la perspectiva de ese buenismo voceado por el contertulio del programa se entiende muy bien el mantra de uno de los habituales en el blog de Rosa, que justificaba la política ¿antiterrorista? del actual Gobierno repitiendo diariamente: “un día más sin muertos”; o se entiende la frase de ese cerebro gubernamental que dijo “ahora que ya no hay casi víctimas”; o lo de “con este gobierno sólo ha habido dos muertos” (y el señor de Mondragón ¿qué?). Es el buenismo de la Memoria Histórica, en realidad un Alzheimer intelectual que pretende recordar al dedillo lo que pasó hace 70 años, mientras la memoria reciente se escurre entre las neuronas: “ya no hay casi víctimas”.
Ahora bien, una cosa tuvo de buena esa pregunta: “¿no cree, entonces, que la decisión del Gobierno de atenuar la prisión de de Juana les ha salvado la vida?”. La telaraña viscosa del buenismo por lo menos te hace reflexionar; te hace preguntarte: “¿merece la pena arriesgar la vida oponiéndose a ETA?”. Hasta ahora, ni nos lo habíamos cuestionado; nuestros cálculos eran sobre las consecuencias en los hijos, la familia, las dificultades de la vida diaria… Ahora, ante estos argumentos progrebuenistas, tenemos que desarrollar conceptualmente lo que no era más que un impulso cívico, y dar consistencia intelectual a una postura instintiva de Civilización.
Es triste tener que desarrollar un discurso justificativo de lo que ha sido un compromiso vital básico, pero si no lo hacemos, encima vamos a quedar como idiotas. Es lo que está consiguiendo la actual política ¿antiterrorista? Al final, el que se ha jugado la vida durante años va a quedar como un pobre imbécil; nos están diciendo “si lo hacemos por ti; mira que somos buenos que aunque estás equivocada y eres una cazurra, conseguimos que no te asesinen. Eres una desagradecida porque nosotros te estamos salvando la vida; es por ti que dejamos que ETA entre en las instituciones de nuevo, es para que no te maten”. Si ceder ante los terroristas salva vidas y eso es lo más importante ¿qué kontxo llevamos haciendo tantos años? Liberamos a todos los de Juana Chaos del mundo mundial –o sea, cedemos a todas las exigencias terroristas-, no asesinan a nadie, y tal día hizo un año, ¿qué hay de malo en ello? que diría el Lehendakari.
Pues pensemos y reflexionemos ya que eso nos plantean (y la oportunidad de reflexionar sí que hay que agradecerla). Justifiquémonos los asesinables, los empecinados, los que impúdicamente arriesgamos nuestras vidas, los exhibicionistas que llevamos escolta…; ahora, somos nosotros los cuestionados; si nosotros no existiéramos, o si por lo menos flexibilizáramos nuestra postura entre el asesinado y el asesino, dicho finamente, no habría asesinatos; es la hora de los neutrales. Y este neutral Gobierno es tan bueno que nos quiere redimir de nuestra terquedad; que hará “cualquier cosa” para que pese a nuestro empecinamiento no nos maten; nuestra terca actitud, por tanto, requiere de justificación.
Para empezar, el pensamiento buenista que inspira la pregunta: “¿no cree, entonces, que la decisión del Gobierno de atenuar la prisión de de Juana les ha salvado la vida?”, lo primero que hace es asumir el discurso de los etarras. El que formula esa pregunta es alguien que se ha quedado sin discurso propio, sin un discurso democrático ante el Terror; en su escenario sólo hay un discurso en torno al que girar, y sobre el que comentar: el discurso del asesino. Es alguien que asume la inevitabilidad del asesinato si el asesino no consigue sus propósitos. Desprecia la capacidad de protección y de acción del Estado de Derecho para evitar asesinatos o detener a los asesinos. Concede a la banda dimensiones gigantescas, semidivinas, de señores de la Muerte, y considera a los señalados por su dedo como víctimas inevitables. Se cree el planteamiento de los etarras: o consigo lo que quiero, o mato. Y desprecia absolutamente el poder del Estado de Derecho para torcer y vencer el designio del asesino. Es triste pero ese pensamiento, encarnado en el Gobierno actual, cree más en los etarras que en sí mismo; y consecuentemente, practica la rendición preventiva. Pone nuestro futuro en manos de ETA: el asesino puede más que el Gobierno; el Gobierno no puede proteger a los demócratas, ergo hay que rendirse.
No se puede aceptar tranquilamente que Vanessa y Ramón fueran a ser asesinados si de Juana moría; es lo que ETA deseaba que creyéramos, deseo que parece que ha conseguido en lo que al Gobierno respecta: se lo cree; y es por eso que los voceros del Gobierno dicen: “hemos salvado la vida de Vanessa y Ramón liberando a de Juana”. Por el contrario, y en mi opinión, hay que rechazar que hubieran conseguido matarles por mucho que la banda lo quisiese. Actualmente los ciudadanos españoles, en un esfuerzo increíble, se gastan alrededor de 2.000.000 de las antiguas pesetas al mes en cada uno de los amenazados para evitar que sean asesinados (y sólo en el País Vasco hay unos 1.000 escoltados; sacad las cuentas). Eso sólo en las escoltas, y sin contar con el coste de los trabajos de apoyo y de investigación de los cuerpos y fuerzas de seguridad. ¿Es ETA superior a ese tremendo esfuerzo colectivo? ¿Qué gigante o qué fuerza cósmica suponemos que es esa banda de desalmados para creer que pueden vencer a toda una sociedad protegiendo a los demócratas?
Y luego está el valor de la vida humana. Yo coincido con el buenismo: nada merece la pena morir por ello. Pero sí creo que hay algunas cosas por las que merece la pena vivir. Yo no muero por enfrentarme al totalitarismo; yo vivo para enfrentarme al totalitarismo; y eso sí que estoy segura de que merece la pena, aunque los buenistas parecen haberlo olvidado. Yo no le pido al Gobierno que evite mi muerte, que por otra parte, de una forma u otra, es inevitable. Yo le pido al Gobierno que me acompañe en mi vida de compromiso, que no me deje sola en esta vida difícil, que se apoye en mí para neutralizar a los liberticidas; y le pido sobre todo que, poniendo la excusa de evitar mi muerte, no convierta mi vida en un esfuerzo inútil.
Al decir que intentan evitarme la muerte a toda costa, los retroprogres lo que están haciendo en realidad es burlarse de mi vida, de la vida que libremente he elegido vivir. Si para evitar mi desaparición me consiguen una supervivencia bajo el yugo totalitario ¿para qué servirá mi vida? Esa vida sí que no merecerá la pena.
Nadie quiere morir pero, lo repito, hay cosas por las que merece la pena vivir; y si rindiéndose se traicionan y desvalorizan esas cosas, entonces y sólo entonces, vivir no merecerá la pena.
Este artículo puede parecer demagógico. Es tristísimo que se tengan que decir cosas que casi dan vergüenza por grandilocuentes; el pudor básico nos lleva a una discreción a la que ofende esta estridencia. Pero la alternativa a la grandilocuencia es contestar que sí a la pregunta: “¿no cree, entonces, que la decisión del Gobierno de atenuar la prisión de de Juana les ha salvado la vida?” y dar esa decisión por buena; es sumarse al buenismo, callarse, decir que aquí no pasa nada, recordar el medio millón de muertos de hace 70 años, olvidar a los casi 1000 muertos de ayer mismo, al 10% de la población vasca exiliada, a los miles de mutilados, a las decenas de miles de amenazados (42.000 calculaba Gesto por la Paz), y rendirnos al totalitarismo para que ninguna mancha estropee la foto oficial: el sufrimiento de los oprimidos por el totalitarismo es casi invisible; nadie quiere morir –lógicamente- por rebelarse; y ya no quedará nadie que haga el idiota, nadie que esté dispuesto a vivir por la Libertad.
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