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Cocinero,
foralista y muy vasco
Katuarrainak
entrevistan a Ramón Rabanera
Podría
decirse que Ramón Rabanera es el más alavés
de todos los alaveses porque si alguien puede aspirar a semejante
título es un diputado general, y el de Álava es además
un gran foralista. Rabanera hace en esta entrevista una original
defensa de su postura ante el plan Ibarretxe desde la foralidad,
un argumento más a sumar a la larga lista que invalidan el
nuevo estatuto que nos quiere imponer nuestro lehendakari. Katuarrainak
visitan en esta ocasión la provincia más insumisa
del País Vasco.
¿Cómo
llega a usted a diputado general de Álava? Cuéntenos
su trayectoria política.
Fui el primer presidente de Nuevas Generaciones de AP de Álava
y no me da ninguna vergüenza reconocerlo. Luego estuve unos
años trabajando en la política pero en nada destacado,
hasta que en el año 86 salí elegido diputado del Congreso
en Madrid y allí estuve tres años. Tras algunas diferencias
con mi partido, volví a Juntas Generales hace unos doce años
porque me lo pidió Jaime Mayor. Allí estuve en la
oposición, luego me presenté al Senado porque me lo
pidió Marcelino Oreja, que iba de número uno al Congreso
por Álava, creyendo que no iba a salir y salí. Y hace
cuatro años me presenté a Diputado General de Álava,
tuve la suerte de salir y esta ha sido la mayor satisfacción
de mi vida. Procedo de una familia carlista con un sentimiento muy
foralista y con un sentimiento muy vasco, muy alavés. Hubiera
sido para mi padre una gran alegría verme en este cargo,
pero murió por desgracia un año antes. Todas mis pretensiones
y ambiciones están cubiertas.
¿Cómo
describiría usted a la sociedad alavesa respecto al resto
de Euskadi?
Es donde más mestizaje y más mezcla de culturas ha
habido. Aquí los apellidos son muchas veces compuestos, un
apellido castellano unido a un topónimo del territorio alavés.
Es una sociedad no muy crítica, muy tranquila, con bastante
sentido común, no crispada hasta ahora -espero que esto siga
siendo así-, con unos sentimientos muy normales y que se
siente muy alavesa. Álava siempre ha mantenido la foralidad
y el concierto económico. El mayor error de Franco fue precisamente
quitar los conciertos económicos a Guipúzcoa y a Vizcaya
por aquello de considerarlas "provincias traidoras". En
Álava se mantuvo y es por ello una sociedad cuyo gran padre
es la Diputación. En esta provincia conviven personas que
han venido de todas partes y han favorecido su desarrollo económico
de una forma importantísima. Hasta ahora no ha habido ningún
tipo de discriminación. También ha habido un sector
muy importante de guipuzcoanos, de industriales guipuzcoanos, que
trajeron la ambición empresarial a Álava. Somos muy
tranquilos y poco ambiciosos, estamos muy a gusto donde estamos
sintiéndonos muy alaveses, muy vascos y muy españoles.
Así es la sociedad alavesa.
¿Qué
particularidades forales tenía Álava cuando se incorporó
al pacto estatutario? ¿Renunció a algo?
Sí, renuncia a mucho. Álava en 1979 apoya el Estatuto
de forma mayoritaria, el 80% de los alaveses lo apoya. Y lo primero
que hace es renunciar al propio concierto económico. Pasado
el tiempo, yo creo que aquello fue un error. Yo hubiera devuelto
los conciertos económicos a donde correspondían, que
era a los Territorios Históricos, a las Diputaciones de Guipúzcoa
y de Vizcaya, y luego hubiera coordinado los tres conciertos. Álava
hace el esfuerzo de renunciar a su propio concierto para que hubiera
un concierto económico común a los tres territorios
que es el que tenemos ahora y que está incluido en el propio
Estatuto. Renuncia sabiendo que es minoritaria desde el punto de
vista del número de habitantes y sabiendo que los poderes
políticos, dentro de lo que era una mayoría nacionalista,
estaban en otro lado. Fue una renuncia, pero también tenemos
que reconocer que han sido 25 años de prosperidad para Álava.
En estos momentos, de los tres territorios es el que tiene una renta
per capita mayor y nos ha ido bien. También sabemos que en
aquel momento era la provincia menos euskaldun y sigue siéndolo.
Y por eso sabíamos que teníamos que hacer esfuerzos
en ese terreno, que en algunos casos han sido excesivos; por ejemplo,
para entrar en las administraciones públicas teníamos
que aprender un idioma que nos era bastante desconocido. Pese a
todo aceptamos esos compromisos que teníamos que aceptar
porque nos sentíamos muy vascos y nos seguimos sintiendo.
El
PNV pretendió cambiar la ley electoral para el territorio
de Álava antes de las últimas municipales. Parece
que vuelve a la carga. ¿Qué pretende con ello?
El PNV en este sentido ha actuado con una gran falsedad. ¿Por
qué se cambia la ley electoral? Primero por un acuerdo entre
el PSOE y EA. Inicialmente existían las siete cuadrillas
que tenía cada una su representación -no como ahora
que hay sólo tres zonas electorales: Vitoria, Tierras Esparsas
y Valle de Ayala-. Y además el cambio se realiza en el Parlamento
Vasco, cuando en mi opinión era una competencia de las Juntas
Generales de cada territorio, es decir, que cada territorio debería
administrarse electoralmente como lo estime oportuno y haga la ley
electoral que le parezca pertinente. Se quita una competencia de
las JJGG y se traslada al Parlamento. En aquel momento el PNV se
opone a que se traslade al parlamento y el PP también. Ahora
la gran incongruencia es que el PNV, aprovechando o creyendo que
puede disponer de una mayoría en el Parlamento vasco, quiere
cambiar la Ley Electoral. ¿Por qué? Pues porque las
cuentas no le salen. En las Juntas Generales de Álava hay
una mayoría no nacionalista que va en aumento (en este momento
29 y 22, incluyendo en los 22 a los 3 de IU que nadie sabe dónde
están, pero que los incluyo desgraciadamente dentro del mundo
nacionalista para sonrojo de las esencias del PC, que hace años
eran los grandes defensores de la libertad y que ahora verían
con vergüenza lo que están haciendo sus herederos en
el País Vasco). Al margen de esto, ahora quieren cambiar
porque quieren primar las zonas rurales donde hay más voto
nacionalista, unido a una situación de menor libertad y en
cambio castigar a Vitoria donde hay menos voto nacionalista pero
mucha más libertad. El PNV quiere primar la menor libertad
y castigar la mayor libertad. Quieren volver a las siete cuadrillas
y, mediante unos artilugios de representación, conseguir
las JJGG de Álava, a pesar de que una mayoría social
alavesa no sea nacionalista.
¿Cuando
hablas de menos libertad en los pueblos pequeños quieres
decir que hay más presión?
Sí, está claro. Sé lo que es la presión
en los pueblos pues he hecho muchas candidaturas. He intentado muchas
veces convencer a los vecinos de entrar a formar parte de nuestras
listas. Tras lograr el sí, me llamaban al día siguiente
para retirarse porque alguien les había advertido de que
si iban con Rabanera les podían pegar dos tiros.
La
Diputación de Álava ha sido la primera en recurrir
el Plan Ibarretxe. ¿En qué consiste ese recurso?
En el proyecto de Ibarretxe hay dos cosas fundamentales. Por un
lado un intento de separación del País Vasco del resto
de España y por otro -que es la parte que a mí más
me atañe- una desvertebración del País Vasco,
un abandono de las esencias de lo que es este país. El Estatuto
se basa en los derechos históricos de los tres territorios
históricos y así figura en la disposición adicional
primera de la Constitución. La singularidad de los derechos
históricos de los territorios es la foralidad, las competencias
de las Diputaciones, las medidas fiscales que pueden adoptar. Pues
bien, la propuesta de Ibarretxe rompe con la Constitución
que es el aval más importante que tienen los Territorios
históricos. No se habla para nada de competencias exclusivas
de las Diputaciones, no se habla para nada de Conciertos Económicos,
ni del Cuerpo de Miñones y sí, en cambio, nos cambian
de forma unilateral hasta el propio nombre de Álava que se
trasforma en Araba, cuando en Juntas Generales se decidió
la denominación de Álava en castellano y de Araba
en euskera. Este proyecto rompe con todas la esencias de lo que
es la singularidad vasca, que se basa en unos principios históricos
con facultades forales en cada territorio. Además, históricamente,
nunca ha habido una unidad jurídica y política como
la actual hasta la Constitución. Existían tres territorios,
entre los que sí podía hablarse de colaboración,
pero esa historieta que nos cuentan estos señores del PNV,
esa idea de un pueblo..., de una comunidad histórica, no
ha existido nunca antes de la Constitución. Y yo protesto
como vasco frente a este proyecto, porque rompe la esencia de lo
vasco.
¿El
Plan Ibarretxe, entonces, pone en riesgo las competencias de las
diputaciones?
Sí, si este proyecto sale adelante -yo estoy convencido de
que no va a salir nunca, por el bien de todos, hasta de los propios
nacionalistas- las diputaciones se convertirían en lo que
quisiera el señor Lehendakari, en unos entes recaudadores,
que es la tarea antipática. Además en ningún
momento se ha hecho la más mínima consulta a las diputaciones,
por lo menos a la Diputación Foral de Álava. Por eso
tenemos que convencer al nacionalista moderado de que el proyecto
de Ibarretxe va en contra de las esencias de lo que significa España,
pero también de lo que significa el País Vasco.
¿Qué
esperan conseguir con el recurso?
Demostrar que no es Madrid el que se opone, sino que unos vascos
decimos que no estamos de acuerdo con este planteamiento porque
es antivasco por esencia. El primer efecto es que no les ha hecho
ninguna gracia y además, como creo que está fundamentado
desde el punto de vista jurídico, será atendido por
los tribunales.
¿Es cierto que el Gobierno Vasco es muy centralista,
que no cede competencias a instituciones más cercanas al
ciudadano, como ayuntamientos y diputaciones?
Claro que es así. El 87% de los impuestos que recaudamos
en el País Vasco se queda en el País Vasco. Eso quiere
decir que el 87% de las transferencias las tenemos aquí.
A mí me gustaría tener el 87% de las competencias
que corresponden a las Diputaciones porque nos las hubiera transferido
el Gobierno Vasco. Por ejemplo obras hidráulicas. Ellos saben
que están incumpliendo la Ley de Territorios Históricos
en temas de Agricultura, incluso la Comisión Arbitral ha
denunciado el que el Gobierno vasco quisiera asumir competencias
que no le corresponden, que corresponden a las diputaciones. El
Gobierno vasco no cree en las diputaciones. Ellos en lo que creen
es en el Estado Vasco y como desconfían de las diputaciones
y sobre todo de la de Álava y de los alaveses, quieren someterlas
cada vez más. Esa es la filosofía del Proyecto de
Ibarretxe.
¿Está
de acuerdo en que "Plan para hoy, hambre para mañana"?
Recuerdo cuando Arzalluz decía aquello de que la independencia
nos llevaba a la ruina. Yo oigo a veces a empresarios nacionalistas
que dicen que esto es una barbaridad, pero tengo la impresión
de que el Sr. Ibarretxe es un autista político que tiene
su proyecto y que lo está llevando adelante. En ese sentido
hay que alabarle la constancia: está cumpliendo todos sus
compromisos. No era ninguna broma cuando decía que iba a
poner un calendario y paso a paso lo iba a ir cumpliendo. Al final
le importa un bledo el bienestar de los ciudadanos y además
sabe que está mintiendo cuando dice que más autonomía
es más bienestar. Sabe que nos saca de Europa, sabe que no
hay cosa peor para las grandes empresas y para las pequeñas
y medianas empresas, que dependen de las grandes, que no tener una
certidumbre política, jurídica y administrativa. Pero
le da igual. El ciudadano vasco debe saber que el futuro es desolador
y ya empieza a ser de división, de incertidumbre, de crispación,
de desvertebración del propio País Vasco.
¿Cómo
vive el empresariado vasco esta situación?
Con mucha incertidumbre y con muchísima preocupación.
Yo todavía sigo haciendo una labor propagandística
a favor del empresario vasco cuando salgo de aquí, pero empieza
a producirse en el resto de España tal hartazgo que van a
empezar a pagar justos por pecadores. Fuera van a empezar a decir
"no compréis productos vascos", y yo creo que el
empresariado vasco merece todo respeto, porque ha mantenido con
gran cariño a este país a pesar de ETA. Y dicho esto
ya va siendo hora de que el empresariado vasco se dé cuenta
de que tiene que dar un poco más la cara. Los empresarios
alaveses ya lo han hecho.
¿Hay
distintas sensibilidades en el Partido Popular a la hora de enfrentarse
al Plan Ibarretxe?
En el PP del País Vasco hay una única sensibilidad
en el fondo. Hemos demostrado que estamos en contra del Plan Ibarretxe
de forma radical. Yo, sin embargo, defiendo una forma de actuar
para intentar cambiar esta sociedad, aunque igual me equivoco. Creo
que hasta ahora hemos sido poco didácticos y nos hemos expresado
a veces con crudeza porque había que hacerlo, pero otras
veces igual había que haber bajado un poco el tono, porque
estamos en una sociedad enferma y hay que tratarla desgraciadamente
con más suavidad. Yo quiero ser alternativa y quiero ganar
al nacionalismo y quiero ganarle aquí. Y alguna reflexión
nos tendremos que hacer, porque no puede ser que quienes hemos demostrado
mayor lealtad a esta tierra porque nos hemos dejado la piel en ella
seamos considerados los "malos" y sin embargo quienes
han pactado con ETA sean "las víctimas y los pobres".
Algo tenemos que cambiar si queremos que a ese sector de gente que
vota nacionalismo y que tiene sentido común, no le asustemos
de la manera que les asustamos y cambie su voto. Ese es el planteamiento
que yo hago, no sé si es el acertado.
¿Es
un problema de formas nada más?
Sí, nada más que de formas. Los no nacionalistas no
vamos a ganar quitándonos votos los unos a los otros. La
suma consiste en quitarle votos al nacionalismo. Esta es la idea
que yo quiero extender en mi partido. Alguno puede interpretar que
Ramón Rabanera es un blando, pero creo que no lo soy. Yo
quiero ganar, yo quiero que el PSOE y el PP ganen en el País
Vasco.
Han
tenido sus más y sus menos con los socialistas alaveses.
¿Cómo están en este momento las cosas?
Yo tengo que agradecer al PSOE que si soy Diputado general es gracias
a sus votos. También tengo que decir una cosa: cuando dicen
que nos ha salido gratis, no es verdad. La Presidenta de Juntas
Generales es del Partido Socialista. Yo le he pedido al Partido
Socialista que participe en el gobierno de la Diputación
con el mismo número de diputados que el Partido Popular,
incluso con un teniente de diputado, y no han querido. Yo me pregunto
que si esto ha sido posible en Andoain, en Sestao o en San Sebastián,
con el apoyo de María San Gil a Odón Elorza, ¿por
qué no va a ser posible en el Ayuntamiento de Vitoria y en
la Diputación Foral de Álava participar en el presupuesto
o en el equipo de gobierno? Tanto más cuanto que sabemos
que la clave, el mayor freno que existe al nacionalismo, es Álava.
Donde tenemos que hacer un esfuerzo mayor de entendimiento es en
Álava. Cualquier persona con un poco de conocimiento sobre
la política vasca sabe que esto es así. Yo voy a seguir
haciendo esfuerzos de entendimiento con el PSOE. A veces uno no
puede entender que, habiendo dicho que estamos dispuestos a acordar
con ellos unos presupuestos, no nos vayan a apoyar, sin tan siquiera
haberlos mirado. Mi mayor esfuerzo en esta legislatura tiene que
ser llegar a acuerdos con el Partido Socialista. En Burgos, en Cuenca
o en Murcia, podemos tirarnos los trastos a la cabeza, pero aquí
nos une lo más importante, que es la libertad, el Estado
de Derecho, es nuestro futuro de convivencia. Dicen que en Álava
hay que repartir las instituciones. ¿Por qué en Álava
sí y no en Gipuzkoa o en Bizkaia? El Partido Popular, nada
más acabar las elecciones municipales, dijo que allá
donde hubiera una mayoría de no nacionalistas llegaría
a un acuerdo para gobernar esa institución. Y esto ha ocurrido
en todos los ayuntamientos de Gipuzkoa y Bizkaia, y en los de Álava,
como en Elciego, Rivabellosa, Oyón, etc. En cambio, parece
que Vitoria y la Diputación son diferentes. Bueno, pues yo
haré todo los esfuerzos para que las divisiones sean las
mínimas y para llegar a acuerdos con ellos.
¿Qué
relación tiene con los diputados generales de Bizkaia y Gipuzkoa?
Tengo que decir que tuve buena relación, en la legislatura
anterior, con Román Sudupe y con Josu Bergara. Sobre todo
con Sudupe, a quien considero de los que mayor sentido común
tenía dentro del mundo nacionalista. Ahora menos, porque
tengo la impresión de que son cada vez más "personas
de partido" y que así como antes se veía alguna
disidencia, como las que se apreciaron cuando se negoció
el Concierto, ahora el Gobierno vasco tiene a las Diputaciones atadas
y bien atadas. Esa es mi impresión.
En
Gipuzkoa la fractura social es evidente. ¿Pasa lo mismo en
la sociedad alavesa?
l En Álava hasta ahora no la ha habido. También es
verdad que los alaveses somos más tranquilos en ese aspecto,
hay menos crispación, pero desgraciadamente cada vez va a
más. No hay tanta como en Bizkaia o en Gipuzkoa pero cada
vez se nota más. Me he sorprendido estos días al saber
que en el proceso de sucesión en el PNV el Sr. Egibar ha
sido el más votado en el territorio alavés. Este dato
me demuestra que el Partido Nacionalista alavés se está
radicalizando. El nacionalismo acaba crispando allá donde
está. Otra cosa curiosa es que el PNV alavés parece
más una sucursal de vizcaínos y guipuzcoanos: no tienen
candidato alavés, ni ningún dirigente relevante. Los
que tenían, como los Guevara, ya están fuera. O el
Sr. Cuerda que parece no querer saber nada.
¿Cuánto
va a durar este calvario? ¿Cómo va a acabar?
Tenemos por delante una temporada muy complicada. No sé lo
que va a pasar con el Tribunal Constitucional y con el Tribunal
Superior de Justicia del País Vasco, pero visto lo que está
pasando en el Parlamento, da la impresión de que a estos
señores les va a dar igual. Esto va a ser un parto bastante
largo, que va a terminar bastante mal para el Sr. Arzalluz: un aborto
del Plan Ibarretxe. Pero la división de la sociedad ya está
sembrada. La responsabilidad política del lehendakari de,
con este proyecto, haber dividido a la sociedad vasca tiene un alcance
tremendo, más allá incluso de lo político.
Pero
¿esa división no se inició ya en Lizarra?
Sí, pero entonces fue responsabilidad del Partido Nacionalista
Vasco en su conjunto. Sin embargo, ahora yo lo personalizo en el
Sr. Lehendakari, en el Gobierno Vasco. Es tremendo. Los gobernantes
estamos para solucionar los problemas de los ciudadanos, aunque
a veces lo hagamos regular, y no para crearlos. Yo soy una persona
que vive mucho la calle, cuando me dejan, y nunca he visto que las
preocupaciones de los ciudadanos hayan sido las competencias que
faltan o el punto 4.2 de la Ley de Territorios Históricos,
sino la vivienda, el llegar bien a final de mes, la violencia, etc.
Esos eran los problemas y el lehendakari no se ha encargado de resolverlos,
sino que nos ha creado uno mucho mayor, que va a producir mucha
más crispación, división, incertidumbre y,
desde luego, no va a contribuir al bienestar de los ciudadanos.
En dos meses, este proyecto de convivencia ha conseguido lo siguiente:
que los riojanos estén cabreadísimos, que los de Castilla-León,
por invasión de competencias con el tema de Treviño,
también lo estén, que el Gobierno central presente
recurso de inconstitucionalidad, que el territorio alavés
haya dicho no y presente un recurso contencioso-administrativo,
que haya una gran división en el conjunto de la sociedad
vasca, que los franceses casi se mueran de risa... ¿Esto
es un proyecto de convivencia? Si el Lehendakari tuviera un poco
de sentido común, retiraría su plan. Y sigo: que los
empresarios vascos estén en su mayoría diciendo que
esto es una barbaridad, que las inversiones extranjeras hayan disminuido
de una forma espectacular en un 80% en el primer trimestre... ¿Esto
es un proyecto de convivencia? Y no ha hecho más que empezar...
A uno se le ponen los pelos de punta.
Confiamos
mucho en los tribunales, pero ¿cómo cambiar la opinión
de la sociedad, porque sólo con los tribunales no va a ser
suficiente?
La sociedad vasca tiene que reaccionar de tal forma que el PNV salga
vacunado para proyectos de futuro. Que sepan que esto les ha llevado
al castigo que una sociedad democrática puede imponer, que
es un castigo en las urnas. ¿Cómo te cargas auténticamente
el proyecto? La forma de hacerlo es que, en las próximas
elecciones autonómicas, los ciudadanos vascos reaccionen
no votando a partidos nacionalistas. Que los ciudadanos les digan:
"Miren ustedes, ustedes han puesto en riesgo mi bienestar,
han puesto en riesgo mi convivencia, ustedes han puesto en riesgo
mis orígenes (porque me siento muy vasco pero también
soy de Palencia, de Zamora o de Murcia o de Andalucía o de
Extremadura…), han puesto en riesgo mi foralidad, mi esencia
histórica, mi trabajo…” La sociedad vasca tiene
que reaccionar y si esto no ocurre, puede pasar una cosa: que los
que estamos luchando mucho y no sacando más que desventajas,
digamos: "Miren ustedes, hasta aquí hemos llegado. Nosotros
ya hemos reaccionado, nos hemos jugado la vida, nos hemos jugado
el porvenir, muchos nos hemos tenido que marchar, hemos perdido
muchísimo… Ahora les toca a ustedes. Y ya está".
El ciudadano tiene que darse cuenta de que esto tiene que cambiar.
Y no hay otra forma de cambiar que las urnas.
¿Qué
ha perdido en su vida personal por dedicarse a la política?
Yo he ganado mucho. Vuelvo a insistir en mi satisfacción,
y en la satisfacción de mi familia, por estar donde estoy.
Mi padre no lo vio, mi madre sí, aunque creo que a mi madre
la mataron. Yo soy hijo único y a mi madre le llamaban mucho
por teléfono para decirle que iban a matarme. He ocupado
el puesto que más me podía gustar. Y la satisfacción
de saber que muchos alaveses me han votado, que han votado las siglas
del PP. ¿Que qué he perdido? La libertad. Es tremendo.
Cuando salgo de aquí y puedo ir por la calle, pararme en
un escaparate, mirar zapatos… Y es que aquí no puedo
salir todos los días a la misma hora, paso miedo por mis
hijos, me han quemado las academias, me han arruinado económicamente,
sé -aunque es lo que menos me importa- que me han puesto
un par de bombas que no han explotado, gracias a la Virgen del Pilar
que llevo siempre conmigo, regalo de dos señoras que me la
dieron por la calle… Y los años que llevamos así,
tengo 55 años y llevo escolta desde que asesinaron a Gregorio
Ordóñez… Lo peor es a veces la indiferencia.
Un día, una vecina, al enterarse por los periódicos
que habían estado a punto de matarme con una bomba que no
explotó, nos dijo a mi mujer y a mí en el ascensor
de casa que lo que más temía era que pusieran la bomba
en casa y nos rompieran a todos los cristales. En fin… Esto
es lo que hay.
Le
gusta la cocina. ¿Qué es lo que mejor le sale?
Me sale bien el bonito encebollado. Cualquier día os lo preparo.
Es muy fácil. Mucha cebolla y pimiento verde. Los lomos de
bonito se dejan macerando por lo menos una hora con aceite y ajito
crudo en el frigorífico. Una vez que está muy hecha
la cebolla, casi color crema, cojo el bonito, le doy dos vueltas
hasta que coja color tostadito, echo un chorretón de vino
blanco, cierro con la tapa la tartera de barro y dejo que se haga
5 ó 6 minutos. Sale buenísimo. Estáis invitadas
KATUARRAINAK
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