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Katuarraina: ¿Qué os movió a entrar en la Ertzaintza? ¿Cómo fue recibida en vuestro entorno esa decisión?
Carlos: A mí el paro. Era el año 83, el paro representaba entre la población activa aproximadamente entre un 27 y un 29%, creo recordar. Yo tenía entonces 22 ó 23 años. Intenté varias cosas y salió ésta. No había nada vocacional, ni de ideología nacionalista, que me impulsara. Recuerdo que entrar en la Ertzaintza suponía cierto desdoro socialmente por el hecho de ser policía. De hecho, en aquellos primeros años, en la primera promoción, ellos no consiguen llenar todas las plazas. Entrar en la Ertzaintza en hijos de familias nacionalistas no estaba bien visto. De hecho luego se incorporan muchos a la UTAP ("Unidad Técnica Auxiliar de Policía" más conocida entre los ertzainas por "Unidad de Tripatzailes agradecidos al partido"). Y creo que ese es el fenómeno que produce en parte lo que ha ocurrido sociológicamente con la Ertzaintza: que de los siete mil y pico que estamos, casi el 70% son procedentes de Bizkaia -también por cuestión poblacional- pero una parte muy importante de esos casi 5.000 son de la margen izquierda. Por tanto su extracción social es de familias de emigrantes. De ahí vienen las famosas frases de "Se nos han colado 3000 maquetos" y otras por el estilo.
K: En tu caso, Peio, ¿fue también así?
Peio: No estoy de acuerdo con una visión política de los arranques de la Ertzaintza. La Ertzaintza era una incógnita. Era una duda y, ante la duda y a pesar del paro, la gente esperó. En la primera promoción hubo más plazas convocadas que gente que se presentó. Se saltaron límites de edad, se saltó incluso gente que tenía antecedentes penales. Fue un desastre.
K: ¿Qué quieres decir con que era una duda? ¿Cuál era la duda, la de saber si iba a ser o no una policía aceptada?
P: La cuestión política no estaba todavía tan clara. La primera promoción no arranca con esas dudas políticas, más adelante tal vez, pero tampoco… Lo que sí es cierto es que los que tenían más enchufe, los nacionalistas de más enchufe, de más ringo rango, preferían irse a ETB o a Lakua, que siempre es mucho más elegante que ponerse un disfraz e irse a la calle vestido de colorines.
K: ¿No había una especie de orgullo en tener un hijo o un hermano ertzaina?
P: No en la primera época. En los primeros años no se comentaba nada, era un silencio total. Luego hay unos años en los que sí se produce esa magia, pero se acaba pronto porque se han producido muchos errores. En la selección, la formación, las unidades especiales, el despliegue, los cursos de ascenso, ha sido todo un cúmulo de errores. Al principio los primeros jefes que se escogen a dedo, se buscan entre los más capacitados de la primera promoción. O sea ¿quién tiene estudios? Fulanito. Pues fulanito cabo, sargento. Rangos militares por cierto, estamos hablando ya de ir jerarquizando la policía, disciplinándola. Disciplina es una palabra muy importante. Entonces se dan cuenta de que les salen contestones. El primer grupúsculo de resistencia que se hace en ERNE es con este tipo de gente. Es tal el cúmulo de desastres que se piensa que las cosas se pueden hacer de otra manera, mejor. Se intenta y entonces se niega el sindicalismo en la Ertzaintza. Tiene que haber una sentencia del Tribunal Superior del País Vasco en el año 87 que readmite a un sindicalista expulsado. Entonces cambian de táctica. Como los más listos les han salido contestones, aman demasiado la libertad y no son disciplinados, bajan la escala, escogiendo a los más tontos, a los más obedientes, a los más sumisos, buscando un perfil psicológico desde la propia selección para el ingreso en la academia. Les dan una directriz a los psicólogos que consiste en que, cuando detecten personalidades librepensadoras, individuos creativos, no les admitan, que se vayan a pintar paredes o a pedir en la esquina.
K: ¿Erais conscientes de que érais policías?
C y P: Siempre, nosotros siempre.
C: Pero también es cierto que en el ámbito de las familias nacionalistas el hecho de que un hijo fuera policía no gustaba. Ya hemos dicho que preferían ETB.
K: Y todo eso de que tenían que pasar por el batzoki para entrar ¿era cierto?
C: Sí, sí totalmente cierto. A las juntas municipales llevaban las listas y en las listas se hacían las anotaciones de orientación ideológica y las llevaban a Arkaute. Este asunto apareció en El Mundo y toda la denuncia fracasó porque el PSOE en el Parlamento evitó una comisión de investigación.
P: Para ser justos hay que dar otro dato. El hecho de que aparecen ertzainas, por ejemplo en las listas del comando Madrid, obliga a que en las conversaciones que había entre el Gobierno Central y el Gobierno Vasco sobre el tema de la policía, o de Interior, se exija que tengan más cuidado en la selección para evitar filtraciones a ETA.
C: Sin embargo junto a mi nombre ponía "HB cien por cien" y entré sin ningún problema y, sin embargo, los que no entraron fueron aquellos en los que ponía "AP" o "españolazos". Había también anotaciones de limpieza étnica como "hijo de inmigrante pero nos vota", y esos entraban. Y el filtro de esas listas fue absolutamente ideológico. Y luego la justificación cuando se hacen públicas es que como existía el peligro de que entrara gente de ETA... Y ya hemos dicho antes que todo esto se acalló en el Parlamento y en los Tribunales.
K: ¿Cómo recordáis vuestra formación en la Academia de Arkaute?
P: Patética, cuando sales no tienen ningún tipo de formación práctica y hay una palabra que lo define "bisoñez". Salíamos a la calle como unos novatos, con toda la buena voluntad del mundo, pero nada más. Arkaute no era una orientación práctica sino una especie de filtro.
C: Pues por dar algo de contenido, podemos hablar de la elección del modelo policial entre los dos más habituales. El de los países anglosajones, en los que a la hora de formar a la policía tienen una visión más profesional, con tácticas y supuestos concretos, y que es una formación de carácter profesional que consiste en establecer protocolos de actuación para cada caso concreto. Y el oto modelo de formación es el de contenidos más humanísticos tratando de hacer del policía una suerte de ciudadano que maneje el conflicto. El modelo de Arkaute es este último, pero adecuado al país, que era algo así "como salga a la calle y haga lo que sepa". Uno de los problemas de Arkaute es que no quieren tener ningún contacto con las policías del Estado. Es decir, hacen la pamema de mandar a Ávila algunos como obligados, pero a la hora de elegir profesores que sepan formar policías prescinden de la experiencia que puedan tener las otras policías españolas y no traen a nadie, excepto alguna excepción. Por ejemplo, para formar a los desactivadores de bombas de la Ertzaintza, cuando la policía nacional y la guardia civil llevaban años desactivando bombas aquí, nos trajeron a un inglés que había estado en Israel. Eran 8 meses de formación y la pretensión era que se superaran tres niveles de euskera y unos contenidos generales donde entraban hasta la historia del País Vasco, pero contenido de trabajo policial muy poco.
K: ¿Cómo os sentisteis la primera vez que os llamaron cipayos o que os gritaron "Hoy tú de negro, mañana tu familia" o "ETA mátalos? ¿Estábais preparados para eso?
P: En términos generales para nada. Hay gente que todavía hoy no se conciencia de lo que es su trabajo. Pero es que esta policía no es una policía que persiga el delito. Tú ves en Alemania una pancarta pronazi y no dura dos minutos, es más, cuando en Madrid pasa algo con los ultras, desde aquí enseguida se exigen actuaciones y el inmediato cumplimiento de la ley, pero aquí la ley no la aplicamos cuando no nos interesa, la ley sí pero según sensibilidades e intereses. Es decir, una aplicación de la Ley corrupta, perversa. El colectivo de la Ertzaintza no está preparado para oír esas cosas, tampoco se han autopreparado y tampoco tienen mucho interés.
C: La pregunta en realidad se refiere a en qué momento percibe el ertzaina que está en la calle el enfrentamiento con el mundo de la kale borroka. Eso tiene que ver también con la formación, porque hay que recordar que en aquellos años la Ertzaintza se estaba formando tanto en la academia como en las actuaciones en la calle sobre una tesis política, que era que la Ertzaintza no se iba a enfrentar a ETA. Esto tiene que ver con los tiempos políticos que se preveían entonces. Autonomía, ETA desaparece, y la Ertzaina integrada en una normalidad. Podía producirse algún hecho violento como la bomba en Brínkola, pero cosas aisladas. Mientras, ETA estaba matando. Pero la percepción tan sencilla como que eres poli en un país donde hay un montón de asesinos sueltos y que, por lo tanto, los problemas te van a tocar, pues no se tenía.
P: Hace poquito he oído a un compañero decir que él ya hace bastante con ponerse el uniforme.
C: Luego ya viene el desarrollo de todo eso. Cuando empieza lo de cipayos y demás es otro momento histórico, en los años 90.
K: ¿Cuándo abrasaron a vuestro compañero Jon Ruiz Sagarna en Rentería?
C: Hubo un consejero llamado Retolaza, otro Juan Lasa (¿a que nadie se acuerda de él?) y llegamos a Atutxa que supone otra época y tiene dos mandatos. Uno primero en el que progresivamente empieza el enfrentamiento político hasta llegar a Lizarra. Hay que recordar que en la primera época de Atutxa existía una cosa que se llamaba HEMEN GAUDE, que lo montó él y Goikolea y los chavales que llevaban eso tenían horas y vehículos del Departamento de Interior. Egibar iba con ellos a ponerse delante de las sedes de HB. Nosotros éramos críticos con ellos porque nos parecía una manipulación del PNV que pretendía utilizarnos como escudo. El primer muerto que tiene el PNV antes de que llegue la palabra cipayo se llama Joseba Goikoetxea, y es un muerto al que ETA mata por ser ertzaina y que de repente se convierte en un mártir del PNV. Y al día siguiente alguien del PNV que se confesaba íntimo amigo del asesinado, escribía en el periódico: "No podemos abrir abismos insalvables entre abertzales". Eso les decía a los asesinos de su amigo…
P: Cuando ocurre lo de Jon Ruiz Sagarna, el resto del colectivo de la Ertzaintza seguía mirando para otro lado. La gente no se sentía de Rentería. Hay siempre un alejamiento de la violencia.

C: Mira no hay colectivo que cuando ve lo que llega no busque un cómo vivir, un "a mí no me va a pasar", no hay nadie que no negocie su miedo. Y en aquella época veníamos de la época anterior y nadie quería ver el fondo del asunto que es que eres poli en un país donde hay un montón de asesinos. Mirad, en Rentería, después de lo de Jon Ruiz Sagarna, los compañeros te definían muy bien lo que había pasado: "Llegamos y nos pusieron a regular en el cruce y, cuando llevábamos una semana regulando en el cruce, allí al fondo empezaron a aparecer. Decías ¡hostia! Y luego se fueron acercando y después se pusieron en las barandillas y luego empezaron a llamarnos cipayos y luego ya casi venían y nos meaban en los pantalones y la orden era QUIETOS Y SEGUIR EN EL CRUCE y nosotros seguíamos como peleles regulando el tráfico y no interviniendo". Todo eso añadido a que cortaban la avenida y no aparecíamos y que tenían una percepción de impunidad. Al final te queman vivo. Y eso es lo que sentían los compañeros: que iban a por nosotros y que no nosotros no hacíamos nada. Y eso en donde el conflicto estaba candente, en los demás sitios, pues lo humano, a mí no me va a pasar porque soy de tráfico.
K: ¿Y vuestro estado de ánimo actual tras los asesinatos de Beasain?
C: Yo como antes. Pero el problema es que esa perversión de pensar que a mí no me va a tocar se consolida. Hay mucha gente en la Ertzaina que piensa y que decide que en la medida en que no nos metamos en el fregado, estamos a salvo. Hay quienes psicológicamente ceden al chantaje. Hay quienes piensan que esto ya lo han parado, que viene una tregua. Por otro lado, tras el doble asesinato, el Departamento de Interior mantiene una reunión durante toda una noche con los sindicatos que concluye con una foto con la que Balza consigue parar la inquietud dentro de la Ertzaintza y con un chaleco para cada uno. Como decía un compañero, les vamos a poner un chaleco a todas las ovejas y el lobo que haga lo que le dé la gana… Afortunadamente, es verdad que ha habido una enorme caída de comandos.
K: ¿Pero vosotros no habéis cogido muchos?
P: No, ni creo que políticamente interese cogerlos. Las caídas del Buruntza y demás han sido tropezones, casualidades, no han sido fruto de una investigación. Las unidades de investigación tienen pocas medallas que colgarse.
K: ¿No es contraproducente para la eficacia policial que los ertzainas nunca trabajen donde residen?
C: Esta es una pregunta muy garantista, porque sería tanto como pedirles a los jueces que dejen la Audiencia Nacional y juzguen aquí a ETA. ¿Lo harían igual?
K: Pero ¿no es una situación anómala? Porque la normalidad sería ésa.
C: Sí, claro.
P: En lo que respecta a la Ertzaintza se han presentado muchos más vizcaínos que guipuzcoanos y alaveses, eso ya obliga a que para cubrir Guipúzcoa tengan que venir vizcaínos, normalmente los últimos. Es inevitable.
C: ¿Vosotras decís contraproducente para la eficacia policial? Hombre, pues sí, si la gente se va a otro sitio es por la presión social que sufre. Yo sí creo que en el ámbito de una sociedad normalizada el hecho de que la policía esté inserta en el lugar en el que desarrolle su labor contribuiría a su eficacia, pero cuando se refiere al tema de terrorismo lo trascendente es que se pongan los medios y la determinación política para combatirlo y no donde se reside.
K: ¿Y para luchar contra la kale borroka?
C: Sí para eso también sería importante, lo que pasa es que se cede ante la presión que se recibe del entorno y esa presión tiene dos componentes: uno real, el ertzaina al que le llaman, amenazan, queman el coche, le hacen pintadas, etc. y luego otro componente que es que el conjunto de los ertzainas tiene una percepción de rechazo a su condición de ertzaina y a su trabajo por encima de lo que es real. El rechazo se amplifica, pero eso es común a muchos colectivos, a cualquier persona que quiera ser libre y vivir en libertad. Y la solución igual es percatarse de que esa percepción no es real, que al final son muy pocos.
K. ¿Os arrepentís de haber elegido esta profesión?
P: Yo estoy muy orgulloso de la tarea que hago y, en concreto, del hecho de defender o escoltar a españolazos. Yo en el 98 me presenté voluntario. Cuando mataban a concejales del PP, me mandaron a Irún. Para mí era por fin hacer algo práctico, porque me olvidaba de la Ertzaintza. Me salía de toda corruptela y por fin hacía algo útil. Algo con lo yo además estaba de acuerdo, que era defender el derecho a la vida, y otros derechos, de personas que forman parte de esta sociedad. Que no serán de la mafia vasca, pero que son de esta sociedad. Yo estoy para servir a esta sociedad y no a la mafia vasca. Algunos no lo entenderán y a otros no les convendrá, pero es eso.
C: Yo creo que el orgullo o esa situación previa que existía empiezan a tornarse en miedo en los años 90. Ahora peor que el miedo es la situación actual, que es de dejadez. Más que el miedo, porque el miedo lo entiendo, lo que me preocupa es esta otra situación que se produce sobre todo en estos últimos años: la Ertzaintza ve que llega la tregua, o la "prórroga" como me gusta llamarla, y Lizarra, y de repente lo que era caña, tímida pero que suponía hacer frente a los hechos, se convierte en un parón. Se nos dice "Ahora quietos", "Ni tocar"… Es como "ahora sí, ahora no". Esto nos lleva a la percepción de que se nos utiliza. ¿Qué vamos a ser los muertos que el PNV pone encima de la mesa para sus negocios?
K: ¿Cuál ha sido la situación más emotiva que habéis vivido?
P: Se viven muchas situaciones emotivas, yo además soy muy sentimental. Lo más emotivo que he vivido fue el día que me eché una llorera con el padre de Jorge Díaz encima de su hijo. Estábamos los dos solos con el cadáver de Jorge. No sólo era la situación humana de una persona asesinada y estar allí los tres. Es que eso era la punta de un iceberg, que veníamos denunciando desde el 98. No se podía hacer el trabajo en esas condiciones, no se podía ir de a uno, era ir vendido, iba a morir el VIP e ibas a morir tú si iban a por ti. Profesionalmente es un delito, es un homicidio por negligencia. Jorge Díez es el último muerto de a uno, es asesinado porque las cosas se estaban haciendo mal. Nadie dimite, el verbo dimitir no existe en la Ertzaintza. No dimite nadie, a nadie le encausan, a nadie le salpica la sangre, todo el mundo sigue viviendo parecido. Es entonces cuando Legarda, el viceconsejero actual, tiene un mínimo de sensibilidad, sea política o personal, y dice "Se acabó" y se empiezan a hacer las cosas medianamente bien. En el momento actual, los únicos que lo están haciendo mal, tragando lo que Jorge tuvo que tragar, son los privados.
C: Fueron momentos muy duros. Se había luchado mucho para que las cosas fueran de otra manera, pero no había voluntad de hacer las cosas bien, se trataba simplemente de una obligación política, lo hacían de mala gana. Para que os hagáis una idea, antes del asesinato de Fernando Buesa, cuando hablábamos de la necesidad de ir de dos en dos y de disponer de un vehículo, recuerdo la frase de un responsable de Interior: "¡Ah, sí, y un chófer les vamos a poner!" Es una indignidad.
K: ¿Habéis detectado "dirigismo" o "favoritismo" político en la Ertzaintza? ¿Al ingresar o para promocionar o cambiar de destino? ¿Cómo se producen los ascensos?
P: Desde el comienzo. El hecho de que miles de jóvenes que aspiraban a un puesto de trabajo fueran defenestrados por una nota de batzoki lo dice todo. Lo más triste es que a nadie le interesa, salvo a una minoría de iniciados o de gente sensible. ¿Cuántas denuncias hubo en los juzgados? ¿Cuántas familias denunciaron cómo habían sido eliminados sus hijos? ¿Quién pidió una respuesta al Estado de Derecho? Nadie. Cuando se produjo la escisión del PNV y el PSE ganó las elecciones, los nacionalistas temieron perder la Consejería de Interior. Fueron conscientes de que no tenían nada organizado. A partir de ese momento se ponen manos a la obra y crean la Ley de Policía Vasca y empiezan a hacer las carreras de ascenso, los cursos profesionales, etc. A día de hoy está todo, absolutamente todo, controlado. Todos los puestos clave los tienen en sus manos. Solamente quedan los tres mil, los llamados zapatones. Los zapatones somos los de comisaría, los pringados, los maquetos…
C: ¿Que si hay dirigismo? Al principio era una cuestión física, ahora ya es química. Antes podías decir a este le han enchufado porque es fulano de tal y podía haber denuncias concretas y explicaciones… Aquellas listas con las selección ideológica de la gente, los mandos que todos sabemos quienes son, etc. Ahora como el cacharro ya está montado, es pura química. Todo fluye con naturalidad, por ósmosis. Ya se sabe quienes son los nuestros, quienes no lo son…
K: ¿Hay mandos profesionales?
C: Sí, del año 90 a aquí se producen convocatorias más o menos normalizadas para ascensos, pero es igual. En la pelea sindical estamos con la cuestión de la libre designación, con la forma de provisión. En la Ertzaintza toda la estructura superior, hasta el nivel de jefes y subjefes de cada comisaría, es de libre designación. Ese es su instrumento. No tienen por qué justificar mediante un concurso de méritos. Nosotros, sindicalmente, no discutimos que algunos puestos, como el jefe de la lucha antiterrorista o el de la policía judicial, si existiera, sean de libre designación, pero que tantos niveles lo sean es demasiado.
K: ¿Qué responderíais si alguien os dijera que la Ertzaintza es la "policía del PNV"? ¿Os parece que lo ha sido en algún momento?
P: Toda policía es política, porque todo poder necesita de una policía. Pero tengo serias dudas del espíritu democrático de los dirigentes del PNV. Claro que la Ertzaintza es del PNV, no ha habido otro partido que la haya controlado y la ha controlado bien. Como decíamos antes, desde el momento en que ellos vieron que la podían perder, han perfeccionado el sistema de control. Si antes era, ahora es mucho más. De hecho, nadie se entera ya de cómo son los procesos de selección.
K: ¿Hay directrices claras y contundentes en la lucha antiterrorista?
P: Es una supeditación al poder político. Seguramente molesta más el terrorismo del 11 de septiembre, porque el terrorismo de aquí puede ser de algún interés. En una política donde le gente no tiene verdadero espíritu democrático, puede interesar en determinados momentos que haya algunos que estén arrinconados. La oposición arrinconada, por ejemplo.
C: No hay ninguna directriz, ni planteamientos claros. La cosa funciona no por lo que hacen, sino por lo que no hacen. Es el no hacer.
K: Extraña que la Ertzaintza no detenga tanto como el resto de los cuerpos…
P: Eso está demostrado, está publicado. Todo aquello de las órdenes para que se llegase siempre tarde al delito, para no poder pillar a nadie. Yo tengo plena constancia de que eso es verdad y lo he visto en otros casos. Quizá en otros casos no me parece tan criminal, como es el caso de la custodia de los presos en hospitales. Darle un trato humano a una persona que no está bien me parece correcto, pero que no te dejen cachear un bolso que entra en la habitación de un hospital con una serie de personas… Para este tipo de cosas que no nos manden a cualquiera, que manden a gente de su cuerda, que comparte sus intereses, porque si luego hay un marrón que se lo coman ellos. Esto mismo ocurría cuando nos decían que antes de ir a una actuación nos reuniéramos en tal punto. Si se sabe que están, por ejemplo, atacando un bar, lo que hay que hacer es llegar lo antes posible y no reunirse en otro punto y darles tiempo a que se vayan. No se puede entender que se sea tan torpe desde el punto de vista profesional, tiene que responder a un interés político.
K: ¿Habéis notado cambios desde que Balza es Consejero de Interior respecto a cuando lo era Atutxa? ¿A mejor o a peor? ¿Cuáles?
C: Balza es más perverso que Atutxa, más peligroso. Es un hombre con más capacidades.
P: Atutxa era un banquero de pueblo, con un ego enorme, con una imagen que no se corresponde con la realidad. Es un individuo soberbio. A nosotros ya nos lo parecía antes, aunque la gente lo está percibiendo ahora.
K: Durante la mal llamada tregua de ETA, ¿hubo también "tregua" en la Ertzaintza?
P: Sí, totalmente. Hubo tregua en la Ertzaintza. Hubo un desmantelamiento de todas las unidades de investigación (bueno, esto suena un poco rimbombante, sabiendo lo que hay…).

C: La tregua fue una orden directa de no intervenir y de que nosotros ocupáramos un papel de interposición. Si ya con Atutxa, en la Paloma de la Paz y en el Buen Pastor, hacíamos como de boinas azules o peor aún, durante la tregua imagináos lo que fue… Ya antes fuimos testigos de la frialdad con la que responsables de Interior, desde las comisarías, veían en pantalla las imágenes de lo que estaba ocurriendo y no ordenaban intervenir. Incluso los compañeros, desde las furgonetas próximas a los incidentes, pedían que les dejaran hacer algo y ellos paraban sistemáticamente la intervención. Si eso fue en la etapa anterior, durante la tregua mucho más. La orden era directa y expresa. Nosotros estábamos a verlas venir y poco más. Esto lo percibió todo el mundo, todos los que estaban en las comisarías.
P: Esto nos convirtió en un ejemplo de policía a nivel europeo. Creo que ninguna policía puede colgarse más medallas que en esa etapa. Somos una auténtica vergüenza.
C: De hecho, ese proceso de dejadez del hemos hablado antes viene de esa época. ¿Para qué está el pelele zapatones? Primero leña, luego ver y callar y tapar y no ver, y ahora ¿qué?
P: O sea, como veis no es una policía política…
C: Así se explica la desazón de muchos de nosotros.
K: En la época de Lizarra y la tregua, ¿se notaron cambios en la dirección de la Ertzaintza?
C: En esa etapa de enamoramiento que es Lizarra, el PNV y HB no hablan de sí mismos, sino que se dedican a criminalizar a los demás. HB ya no insulta a Atutxa. En aquellas conversaciones se habla del "clan de los extremeños". Os explico lo que es. En la época en que Atutxa tiene que poner cara de gendarme, es perfectamente consciente de que la gente que tiene en investigación es la gente del PNV, que por un lado tiene pavor y por otro no le interesa entrar en eso (ETA y Kale borroka). Entonces empieza a coger a otra serie de gente para esas unidades, que son gente que no es del PNV, gente que ha hecho una opción profesional, que funciona, que es muy decidida. Se llama el clan de los extremeños porque el jefe que ponen es de origen extremeño. Todo esto ocurre con el beneplácito de quienes han ocupado hasta ese momento las jefaturas de las unidades de investigación de élite, que les resultaban muy gratificantes y cómodas. Cuando se dan cuenta de que hay que meter mano a ETA, no tienen inconveniente en retirarse e irse a las comisarías y que el clan de los extremeños entre y empiece a trabajar. Y estaban en eso cuando llega la tregua. Entonces los que se habían ido a las comisarías quieren volver a sus puestos, a ser jefes de las brigadas. Se desaloja a los extremeños y vuelven los del PNV. Cuando se rompe la tregua, y esto es patético, intentan incluso rescatar a algunos de aquéllos. Hay quien se niega y hay quien vuelve.
K: Habladnos de la actividad sindical dentro de la Ertzaintza. ¿Responde a las necesidades de vuestro colectivo?
P: Yo creo que ha bajado muchísimos enteros. El Departamento de Interior ha sabido desactivar muy bien la actividad sindical, ha sabido manejar el tema. Tenían ahí una contestación muy fuerte y creo que a día de hoy es ya una especie de reliquia. Ha pasado como en la Universidad. Tal vez sea debido a un cierto cansancio.También quizá, después de tantos años de gobierno nacionalista, se produce una especie de deseo de ser aceptado, de que digan "qué chico más majo", cuando en una sociedad democrática cada uno debe ser como es, tener sus convicciones, establecer consensos, llegar a acuerdos, pero sin renunciar a lo que cada cual es y piensa. Hay un efecto devastador que consiste en pensar que vivimos en un régimen y que no se puede cambiar.
K: Vamos a situarnos en la calle San Martín hace dos años. Muchos de nuestros lectores estuvieron allí. ¿Qué pasó allí realmente y cómo os sentisteis?
Carlos: Los detalles no los sé. Yo no estaba aquí. Lo escuché en la Cadena SER y, aún sabiendo cómo funcionamos, no entendía nada. Indignación. Pensaba: Esto es historia. Desolación absoluta. Y, después, cuando leí el artículo de Balza "La razón moral y la razón legal", me pareció el colmo. En ese artículo se encuentra la definición de la perversidad de la que hablaba antes. Estamos ante el desfallecimiento de los poderes democráticos, ante una situación totalmente amoral que repugna, ya no a lo ético, sino al más elemental sentido común. Las víctimas insultadas y atropelladas por los verdugos y el Consejero de Interior invocando la "razón legal" para colaborar en ese trabajo. Ese día Balza perdió para mí toda autoridad moral. Tiene la legal, como él la invoca, y yo no la discuto, pero para mí ninguna otra autoridad. Esperaba de él otro comportamiento, que obrara según justicia, para lo que, además de obrar según lo legal, hay que obrar según la razón. Cuando la "prórroga" pocos problemas tuvo de acomodar el derecho a las situaciones de hecho, según le interesaba políticamente. ¿Actuará ahora bajo la misma inflexibilidad del principio legal cuando tenga que aplicar la Ley de Partidos y sus consecuencias? Todos sabemos que no, de hecho ya lo han dicho. ¿Qué autoridad moral tiene entonces? Es mentira su razón legal, porque la utiliza en función de sus intereses políticos, es falsa su razón moral porque pretende abstraerse de la realidad, una realidad de víctimas y verdugos, donde el Consejero de Interior "no hace" y deja así a las víctimas desprotegidas ante el fascismo de sus verdugos.
K: ¿Hay alguna diferencia entre ser ertzaina y ser policía?
P: Yo la tarea que hago aquí la haría exactamente igual en Australia. Muchos se creen que hacen un papel distinto, porque además eso justifica la inacción, la inactividad, la comodidad… No, no todos se sienten policías.
C: Hay que recordar la manera en la que se incorporan a la Ertzaintza, la ideología que la ha construido, con aquella imagen de la Ertzaintza del 36, aquellos chicos gudaris… Hay gente de procedencia nacionalista a quien le incomoda todavía la palabra policía. No sé por qué… Decía uno que el arte de la policía es no ser reactivo a los cambios sociales, pero procurar que discurran en orden y seguridad en una sociedad democrática. El debate está ahí. La policía, ante fenómenos como el terrorismo o la inmigración o ante conflictos sociales, no tiene que posicionarse políticamente, pero sí tiene que tener la sociedad la percepción de que la policía está, frente a los fenómenos sociales, en el terreno de la legalidad. Aquí el problema es la definición. Si la Ertzaintza surge del Estatuto y este emana de la Constitución, la Ertzaintza debería defenderlos.
K: ¿Está bien dotada de medios la Ertzaintza?
P: La Ertzaintza tiene los medios suficientes para hacer maravillas. Lo que pasa es que no se utilizan bien. Tenemos de todo. Helicópteros, tanquetas, que no se han usado nunca. Un camión que costó un montón de dinero público para hacer prácticas de tiro por comisarías que no ha salido nunca de Arkaute. Se dilapida el dinero en publicaciones internas que no lee nadie. [Peio llega a nuestra cita cargado con varios kilos de papel en publicaciones firmadas y financiadas por la Consejería de Interior del Gobierno Vasco]. Con la mitad de lo que hay se podrían hacer un montón de cosas más. Lo que hay que hacer es poner a trabajar a las unidades de investigación.
C: El problema de fondo no es de medios. Creo que la Ertzaintza es la envidia de otras policías. Si comparas los medios de la Guardia Civil y de la Policía Nacional con los de la Ertzaintza, nosotros somos señoritos. Es un problema de dirección política.
K: En dos palabras, ¿qué les pediríais a estos sectores que vamos a nombrar para mejorar la situación en Euskadi?
Al Gobierno Vasco
P: Las pensiones máximas que quisieron aprobar para ellos en el Parlamento porque quiero jubilarme y vivir bien.
Al Gobierno central
P: Creo que el Gobierno central es digno en este momento. No tengo nada que criticarle, ni que pedirle y, además, me pilla muy lejos.
A la Sociedad Vasca
P: A las gentes de buena voluntad, aplaudirles; a la gente que se complica la vida para mejorar la de los demás aunque no se den cuenta y nadie se lo agradece, agradecérselo. Al resto, pues nada, que sigan comiendo bien en las sociedades y acudiendo a las fiestas populares y a los campos de fútbol…
A los partidos políticos
P: Que aprendan a conjugar el verbo dimitir, que haya renovación y que venga gente nueva.
A los empresarios
P: Que me ofrezcan un trabajo para dejar la Ertzaintza.
A tus compañeros.
P: Hay gente muy agradable y hay compañeros de circunstancias no elegidos.

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