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EL BUCLE VASCO


Si hay algo que caracteriza a los resultados electorales en el País Vasco es que provocan un aluvión de interpretaciones y enormes dosis de amnesia. La ilusión por lo distinto nos hace ver lo que no hay e incluso nos lleva a considerar apetecible lo que ayer nos parecía retroceso. Un nuevo país emerge y las esperanzas se renuevan. ¿Habrá para tanto?
Los "interpretólogos" electorales ya nos han atiborrado de lecturas, pactos y posibilidades. La confusión reina por doquier y todo parece posible. Entre tanto, Ibarretxe abre el turno de conversaciones con todas las fuerzas con representación parlamentaria, e incluso con Otegi quien, sensu estricto, no la tiene.
Parece, según repetidas encuestas, que una de las mayores aspiraciones de la sociedad vasca es a la transversalidad, es decir, al pacto entre socialistas y nacionalistas después de que los primeros se adentren en el bosque del olvido. Asociaciones de empresarios y un gran número de los "indiferentes al conflicto" abogarían por esta salomónica solución que nos proporcionaría, gracias a esta sutil alternativa, grandes dosis de bienestar y progreso. Borrón y cuenta nueva que con Ibarretxe, Lizarra y su plan no ha pasado nada. El PNV sufre un traspiés pero permitimos que siga gobernando hasta que se presente otra oportunidad para el gran salto adelante.
Pero si este pacto transversal se produjese, ¿que pasaría con las huestes de las "tierras vascas"? ¿Permanecerían sus representantes aburridos, resolviendo crucigramas en su asiento parlamentario? ¿Volvería a despertar la serpiente y la sociedad vasca se reconocería de nuevo en el laberinto?
150.000 votos computados por éstos los de las "tierras" son una información extraordinaria para los terroristas. No creemos que los interpreten como una llamada a la moderación y al abandono de las armas, sino como una resurrección del profundo abismo en el que se hallaba la izquierda abertzale. Así pues, no nos autoengañemos con su cantinela de la "solución democrática" para Euskal Herria. Nuevamente se convierten en una fuerza determinante, ya sea por la vía de intervención en las instituciones y sus exigencias maximalistas o por la posible irrupción de sus compañeros armados.
Tampoco podemos olvidar los cantos pacificadores que por doquier escuchamos, aunque el gobierno de Zapatero niegue cualquier contacto con los terroristas. Si algo hubiera, siguiendo la línea interpretativa que señala que: 1.- el Gobierno ha permitido presentarse a los comunistas de las tierras vascas para desinflar al PNV y su plan, 2.- ha advertido a Otegi y sus nuevos parlamentarios que cuidadito con salirse de los cauces estrictamente democráticos y 3.- se está negociando una nueva tregua o símil parecido… convendría recordar que estos experimentos siempre han acabado mal y con una mayor radicalización de la banda asesina. Pero si el talante negociador de Zapatero da para tanto, y nos olvidamos definitivamente de la banda terrorista, no dudamos que será sacado a hombros del coso vasco, aunque tendrá una tarea harto difícil a la hora de explicárselo a las víctimas.
Ahora bien, si esto de la negociación no es más que la ciencia ficción del período postelectoral, entonces volveremos pronto a la cruda realidad y a constatar que aquí no hay más cera que la que arde. La alternativa de que Patxi López se presente a la investidura con el apoyo de María San Gil no puede ser desdeñada porque ambos suman más que el tripartito. Deben intentarlo. Pero esta posibilidad nos recuerda, a la postre, que existen los nueve diputados asesorados por Otegi. Apoyen o no estos comunistas a Ibarretxe, su propuesta de crear una mesa negociadora con todos los partidos servirá, indudablemente, para tratar de imponer más nacionalismo.