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ENTREVISTA
A JOSÉ MOTOS
Katuarrainak
entrevistan al hijo del Teniente Coronel Lorenzo Motos
El
padre de José, Don Lorenzo Motos Rodríguez, fue asesinado
en San Sebastián el 13 de octubre de 1980. Aquel mismo año
ETA mató a 110 personas. Las víctimas de aquellos
"años de plomo", como los bautizó José
Mari Calleja, no sintieron la cercanía y la solidaridad,
ni vivieron el reconocimiento y el homenaje de sus conciudadanos.
José nos contó, emocionado, su historia. Rememoró
para nosotros una historia dura, repleta de sentimientos y de vivencias.
Nos conmovió escucharla. La historia de José es, para
vergüenza de muchos, la historia de todos nosotros.
Matan
a tu padre. Tenías 18 años. Cuéntanos cómo
fue.
Mis preocupaciones a esa edad eran las de todos a los 18 años.
Piensas que ese tipo de cosas no te pueden pasar a ti. A pesar de
ello, recuerdo que era una época en la que ETA estaba ya
pegando muy cerca. Ya habían asesinado a algún militar
cercano a la familia. Piensas que no hay motivos para que te ocurra
una cosa así, aunque en realidad sabes que no hay motivos
para nadie. Ocurrió un lunes, el 13 de octubre de 1980. Yo
estudiaba en una academia, me levanté temprano, me despedí
de mi padre que salía de casa algo más tarde. A las
10 de la mañana yo ya había acabado unas clases y
estaba en la calle Urbieta con unos amigos hablando cuando apareció
otro chico, que no me conocía, contando que había
habido un atentado en Amara. Acababan de matar a un militar. Fue
una forma cruel de enterarme, aunque no sé si existe alguna
mejor para estos casos Yo pregunté con interés, no
porque pensara que pudiera ser mi padre, sino por saber si se trataba
de una persona conocida. "Es el padre de un jugador de baloncesto,
del Askatuak, Motos." De repente te cambia todo, no recuerdo
mi reacción. Sólo sé que salí corriendo,
disparado hacia mi casa, a sprint. Cuando llegué hacia el
Parque de Amara y vi que no había nada, ni policías,
ni movimiento que me confirmara que ahí había pasado
algo, pensé que se había equivocado. Subí a
casa y en cuanto abrí la puerta del salón, me di cuenta
de que sí había pasado… A partir de ahí,
fue todo muy rápido, una pesadilla. Muy tétrico. Tan
rápido que no daba tiempo ni a asimilar. No sé ni
si lo he asimilado todavía.
¿Te
queda alguna vivencia en especial de aquel primer momento?
Sí, humillación. Saber que le han matado a tu padre
cobardemente, vilmente, a traición… Mi padre era un
militar que siempre había ido de cara y es triste que tuviera
que morir así, a traición, en un atentado terrorista.
Él fue un militar con honor y valiente y no merecía
un final como este. Esto, desde el punto de vista racional, pero
es que además era mi padre. Que lo maten así produce
muchísima rabia, una rabia que tienes que comprimir y guardártela
dentro. No sé de qué manera puede sacarse, no creo
que haya ningún tratamiento… Aprendes a vivir con ello,
a pesar de que cada vez que asesinan a alguien, y ves otra familia
destrozada, se revive lo mismo. Han estado matando a mi padre continuamente.
¿Qué
fue lo más duro?
Lo más duro es el apoyo social que tienen los atentados.
Para mí, más duro que pensar en el hijo de puta que
apretó el gatillo o en el que dio la orden o en los que pasaron
la información, fue sentir la pasividad de la sociedad, el
chasco que me llevé con mucha gente. Fue lo que más
me dolió. Quién se acercaba a mí y quién
no. Mis amigos no me fallaron, pero del amplio entorno que tiene
un chico de 18 años sí hubo mucha gente que no se
portó bien. Tuve que oír comentarios del tipo "algo
habrá hecho". Fue muy duro. En aquellos años
había asesinatos casi todos los días. El atentado
de mi padre fue uno más. Al cabo de unos días cada
familia se quedaba con lo suyo, porque enseguida el protagonismo
lo adquirían otros. Un protagonismo no deseado, breve y muy
amargo.
Los
funerales se hacían casi a escondidas, con poca gente, muy
siniestros…
Es cierto. No recuerdo que hubiera mucha representación del
gobierno en el de mi padre, más bien estuvo bastante escasa
de dirigentes políticos, aunque la iglesia estaba llena a
rebosar. No sé si era por la humillación o por la
impotencia del Gobierno, incapaz de parar toda aquella locura, pero
parecía que querían despachar cuanto antes el trámite.
Quizá también porque sabían que al cabo de
dos días tenían que ir a otro funeral. Daba la sensación
de que no querían alargar mucho los actos, no había
homenaje, ni reconocimiento. No quiero ser injusto, pero es así
cómo yo lo percibí. Era un trámite engorroso.
No puedo olvidar ese último momento en el cementerio en el
que me quedé yo solo con el albañil. Aquellos últimos
ladrillos que tapaban el agujero. Allí terminó una
vida y empezó otra para nosotros.
¿Qué
edad tenía tu padre?
61 años
¿Sabrías
decir cómo lo vivió tu madre?
Buff... Un palo… ¿Qué puede pensar una mujer
de cincuenta y cinco años a la que le matan a su marido y
se queda sola con siete hijos? A saber las cosas que le pasaron
por la cabeza, desde sus propios sentimientos personales como pareja,
pasando por rabia, humillación, y la impotencia de no poder
hacer nada. Mi madre pasó momentos muy duros, llenos de soledad
y de incomprensión, pero le echó mucho valor y salió
adelante. Por supuesto, en la familia, cuando nos juntamos todos,
nos limitamos a hablar de los momentos buenos, evitamos recordar
aquél trágico y siniestro día.
¿Cambió
tu vida tras el asesinato?
Indudablemente. Quieras o no, cambia, ya no es lo mismo. Influyó
en la forma de vivir mi juventud. Intenté olvidar de diversos
modos, pero siempre había algo dentro de mí, algo
pendiente. Me sentía bastante confundido. En aquella época
nunca tomé parte activa en la respuesta social, además
de que entonces no la había. Veía la pasividad de
la gente y no tenía ganas de meterme en nada.
¿Os
sentisteis apoyados por la ciudadanía? ¿Y por las
instituciones?
Respondió el entorno más cercano a la familia, el
primer círculo de cada uno, y el entorno militar. Otros,
como los pertenecientes al entorno nacionalista, aglutinan ese tipo
de personas que no tienen criterio y que se dejan llevar sin sentirse
culpables porque "no apoyan" la violencia. Sin embargo,
yo sí tengo opiniones. Aquí hay mucho culpable. A
unos les hemos visto la cara porque han apoyado activamente el terrorismo.
Todos sabemos quiénes son, lo que hacen y cómo piensan.
Hay otros que dicen que no apoyan la violencia (aunque los hay que
se benefician de ella), pero que con su pasividad la sostienen,
porque el terrorismo genera el síndrome de Estocolmo. Este
es un pueblo secuestrado, por lo menos, una gran parte de la sociedad
que lo forma lo está. El terrorismo no solo consigue un apoyo
activo, también lo consigue pasivo y esta es una gran baza
ya que quita fuerza a la respuesta contra el terrorismo. "Si
no piensas como nosotros y no vas a luchar a nuestro lado, te quedas
ahí calladito, sin molestar".
Tras
el asesinato, ¿cómo es tu vuelta a la vida cotidiana?
Con mucha desgana, con miedo, con mucha inseguridad. No sabes lo
que te vas a encontrar. Veía las miradas, poca gente se acercaba
a ti abiertamente, la mayoría procuraba que no le vieran
los demás. Algunos te miraban con cara de compasión,
otros apartaban la vista, eras como un mono de feria: la gente te
mira, pero nadie se acerca. Una sensación horrible, espantosa.
Estuve unos años flagelándome, me hice mucho daño,
y luego salí y retomé un poco el tema. No he participado
en nada activamente, pero hago mi lucha, me planto y no me arrodillo
ante ellos. Era una deuda pendiente después de haberme "escapado",
por decirlo de alguna manera.
En
el pueblo donde vives hay una plaza con el nombre de un tío
tuyo.
Sí, es el hermano de mi madre, Mariano Izeta, escritor y
un erudito del euskera.
¿Cómo
habéis vivido a lo largo de estos años el proceso
de reconocimiento de las víctimas?
Veo muy positivo el respaldo y el apoyo que ahora reciben las víctimas
de la sociedad. Ojalá no hubiera ninguna víctima más
para que no tuviéramos que hablar de respaldos. Antes no
lo había más que de puertas adentro, fuera de casa
y del entorno más próximo no te podías fiar
de nadie. Creo que no exagero nada.
¿Qué
te parece la política del Gobierno Vasco con respecto a las
víctimas?
l A mí estos lobos que ahora se ponen la piel de corderito
ya no me dicen nada, no tengo nada que escuchar de ellos. Se les
acaba de ver el plumero ahora mismo en Andoain. (José se
refiere al voto en contra de los concejales nacionalistas en el
Ayuntamiento de Andoain a la concesión de la medalla de oro
a Joseba Pagazaurtundua, asesinado por ETA un año antes).
Además me niego a olvidar también una foto publicada
en la prensa, que representaba un pacto de hermandad entre Arzallus
con su acólito Egibar y sus grandes amigos y compañeros
de viaje, Josu Ternera y Arnaldo Otegui, cuando enviaron al carnicero
de Hipercor como representante de la comisión de derechos
humanos del Parlamento vasco. En esa fecha el Patriarca y su acólito
sabían perfectamente que las manos que estrechaban en ese
feliz acuerdo estaban manchadas de sangre inocente.
¿Y
la campaña del Gobierno vasco sobre las víctimas?
No me vale de nada y me parece falsa , electoralista y oportunamente
estudiada de cara a estas próximas elecciones generales.
De hecho, en cuanto han tenido oportunidad de demostrar con hechos
su solidaridad hacia las víctimas no han respondido. Mirad
lo que ha ocurrido con la familia Pagaza. Ha sido durísima
la humillación que supone que te nieguen un reconocimiento,
realmente son corazones de hielo. Lo siento, a mí me gustaría
que todo fuera como el mundo con el que sueña John Lennon
en "Imagine", pero esto es el País Vasco.
¿Qué
papel crees que han jugado las Asociaciones de víctimas?
¿Perteneces a alguna?
Me da un poco de vergüenza no haber participado en ellas porque
veo que es una heroicidad el haber estado ahí aguantando
con tan pocos apoyos. No tengo sino palabras de elogio.
¿Habéis
sabido quienes fueron los asesinos? ¿Han sido juzgados, condenados?
Sí, fueron tres. De uno no sé nada,. De los otros
dos, uno de ellos murió en un tiroteo en Miraconcha, cuando
fue sorprendido por la Policía Nacional, preparando un coche
bomba. Le acompañaba ese día el tercer integrante
que logró escapar. Este personaje se llama Ignacio Erro Zazu,
de Pamplona, de 44 años, era fontanero antes de dedicarse
al crimen organizado. Lo último que sé es que está
en una cárcel de Tenerife y no le quedará mucho para
salir a pesar de tener un amplísimo currículum como
criminal. En el momento en el que le detuvieron, en el año
1987, después de cometer un atentado con lanzagranadas contra
el Gobierno militar, formaba parte del comando Donosti, aunque había
pasado ya por alguno mas, incluso llegó a estar integrado
en alguno de esos comandos con un conocido dirigente del mundo radical
abertzale. Según lo declarado por el propio Erro Zazu, allá
en el 87 cuando fue juzgado, se trata del mismo Arnaldo Otegui Mondragón
al que no han conseguido imputar nada y que, como todos sabemos,
sigue ejerciendo de parlamentario y protegido por el actual tripartito
gobernante. Erro es el autor material y pertenece al ala más
radical, es de los que celebran los atentados con gambas y champán.
En aquella época los que dirigían ETA y dictaban las
sentencias de muerte eran Txomin, Santi Potros y Txikierdi, supongo
que también ordenaron asesinar a mi padre pero por el momento
no han sido juzgados por ello.
¿Se
puede perdonar?
Yo no perdono, cómo voy a perdonar a alguien que se ríe
todavía de mí, que tiene una actitud insultante, que
no reconoce el error. No conozco a nadie que diga "estábamos
equivocados", siempre se justifican, hasta cuando matan por
error.
¿Qué
es lo que necesitarías para sentirte en parte reparado?
El daño está ahí, es muy difícil. Mi
drama personal está rodeado de un problema político
muy grande que, siendo realista, sé que no se va a arreglar
y si se arregla será con condiciones muy generales, que a
mí no me van a satisfacer. ¿Alguien va a reconocer
que se equivocaron asesinando ciudadanos? Eso sería reconocer
que han sido asesinos y ellos se consideran patriotas Hablan de
negociación, pero ¿qué es la negociación?
En toda negociación hay intercambio y ¿qué
tienen ellos? Sólo los muertos, su capacidad de destruir,
esa es su moneda de cambio. "Tú me das este territorio
y yo dejo de matar". Así que partiendo de ahí,
yo sé que no voy a ver nunca una conversión del mundo
nacionalista, de los que giraron la cabeza hacia otro lado (aunque
estos, según cómo y desde donde sople el viento encuentran
justificación para todo), de los que los apoyaron y mucho
menos de los diseñadores y ejecutores de los asesinatos.
Estos últimos quizás no puedan seguir matando porque
algo ha cambiado, pero dudo de que exterioricen su arrepentimiento.
Es un mundo muy monolítico desde el punto de vista de los
sentimientos, e integrista y fanático en muchos sectores.
Pero
alguna esperanza verás…
Sencillamente, que no puedan cometer mas crímenes.
KATUARRAINAK
Así recogía el diario El País, de 14
de octubre de 1980, el asesinato del Teniente Coronel Lorenzo Motos
Rodríguez:
Asesinado un teniente coronel en San Sebastián
VICTORINO
RUIZ DE AZUA. - San Sebastián
EL PAÍS | España - 14-10-1980
El
teniente coronel del arma de Ingenieros, Lorenzo Motos, de 61 años,
resultó muerto ayer ,a las 9.50 horas, al ser alcanzado por
los disparos de tres desconocidos, que abrieron fuego de metralleta
desde la acera contra el automóvil que conducía por
una calle de San Sebastián. El militar asesinado se había
incorporado al Ejército, como voluntario, el 18 de julio
de 1936, y estaba en posesión de numerosas condecoraciones,
concedidas por méritos en campaña. Actualmente se
encontraba destinado en el Patronato de Huérfanos del Gobierno
Militar de Guipúzcoa.
Lorenzo Motos había salido de su domicilio, en un bloque
de viviendas militares de la avenida Sancho el Sabio, vestido de
paisano, poco antes de las diez de la mañana. Tomó
su automóvil, un Seat 133 rojo, matrícula SS-8559-G,
y se dirigió hacia el paseo de Vizcaya, paralelo al río
Urumea, para trasladarse a los cuarteles de Loyola, donde se encuentran
las dependencias del Patronato de Huérfanos. Lorenzo Motos
efectuaba este recorrido a la misma hora, de modo habitual, a pesar
de las recomendaciones policiales dirigidas a personas susceptibles
de ser escogidas como víctimas de atentados. Cuando apenas
había recorrido unos metros, el automóvil se detuvo
ante un semáforo, en la confluencia de la avenida de Sancho
el Sabio y la plaza de Álava. En ese momento, tres hombres
jóvenes que se encontraban junto al poste del semáforo,
dispararon ráfagas de metralletas contra el vehículo,
y echaron a correr en dirección al puente de María
Cristina.
Lorenzo Motos recibió tres balazos, uno de los cuales le
alcanzó de lleno y le destrozó el cuello, provocándole
heridas mortales. Otros dos proyectiles se alojaron en el tórax.
En el automóvil se pudieron contar más tarde hasta
dieciocho impactos de bala en la parte delantera del lado izquierdo.
El teniente coronel Motos quedó en el automóvil desangrándose,
rodeado de curiosos, hasta que acudió una ambulancia de la
Asociación de Ayuda en Carretera (DYA), avisada por un testigo
de los hechos. Trasladado a la residencia sanitaria de la Seguridad
Social Nuestra Señora de Aránzazu, ingresó
cadáver.
La policía sólo pudo hacerse con seis casquillos de
bala marca SF, de nueve milímetros Parabellum, debido a que
algunos curiosos los habían recogido por su cuenta de la
acera.
Otra
reseña del 97, en la que se recorría la intensa biograía
del etarra Apala, se le relacionaba con Erro Zazu y el asesinato
de Lorenzo Motos:
ABC,
martes, 25 de noviembre de 1997
Madrid. J. M. Zuloaga / J. Pagola
Miguel
Ángel Apalategui nació en Ataun (Guipúzcoa)
el 16 de abril de 1955. Tras beneficiarse de la Ley de Amnistía,
en 1977, continuó en las actividades terroristas y, en 1980,
pasó a formar parte del "comando Donosti" junto
con Agustín Arregui Perurena, "Txuria"; Luis María
Lizarralde Izaguirre, "Beltxa"; Ángel María
Galarraga Mendizábal, "Pototo"; Félix Manzano
Martínez, "Rioja"; e Ignacio Erro Zazu, "Pelos".
Según las declaraciones de éste último, el
"comando" perpetró, entre otros, durante 1980,
el atentado contra el teniente coronel de Ingenieros Lorenzo Motos
Rodríguez en San Sebastián; el ametrallamiento de
una patrulla de la Guardia Civil en el puerto de Pasajes; y el atentado
contra el civil Enrique Pozo, en Rentería.
Tras una estancia en Francia, el "comando" volvió
a España en 1981, aunque "Pototo" fue sustituido
por Jesús María Zabarte Arregui, "Garratz"
y "carnicero de Mondragón". En esta "campaña",
los etarras perpetraron, entre otros, los atentados contra el teniente
retirado del Ejército de Tierra José Rodríguez
Fernández, en San Sebastián; y contra el coronel retirado
del Ejército José Manuel de la Parra Orbaneta, en
la localidad de Irún. Tras esta acción criminal, "Apala"
huyó a Francia a raíz de un enfrentamiento con la
Policía en Hernani.
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