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ENTRAVISTA
A RAFA JIMÉNEZ
KATUARRAINAK
Esta entrevista va dirigida a las personas
que, como nosotras mismas, no tienen ni idea de economía.
El objetivo de hacer una entrevista sobre un tema tan árido
como la financiación autonómica era sobre todo aclarar
conceptos que se manejan habitualmente en la política de
nuestro país y que muchos nunca hemos entendido. ¿Qué
es el Cupo, qué es el Concierto económico, por qué
bailan tanto las cifras, de qué habla la vicelehendakari
Zenarruzabeitia cuando sale en la tele siempre enfadada, con esa
cara de perro (malo)? Las primeras que necesitábamos entender
éramos las Katuarrainak que de economía andamos muy
flojas. Por eso pensamos en Rafa Jiménez, porque es una persona
que sabe hacerse entender. Rafa consigue que lo más complicado
se haga por fin entendible, porque es capaz de desmenuzar los conceptos
de manera a hacerlos asequibles a cualquiera que no domine los grandes
conceptos económicos. Ahora sólo nos falta saber si
vosotros también habéis entendido algo…
Antes de entrar en materia, Rafa cree que es importante recordar
que el nacimiento de los estados modernos en el siglo XIX lleva
aparejado el reforzamiento económico (y político)
de los gobiernos centrales, sobre todo allí donde el sistema
político dominante era federal o confederal o simplemente
un residuo del antiguo régimen. El desarrollo tecnológico
e industrial que se inicia en este siglo en el transporte, la energía,
las comunicaciones, la sanidad, la defensa, etc., no sólo
implica la desaparición de fronteras interiores que permita
su expansión, sino que obliga a los gobiernos centrales de
los estados federales o confederales a disponer de un presupuesto
elevado para la creación de infraestructuras y la financiación
del gasto militar.
Estos gobiernos, que dependían en el antiguo régimen
de las contribuciones pactadas de los estados regionales, como en
Estados Unidos o en Alemania e Italia, (y en buena parte de España),
tienen que establecer algunos impuestos centrales que les aseguren
la estabilidad y la seguridad económicas.
El reforzamiento del Estado (federal o central) no es fácil
y la historia del siglo XIX está llena de guerras civiles,
que se presentan muchas veces como guerras de sucesión (en
España), de religión (en Suiza), de culturas como
la abolición de la esclavitud en Estados Unidos o las pretensiones
carlistas en España, cuando no son otra cosa que las complicaciones
del parto de los estados modernos, tal como hoy los conocemos.
La financiación del estado federal moderno es una combinación
de impuestos centrales (federales), normalmente sobre las rentas
de personas y sociedades, que cubren el presupuesto del gobierno
central, y de impuestos regionales y locales (normalmente sobre
el consumo y la propiedad) que cubren los presupuestos de los gobiernos
regionales. Los gobiernos centrales, además, tienen la capacidad
de compensar mediante trasferencias las desigualdades regionales.
¿Cómo
funciona económicamente nuestro Estado de las Autonomías?
La financiación autonómica española camina
en la dirección que hemos apuntado en la introducción,
pero partiendo de un modelo más bien centralista. Hasta muy
recientemente era el Gobierno central el que recaudaba la mayoría
de los impuestos: renta (IRPF y Sociedades), consumo (IVA) e impuestos
especiales (gasolinas, alcohol, tabaco, etc.) y utilizaba las trasferencias
para financiar los presupuestos autonómicos.
Los entes autonómicos y locales (diputaciones y municipios)
tenían y tienen escasos ingresos propios: contribuciones
urbanas, impuesto de actividades económicas (IAE, abolido
en el año 2003) y diferentes tasas.
Este esquema va evolucionando actualmente hacia un modelo de corresponsabilidad
fiscal: las autonomías reciben un porcentaje creciente de
los impuestos que recauda el Gobierno central (un 35%, creo) y participan
en la gestión de los impuestos especiales, además
de recibir trasferencias que favorecen a las regiones más
pobres o más afectadas por coyunturas especiales (reconversiones
industriales, catástrofes, etc.).
A medida que las comunidades autónomas vayan gestionando
nuevas competencias, además de las de educación, sanidad,
etc., que ya tienen, el porcentaje de participación en los
impuestos irá lógicamente creciendo.
¿Qué
es el Concierto Económico?
Es importante hablar en plural porque existen conciertos (y cupos)
con Navarra y Euskadi, e incluso dentro de Euskadi, el concierto
hace referencia a los derechos históricos de Álava.
Los distintos regímenes forales propios del antiguo régimen
van desapareciendo en España en la medida en que se va consolidando
un estado moderno. Y este es un proceso que empieza en el siglo
XVI y termina con la última guerra carlista en 1876, cuando
Navarra y las tres provincias vascas pierden sus fueros (o derechos
especiales) pero conservan un privilegio fiscal en forma de concierto
económico y cupo. En 1939, al final de la guerra civil, Vizcaya
y Guipúzcoa pierden este privilegio fiscal que conservan
Navarra y Álava, que se habían puesto del lado de
Franco en la contienda. Con la restauración democrática,
vuelve a surgir las figuras de los conciertos y cupos, esta vez
para Navarra y la Comunidad Autónoma del País Vasco.
¿Cuál
es la idea central del Concierto?
El Concierto Económico devuelve al País Vasco la exención
fiscal (propia del antiguo régimen) al consagrar el principio
general de que el Gobierno central (Madrid, en la terminología
nacionalista) no recauda impuestos en Euskadi. Con otras palabras,
los ciudadanos vascos no pagan impuestos al Gobierno central, sino
que lo hacen exclusivamente a las diputaciones y a los municipios
vascos, que son los que, dentro del marco general definido por el
Estado, legislan y recaudan en materia fiscal.
Esta es la esencia del Concierto y supone una situación excepcional
y única en todo el panorama fiscal internacional. No existe,
que yo sepa, ningún gobierno central, federal o no, que haya
renunciado a cobrar impuestos en una parte de su territorio.
¿A qué
se llama el Cupo?
Como contrapartida, el Gobierno central no corre con los gastos
de la administración vasca, que debe hacer frente al coste
de las competencias asumidas en el Estatuto de Autonomía
y a las trasferidas posteriormente, como son la educación,
la sanidad, la agricultura, la industria y el comercio, el trasporte
regional, etc.
Nuestro sistema se diferencia del antiguo sistema feudal en que
las contribuciones al sostenimiento del Gobierno central no son
"donativos voluntarios" de reinos y señoríos,
sino aportaciones definidas y (relativamente) objetivadas en la
Ley del Cupo de1981.
De acuerdo con esta Ley, el País Vasco contribuye al sostenimiento
de las cargas del Estado por las competencias no asumidas por la
administración vasca, como son la defensa y la policía
(incluida la policía autónoma, que la paga entera
el Gobierno central), la actividad exterior, los ferrocarriles estatales,
los puertos y aeropuertos, la Casa Real, el Congreso, el Senado
y otros poderes del Estado, etc., así como un fondo de cooperación
interregional.
¿Cómo
se calcula?
A ver si consigo explicarlo.
En principio consiste en un porcentaje de estos gastos estatales,
un porcentaje que se fijó en el 6,24% en 1981 y que no ha
variado desde entonces. Este es el peso estimado que la economía
vasca tenía en la economía española en esa
época. (Aunque el porcentaje actual real está más
cerca del 6,50%).
Una vez conocido el presupuesto del Gobierno central, aproximadamente
25 billones de las viejas pesetas en el año 2003, vamos a
descontar de este presupuesto el gasto que Madrid hace en las actividades
trasferidas al País Vasco, las cargas asumidas, las que pagamos
directamente los vascos. Este descuento tiene sus complicaciones
y exige leerse el presupuesto con lupa, pero, bueno, la Comisión
Mixta del Cupo hace sus deberes y llega a la conclusión de
que hay que descontar 14 billones de pesetas. El resto, 11 billones
de pesetas, es decir, el 44% del presupuesto estatal, hay que pagarlo
en Madrid.
Si lo dividimos por 16 (o apliquemos la cifra mágica del
6,24), a los vascos nos toca pagar 680.000 millones de pesetas.
¿Y con esto se acaba la historia? Pues no, porque hay que
hacer ajustes. Y aquí entramos en un cierto mercadeo.
Primer ajuste: el IVA. Los vascos pagamos a Madrid el IVA de los
productos que consumimos aquí pero que se fabrican fuera
de Euskadi. Y hay que descontarlo. Lo difícil es calcularlo,
pero se calcula.
Segundo ajuste: los impuestos especiales sobre la gasolina, el tabaco,
el alcohol y las tasas por el DNI, el pasaporte, que los vascos
pagamos a Madrid. También se calculan (bueno, se estiman)
y se descuentan.
Tercer ajuste: el déficit del Estado. Euskadi no paga pufos.
Por lo tanto, descontamos el 6,24 % del déficit público.
(Téngase en cuenta que Madrid tapa últimamente su
déficit con el superávit de la Seguridad Social, por
lo que el déficit sigue siendo muy importante).
Después de todos estos ajustes lo que queda es el cupo neto:
180.000 millones de pesetas aproximadamente, que habrá que
pagar en varios plazos.
¿Se acabaron
los problemas? ¿Y los 32 millones de euros?
Pues no, porque ¿qué pasa si después de pactado
el cupo, va Madrid y, por ejemplo, del presupuesto de 11 billones,
suelta 500 millones de euros a las otras comunidades autónomas
para gastos de Sanidad? Pues que sale la señora Zenarruzabeitia
diciendo "¡Ojo! Que esos 500 millones de euros no estaban
destinados a la Sanidad y, por lo tanto, hay que reducir el cupo
en el 6,24 % de 500, es decir, los tan traídos y llevados
32 millones de euros. Según esta lógica, cada vez
que hay una modificación entre el presupuesto previsto y
el ejecutado, habría que reajustar el Cupo. Una locura, que
lleva a un permanente tira y afloja.
Y eso del Concierto
renovable o indefinido, que se pactó hace algún tiempo,
¿qué es exactamente?
Lo que se pacta o lo que se cierra es el sistema de cálculo.
Es decir se consolida ese 6,24% y luego lo que se establece son
fórmulas complicadas para los ajustes que ya he mencionado
en función de la renta, de la población, de la presión
fiscal, etc.
¿Es un privilegio
el Cupo o se podría generalizar en toda España?
Si el cupo vasco, con el 6,24 % de aportación, es de 180.000
millones de pesetas, y su fórmula se generalizara al resto
de España, habría que multiplicar el cupo por 16 (curiosamente
éste es casi el número de autonomías españolas,
17).
El Gobierno central recaudaría vía cupo algo menos
de 3 billones de pesetas y seguiría necesitando 11 billones
para cubrir su presupuesto actual.
Podemos afirmar entonces
que es un privilegio.
Sí, porque aunque la aproximación sea muy burda, ¿quién
pagaría el resto? La generalización del Cupo vasco
sería imposible. No habría café para todos.
De otro modo el Estado entraría en liquidación. Y
en el fondo eso es lo que los nacionalismos cuestionan: si el Estado
central tiene que existir como tal o tiene que ser una especie de
coordinador "light" de las diferentes autonomías.
¿Habría que renunciar al ejército, a la policía,
a los servicios en el exterior, a la investigación básica,
entre otras cosas? ¿Tendríamos 17 legislaciones fiscales?
¿Y 17 fronteras invisibles? ¿Desaparecería
el estado español en la Unión Europea de las regiones?
¿Volveríamos al estado pastoril de Malta como parecía
añorar algún ilustre nacionalista hace unos días?
Y, sobre todo, ¿quién pondría orden entre los
vascos?
¿La Seguridad
Social está transferida?
Sólo la parte correspondiente al gasto sanitario; el resto
es competencia del Estado y tiene su propio presupuesto de trece
billones de pesetas. Pero hoy el 90% del gasto de la Seguridad Social
corresponde a pensiones, por lo que se puede decir que la única
función de la Seguridad Social es la administración
de las pensiones.
¿Se puede romper
la Caja Única?
l Todos los españoles ingresan sus cuotas en una misma caja,
la Tesorería de la Seguridad. De esta caja única se
pagan todas las pensiones, mediante un sistema de reparto. Cuando
los nacionalistas reclaman la ruptura de la Caja Única, no
están pensando (creo yo), en obtener privilegios (no estamos
en 1981, en el momento de mayor actividad de ETA). De hecho, el
País Vasco tiene más pensiones y más altas
que la media española. No se busca tanto una ventaja económica
como poder político. Manejar la caja supone administrar en
Vitoria otros seiscientos mil millones, rebajar el poder del centro
e incrementar la nómina de los "fieles".
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