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ENTREVISTA A ROGELIO ALONSO

ANTZUELO

Cuando se cumplen diez años de los acuerdos que llevaron al silencio de la actividad terrorista en Irlanda del Norte, Rogelio Alonso ofrece en esta entrevista esclarecedores datos sobre aquellos años y sobre la situación actual. También realiza una interesante e importante comparación entre el IRA y ETA, así como entre la política que se ha hecho en Gran Bretaña e Irlanda y la que se lleva a cabo en el País Vasco.

Alonso ha vivido diez años, de 1994 hasta 2004, en Belfast (Irlanda del Norte). Durante todo este tiempo es testigo directo de lo que él llama “la década prodigiosa del proceso de paz” tras el abandono de las armas por parte del IRA y de los grupos armados unionistas. Allí ha sido profesor en el departamento de Ciencias Políticas de la Universidad del Ulster y Research Fellow del Institute of Irish Studies de la Universidad de Queen's. En la actualidad es profesor de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos y coordinador de la Unidad de Documentación y Análisis sobre Terrorismo (UDAT) de dicha universidad. Escribe habitualmente artículos de prensa sobre la situación política irlandesa. También ha publicado los libros La paz de Belfast (Alianza Editorial, 2000); Irlanda del Norte, una historia de guerra y la búsqueda de la paz (Editorial Complutense, 2001); Matar por Irlanda y la lucha armada (Alianza Editorial, 2003). En este último libro se ofrece una amplia muestra de entrevistas a activistas del IRA. A través de inéditas entrevistas personales con hombres y mujeres que han formado parte del grupo terrorista irlandés, analiza las motivaciones de éstos y el fracaso de la lucha armada. Un libro que expone lecciones fundamentales para la resolución de un conflicto considerado referente de otros procesos de paz y de violencia política, como es el caso del País Vasco.


¿Por qué el IRA abandonó la práctica terrorista como método de lucha política?

Después de 30 años de terrorismo y de asesinar a cientos de personas, los dirigentes terroristas asumieron su fracaso y decidieron abandonar una táctica que les reportaba escasos beneficios a pesar de su alto coste. Su violencia era incapaz de doblegar al estado británico y polarizaba profundamente a las comunidades norirlandesas generando un profundo odio que las separaba aún más. Al mismo tiempo el terrorismo del IRA tenía un alto coste político y personal para sus activistas. Podían surgir nuevos militantes, pero el ritmo al que eran encarcelados dañaba enormemente al grupo terrorista. Como decía uno de sus activistas en una entrevista con un académico, podían continuar con la violencia pero era “como mear contra el viento”, pues no iban a ninguna parte.

Diez años después del final de su actividad, ¿se puede decir que el IRA está definitivamente desactivado o sigue de alguna forma vigilante?

El IRA continúa involucrado en actividades de contrabando y extorsión. Ha entregado algunas armas, pero desde luego dispone de muchas otras. Los expertos en el conflicto norirlandés coinciden en señalar que el IRA no va a regresar a una campaña de violencia terrorista como en el pasado. La mayoría de los republicanos entienden que lo que han denominado “la guerra” ha concluido y no lo ha hecho con una victoria, sino todo lo contrario, de ahí que no se contemple un reanudación de un terrorismo que no les ha servido para avanzar en la consecución de sus objetivos.

¿Jugaron algún papel importante en ese proceso las víctimas?

Las víctimas del terrorismo en Irlanda del Norte han sufrido mucho y todavía continúan haciéndolo. Es importante destacar que el IRA ha sido la organización terrorista más sanguinaria siendo responsable de casi un 60 por ciento de las víctimas del conflicto. Ahora bien, es preciso recordar que en Irlanda del Norte ha habido otros grupos terroristas unionistas, o sea, partidarios de que Irlanda del Norte continuara siendo parte del Reino Unido, que también han perpetrado una intensa violencia. Por lo tanto en esta región nos encontramos con víctimas de diversas comunidades y con un terrorismo de un signo que es respondido con más terrorismo de una ideología opuesto.

¿Cómo se comportaron los medios de comunicación?

De todo ha habido. Hubo medios más responsables que otros. Algunos contribuyeron a instrumentalizar términos como la paz y el diálogo obstaculizando por ello la pacificación, y otros ejercieron un papel mucho más crítico y riguroso al cuestionar los aparatos de justificación con los que los grupos terroristas intentaron legitimar sus acciones.

Trasladando aquella situación a la política española actual, ¿Cuáles serían las claves principales de cara a fortalecer la lucha contra ETA?

La debilidad en la que se encuentra ETA en estos momentos es superior a la del IRA en cuando el grupo terrorista irlandés decidió deponer las armas. Ello nos puede llevar a preguntarnos por qué el IRA cesa y no ETA en esas condiciones de debilidad. Un factor que debe tenerse en cuenta para responder a esta cuestión es el del papel de los partidos nacionalistas democráticos tanto en Euskadi como en Irlanda. Estas formaciones, que representan a la mayoría de las comunidad nacionalista, tienen una influencia importante sobre el sector social que apoya la violencia. Pueden contribuir de manera muy eficaz a la deslegitimación de un terrorismo que persigue unos objetivos nacionalistas precisamente por ello. La lucha antiterrorista en nuestro país ha dado unos excelentes resultados pero podría fortalecerse si se profundizara en la deslegitimación de ciertas ideas que alimentan el terrorismo, tarea en la que los nacionalistas tienen una enorme responsabilidad.

¿Qué diferencias hay entre las posturas del nacionalismo democrático irlandés que desembocaron en la retirada del IRA y las que mantiene el nacionalismo democrático vasco actual?

Es interesante comprobar que el debilitamiento de ETA es incluso mayor que el del IRA cuando el grupo irlandés concluyó su violencia. En esas condiciones se aprecian respuestas muy diferentes por parte de los actores involucrados en el proceso que debe desembocar en el final del terrorismo. Por un lado se observa que tanto el nacionalismo democrático en el norte como en el sur de Irlanda evitaron radicalizar sus reivindicaciones a modo de estímulo para el grupo terrorista, actor que sí varió sustancialmente su actitud relegando el absolutismo ideológico que le guió hasta entonces. Puede contrastarse por ejemplo la posición del primer ministro irlandés Bertie Ahern descartando en 2002 la participación del Sinn Féin en el gobierno de la nación mientras el IRA exista, con las alianzas que desde el nacionalismo vasco se prometen a los representantes políticos de ETA en un supuesto escenario de “ausencia de violencia”. Un año antes el nacionalismo en el norte de Irlanda rechazó un pacto electoral propuesto por el Sinn Féin argumentando que ello profundizaría las divisiones entre las comunidades norirlandesas. Compárese además cómo mientras Gerry Adams aceptaba que en el sur de Irlanda “el Sinn Fein es tratado como un paria por los líderes de todos los demás partidos políticos”, en cambio el nacionalismo democrático en el País Vasco propugna que el resto de las formaciones acomoden sus agendas a ciertos intereses nacionalistas con el pretexto de que así se incentivará a los terroristas a detener su campaña.

¿Y entre el Sinn Féin y Batasuna?

Creo que una forma de responder a esta pregunta puede ser destacando el patetismo de un dirigente como Arnaldo Otegui, con escasa credibilidad en ámbitos decisivos para el final de la violencia. Su análisis político es fundamentalista y absolutista y se niega a ser consecuente con el ejemplo irlandés al que en ocasiones ha recurrido. En 2001 ETA reconocía en uno de sus Zutabes que el IRA había fracasado y que había abandonado la violencia a pesar de no haber logrado el derecho a la autodeterminación con el que han justificado miles de muertes. Ese diagnóstico tan realista contradecía el planteamiento que Otegi exponía en una entrevista publicada el 31 de octubre de 1998 en un diario irlandés. Decía Otegi por aquel entonces cosas como que “Irlanda fue un espejo para nosotros y también el movimiento republicano”. Añadía que la negociación se había visto en el País Vasco como “algo sospechoso”, pero que el Sinn Féin y el movimiento republicano les habían demostrado que “la negociación no tenía que desembocar en una traición política”. Se preguntaba por ello que “si pudo pasar en Irlanda, ¿por qué no en el País Vasco?” El análisis de ETA al que he aludido respondía a un dirigente abertzale incapaz de establecer el lógico paralelismo que emergía al comparar ambos contextos: en Irlanda la paz sólo comenzó a abrirse camino cuando el IRA manifestó su voluntad de dar por terminada su campaña terrorista a pesar de no haber logrado sus ambiciones.


¿Qué decisiones se tomaron con los presos del IRA (y del unionismo)? ¿Hay una amnistía encubierta?

Como consecuencia de la firma del Acuerdo de Viernes Santo en 1998 los presos de las organizaciones terroristas fueron excarcelados progresivamente hasta que se vaciaron las cárceles. Hoy en día todavía quedan algunos presos por delitos de terrorismo encarcelados en el norte y el sur de Irlanda. Algunos de ellos fueron encarcelados por delitos cometidos tras la firma del citado Acuerdo. En otro de esos casos se trata del terrorista del IRA responsable del asesinato de un policía de la República de Irlanda, Jerry McCabe. La respuesta del Gobierno irlandés al asesinato del policía Jerry McCabe en 1997 demuestra una firmeza importante ante los republicanos. McCabe fue asesinado por miembros del IRA en la República de Irlanda durante un intento de robo. Los culpables fueron arrestados y condenados en febrero de 1999, pero el Gobierno irlandés se ha negado a incluir a estos presos en el programa de excarcelaciones anticipadas contemplado en el Acuerdo de Viernes Santo, por considerar que la liberación de los asesinos de un policía irlandés disminuiría el apoyo al histórico documento en el país.

¿Qué le parece, de cara a conseguir el fin de ETA, la costumbre en la política española y vasca de dejar indefinidamente abierta la puerta a una nueva amnistía a cambio del fin de la violencia terrorista?

La situación de los presos encarcelados por delitos de terrorismo podría ser objeto de análisis si el terrorismo concluyese, pero sólo en ese caso. Además en la evaluación de esa situación, en un escenario de completa desaparición del terrorismo, debería tenerse en cuenta un factor esencial como es el del criterio de las víctimas de la violencia de esos encarcelados. Un simple alto el fuego no puede ser garantía de que los presos van a salir a la calle. Hay que tener certeza de que el cese del terrorismo no es táctico sino definitivo, permanente y real.

¿Qué debería aprender el nacionalismo gobernante vasco del fin del IRA y de estos diez años posteriores?

El terrorismo etarra puede argumentar una cierta eficacia mientras los representantes nacionalistas insistan en presentar como la clave para la consecución de la paz el “acuerdo amable entre España y Euskadi” exigido por Ibarretxe, en lugar de la erradicación de esa amenaza terrorista que sigue impidiendo la convivencia entre los vascos. Por tanto, a diez años del alto el fuego del IRA, el paralelismo entre ambos contextos constata la equivocación de Ibarretxe al demandar al presidente del Gobierno “valentía además de talante y sonrisas” para solucionar el conflicto vasco, pues es más bien el nacionalismo democrático el que debe exhibir ese valor tan imprescindible para la desaparición de ETA. Al contrario de lo que opinan algunos nacionalistas vascos, la derrota del terrorismo ha sido la condición necesaria para que comenzara a abrirse el camino de la pacificación. Conviene resaltarlo ya que amplios sectores del nacionalismo vasco manifiestan que el final de ETA sólo vendrá tras el reconocimiento de importantes aspiraciones nacionalistas que satisfagan al grupo terrorista a pesar de no suponer la total materialización de sus objetivos. Esta interpretación, que compone la esencia del denominado Plan Ibarretxe, ignora que las organizaciones terroristas acostumbran identificar las concesiones que se derivan de su violencia como una confirmación de la eficacia del terrorismo incentivando por ello su persistencia. De ahí que el cese de la violencia del IRA se produjera sin contraprestaciones políticas de magnitud en un contexto de seria debilidad del grupo terrorista que, tras interiorizar y asumir su ineficacia, optó por abandonar la táctica que predominantemente utilizó durante años.


¿Y el PSOE y el PP?

El consenso entre las fuerzas políticas democráticas es un elemento muy importante para garantizar una eficaz política antiterrorista, como se viene demostrando, de ahí la relevancia de mantenerlo. Irlanda del Norte nos ha mostrado también cómo los dirigentes terroristas intentan debilitar ese consenso con diferentes tácticas. De ahí la importancia de gestionar correctamente un alto el fuego cuando éste se produce evitando el chantaje que los terroristas proponen prometiendo el silenciamiento de las armas a cambio de concesiones. Muchas personas se sienten tentadas en un contexto de tregua de los terroristas mostrándose dispuestas a pagar un precio político y humano a cambio de la paz, por utilizar una expresión que en el País Vasco ha sonado bastante, pero bajo la que subyace una peligrosa lógica. Una verdadera paz exige justicia y ello supone que la violencia no debe ser recompensada.

¿Cree que las nuevas peticiones nacionalistas, especialmente las que provienen del gobierno tripartito catalán, pueden incidir en las decisiones que tome ETA? ¿Y si es así, de qué manera, acelerando o retrasando su final?

Una forma de facilitar el final de una organización como ETA que está en evidente decadencia es negarle el oxígeno que obtiene cuando partidos democráticos optan por negociar con ella. Frente a quienes defienden que el aislamiento de los terroristas no favorece las soluciones que acaben con el terrorismo, la experiencia del IRA nos demuestra todo lo contrario y que fue precisamente el hecho de verse enormemente aislados y marginados lo que llevó a sus dirigentes a buscar una salida a esa situación, salida que exigía el abandono de su maximalismo y de la violencia.


¿Es posible derrotar a ETA o habrá que cambiar las armas por importantes reivindicaciones nacionalistas?

La derrota de ETA es sin duda posible y no se está lejos de ella. Faltan pocas piezas para completar el rompecabezas que puede suponer esa derrota del terrorismo tan ansiada. Desde luego los grupos terroristas tienen una gran facilidad para articular optimistas análisis de la situación presentándose como invencibles, pero el ejemplo del IRA nos ha demostrado claramente que una organización terrorista de una capacidad mortífera tan grande como la que tenía, puede fracasar y puede abandonar su violencia a pesar de no haber conseguido sus ambiciones nacionalistas.

¿Cómo ha cambiado la sociedad de Irlanda, y concretamente de Irlanda del Norte, en estos diez años sin terrorismo? ¿Podría darse cierto paralelismo en el País Vasco?

La vida ha mejorado al haber disminuido drásticamente la violencia de las principales organizaciones terroristas, pero la sociedad norirlandesa está profundamente dividida. Nos encontramos con que el IRA no ha obtenido sus resultados y después de treinta años de terrorismo se conforma ahora con una limitada autonomía que además permanece suspendida desde 2002. La renuncia al terrorismo en esas condiciones confirma que el conflicto al que el proceso de paz se ha enfrentado no es tanto el de la territorialidad como el que la violencia ha creado. La perpetuación del terrorismo durante décadas ha generado más odio, ha profundizado las divisiones y ha polarizado los comportamientos de las comunidades norirlandesas creando un terrible legado que ha condicionado también el futuro. La sociedad norirlandesa tiene todavía muchos retos que superar para que la paz imperfecta que ahora se vive allí se transforme en una auténtica paz. Una aparente situación de ausencia de violencia, términos que en el País Vasco se utilizan profusamente, no garantiza que quienes han sufrido la intimidación y el terrorismo olviden inmediatamente su situación y dejen de estar atemorizados. Desde luego el cese de la violencia mejora su situación, pero debe transcurrir mucho tiempo para que recuperen sus vidas normales, para que lleguen a tener confianza en que esa ausencia de violencia no es una mera tregua táctica, para que se les demuestre que los métodos mafiosos y criminales no van a volver a ser utilizados contra ellos.

¿Tanto Irlanda como el País Vasco son territorios donde la Iglesia Católica tiene una fuerte implantación social? ¿Qué papel jugó allí y cuál cree que está llevando a cabo en el caso vasco?

Hubo religiosos en Irlanda del Norte que fueron enormemente injustos con las víctimas, pero también fueron muy notables las críticas y condenas hacia el terrorismo por parte de destacadas autoridades de la Iglesia Católica en el Norte y el Sur de Irlanda que contribuyeron enormemente a deslegitimar la violencia y a quienes la perpetraban. Supongo que en el País Vasco ocurre algo similar: por un lado hay religiosos valientes que buscan una verdadera paz, al tiempo que hay otros que consciente o inconscientemente legitiman la violencia. Creo que fue hace un año cuando unos quinientos sacerdotes vascos escribieron una carta al Papa en la que no había ni una sola mención a ETA a pesar de que enfatizaban cosas como que las raíces de los problemas políticos y de las graves y dolorosas expresiones violentas estaban en un conflicto producido por la falta de reconocimiento de los derechos colectivos de su pueblo. Difícilmente pueden barbaridades de este tipo acercar la paz. Desgraciadamente hay personas que siguen tratando a ETA como si fuera una ONG de derechos humanos en lugar de lo que realmente es, o sea, una banda terrorista compuesta por individuos sin escrúpulos capaces de torturar y asesinar a otros seres humanos.