192 muertos y 1483 heridos al estallar 10 mochilas-bomba
en cuatro trenes de cercanías llenos de trabajadores y estudiantes
La
mochila desactivada por los Tedax aportó un reguero de pistas
y de detenciones que impidió más atentados
Cientos
de héroes anónimos lograron socorrer a los heridos
en los primeros momentos
Habían
elegido el 11 de marzo para ejecutar su macabra acción. Y
lo consiguieron. Los terroristas lograron su objetivo: Mataron a
192 personas y dejaron heridos a otros 1.483 ciudadanos. Madrid
quedó conmocionado.
Según
todos los indicios, Al Qaeda decidió activar en algún
momento del año 2003 la “célula durmiente”
desplegada en Madrid y sus alrededores, utilizando para ello dinero
procedente de la venta de hachís y éxtasis, dato este
aportado por Ángel Acebes en su última comparecencia
como Ministro del Interior.
Por
tanto, los miembros de este grupo trabajaron durante meses en la
preparación de los atentados en los trenes de cercanías,
en la coordinación de sus acciones y en la preparación
de las mochilas-bomba, mediante un rudimentario mecanismo que activaba
a través de la alarma de un teléfono móvil
una potente carga de explosivo.
Precisamente,
estas mochilas asesinas han sido la causa del desmantelamiento de
parte de esta “célula durmiente”, dividida en
tres grupos, y de la detención de una veintena de sus integrantes,
así como de la localización de infraestructura, entre
la que se encontraba una casa de campo en las proximidades de la
localidad de Chinchón y un piso en Leganés, en el
que se inmolaron siete terroristas.
La
hipótesis que se baraja con más fuerza entre los expertos
policiales en explosivos apunta a que todos los teléfonos
colocados en las mochilas de los terroristas habían sido
activados a las 7:40 horas. ¿Por qué?, no se sabe,
porque no se puede saber lo que hay en la mente de un asesino. Lo
cierto es que a esa hora los trenes van más llenos que a
ninguna otra hora del día. “Era evidente que pretendían
provocar una auténtica masacre”, indican las mismas
fuentes.
Las
bombas colocadas en las bolsas estallaron prácticamente al
unísono. Quizá con un intervalo de un par de minutos,
“achacables –según los análisis policiales-
a que los teléfonos no estaban sincronizados en la puesta
en hora, aunque sí en el momento de la alarma: las 7:40 horas”.
Efectivamente,
diez mochilas estallaron en ese pequeño intervalo, casi al
mismo tiempo. Tres en el tren estacionado en la vía 2 de
cercanías de Atocha; otras cuatro en el tren que se encontraba
a 500 metros de Atocha, frente a la calle Téllez; dos, en
otros tantos vagones situados en el apeadero de la Estación
de El Pozo, y una más en el tren parado en la Estación
de Santa Eugenia.
La
tragedia podía haber sido mucho mayor, porque otras cuatro
mochilas cargadas con goma 2 no llegaron a estallar. Tres de ellas
fueron localizadas y activadas controladamente durante las tareas
de rescate, en la misma mañana del 11 de Marzo. La cuarta,
se localizó milagrosamente en la noche de ese mismo día,
junto con otros muchos bolsos y mochilas que se habían recogido
y posteriormente almacenado en una sala de la Comisaría del
distrito madrileño de Vallecas.
Poco
se ha hablado, realmente, de la importancia de esta mochila o bolsa
sospechosa encontrada en la comisaría de Vallecas. No se
sabe si un fallo técnico o quizá una fecha mal puesta
en los móviles provocó que no estallara dentro del
tren. Lo que si se sabe es que fue un hombre, un tedax del Cuerpo
Nacional de Policía, quien, a riesgo de su vida, logró
desactivarla y permitió que se investigara su contenido.
La
alarma de ese teléfono instalado en la bolsa-bomba desactivada
estaba fijada a las 7:40 horas. Y ese es el único móvil
intacto que se conserva de todos los empleados por los terroristas
aquel 11 M. De ahí que los investigadores piensen que todos
los teléfonos tenían la misma hora para las explosiones.
No
debemos olvidar que los resultados de la investigación sobre
la única bomba desactivada llevaron a la trama que se organizó
para comprar clandestinamente en Asturias la goma 2 empleada en
los atentados. También fueron localizados los vendedores
de los teléfonos móviles. Se practicaron varias detenciones
y se impidieron nuevos atentados sangrientos.
Además,
gracias al gesto de ese tedax, y a la investigación realizada
por el contenido de la bolsa-bomba, se pudieron evitar otros atentados
en la línea del AVE y se localizó el 3 de abril, un
piso ocupado por varios terroristas, situado en la calle Carmen
Martín Gaite, número 40, de localidad madrileña
de Leganés.
Al
verse cercados, los terroristas, entre ellos dos de los presuntos
responsables directos de la masacre del 11 M, se inmolaron al activar
los cinturones bomba que se habían colocado en sus cuerpos.
La verdad es que sólo uno de los seis terroristas fue el
que activó su cinturón, según los análisis
realizados posteriormente por los expertos en explosivos.
LOS
RASTROS DE AL QAEDA
De
manera insistente, Al Qaeda ha tratado de dejar rastros y reivindicaciones
de los atentados. Primero fue una cinta magnetofónica de
El Corán encontrada en una furgoneta abandonada por los terroristas
en la localidad madrileña de Alcalá de Henares. Después,
en una carta enviada a un diario londinense se atribuía a
este grupo la autoría de la masacre. Y, a continuación,
una cinta de vídeo abandonada cerca del Tanatorio madrileño
de la M-30, en la que un presunto portavoz de Al Qaeda en Europa
se atribuía los atentados.
De
hecho, tras la explosión de la vivienda de Leganés,
se encontró un vídeo que la policía consideró
que habían realizado los terroristas muertos en el que, con
la cara tapada y portando tres metralletas, daba a España
un plazo de una semana para retirar sus tropas de Afganistán
e Irak. En los mismos términos se expresaban en un comunicado
enviado al diario ABC, anunciando que iban a correr ríos
de sangre.
Pocos
días después, finalmente el líder de Al Qaeda,
Ben Laden, explicó en una grabación sonora que le
atribuía la cadena de televisión de Dubai Al Arabiya,
que los atentados del pasado 11 de marzo en Madrid son el resultado
de la colaboración de España con los Estados Unidos
en Irak, Afganistán y los territorios palestinos, al tiempo
que ofrecía “la paz” a los países europeos
que no actúen contra los musulmanes.
La
presunta voz de Ben Laden decía que “lo ocurrido el
11 de septiembre y el 11 de marzo es la manera de devolveros (lo
que habéis hecho) para que sepáis que la seguridad
es una necesidad para todos”…”Dejad de derramar
nuestra sangre para preservar la vuestra”.
HÉROES
ANÓNIMOS
Pero
el tedax que desactivó la bolsa-bomba en la Comisaría
de Policía de Vallecas, no fue el único héroe
anónimo del 11 M. El número de ciudadanos que se entregaron
en la labor de ayudar a las víctimas de las explosiones se
puede contar por centenares. A estos héroes se les pudo ver
en los lugares donde estallaron las bombas, en los traslados a los
hospitales y en los propios centros sanitarios.
Primero
fueron los propios heridos leves los que ayudaron a los más
graves a salir de los vagones y a acompañarles hasta que
llegaron las emergencias sanitarias. En algún caso también
los vecinos de la zona socorrieron a las víctimas. Esto ocurrió
sobre todo en la calle Téllez, sólo separada por una
carretera y una valla de las vías del tren que accede a la
Estación de Atocha.
Los
equipos sanitarios del SAMUR llegaron lo antes que pudieron a las
estaciones y vías del tren donde estaban los heridos y los
muertos que se contaron por decenas en los primeros momentos. El
SAMUR hizo saltar la alarma y todos sus efectivos se desplazaron
a Atocha, Téllez, El Pozo y Santa Eugenia. Llegaron lo más
pronto que pudieron, unos equipos antes que otros, según
la distancia que tenían que recorrer. Pero todos actuaron
con una extraordinaria diligencia, ayudaron a los heridos más
necesitados en el lugar donde los encontraron y prepararon hospitales
de campaña donde trasladaban en primera instancia a las víctimas
para hacerles las curas de emergencia previas a su traslado a los
hospitales.
Ese
procedimiento de actuación fue el mismo en todos los lugares
donde hubo explosiones y víctimas. Entre tanto, la policía
nacional y la municipal procedían a la investigación,
al control del tráfico y al traslado de heridos si así
lo requerían las urgencias. Los bomberos trasladaron también
sus equipos para socorrer a los heridos y preparar el dispositivo
en colaboración con los servicios policiales y para atender
al juez encargado del caso.
Los
hospitales de Madrid activaron sus planes de emergencia ante catástrofes,
mientras los ciudadanos se agolpaban en largas colas ante el llamamiento
urgente de donaciones de sangre. Todo funcionó a la perfección.
Todo Madrid se volcó en ayudar. Y a las pocas horas, todos
los heridos estaban ya hospitalizados.
Pero
hubo que buscar un lugar adecuado para trasladar a los cerca de
200 cadáveres. Se decidió montar un tanatorio de emergencia
en el Recinto Ferial del Parque Juan Carlos I también se
hizo en un tiempo record. Allí fueron acudiendo por centenares
los familiares de las víctimas, que eran atendidos por psicólogos
y sanitarios del SAMUR, mientras médicos forenses y representantes
de los juzgados de Madrid trabajaban en la identificación
de las víctimas.
|