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ACTUALIDAD

 

EL
17a
EN LA
PRENSA


Como siempre,
las Elecciones Autonómicas Vascas han
despertado gran interés en la
prensa. He aquí un repaso a la profusión de comentarios
recogidos entre los diferentes medios de
comunicación escrita.

El día después o 18-A, la prensa era unánime: Ibarretxe se convertía en el perdedor de las elecciones y debería retirar su Plan porque sus propios electores le habían castigado por haberse embarcado en una aventura maximalista. Así se expresaban, por ejemplo, el editorial de El Correo: "Las elecciones al Parlamento vasco ofrecieron ayer un resultado que demuestra el fracaso del plan Ibarretxe como elemento de enganche del nacionalismo gobernante, dispersa el voto abertzale y permite recuperar posiciones a las formaciones no-nacionalistas. El panorama resultante obliga al entendimiento pero, al mismo tiempo, complica la gobernabilidad del país. Frente a la excepcional participación de 2001, la menor afluencia de los electores ayer acabó favoreciendo a una izquierda abertzale revitalizada con la aparición de las siglas EHAK". En el mismo periódico Florencio Domínguez decía: "Al votante nacionalista tradicional, el plan Ibarretxe no le importa tanto como conservar el poder, a juzgar por los resultados de ayer. Desde luego, no le importa tanto como a su promotor, el lehendakari, que convocó las elecciones para conseguir una mayoría absoluta con la que enfrentarse al Estado y no sólo no ha logrado esa mayoría, sino que ha perdido cuatro de los escaños que consiguió en el 2001. Los votos prestados por Batasuna hace cuatro años para hacer frente al peligro de que Mayor Oreja se hiciera con el poder en Ajuria Enea no han vuelto a dar su apoyo a la coalición PNV-EA”. Y Santiago González: "El resultado más notable de la jornada de ayer es el hundimiento electoral del Plan Ibarretxe. Las expectativas máximas de los nacionalistas de alcanzar la mayoría absoluta, no se han cumplido. La posibilidad de alcanzarla para el tripartito, tampoco. El objetivo de que la coalición PNV-EA sacara un escaño más que la suma del PSE y el PP, tampoco. Para igualar a escaños a socialistas y populares, Ibarretxe tendrá que sumar a su coalición los de Ezker Batua y Aralar". Igual de taxativos se mostraban Tonia Etxarri -"Llevaba cuatro años apostando a su única carta de ruptura con España y los resultados dicen que ha fracasado"-, José Luis Zubizarreta -"Las elecciones de ayer han supuesto, por tanto, un batacazo notable para los promotores del soberanismo, en general, y del plan Ibarretxe, en particular"- y Joseba Arregi -"el plan Ibarretxe no tiene ningún futuro"-, también en El Correo.
Idéntica opinión manifestaba Victoria Prego en El Mundo: "El plan Ibarretxe murió ayer. Murió a manos de los votantes tradicionales del PNV, que lo han dejado caer en silencio. Esta es una evidencia que el lehendakari no puede ya ignorar aunque quisiera hacerlo: las cuentas ya no le salen. Ahora, y dado por hecho que será él quien tenga que asumir el Gobierno vasco, sabe ya que va a caminar preso de sus propios errores de estrategia e hipotecado hasta los ojos por el grupo de los batasunos, que no dejarán ni un solo instante de hacerle sentir su aliento en el cogote. Llegado a este punto, que es una auténtica encrucijada, al señor Ibarretxe no se le abren más que dos salidas. Una, echarse definitivamente en brazos de Batasuna y someterse a su dictado, sabiendo que la organización radical, se llame ahora como se llame, le birlará inmediatamente el puesto de interlocutor con el Gobierno y pasará a amortizar lo que se derive de esos contactos que existen, ¡claro que existen!, y en los que los dirigentes socialistas tienen puestas muchas esperanzas. La otra salida que se le abre es la de admitir que, puesto que con su delirante plan ha llegado a una vía muerta, es el momento de aceptar la oferta del presidente del Gobierno para negociar un Estatuto -dentro de la Constitución, por supuesto- que cuente con al menos dos tercios de apoyos. Es decir, que se parezca mucho al Estatuto que ya existe y que tan buen resultado ha dado".
Kepa Aulestia en El Correo se mostraba más cauto: "Nunca antes el PNV se había sentido tan hipotecado. Condicionado por delicados equilibrios internos y coartado por la competencia independentista que representan no sólo EHAK y Aralar, sino también los siete escaños que ha vuelto a lograr EA mientras los jeltzales perdían cuatro, los cuatro que perdió ayer la coalición encabezada por Ibarretxe". Cautela que también traslucían las palabras de José Antonio Zarzalejos en ABC: "La siembra de vientos siempre recoge tempestades. Los procesos políticos inspirados en proposiciones radicales terminan habitualmente gestionados por aquellos que representan la versión más auténtica de la extremosidad. Porque si de plantear al Estado la secesión se trataba, los nacionalistas más contundentes han depositado su confianza en una fuerza próxima a la banda terrorista ETA -una organización vicaria de Batasuna que no condena la violencia-, y los que lo son menos o más moderados, han preferido abstenerse como no lo hicieron hace cuatro años. Ibarretxe ha fracasado en toda regla, y con él los más abstrusos de sus colaboradores en el Gobierno y en el partido, pero el secesionismo recoge un nuevo impulso incrementando la presencia del aliento etarra en el Parlamento de Vitoria. Mientras, los constitucionalistas logran un ligera mejora de posiciones y, aunque se intercambia la prelación del PP por la del PSE, el escenario final es política y socialmente diabólico".
El editorial de El País también incidía en la derrota de Ibarretxe, al que ponía ante al tesitura de negociar un nuevo Estatuto o ceder a sus fantasmas soberanistas: "Es posible que el sector más radical del PNV quiera hacer de la necesidad virtud intentando reeditar el Pacto de Lizarra con el brazo político de ETA. Sumarían los 38 escaños que marcan la mayoría absoluta, pero convertiría al nacionalismo en rehén de los de Otegi. Y ahora ya sabe Ibarretxe que la radicalización hace perder votos. La alternativa sería la insinuada hace dos meses por el actual presidente del PNV en una conferencia pronunciada en Barcelona: la búsqueda de un acuerdo de reforma del Estatuto "que supere las mayorías actuales". Es decir, que pueda ser compartido por los no nacionalistas". El editorial de ABC abundaba igualmente en la disyuntiva que se le presenta a un Ibarretxe al que reconoce como claro perdedor de las elecciones: "En el análisis particular de los resultados, el lendakari Ibarretxe, que ha perdido 140.000 votos, ha fracasado personalmente y, con él, la estrategia de su partido, que no ha movilizado a su electorado. La pérdida de cuatro escaños, pese a llevar un programa netamente soberanista, pone al PNV ante un proceso de reflexión en el que, como siempre, primará el mantenimiento del poder político y la exacción de culpas sin compasión alguna. Ibarretxe ha caído en el mayor error que puede cometer un lendakari nacionalista: arriesgar el poder hegemónico del nacionalismo. Para el PNV se abre también una encrucijada muy delicada, porque el tripartito de 2001 está debilitado y su política de pactos se circunscribe al PSE o al PCTV, es decir, ETA. La decisión implicará una revisión sustancial de la estrategia seguida hasta el momento o, por el contrario, si elige a la izquierda abertzale, una radicalización de la oferta soberanista".
Algunos comentaristas se hacían eco el día 19 de abril de las lecturas que se están haciendo dentro del marco nacionalista: no cabe hablar de batacazo de las posturas soberanistas, puesto que sumando los escaños de Aralar y EHAK el soberanismo sale reforzado, y, en segundo lugar, hacen hincapié en que el traspiés del PNV podría deberse no a su maximalismo sino a la tibieza que ha observado durante la campaña dejando de lado el Plan Ibarretxe. Florencio Domínguez recogía esta visión en su columna de El Correo: "Una gran parte de los analistas externos han llegado a la conclusión de que el retroceso electoral de la coalición PNV-EA es un varapalo al plan Ibarretxe, pues a fin de cuentas el lehendakari y cabeza de lista concurría a las elecciones de este domingo pidiendo un respaldo mayoritario para su propuesta. Como no ha obtenido ese respaldo, no resulta descabellado interpretar que el electorado ha expresado su desacuerdo con la radicalidad y conflictividad que envolvían la iniciativa. Sin embargo, desde las filas del nacionalismo no falta quien interprete que el retroceso electoral se ha producido por la ambigüedad y la timidez con que se ha presentado el plan en la campaña, hasta el punto de ocultarlo detrás de una serie de eufemismos. El retroceso de PNV y EA ha estado acompañado del avance de los radicales de la izquierda abertzale, por lo que llegan a la conclusión de que las fuerzas soberanistas tienen el respaldo suficiente para seguir adelante sin bajar el listón. Decidirse por una línea de interpretación o por otra condicionará la política que vaya a aplicar la coalición a partir de ahora. Si se considera que la radicalización ha sido castigada por el electorado es posible que se opte por reconducir la estrategia hacia la moderación, pero si se piensa que se han quedado cortos, lo probable es que pisen el acelerador. Eso, en la política de pactos, se traducirá en un acercamiento a los socialistas de Patxi López o a la izquierda abertzale".
Por su parte Edurne Uriarte, decía en las páginas de ABC: "El análisis más asombroso que he escuchado tras las elecciones autonómicas vascas es ése que proclama el fin del soberanismo. Y no ha desmerecido en fantasía ese otro mucho más generalizado que ha sentenciado el fin del Plan Ibarretxe. Increíble si tenemos en cuenta que los soberanistas, es decir, los que pretenden ejercitar el derecho de autodeterminación, suman, lamentablemente, 39 escaños, a los que hay que añadir, claro está, los tres de IU. Y de un optimismo desbordante, si nos tomamos la molestia de recordar que el Plan Ibarretxe ha contado con el visto bueno de ETA y, por lo tanto, de sus nuevos representantes parlamentarios".
En su editorial del 19 de abril, El País, daba muestras de mayor optimismo al respecto: "El nacionalismo crece cuatro décimas, pero pierde poder. Ya ocurrió en 1986, tras la aparición de EA. Con la incorporación de Aralar en estas elecciones había tres candidaturas nacionalistas en liza. La presencia de más partidos de esa ideología permite diversificar la oferta y atraer a más sectores, pero también dispersa el voto. Esta dispersión, sumada a la dificultad de articular alianzas estables entre fuerzas tan diversas, reduce el poder del nacionalismo". Antonio Elorza, también en El País del día 19 veía, en cambio, la posibilidad de que el irredentismo acabara por imponerse en el seno de la coalición PNV-EA: "El plan Ibarretxe, y con él su presentador, se encuentra políticamente herido, pero desde el primer momento nada indica que PNV y EA vayan a respetar las reglas de la democracia y proponer una retirada. Para ellos, Euskadi no es del conjunto de los ciudadanos vascos, sino un patrimonio de los nacionalistas. Y a su frente, el lehendakari. De ahí que éste ignore increíblemente desde un primer momento su condición de presidente en funciones y se lance casi de madrugada a proponer / imponer a Zapatero la famosa "negociación", al mismo tiempo que proclama su victoria electoral, sin mirar las cifras que abren la posibilidad, aunque remota, de un lehendakari socialista. Los nacionalistas son, en sus palabras, "el cauce central" para el Gobierno de Euskadi, y para conservar ese protagonismo están dispuestos a agotar todas las posibilidades. Ya se habla en su diario de prolongar al máximo el interregno, de manera que sea posible avanzar entre tanto en la vía política soberanista. No van a ceder fácilmente al dictado de los votos".
En medio de una situación resultante tan complicada, cosa en la que coinciden absolutamente todos los comentaristas, cabe preguntarse cómo queda el constitucionalismo. Carlos Martínez Gorriarán hacía el correspondiente análisis en Expansión del 19 de abril: "En el campo constitucionalista, o lo que quede de él, la incógnita estaba en cómo quedaba la suma de PP y PSE, tan real como denostada por algunos. Descartados grandes cambios, el problema se reducía a qué partido quedaba el segundo y qué diferencias surgían entre ambos. Una vez fracasada la absurda apuesta del "Patxi lehendakari", el premio de consolación se reducía a obtener el segundo puesto del bloque no nacionalista. O, lo que es igual, si la apuesta de Zapatero por maragallizar al socialismo vasco producía los resultados apetecidos. La respuesta es no. El PP, que tenía en contra la victoria socialista del año pasado en toda España, ha aguantado bien el tirón, y ha conseguido una excelente candidata, María San Gil. Sin embargo, el PP se ha excedido al poner en solfa la alianza con los socialistas que ellos mismos exigían; una incongruencia en la que deberán reflexionar, como los socialistas en las suyas. La bronca entre PSE y PP no se traduce en ganancia para uno de los dos vasos comunicantes, sino en desprestigio de lo que tienen en común. Los constitucionalistas, si quieren cambiar realmente la deriva apocalíptica de la política vasca, deben entenderse entre ellos. No hay atajos ni giros bruscos para modificar la realidad social"