| |
|
ACTUALIDAD |
 |
|
El
plan Ibarretxe y la Constitución europea
MARCELINO
OREJA ARBURUA, eurodiputado del PP.
|
El
día 13 de diciembre el Consejo puede aprobar previsiblemente
la futura Constitución europea, que será previsiblemente
ratificada por todos los Estados Miembros actuales y los diez que
se incorporen el próximo 1 de mayo. En algunos países
de la Unión, entre ellos España, coincidiendo con las
elecciones europeas del 13 de Junio del 2004, el texto será
votado por todos los ciudadanos en referéndum.
El borrador que hoy se conoce, fue presentado por la Convención
al Consejo Europeo de Salónica el pasado 20 de junio.
Mi intención en estas líneas es aclarar las relaciones
de este texto con la propuesta del Plan Ibarretxe, pero incluso ir
más allá y tratar de explicar por qué creo que
la posición actual del nacionalismo vasco es contraria al ideal
europeo.
El artículo primero de la Carta magna Europea , afirma la doble
legitimidad de la Unión asentada en los ciudadanos y en los
Estados. El reconocimiento de la ciudadanía europea, del ciudadano
como protagonista de la Construcción europea es una innovación
de gran calado. Además el proyecto de Constitución incorpora
la Carta de Derechos Fundamentales de Niza que establece la igualdad
de derechos y obligaciones de los europeos frente al concepto gaseoso
de un pueblo, presunto sujeto de un derecho colectivo se impone la
apuesta por personas con capacidad para decidir, con derechos y libertades.
Esta apelación contrasta con la del Plan Ibarretxe que invoca
al pueblo vasco como sujeto de legitimidad política.
El otro protagonista de la construcción europea son los estados.
La unión Europea sólo puede ejercer las competencias
que le han sido transferidas con el "objetivo de alcanzar objetivos
comunes", porque la historia de Europa de estos 50 años
de Construcción Europea ha sido un éxito. Los países
de la Unión Europea han vivido en paz y su prosperidad ha crecido
en estos años. Un proyecto que empezó con seis países
cuenta hoy con 15 miembros, otros 10 formarán parte de la Unión
el próximo 1 de mayo y otros países europeos son hoy
candidatos a su entrada en la Unión.
Esta doble legitimidad de Estados y Ciudadanos ha funcionado en Europa.
La legitimidad de la Unión se asienta en una doble base: la
de ser una unión de Estados, que institucionalmente se plasma
en el Consejo, y la de ser al mismo tiempo una unión de ciudadanos,
representada en el Parlamento Europeo. Esta doble legitimidad es uno
de los pilares fundamentales de la nueva Europa, que no pretende sustituir
a los Estados sino complementarlos en la diversidad y con el respeto
a las raíces de los ciudadanos.
Ahora bien, esto no basta para avanzar en el proceso de construcción
europea. El ciudadano no quiere sólo verse adecuadamente representado,
sino que reclama de la Unión que se legitime también
mediante el correcto ejercicio de las competencias que le han sido
confiadas y de la solución real de sus problemas. Es decir,
el ciudadano, para aceptar que los Estados miembros hagan una cesión
aún mayor de soberanía, pide sencillamente que la Unión
sea eficaz. Se trata, en definitiva, de alcanzar la legitimidad que
otorga la eficacia, y de que la reforma consiga equilibrarla con el
necesario control democrático.
La Unión es y debe ser una organización de integración,
voluntariamente establecida, que complementa a los Estados miembros
absteniéndose de intervenir en cuestiones de exclusiva competencia
de los ordenamientos nacionales, tales como la articulación
interna de la distribución del poder entre las instituciones
o las entidades territoriales de un Estado miembro, que han de ser
reguladas por el ordenamiento constitucional propio de cada Estado.
Las regiones europeas, o comunidades autónomas en España
constituyen elementos de "la identidad nacional de los Estados
miembros", tal como establece el artículo 5 del proyecto
de Constitución Europea. Su protagonismo en los procedimientos
de toma de decisión de la Unión se produce como parte
de un Estado miembro. Así, cuando el artículo 146 del
Tratado de Maastricht facultaba la representación de los Estados
miembros por representantes de las regiones en el Consejo de ministros,
éstos representan al Estado miembro en cuestión y comprometen
al Gobierno de dicho Estado. O lo que es lo mismo, hablan por el Estado
y actúan en su representación: el artículo 65
del Plan Ibarretxe se aparta de esta línea cuando afirma: "De
conformidad con la normativa europea, la comunidad de Euskadi dispondrá
de representación directa en los órganos de la Unión".
Tanto esta pretensión como la expresada en el apartado segundo
de ese mismo artículo donde se exige la habilitación
por parte del Gobierno español de "los cauces precisos
para posibilitar la participación activa del Gobierno vasco
en los diferentes procedimientos de tomas de decisiones de las instituciones
comunitarias en aquellos asuntos que afectan a sus competencias",
no es sólo la expresión de un lenguaje tortuoso sino,
una pretensión de imposible cumplimiento.
El modelo europeo ha demostrado que más autogobierno no es
más bienestar, que la gestión de competencias comunes
es eficaz para el ciudadano.
Si el Plan Ibarretxe se sustenta en el acaparamiento de competencias,
contradice el camino marcado por Europa. Y es que como dice el preámbulo
de la Constitución Europea "En la certeza de que los pueblos
de Europa, sin dejar de sentirse orgullosos de su identidad y de su
historia nacional, están resueltos a superar antiguas divisiones
y, cada vez más estrechamente unidos, a forjar un destino común".
En contraposición a todo ello, la independencia y la autarquía
que contiene el plan presentado por Ibarretxe no sólo va en
contra de los principios y valores que defiende Europa sino que, lo
que es más importante, va en perjuicio de todos los vascos.
Pero al margen de lo que establece el borrador del texto constitucional
La historia de la construcción europea es un camino edificado
sobre los valores de la paz, la libertad y el desarrollo económico
y social. Se trata de la creación de un espacio político
transnacional pero desde la configuración preexistente, como
realidad histórica inequívoca, de los Estados que se
han ido progresivamente adhiriendo a las Comunidades Europeas primero,
a la Unión Europea actual, después.
Y ello se desprende claramente del preámbulo del proyecto de
Constitución Europea, que parte de la certeza de que: "Los
pueblos de Europa, sin dejar de sentirse orgullosos de su identidad
y de su historia nacional, están resueltos a superar sus antiguas
divisiones y, cada vez más estrechamente unidos, a forjar un
destino común". Pero no es precisamente ésta la
determinación del Gobierno vasco que se desprende del plan
presentado. En definitiva, la Unión esta basada en unos principios
fundamentales entre los que destaca el respeto de los derechos humanos
y del Estado de Derecho, la validez del principio de solidaridad entre
sus miembros y la aplicación del principio de subsidiariedad
en la acción de las instituciones comunitarias.
Es gracias a esta solidaridad entre los Estados miembros, por la que
unos han apoyado a otros para lograr una mayor cohesión económica
y social, por lo que ha sido posible que los europeos logremos las
altas cotas de bienestar de las que hoy disfrutamos.
El engaño nacionalista que sustenta sus reivindicaciones en
la falta de solidaridad con otras regiones españolas, es también
contrario a este ideal europeo
Pero el método comunitario está basado también
en el principio de subsidiariedad, según el cual la Unión
Europea sólo interviene cuando sus objetivos no pueden ser
alcanzados de manera suficiente por los Estados miembros. Creer en
Europa es, por lo tanto, creer en la cesión de competencias,
también a nivel regional, y ser capaz de beneficiar de esta
cesión a las diputaciones forales y a los ayuntamientos. Es
por ello que Europa representa ante todo la voluntad de los Estados
que la forman de ceder competencias en la convicción de que
ello redundará, en términos de eficacia y prosperidad,
en beneficio de todos ciudadanos europeos.
Compartir los valores de la Unión Europea es creer en el respeto
a la diversidad y en la riqueza que aportan las distintas culturas.
La Europa que estamos construyendo es una Europa ya unida en lo económico
y camino de hacerlo en lo político, pero siempre en el respeto
a todas sus singularidades. Y este principio básico es el que
debería también ser respetado aquí, en Euskadi,
a pesar de que los actos del PNV vayan continuamente en contra, pretendiendo
que todos los vascos apostemos por un modelo único. Ser vasco
no puede ser sinónimo de defender la postura nacionalista.
El PNV no quiere formar parte de Europa porque no comparte sus valores.
No comparte el ideal de sociedad plural, tolerante y solidaria. Renuncia
a ceder competencias y cree que sólo es posible el bienestar
con más autogobierno. No quiere asumir el pleno respeto al
Estado de Derecho, ya que ¿cabe hablar de respeto al Estado
democrático y de Derecho cuando la Cámara vasca no es
capaz de acatar una sentencia judicial? El Gobierno del PNV no quiere
separarse de España para integrarse en Europa porque la actitud
que tiene ante España no le será permitida dentro de
la Europa solidaria. Su deslealtad a España será también
su deslealtad a Europa.
El proyecto de Constitución Europea será votado en referéndum,
previsiblemente el próximo 13 de junio y mucho me temo que
en este caso también el PNV estará en contra y, al igual
que busca un acuerdo de trato preferente con España, reclamará
un trato de favor con Europa. Pero Europa es un proyecto de sumas,
un proyecto solidario, en el que todos cedemos parte de nuestras competencias
en busca del bien común, del bien de todos los europeos y no
sólo en la búsqueda egoísta del beneficio propio.
Es de este proyecto del que tenemos que hablar ahora. Y si estamos
a favor de la Europa que hoy se dibuja deberíamos empezar por
aplicar sus principios fundamentales en esta tierra n |
EUROPA
SEGÚN EL PNV
EUROTRUTXO |
|
El Gobierno vasco,
y con él todo lo que hay detrás, el nacionalismo vasco,
suele olvidar demasiado interesadamente que, en tanto que detentador
del poder en el País Vasco forma parte del Estado español,
de hecho, el Gobierno vasco no es sino la forma que reviste el Estado
español en esta parte de España conocida como Comunidad
Autónoma Vasca o Euskadi. Pero como sólo se fían
de su propio instinto, es decir de su propia doctrina autista, se
creen autorizados a emprender todo lo que su instinto de pueblo
les dicta. Por eso, el pasado mes de septiembre el Gobierno vasco
suscribió un acuerdo de pueblo a pueblo con Mauritania para
que los pescadores vascos pudieran faenar en aguas mauritanas. ¿Puede
haber algo malo en que dos pueblos suscriban un tratado entre iguales?
No, no habría nada de malo en ello si no es porque las competencias
en materias de tratados de pesca no corresponden a los pueblos que
se toman por Estados sino a los Estados de verdad quienes, en tanto
que miembros de la UE, deben obligarse, entre otras, a la política
comunitaria en materia pesquera pues para eso decidieron constituirse
en un organismo supranacional al que cedieron amplias parcelas de
su soberanía, entre ellas las relacionadas con la pesca.
Como no podía suceder de otro modo, la UE declaró
el 13 de octubre nulo el flamante acuerdo que un Gobierno vasco
metido a redentor de los marineros suscribió con Mauritania.
Fue el propio director general de Pesca de la Comisión Europea,
Jorgen Holmquist, el que se lo comunicó por carta al representante
español en la UE, Carlos Bastarreche, con el encargo expreso
de que solicitara al Ejecutivo de Vitoria que tomara "todas
las medidas necesarias para asegurar el respeto de la competencia
exclusiva" de la UE para concluir acuerdos internacionales
relativos a derechos de pesca con terceros países. Las autoridades
comunitarias consideraron que el acta suscrita por el Gobierno vasco
y Mauritania era contraria al acuerdo de pesca en vigor entre esta
república y la Unión Europea, y así se lo hicieron
saber asimismo al Gobierno del país africano.
Pero las ventajas de vivir en la luna hacen que todo ese género
de detalles del peor gusto práctico carezcan de importancia.
¿Cómo se le ha podido ocurrir a Europa poner en cuestión
un acuerdo pesquero totalmente válido? El consejero de Pesca
del Gobierno vasco, Gonzalo Sáenz de Samaniego, sostuvo completamente
sulfurado que el acuerdo era y es "válido"y señaló
que la firma del mismo no tenía como objetivo ir en contra
de las competencias europeas en materia de acuerdos pesqueros. A
su juicio, lo que había ocurrido era "un malentendido"
e insistió en la "legitimidad y validez" del acuerdo,
ya que indicó que, en ningún momento, se han querido
asumir competencias que no les corresponden. Por si la palabra legitimidad,
que satura todos y cada uno de los proyectos nacionalistas por descabellados
que sean, no surtía efecto, Samaniego adujo el que debe considerar
argumento definitivo: la famosa palabra de vasco, "cuando damos
una palabra la cumplimos". Máxime cuando detrás
de todo lo que no sale bien está la pérfida España
que "está haciendo dejación de la defensa del
sector en la cornisa cantábrica".
Europa no sabe la que se le viene encima. Cuando el lehendakari,
o cualquiera de sus acólitos, dice que apuesta por Europa
y que ellos están y estarán siempre en Europa pese
a su exótico proyecto de libre asociación con España
que encubre la realidad de la secesión con la una red de
artimañas destinadas a que no se les expulse de Europa (fuera
del euro hace demasiado frío), el lehendakari y cualquiera
de sus acólitos no pretende sino seguir manteniendo su santa
y legítima voluntad. Pero a la chita callando. Puede que
en Europa no sepan cómo el Gobierno vasco no está
acatando las sentencias del Tribunal Supremo de su propio país
pero ya han tenido un anticipo de la actitud de caricaturesca desobediencia
civil de los nacionalistas que se han negado a cumplir los dictámenes
acerca de las vacaciones fiscales y otros incentivos de idéntica
ilegalidad que la Comisión adoptó en 2001. Por eso
ahora ha interpuesto seis demandas en el tribunal de Luxemburgo.
No está lejos el día en que Atutxa se plante ante
Europa para hacerle saber cuál es la voluntad de los vascos
y por dónde se pasan las resoluciones que no les convienen.
Es posible que el jubilado Arzalluz vuelva a blandir su paraguas
para dirigir otro otxote cuartelario y que la vieja Europa se vea
retada a emplear los tanques para hacer cumplir la legalidad vigente
tal y como ha sido retada la vieja y odiosa España. Un día
son las vacaciones fiscales, otro la pesca del atún en Mauritania,
mañana, el encaje del plan del lehendakari. Europa no sabe
que hay una forma distinta de pensar Europa: todo para uno y uno
para nadie. Palabra de vasco n |
| |
| |
|
|