Entrevistas Revista ¡Hasta AQUI! Imprimir documento
 

ENTREVISTA A FRANCISCO LLERA

ANTZUELO


Francisco Llera es catedrático de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco y director del Euskobarómetro.

¿Cuál es su valoración inicial de los resultados electorales del pasado 17 de abril?
Los resultados no le han dado la vuelta al juego, pero han movido el tapete lo suficiente, como para poder hablar de un final del ciclo iniciado hace ocho años en Lizarra. El empate a 33 nos obliga a volver a andar el camino desde donde lo iniciamos en 1984, tras aquel otro empate a 32, del que casi nadie se acuerda.

¿El descenso del PNV-EA significa un castigo únicamente al Plan Ibarretxe? ¿Adónde cree que se han ido los 140.000 votos perdidos por esta coalición ?
No es muy difícil responder a esta cuestión. En principio y grosso modo, de esos 140.000, 28.000 son los consolidados por Aralar desde que aparece electoralmente en las Forales de 2003 y que habrían formado parte de los 80.000 que la izquierda abertzale le habría transferido al PNV en 2001. Otros 7.000 son los que el EHAK/PCTV suma a los obtenidos en esa misma fecha por EH y tendrían, básicamente, la misma procedencia, junto con algunos de los jóvenes incorporados al censo. Por lo tanto, nos quedarían unos 105.000 que se habrían quedado mayoritariamente en casa y que no han seguido el llamamiento plebiscitario de Ibarretxe, precisamente por rechazo a su radicalismo. Así que, frente a la estrategia radical de Ibarretxe de acumular y concentrar el máximo de fuerzas nacionalistas detrás de su plan, lo que se ha producido es una dispersión y un abandono, sobre todo, moderado.

¿Cree que el aumento significativo del PSE-EE proviene en buena parte de los votos que en 2001 fueron al PP y que, sin embargo, no se ha dado abundante pesca en los caladeros nacionalistas, fracasando, en parte, movimientos como Aldaketa o la apuesta por nombres como Guevara o Arregi?
Vayamos por partes. En primer lugar, el aumento en 19.000 votos del PSE-EE es discreto, aunque sea significativo por el retroceso generalizado de sus principales competidores, la fuerte desmovilización electoral y, sobre todo, su éxito relativo en escaños, que le devuelven la segunda posición de los ochenta y, sobre todo, la llave de la gobernabilidad. Puede que alguno de esos 19.000 votos procedan del PP, pero lo más probable es que sean de los 80.000 que había sumado ya en las legislativas de 2004. Además, el PP ha perdido muchísimos más que, con toda probabilidad, han preferido quedarse en casa mayoritariamente.
Respecto a los caladeros nacionalistas, si han conseguido que les retiraran el apoyo al PNV-EA, absteniéndose, ya es mucho para el primer paso de captación o transferencia potencial Además, no debemos olvidarnos los 14.000 votos perdidos por EB/IU, que si que han podido engrosar mayoritariamente las filas socialistas. Yo no creo que la operación Aldaketa o Guevara sean un fracaso, aunque no sean un éxito inmediato.
Sin embargo, creo que la exclusión de cualquier atisbo de redondismo o de ¡Basta Ya! (le han hecho caso, equivocadamente, a las recomendaciones de hace cuatro años de Anasagasti y Cebrián) han contribuido a una cierta desconfianza y, por tanto, a la limitación del éxito en forma de menor movilización (64.000 menos que en 2004) y menor captación de voto moderado y descontento con el endurecimiento del PP.

¿De cara al futuro, el 17 % del PP es un suelo electoral? ¿Puede ser relegado al ostracismo en la próxima legislatura, al menos por la conformación de una mayoría favorable a la reforma estatutaria?
El 17,4 % del voto válido del PP se sitúa a medio camino entre el 14,2 % de 1994 y el 19,8 % de 1998. En el primer caso todavía era alternativa de gobierno en ascenso en España y ocupaba la cuarta posición en Euskadi. En el segundo ya era mayoría de gobierno y ocupaba la segunda posición en Euskadi. Ahora, hace un año que ha pasado a la oposición en España y sigue siendo la tercera fuerza política en Euskadi.
Creo que es muy difícil hablar de techos y suelos electorales, pero todo apunta que esa puede ser una posición de mínimos muy resistente, a la vista de las circunstancias tan adversas de competición.
Su posición no puede ni debe situarle en el ostracismo parlamentario, a menos que sea esa su estrategia política. No entiendo una mayoría "reformista", de la que pueda quedar excluido el PP y pueda incluir, por ejemplo, a EHAK, Aralar o EA. Una de dos, o el PP ha dejado de ser reformista, cosa nada recomendable para sus intereses y los intereses de Estado, o tal mayoría no es reformista, sino "rupturista" o radical, en la que entonces no podría estar, al menos, el PSE-EE.

¿Está pidiendo la sociedad vasca con estos resultados una nueva etapa de gobierno nacionalista y socialista?
Con estos resultados y los principales movimientos de fondo, en relación a las ofertas partidistas de la campaña, creo que la sociedad vasca está pidiendo una nueva etapa política que ponga fin al frentismo y la exclusión que la concertación nacionalista inició hace ocho años en Lizarra. Ha sido una etapa catastrófica para la sociedad y la política, de desgobierno, de ruptura, de radicalismo, de polarización que ha creado más problemas sin resolver ninguno, sobre todo, el del terrorismo.
Esta nueva etapa no tiene por qué empezar con una coalición de gobierno nacionalista-socialista, pero tiene que ser la de la concertación entre las dos orillas: la nacionalista y la autonomista o constitucionalista. Ahora ya sabemos lo que quiere cada cual y el nacionalismo no puede seguir engañando a la sociedad vasca. Ha llegado la hora de la verdad para concertar el escenario final del terrorismo, la normalización de la vida política del país (básicamente, la renuncia del nacionalismo a la apropiación indebida del mismo, reconociendo y asumiendo realmente en la gobernación su pluralismo), la mejora del autogobierno y su reacomodo constitucional y, finalmente, la recuperación de la lealtad y la confianza recíprocas. Esto no es algo que puedan hacer en exclusiva dos partidos, ni puede comenzar a hacerse por un gobierno de coalición por muy transversal que sea.

¿Cómo interpretamos los 150.000 votos del EHAK? ¿Buscan una importante fuerza abertzale radical en un escenario sin ETA o, por el contrario, son votos puros y duros en su gran mayoría a favor de ETA y de seguir usando su violencia para conseguir sus objetivos?
Puede que sea temprano para responder del todo a esa pregunta. Desde luego, parte (quizá la mitad o algo más) son votos claramente reactivos y, por tanto, más cerrilmente fieles a los mensajes de ETA. Pero, ETA no ha podido actuar en esta ocasión (tanto por razones operativas, como por sus limitaciones estratégicas). ETA sabe, y nosotros también, que tiene muy erosionada su subcultura de la violencia y, por tanto, sus apoyos incondicionales. Esta "gabarra" de conveniencia no tiene personal, ni programa político, pero tampoco Batasuna tiene fácil la ejecución cotidiana de su vampirización política y estratégica. ¿Quién va a poder más sobre ellos? ¿El miedo al chantaje de ETA o la capacidad de compra clientelar del PNV? Tampoco sirven para "negociar" nada. Desde luego lo que si puede salvar a esa izquierda abertzale y a su espacio político es una fuerza con autonomía y programa político distinto al de la violencia, pero su ensalada ideológica es lo suficientemente importante como para tenerlo cada día más difícil. Si no, ¿por qué no han optado por una opción más solvente como Aralar? En todo caso, no debemos olvidar que tiene encima la espada de Damocles de la ilegalización si su actuación no es todo lo ortodoxa que exige la Ley de Partidos.

Algunos se temen que estemos ante un regreso de Batasuna, con o sin antifaz, a los ayuntamientos y demás administraciones en las próximas convocatorias electorales.
Es una posibilidad remota si no cambian sus posiciones políticas o las del Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo. Cada vez tienen menos margen para nuevos trucos. Ahora bien, bienvenidos sean si ETA renuncia al uso de la violencia y ellos apuestan por las vías democráticas existentes y no por las que ellos quieren y no lo son. En cualquier otro escenario, sería una catástrofe y un retroceso democrático evidentes.

La situación para formar gobierno parece endiablada. ¿por donde creen que pueden ir los acontecimientos?
Ibarretxe es un empecinado autoritario, que tiene un socio radical (EA) y otro escandalosamente oportunista (EB) -para quien no se cumplen ninguna de las condiciones que propuso en la campaña electoral para seguir de socio con el nacionalismo-, con un partido noqueado y dividido. Basándose en su teoría de la mayoría nacionalista y de la, más que falsa, radicalización electoral, va a intentar seguir haciendo, de forma agónica y victimista, lo mismo que ha estado haciendo en estos ocho años, como si no hubiese pasado o cambiado nada. Para ello espera contar con las debilidades "familiares" de EHAK (y Batasuna detrás) y con su posición institucional para, en el peor de los casos, poder echarle la culpa de su desgobierno a los partidos autonomistas y volver a hacer unas elecciones verdaderamente plebiscitarias. No va a mover ficha, si no se le obliga a hacerlo. Para que eso ocurra, la recuperación de un cierto nivel de confianza, lealtad y diálogo entre socialistas y populares (aunque solo sea por razones de Estado) es imprescindible. Lo contrario es, simplemente, letal. ¿Quién va a jugar a esto último? La responsabilidad es altísima.
Sin embargo, también podría intentar y dejársele gobernar inicialmente en minoría, siempre y cuando esté dispuesto a asumir y encabezar el cambio de ciclo hasta que la concertación democrática y plural diese sus frutos. Sería un gobierno minoritario, pero en un contexto de concertación claramente mayoritaria para recuperar la gobernabilidad plural y la estabilidad institucional del país.

¿Una tregua de ETA ahora pondría patas arriba este proceso de nuevo gobierno?
Una tregua de ETA en las condiciones operativas y estratégicas en que se encuentra no pondría patas arriba nada. Su interlocutor principal sería el Gobierno de Estado y las condiciones y requisitos de éste no tendrían nada que ver con Lizarra. ¿Están en condiciones de hacer esto? Si fuese así, lo único que haría sería contribuir al cambio de ciclo en la línea de concertación de la que acabo de hablar, dejando a Ibarretxe y a su plan en muy mal lugar.

¿La Ley de Partidos camina hacia su desaparición o, por lo menos, hibernación?
En las actuales circunstancias, yo creo que ni lo uno ni lo otro. Ha sido eficaz y ha dado excelentes resultados. Se nos han colado los del PCTV, pero todavía está por ver cuál va a ser su recorrido. Quizá tenga alguna limitación, aunque no creo que sea tanto de la ley, como de los mecanismos de inteligencia y de acumulación de pruebas. Me parece menos preocupantes estas limitaciones que la dura polémica entre sus valedores, socialistas y populares. Sinceramente, creo que el PP se está equivocando en el fondo y en la forma de sus últimas polémicas sobre la gestión o el estado del Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo. Me temo que éste sea otro efecto colateral del 11-M y eso es un gravísimo error.

¿Cree que está Ibarretxe tocado como líder del PNV?
Sinceramente, creo que si. Ha fracasado en sus planes, se ha servido de trucos nada ortodoxos ni democráticos y, solo se podría salvar, si sabe rectificar a tiempo.
Dudo que sea capaz de hacerlo, porque es demasiado obcecado, autista e iluminado. Es muy autoritario y resentido. De nuevo, en el PNV el partido y su liderazgo van a depender del lastre del Lehendakari. Ya pasó esto en 1984.

¿Estamos ante un éxito de Zapatero o puede ser una victoria con sabor amargo?
El éxito histórico de Zapatero hubiese sido conservar los 337.000 votos de las legislativas y haber captado los 20.000 perdidos desde entonces por el PP, aunque no hubiese captado ningún voto moderado nacionalista (que tampoco lo ha hecho). Esto le hubiese situado por encima de los 22 escaños y los constitucionalistas hubieran tenido mayoría absoluta. Nada habría sido igual y la necesaria política de concertación hubiese sido inevitable. No era imposible.
Pero, el resultado obtenido por los socialistas y el constitucionalismo en su conjunto es bueno, aunque sea un éxito limitado. Ahora si que depende de él la gestión del mismo para que no sea amargo o no se agüe la fiesta. Lo primero que tendría que hacer es conseguir el desalineamiento nacionalista de EB. ¿Va a ser capaz?

¿El PNV seguirá apostando por el soberanismo? ¿Buscará el referéndum?
Ibarretxe no piensa en otra cosa. El PNV ya ha enseñado todas sus cartas y seguirá apostando por ésta a corto o largo plazo. Todo depende de la fuerza y la capacidad estratégica que hagan valer el resto de los actores, sobre todo, constitucionalistas. En esto también jugamos un papel importante los movimientos cívicos. Creo que ha llegado el momento de volver a la acción, a la vista de las limitaciones de la política partidista.

¿Nos dejan estas elecciones una radiografía diferente de la sociedad vasca?
Evidentemente no, a pesar de los retoques, que en política siempre pueden ser significativos. Ahora bien, los pequeños cambios producen o puede producir efectos políticos muy distintos. No debemos olvidar que hace un año votamos en unas elecciones legislativas y la misma sociedad dio resultados bastante distintos. La clave está en la interpretación y la gestión política que la clase política representativa haga de esos resultados. Pero, no se les puede dejar solos. La política de los últimos ocho años no refleja la realidad plural y compleja de esta sociedad, por eso tiene que estrellarse, necesariamente, contra ella. Pero, debemos empujar para que así sea y cuanto antes.

¿Qué puede hacer una sociedad de dos millones de habitantes con 150.000 personas fuera del juego democrático o, incluso, enfrentadas a la democracia?
Si ha resistido lo peor y ha conseguido su erosión política y social, a pesar de la complicidad institucional y social del nacionalismo, persistir en la estrategia de reafirmar contra viento y marea los principios y las reglas de nuestra democracia constitucional. Lo cual no impide ni es contradictorio con una posición abierta a la reinserción, a las reformas o a la inclusión plural, siempre y cuando revisen profundamente sus planteamiento y actitudes totalitarias y violentas. Hasta entonces, podremos convivir perfectamente con su enquistamiento residual y regresivo. Sería un coste menor, comparado con el coste mayor de la victimización de la mitad de esta sociedad. Esto es lo verdaderamente importante, dramático, intolerable y prioritario y quien no lo entienda así o lo relegue en las prioridades de su agenda política habrá de rendir cuentas ante esta misma sociedad.