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ARZALLUZ
Y EL NACIONALISMO OBLIGATORIO
Pues señor, si alguien todavía
se llamaba a engaño sobre la política nacionalista,
la cosa se va despejando. La manifestación del 15 de junio
a favor de Batasuna, y por tanto a favor de ETA, unida a los reiterados
mensajes de Ibarretxe y de Arzalluz afirmando que sólo los
nacionalistas son verdaderos vascos, dejan bien claro que estamos
bajo una ofensiva por el nacionalismo étnico. PNV, EA, ELA,
LAB y ETA-Batasuna están decididos a romper la sociedad vasca
obligándonos a optar por ellos o contra ellos, indiferentes
ante el riesgo de destrucción de la sociedad civil que todo
eso conlleva, incluyendo el peligro de una efectiva ulsterización.
Como Elkarri y sus mamporreros ya tienen preparada la solución
a la irlandesa, sólo necesitan el problema que ya tienen solucionado.
Y en eso están. Hay gente que lleva mucho tiempo equivocándose
todos los días (tiene su mérito) sobre lo que sucede
en el País Vasco -montones de periodistas, demasiados dirigentes
del PSOE y muchos otros, como los intelectuales y premios Nobel que
apoyan cándidamente a Elkarri-, pero las pruebas sobre la continuidad
del pacto de Lizarra entre EA-PNV y ETA son suficientes. El nacionalismo
vasco actúa como un Frente Nacional dirigido contra el sistema
democrático y decidido a marginar a esa mitad o más
de ciudadanos vascos que no compartimos la perversa pasión
de Arzalluz por las guerras civiles -que sufren otros- o los crímenes
de Otegi.
Podemos cavilar sobre la Ley de Extranjería que andarán
urdiendo esos tipos si reparamos en que el sábado 15 de junio
Arzalluz lanzaba el objetivo de la independencia de su gran Euskal
Herria en tres o cuatro legislaturas -doce o dieciséis años-
justo cuando los abertzales, y el PNV en particular, acababan de sufrir
un serio revés en su Iparralde durante las elecciones legislativas
francesas. Arzalluz declara que su proyecto político incluye
al país vasco-francés y a Navarra a despecho de que,
en el primero de los territorios reclamados, menos del 10% de los
electores voten nacionalista. Lo que significa que Arzalluz ha decidido
que su proyecto político -¡que pretende subvencionado
por la Unión Europa, como una Bosnia al revés!- extranjerizará
a la inmensa mayoría de los ciudadanos vasco-franceses. Y en
Navarra lo mismo. Si Francia y España le dan igual, ¿qué
planes tendrá reservados para los centenares de miles de ciudadanos
de la CAV que no les votamos? Por de pronto, dice que los no nacionalistas
sólo somos "ciudadanos de la CAV" y únicamente
ellos son "vascos". Pero nosotros nada más queremos
ser lo que tanto desprecia: ciudadanos vascos, españoles y
europeos. El no puede comprenderlo porque sólo es un fanático
peligroso, un sembrador de odio como Le Pen o Bossi, un Milosevich
de Azkoitia.
El ascenso del fanatismo étnico del nacionalismo vasco -es
inútil y engañoso calificarlo de "nacionalismo
democrático": ni Arzalluz ni Ibarretxe o Azkarraga son
demócratas- sólo se entiende, por otra parte, como consecuencia
del miedo de tantos ciudadanos que prefieren callar, del apoyo de
otras entidades que acuden en su auxilio como los obispos vascos y,
paradójicamente, de la creciente debilidad de ETA. Un apunte
sobre la Iglesia: el obispo auxiliar de Bilbao ha declarado que la
Iglesia dialoga y trabaja con "grupos vascos", y que la
reacción contra la pastoral pronacionalista no le preocupa.
Esto es, no considera "vascos" a Basta Ya, Foro Ermua, Foro
El Salvador o Covite. Sobran los comentarios sobre su falaz y fraudulenta
concepción del diálogo.
Respecto a ETA: en el momento de escribir estas líneas han
tenido lugar 96 detenciones de terroristas, y el descenso de actos
violentos y atentados es palpable: puede comprobarse comparando los
"peldaños de la violencia" de este número
5 de Hasta Aquí con los anteriores. El terrorismo va a menos,
y la kale borroka está en crisis. ETA cada vez es más
débil y su marginalidad, salvo sorpresa impredecible, se presiente
más temprana que tarde. La justa ilegalización de Batasuna
no cambiará eso, por mucha manifestación que amenace:
recordemos que la Plaza de Oriente se abarrotó meses antes
de la muerte de Franco y de ese derrumbe a cámara lenta del
franquismo que, eso sí, los demócratas celebrábamos
el 15 de junio.
Así las cosas, es natural que Arzalluz y sus socios aceleren
el proceso de imposición de nacionalismo obligatorio. Saben
que sin ETA o con un terrorismo marginal, sus presiones carecen de
eficacia, pues, ¿cómo convencerán a nadie de
que su independencia es el precio a pagar por la paz? El peligro es
el miedo: la sociedad vasca sigue muy asustada, y ya es hora de convencer
a nuestros conciudadanos -de los empresarios y sindicalistas, pasando
por los nacionalistas sensibles y sensatos y por los socialistas caraduras
o timoratos- de que hay pocas razones para callar y muchas para rebelarse
contra el nacionalismo étnico obligatorio y un destino a la
yugoslava. Porque solamente la rebelión ciudadana puede acabar
con el miedo y rescatar la libertad robada. |
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