| Como
siempre,
las Elecciones Autonómicas Vascas han
despertado gran interés en la
prensa. He aquí un repaso a la profusión de comentarios
recogidos entre los diferentes medios de
comunicación escrita.
El
día después o 18-A, la prensa era unánime:
Ibarretxe se convertía en el perdedor de las elecciones y
debería retirar su Plan porque sus propios electores le habían
castigado por haberse embarcado en una aventura maximalista. Así
se expresaban, por ejemplo, el editorial de El Correo: "Las
elecciones al Parlamento vasco ofrecieron ayer un resultado que
demuestra el fracaso del plan Ibarretxe como elemento de enganche
del nacionalismo gobernante, dispersa el voto abertzale y permite
recuperar posiciones a las formaciones no-nacionalistas. El panorama
resultante obliga al entendimiento pero, al mismo tiempo, complica
la gobernabilidad del país. Frente a la excepcional participación
de 2001, la menor afluencia de los electores ayer acabó favoreciendo
a una izquierda abertzale revitalizada con la aparición de
las siglas EHAK". En el mismo periódico Florencio Domínguez
decía: "Al votante nacionalista tradicional, el plan
Ibarretxe no le importa tanto como conservar el poder, a juzgar
por los resultados de ayer. Desde luego, no le importa tanto como
a su promotor, el lehendakari, que convocó las elecciones
para conseguir una mayoría absoluta con la que enfrentarse
al Estado y no sólo no ha logrado esa mayoría, sino
que ha perdido cuatro de los escaños que consiguió
en el 2001. Los votos prestados por Batasuna hace cuatro años
para hacer frente al peligro de que Mayor Oreja se hiciera con el
poder en Ajuria Enea no han vuelto a dar su apoyo a la coalición
PNV-EA”. Y Santiago González: "El resultado más
notable de la jornada de ayer es el hundimiento electoral del Plan
Ibarretxe. Las expectativas máximas de los nacionalistas
de alcanzar la mayoría absoluta, no se han cumplido. La posibilidad
de alcanzarla para el tripartito, tampoco. El objetivo de que la
coalición PNV-EA sacara un escaño más que la
suma del PSE y el PP, tampoco. Para igualar a escaños a socialistas
y populares, Ibarretxe tendrá que sumar a su coalición
los de Ezker Batua y Aralar". Igual de taxativos se mostraban
Tonia Etxarri -"Llevaba cuatro años apostando a su única
carta de ruptura con España y los resultados dicen que ha
fracasado"-, José Luis Zubizarreta -"Las elecciones
de ayer han supuesto, por tanto, un batacazo notable para los promotores
del soberanismo, en general, y del plan Ibarretxe, en particular"-
y Joseba Arregi -"el plan Ibarretxe no tiene ningún
futuro"-, también en El Correo.
Idéntica opinión manifestaba Victoria Prego en El
Mundo: "El plan Ibarretxe murió ayer. Murió a
manos de los votantes tradicionales del PNV, que lo han dejado caer
en silencio. Esta es una evidencia que el lehendakari no puede ya
ignorar aunque quisiera hacerlo: las cuentas ya no le salen. Ahora,
y dado por hecho que será él quien tenga que asumir
el Gobierno vasco, sabe ya que va a caminar preso de sus propios
errores de estrategia e hipotecado hasta los ojos por el grupo de
los batasunos, que no dejarán ni un solo instante de hacerle
sentir su aliento en el cogote. Llegado a este punto, que es una
auténtica encrucijada, al señor Ibarretxe no se le
abren más que dos salidas. Una, echarse definitivamente en
brazos de Batasuna y someterse a su dictado, sabiendo que la organización
radical, se llame ahora como se llame, le birlará inmediatamente
el puesto de interlocutor con el Gobierno y pasará a amortizar
lo que se derive de esos contactos que existen, ¡claro que
existen!, y en los que los dirigentes socialistas tienen puestas
muchas esperanzas. La otra salida que se le abre es la de admitir
que, puesto que con su delirante plan ha llegado a una vía
muerta, es el momento de aceptar la oferta del presidente del Gobierno
para negociar un Estatuto -dentro de la Constitución, por
supuesto- que cuente con al menos dos tercios de apoyos. Es decir,
que se parezca mucho al Estatuto que ya existe y que tan buen resultado
ha dado".
Kepa Aulestia en El Correo se mostraba más cauto: "Nunca
antes el PNV se había sentido tan hipotecado. Condicionado
por delicados equilibrios internos y coartado por la competencia
independentista que representan no sólo EHAK y Aralar, sino
también los siete escaños que ha vuelto a lograr EA
mientras los jeltzales perdían cuatro, los cuatro que perdió
ayer la coalición encabezada por Ibarretxe". Cautela
que también traslucían las palabras de José
Antonio Zarzalejos en ABC: "La siembra de vientos siempre recoge
tempestades. Los procesos políticos inspirados en proposiciones
radicales terminan habitualmente gestionados por aquellos que representan
la versión más auténtica de la extremosidad.
Porque si de plantear al Estado la secesión se trataba, los
nacionalistas más contundentes han depositado su confianza
en una fuerza próxima a la banda terrorista ETA -una organización
vicaria de Batasuna que no condena la violencia-, y los que lo son
menos o más moderados, han preferido abstenerse como no lo
hicieron hace cuatro años. Ibarretxe ha fracasado en toda
regla, y con él los más abstrusos de sus colaboradores
en el Gobierno y en el partido, pero el secesionismo recoge un nuevo
impulso incrementando la presencia del aliento etarra en el Parlamento
de Vitoria. Mientras, los constitucionalistas logran un ligera mejora
de posiciones y, aunque se intercambia la prelación del PP
por la del PSE, el escenario final es política y socialmente
diabólico".
El editorial de El País también incidía en
la derrota de Ibarretxe, al que ponía ante al tesitura de
negociar un nuevo Estatuto o ceder a sus fantasmas soberanistas:
"Es posible que el sector más radical del PNV quiera
hacer de la necesidad virtud intentando reeditar el Pacto de Lizarra
con el brazo político de ETA. Sumarían los 38 escaños
que marcan la mayoría absoluta, pero convertiría al
nacionalismo en rehén de los de Otegi. Y ahora ya sabe Ibarretxe
que la radicalización hace perder votos. La alternativa sería
la insinuada hace dos meses por el actual presidente del PNV en
una conferencia pronunciada en Barcelona: la búsqueda de
un acuerdo de reforma del Estatuto "que supere las mayorías
actuales". Es decir, que pueda ser compartido por los no nacionalistas".
El editorial de ABC abundaba igualmente en la disyuntiva que se
le presenta a un Ibarretxe al que reconoce como claro perdedor de
las elecciones: "En el análisis particular de los resultados,
el lendakari Ibarretxe, que ha perdido 140.000 votos, ha fracasado
personalmente y, con él, la estrategia de su partido, que
no ha movilizado a su electorado. La pérdida de cuatro escaños,
pese a llevar un programa netamente soberanista, pone al PNV ante
un proceso de reflexión en el que, como siempre, primará
el mantenimiento del poder político y la exacción
de culpas sin compasión alguna. Ibarretxe ha caído
en el mayor error que puede cometer un lendakari nacionalista: arriesgar
el poder hegemónico del nacionalismo. Para el PNV se abre
también una encrucijada muy delicada, porque el tripartito
de 2001 está debilitado y su política de pactos se
circunscribe al PSE o al PCTV, es decir, ETA. La decisión
implicará una revisión sustancial de la estrategia
seguida hasta el momento o, por el contrario, si elige a la izquierda
abertzale, una radicalización de la oferta soberanista".
Algunos comentaristas se hacían eco el día 19 de abril
de las lecturas que se están haciendo dentro del marco nacionalista:
no cabe hablar de batacazo de las posturas soberanistas, puesto
que sumando los escaños de Aralar y EHAK el soberanismo sale
reforzado, y, en segundo lugar, hacen hincapié en que el
traspiés del PNV podría deberse no a su maximalismo
sino a la tibieza que ha observado durante la campaña dejando
de lado el Plan Ibarretxe. Florencio Domínguez recogía
esta visión en su columna de El Correo: "Una gran parte
de los analistas externos han llegado a la conclusión de
que el retroceso electoral de la coalición PNV-EA es un varapalo
al plan Ibarretxe, pues a fin de cuentas el lehendakari y cabeza
de lista concurría a las elecciones de este domingo pidiendo
un respaldo mayoritario para su propuesta. Como no ha obtenido ese
respaldo, no resulta descabellado interpretar que el electorado
ha expresado su desacuerdo con la radicalidad y conflictividad que
envolvían la iniciativa. Sin embargo, desde las filas del
nacionalismo no falta quien interprete que el retroceso electoral
se ha producido por la ambigüedad y la timidez con que se ha
presentado el plan en la campaña, hasta el punto de ocultarlo
detrás de una serie de eufemismos. El retroceso de PNV y
EA ha estado acompañado del avance de los radicales de la
izquierda abertzale, por lo que llegan a la conclusión de
que las fuerzas soberanistas tienen el respaldo suficiente para
seguir adelante sin bajar el listón. Decidirse por una línea
de interpretación o por otra condicionará la política
que vaya a aplicar la coalición a partir de ahora. Si se
considera que la radicalización ha sido castigada por el
electorado es posible que se opte por reconducir la estrategia hacia
la moderación, pero si se piensa que se han quedado cortos,
lo probable es que pisen el acelerador. Eso, en la política
de pactos, se traducirá en un acercamiento a los socialistas
de Patxi López o a la izquierda abertzale".
Por su parte Edurne Uriarte, decía en las páginas
de ABC: "El análisis más asombroso que he escuchado
tras las elecciones autonómicas vascas es ése que
proclama el fin del soberanismo. Y no ha desmerecido en fantasía
ese otro mucho más generalizado que ha sentenciado el fin
del Plan Ibarretxe. Increíble si tenemos en cuenta que los
soberanistas, es decir, los que pretenden ejercitar el derecho de
autodeterminación, suman, lamentablemente, 39 escaños,
a los que hay que añadir, claro está, los tres de
IU. Y de un optimismo desbordante, si nos tomamos la molestia de
recordar que el Plan Ibarretxe ha contado con el visto bueno de
ETA y, por lo tanto, de sus nuevos representantes parlamentarios".
En su editorial del 19 de abril, El País, daba muestras de
mayor optimismo al respecto: "El nacionalismo crece cuatro
décimas, pero pierde poder. Ya ocurrió en 1986, tras
la aparición de EA. Con la incorporación de Aralar
en estas elecciones había tres candidaturas nacionalistas
en liza. La presencia de más partidos de esa ideología
permite diversificar la oferta y atraer a más sectores, pero
también dispersa el voto. Esta dispersión, sumada
a la dificultad de articular alianzas estables entre fuerzas tan
diversas, reduce el poder del nacionalismo". Antonio Elorza,
también en El País del día 19 veía,
en cambio, la posibilidad de que el irredentismo acabara por imponerse
en el seno de la coalición PNV-EA: "El plan Ibarretxe,
y con él su presentador, se encuentra políticamente
herido, pero desde el primer momento nada indica que PNV y EA vayan
a respetar las reglas de la democracia y proponer una retirada.
Para ellos, Euskadi no es del conjunto de los ciudadanos vascos,
sino un patrimonio de los nacionalistas. Y a su frente, el lehendakari.
De ahí que éste ignore increíblemente desde
un primer momento su condición de presidente en funciones
y se lance casi de madrugada a proponer / imponer a Zapatero la
famosa "negociación", al mismo tiempo que proclama
su victoria electoral, sin mirar las cifras que abren la posibilidad,
aunque remota, de un lehendakari socialista. Los nacionalistas son,
en sus palabras, "el cauce central" para el Gobierno de
Euskadi, y para conservar ese protagonismo están dispuestos
a agotar todas las posibilidades. Ya se habla en su diario de prolongar
al máximo el interregno, de manera que sea posible avanzar
entre tanto en la vía política soberanista. No van
a ceder fácilmente al dictado de los votos".
En medio de una situación resultante tan complicada, cosa
en la que coinciden absolutamente todos los comentaristas, cabe
preguntarse cómo queda el constitucionalismo. Carlos Martínez
Gorriarán hacía el correspondiente análisis
en Expansión del 19 de abril: "En el campo constitucionalista,
o lo que quede de él, la incógnita estaba en cómo
quedaba la suma de PP y PSE, tan real como denostada por algunos.
Descartados grandes cambios, el problema se reducía a qué
partido quedaba el segundo y qué diferencias surgían
entre ambos. Una vez fracasada la absurda apuesta del "Patxi
lehendakari", el premio de consolación se reducía
a obtener el segundo puesto del bloque no nacionalista. O, lo que
es igual, si la apuesta de Zapatero por maragallizar al socialismo
vasco producía los resultados apetecidos. La respuesta es
no. El PP, que tenía en contra la victoria socialista del
año pasado en toda España, ha aguantado bien el tirón,
y ha conseguido una excelente candidata, María San Gil. Sin
embargo, el PP se ha excedido al poner en solfa la alianza con los
socialistas que ellos mismos exigían; una incongruencia en
la que deberán reflexionar, como los socialistas en las suyas.
La bronca entre PSE y PP no se traduce en ganancia para uno de los
dos vasos comunicantes, sino en desprestigio de lo que tienen en
común. Los constitucionalistas, si quieren cambiar realmente
la deriva apocalíptica de la política vasca, deben
entenderse entre ellos. No hay atajos ni giros bruscos para modificar
la realidad social"
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