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La
nueva presidenta del Tribunal Vasco de Cuentas Públicas,
a propuesta del PNV, Mª Asunción Macho Berrota, garantizaba
en recientes declaraciones a los medios de comunicación la
escrupulosidad del Tribunal que preside en la auditoria de cuentas
que se está realizando al Consorcio de Aguas de Bilbao-Bizkaia,
tras las denuncias sobre irregularidades en su gestión.
La
nueva responsable de este organismo fiscalizador de las cuentas
públicas, se veía obligada a asegurar que el informe
fiscalizador se hará público en septiembre de este
mismo año y que no se retrasará. La Presidenta del
Tribunal afirmaba además que su relación de parentesco
directo que le une con el responsable del consorcio no influirá
para nada en dicho Informe.
Las
cuentas secretas de las sociedades públicas
Durante el mes de junio han sido diversas las informaciones periodísticas
sobre las irregulares actuaciones del Consorcio de aguas de Bilbao-Bizkaia
en Argentina, motivadas especialmente por las denuncias del PP y
el PSE en el Ayuntamiento de Bilbao respecto a la gestión
y la opacidad de las operaciones de sus responsables. Unas personas
a las que se han atribuido asimismo intereses partidarios (del Partido
Nacionalista Vasco, evidentemente) en la gestión de esta
sociedad pública.
Aunque no es la primera vez que saltan chispas con respecto a hechos
que tienen su origen en sociedades con participación pública
de las administraciones vascas, tampoco han proliferado ni en los
medios de comunicación ni en el día a día de
la política vasca, noticias sobre estas sociedades que tienen
y van adquiriendo cada vez una mayor importancia en el entramado
institucional (¿o habría que decir partidario?) de
Euskadi.
Lo cierto es que el número de sociedades públicas
creadas desde las administraciones vascas se va incrementando año
a año y hoy ya son más de 240 las sociedades públicas
dedicadas a actividades de promoción industrial y económica,
energía, urbanismo, vivienda o actividades culturales, con
un montante de pérdidas antes de subvenciones que superan
ya los 240 millones de euros, y que proporcionan empleo a más
de 7.500 personas.
¿Cuál es el papel de tanta sociedad con participación
pública en el País Vasco? ¿Cuáles son
las causas para que el Gobierno Vasco, Diputaciones o Ayuntamientos
sigan creando más y más sociedades públicas?
¿Cuáles son los mecanismos para garantizar el control
y la gestión democrática y transparente de estas sociedades?
¿Se accede a un puesto en estas sociedades respetando las
condiciones legales de contratación pública: publicidad,
mérito, igualdad, concurrencia y capacidad?
Sociedades
con otros propósitos
Habría que aclarar en primer lugar, por qué se crean.
Desde su inicio, las administraciones vascas no han elaborado ningún
procedimiento para determinar si un servicio o actividad determinada
debe ser realizado directamente por la propia administración
o a través de una empresa o sociedad pública. Por
otra parte, tampoco existen criterios que determinen las condiciones
necesarias para crear una sociedad pública. ¿Será
más eficaz el servicio si se presta desde una sociedad pública?
Pese a estas significativas ausencias de normas y criterios claros,
el número de sociedades públicas en Euskadi ha ido
incrementándose a la vez que ha disminuido el control parlamentario
sobre ellas.
El Informe de 1998 del Tribunal Vasco de Cuentas de "Entidades
con participación de las Administraciones vascas superior
al 10% del Capital Social" realizado bajo la presidencia del
socialista Rafael Iturriaga, incorporaba una mención al papel
que deberían perseguir las sociedades públicas: "Las
sociedades existentes en numerosos casos tienen por objeto social
el desarrollo de actividades propias de las administraciones. Las
administraciones públicas deberán crear o tomar participación
en una sociedad mercantil únicamente cuando poderosas razones
de eficacia y eficiencia lo aconsejen, respetando en todo caso los
principios que inspiran tanto la contratación administrativa
como la del personal, gestión presupuestaria, financiera
y contable. El objeto social de las mismas debe expresar de modo
claro y concreto la finalidad pública perseguida y su ámbito
competencial".
A juzgar por las cifras, parece obvio que los gobiernos de las administraciones
vascas han demostrado más fe en la eficacia de las sociedades
públicas que en la suya propia para garantizar unos buenos
servicios a la ciudadanía.
¿Se
controlan?
Desde el Tribunal Vasco de Cuentas se ha resaltado año a
año, el descontrol de las sociedades públicas.
Un descontrol fácil aunque sólo sea por el truco de
la norma: sólo son controlables aquellas sociedades en las
que una única administración pública tenga
más del 50% de participación del capital social.
El caso del Museo Guggenheim es bien significativo: el 49,5% de
su propiedad pertenece al Gobierno vasco, otro 49,5% corresponde
a la Diputación Foral de Bizkaia y el 1% restante al Ayuntamiento
de Bilbao. Esta composición de propiedad en la que ninguna
administración supera el 50% de la propiedad hace que el
director general, Juan Ignacio Vidarte, pueda afirmar tranquilamente
que el Museo posee una "naturaleza jurídica privada"
y no pública. O dicho de otra manera, que no es empresa pública
pese a ser el 100% del capital de las administraciones señaladas
y por ello, no hay razón para el control público.
Es una buena excusa para dejar sin justificar, por ejemplo, los
criterios de selección de personal que realiza Atutxa (hijo)
en su calidad de Director de Recursos Humanos del Museo.
No es un caso aislado. Otras 80 sociedades públicas existentes
escapan al control parlamentario y legal escondiéndose en
el hecho de considerarse empresas privadas. Y ese desmesurado número
es una de las razones que indican que la norma actual no tiene validez,
al menos en lo que respecta al necesario control democrático.
Podría pensarse que existen controles suficientes al menos
en el resto de las sociedades públicas, es decir, aquellas
que pertenecen mayoritariamente a una única administración,
pero cómo pensarlo sin justificación de su constitución
o de los mecanismos de elección de sus dirigentes.
El
truco del intermediario
Pese a las recomendaciones del Tribunal Vasco de Cuentas para que
la creación de sociedades públicas obedezcan únicamente
a criterios de eficacia, eficiencia y mayor claridad del dinero
público, se han llegado a dar casos de creación de
sociedades cuya función no es ya la de realizar el servicio
que podía prestar directamente la administración,
sino elegir las empresas de servicios que serán subcontratadas
para hacerlo.
El procedimiento es la creación de una sociedad con sus correspondientes
gastos fijos para que sirva de intermediaria entre la administración
y empresas privadas para que sean éstas las que hagan los
servicios públicos.
Y cómo no, el caso también se puede ilustrar con un
ejemplo ligado al Partido Nacionalista Vasco, como sería
la flamante Sociedad de Puertos Deportivos creada por el consejero
Álvaro Amann, y que se dedica a subcontratar la gestión
de puertos a amigos que tienen como aval su relación con
el PNV y una inesperada afición a la gestión de puertos
deportivos.
Parece un negocio redondo. Al mismo tiempo que se proporciona empleo
a los amigos con los impuestos de toda la ciudadanía, se
garantiza el control político partidario.
Reunión
de tapaderas
Desde la puesta en marcha del Estatuto de Autonomía, el País
Vasco ha multiplicado enormemente el número de sus instituciones.
La tendencia, a diferencia de otras comunidades, ha sido precisamente
la multiplicación de administraciones. ¿Pero la proliferación
de sociedades públicas en Euskadi es una necesidad del desarrollo
económico e institucional vasco o es la "tapadera"
para evitar los controles de lo público.
Pero es que además, las entidades que se han creado se encargarán
de llenar el aforo en las convocatorias del lehendakari. Los representantes
de la "sociedad civil" son más bien los representantes
de las sociedades públicas: los empresarios de la administración,
gerentes y altos cargos de estas sociedades que no han accedido
por los mecanismos a los que las Administraciones están obligadas
por Ley y que se ajustan a los principios de publicidad, mérito,
capacidad, concurrencia, igualdad... Más de 7.500 empleados
de estas sociedades (con gastos salariales de casi 250 millones
de euros) han llegado a su puesto por otros caminos. Y precisamente,
las vías son especialmente distintas en lo que respecta a
los "puestos sensibles". La relación de los gerentes
y cargos de muchas de las sociedades públicas creadas estos
años da sin duda la otra clave de la utilización partidaria
de lo público ¿Cuántos de ellos no son de PNV?
Además, todos pueden enseñar una magnífica
hoja de servicios, ya que hasta la fecha no se conoce el "cese"
de ningún gerente de alguna de estas sociedades por un balance
de gestión contrastado.
A más de una gestión tranquila. Pese a la aprobación
de una resolución expresa en el Parlamento Vasco para la
participación de las organizaciones sindicales en los Consejos
de Administración de las Sociedades Públicas, hoy
sólo se pueden contabilizar raras excepciones de testigos
incómodos.
Corrupción:
mala costumbre o abuso ilegal
La no existencia de controles que garanticen y justifiquen las causas
de la creación de las sociedades públicas obliga a
un cambio en las normas vascas sobre la propia calificación
de sociedad pública, garantizando que sean criterios de eficacia,
y justificando el porqué estos servicios no pueden realizarse
desde las propias administraciones. Es inadmisible lo que se habla
pero no se dice: la utilización del PNV de estas sociedades
para la construcción de "su" entramado social.
Lo de hoy huele a chiringuito, no precisamente veraniego. TXIRULA
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