ANÁLISIS DE IMÁGENES DE UNAI ROMANO |
| |
Por Patri Bulete |
| |
El asunto de la investigación que el ciudadano Unplugged está llevando a cabo sobre la posible falsificación de la foto de Unai Romano me parece tan interesante que me he decidido a aportar un punto de vista desde el sentido común con los medios de que dispongo.
Efectivamente, habría que poder conseguirse el original de la foto del rostro torturado para poder someterla a tratamiento y ver dónde ha sido posible la manipulación. Con una buena foto, conozco a quien podría hacerla llegar a la NASA para que empleasen los avanzadísimos sistemas de tratamiento de imágenes que poseen, capaces de detectar inserciones, máscaras, hilos invisibles (lo hicieron con una famosísima foto del “Ovni se San José de Valderas”, que dio pie a un libro de Antonio Ribera titulado “Un caso perfecto”, en la que se pudo ver el hilo de seda (completamente indetectable para una cámara convencional) que sujetaba el supuesto “Objeto volante” a pocos centímetros del objetivo), etc.
A falta de semejante tecnología y con medios mucho más caseros he pensado que, aún así, podían aportarse datos interesantes, que es lo que me propongo con mi sencillo pero eficaz “Corel PHOTO-PAINT”.
Lo primero que se advierte en la fotografía del supuesto “Antes/Después” (que ya, según parece, se ha demostrado la adulteración de la secuencia; la cara tumefacta es “Antes” y la normal es “Después”… mucho después) es la no correspondencia de proporciones: |
| |
Imagen 1 |
| |
| |
No es que la cara de la derecha esté más hinchada que la de la izquierda por los posibles golpes, que sí que pueden “inflar” un rostro edematoso. Pero, en este caso concreto (y yo lo veo como primera manipulación, con el objeto de causar más impacto emocional en el espectador), el rostro de la derecha es MÁS GRANDE, simplemente por que, o bien la foto ha sido obtenida más cerca del objetivo o porque se ha ampliado convenientemente. No hay más que fijarse en la base del cuello, más alejada del borde inferior de la foto en la izquierda que en la derecha, que incluso rebasa ese borde. |
| |
Imagen 2 |
| |
Es necesario, pues, poner las dos caras a idéntico nivel de proporción, para luego poder establecer las posibles diferencias que resulten incompatibles con la pertenencia a una misma persona.
Primer paso: Con la herramienta adecuada, se reduce el tamaño de la foto mayor, en el sentido de la diagonal de la imagen, que guarda así toda proporción y no altera ningún parámetro. |
| |
Imagen 3 |
| |
| |
Segundo paso: La imagen de la derecha se ha reducido al mismo tamaño que tiene la de la izquierda.
Tomando como eje la parte superior de la cabeza y el borde del mentón (sin tener en cuenta el bucle de pelo de la foto de la derecha, naturalmente), establecemos el tamaño de la altura del rostro al mismo nivel en ambas fotos. |
| |
Imagen 4 |
| |
| |
Con esas imágenes, en la misma proporción, podemos empezar a trabajar. |
| |
Imagen 5 |
| |
| |
A partir de aquí, podemos analizar con más rigor ciertos detalles, por simple comparación y tomando determinadas medidas básicas, siempre utilizando las mismas fotos sin alterar en ningún momento sus proporciones. |
| |
Imagen 6 |
| |
| |
Por ejemplo, puede procederse a medir la distancia entre los ojos… Más exactamente, la distancia entre los ejes de los globos oculares.
Se traza la vertical por el centro de las pupilas (lo que en este caso está facilitado por lo centrado de la mirada con respecto al objetivo de la cámara) y se establece con facilidad la distancia en línea de un eje a otro.
Luego, se traslada ese esquema lineal al otro rostro… y empezamos a notar diferencias. El ojo izquierdo de la foto “torturada” está mucho más separado del derecho con respecto a la foto “sana” (su “centro” normal está indicado por la línea blanca). |
| |
Imagen 7 y 8 |
| |
| |
El argumento de la hinchazón no nos sirve en este caso, porque los globos oculares están insertos en las órbitas óseas y estas no se separan entre sí de no mediar fractura (y grave), lo que no es el caso.
Una primera conclusión que podemos sacar es que, efectivamente, se trata de otra cara a la que se le han superpuesto algunos rasgos del Unai Romano “sano”, para incitar a los observadores a identificar a las dos fotos como pertenecientes a una misma persona.
Sigamos con el juego de las “diferencias”.
Veamos un poco la nariz. En ambas fotos el puente está al mismo nivel… ¿El resto también…? |
| |
Imagen 9 |
| |
| |
¡¡SORPRESA…!! |
| |
Para mayor seguridad, se ha trazado una línea en la base del labio inferior que vemos que está al mismo nivel en ambas fotos… ¡PERO NO ASÍ LA BASE DE LA NARIZ …! En la foto de la derecha es (la nariz), visiblemente, más pequeña (Se marca con línea blanca el tramo de diferencia)
Veamos más de cerca esas diferentes narices… |
| |
Imagen 10 |
| |
| |
La verdad es que se parecen muy poco… Aparte del hecho de que una nariz inflada a golpes NO SE REDUCE DE TAMAÑO.
Comparemos ambas imágenes por el procedimiento anterior |
| |
Imagen 11 |
| |
| |
Midamos la distancia entre las aletas de la nariz y el borde externo de las fosas nasales de la imagen izquierda… |
| |
Imagen 12 |
| |
| |
…Y traslademos el esquema lineal a la imagen de la derecha.
Se han marcado con líneas blancas las diferencias, que existen aún en un apéndice tan pequeño con relación al rostro.
NOTA : Además de con imágenes en MPEG (las de la máxima compresión digital), se está trabajando con imágenes de muy poca definición, pobremente pixeladas. Esa es la razón por la que al ampliarlas, las líneas rectas de colores establecidas sobre ellas, al copiar y pegar el esquema lineal de una imagen a otra, presentan un efecto de difuminación y de diferente matiz de coloración, lo que no hubiese ocurrido de haber podido contar con fotos de alta resolución… pero estamos trabajando, como se ha dicho, con medios caseros, pese a lo cual se están pudiendo ver algunos resultados.
Centremos ahora la atención en otra zona de rostro. |
| |
Imagen 13 |
| |
| |
Si se acota el espacio entre las cejas, vemos que éstas, en la foto derecha, quedan notablemente desplazadas, hacia arriba, con respecto a la foto izquierda. ¿Efecto del edema producido por la brutal paliza? Veámoslo con más detenimiento.
Sin alterar el tamaño se han bajado un poco las cejas de la foto derecha, para situarlas en el mismo plano con respecto a las de la foto izquierda. |
| |
Imagen 14 |
| |
| |
Así, de entrada y a simple vista ya observamos las primeras diferencias morfológicas, sobre todo en las cejas de la derecha (esta vez desde el punto de vista del observador). Además, la comparación revela un detalle: Si el personaje de la derecha ha sido torturado (golpeado salvajemente), encima, quizás para mayor refinamiento, un sicario armado de unas pinzas de cosmética se ha ido entreteniendo en depilar las cejas, sobre todo la izquierda (la del personaje de la foto). Obsérvese la mayor abundancia pilosa de las cejas en la foto de la izquierda con respecto a la de al lado.
Pero veamos otro detalle:
Buscando el borde interior de las cejas, establezcamos la distancia entre ellas, según el esquema lineal que se ha utilizado antes.
Primero en la “Foto Sana”… |
| |
Imagen 15 |
| |
| |
Para trasladar el resultado a la “Foto Golpeada” |
| |
Imagen 16 |
| |
| |
Nuevamente se observa una notable diferencia en la distancia, en ambas fotos. En principio podría achacarse a la hinchazón por los golpes, pero estamos de nuevo ante el problema de la situación anatómica. Las cejas corresponden a los “arcos superciliares”, unas protuberancias óseas encima de las órbitas. Son estructuras fijas. Para aumentar la distancia entre las cejas se tenía que producir una fractura y separación del hueso Frontal. Quizás también unos golpes muy fuertes en esa zona podrían producir notables hinchazones, pero a modo de “chichones”, como bultos disparejos. La cara tumefacta de la derecha no presenta tales características y sí una diferencia notable, no sólo morfológica de las cejas, sino también en la distancia entre ellas.
Se podría estar analizando en detalle cada rasgo anatómico (véase la imagen 5, por ejemplo las diferencias notables en el tamaño y situación de las orejas), pero no resulta pertinente abundar en un estudio que no se pretende exhaustivo.
Así que, para finalizar, procedamos a un sencillo recurso al alcance hasta de los más elementales procesadores de imágenes. |
| |
Imagen 17 |
| |
| |
Una foto cualquiera, como la de la derecha, es bidimensional, pero trata de mostrar una realidad en tres dimensiones. Matices, sombras, degradados, etc., proporcionan esa ilusión óptica, pero nada puede saberse de profundidad, masa o volumen.
Queramos que no, seguimos estando ante las dos dimensiones de una imagen plana, como un dibujo.
Pero una imagen plana tiene una SILUETA y los modernos procesadores digitales tienen la posibilidad de sacar los vectores de ese contorno sin ningún problema.
Probemos con esta foto. |
| |
Imagen 18 |
| |
Con la herramienta del procesador, he vectorizado la silueta a un valor dado de 195, lo que nos proporciona un contorno muy ajustado y fiel.
La línea se ha coloreado en azul, para diferenciarla de la otra silueta que vamos a obtener, la de la “otra” cara. |
| |
Imagen 19 |
| |
| |
El mismo tratamiento con la otra foto nos da una silueta algo más falseada por causa del collarín ortopédico (desde luego, como se ha determinado, mal puesto. Ningún collarín debe separarse del mentón… a no ser que no importe porque la foto obtenida sea la de un cadáver a la que se le han sobrepuesto la boca y barbilla del verdadero Unai Romano). |
| |
Imagen 20 |
| |
| |
Por tanto, para que la línea del collarín no se confunda con el borde del mentón de la foto, como podría inducirse, es mejor borrarla del todo, para dejar a la vista sólo los parámetros reales de la silueta de la foto. |
| |
Imagen 21 |
| |
| |
Así nos quedará la obtención de la silueta. |
| |
Imagen 22 |
| |
| |
Ahora sólo nos queda superponer ambas siluetas para ver las sobredimensionadas diferencias entre un rostro y otro (de ahí los dos colores de líneas, para que se vea mejor a simple vista).
Claro está que podría objetarse que una es la silueta de una cabeza normal y la otra es la de la misma, golpeada. Pero las hinchazones suelen circunscribirse a la masa muscular, que en la zona de la frente, por ejemplo, es muy escasa y delgada.
Un edema en esa zona no justificaría la brutal diferencia del ancho frontal que se percibe.
Además, está la cuestión de las orejas en ambas fotos, cuyas diferencias pasan desapercibidas al estar prácticamente ocultas en el rostro amoratado.
Sería útil establecer la ubicación de las orejas en ambas fotos, para percibir, también ahí, diferencias significativas. |
| |
Imagen 23 |
| |
| |
En esta foto es muy fácil tomar la referencia del tamaño de las orejas. Ambas están fotografiadas con nitidez. Por ejemplo, la oreja izquierda; su cresta y lóbulo se ven con claridad. Vemos también que la oreja derecha está ligerísimamente desalineada con respecto a la otra, pero eso podría deberse a una leve inclinación lateral del cuello, en el momento de tomarse la foto. Puede decirse que la simetría de este rostro es notable.
Así que tomamos la altura (basándonos en la oreja izquierda) y la anchura total del rostro tomando como referencia el límite mayor externo de ambas orejas. |
| |
Imagen 24 |
| |
| |
Se hace lo mismo con la otra foto… En este caso, se hace lo que se puede, claro porque esos apéndices están más difícilmente localizables. Pero seamos generosos con lo que se ve y con lo que se adivina, para establecer los mismos parámetros que con la foto anterior.
No ha sido fácil en este último caso, pero se ha calculado aproximadamente dónde puede terminar la cresta de la oreja derecha. El lóbulo de la misma parece estar claro, aunque con una cierta inclinación del borde externo con respecto al de la oreja “sana”.
Una comparación de ambas siluetas con sus líneas de medición nos hará ver con más detalle las diferencias de estructuras de ambos cráneos… Mucho mejor si volvemos a superponer las siluetas, como se verá en las siguientes imágenes. |
| |
Imagen 25 |
| |
| |
Imagen 26 |
| |
| |
Curiosamente, vemos cómo la línea de los lóbulos es muy coincidente en ambas fotos. No así las líneas de las crestas, bastante más altas en la foto "normal" que en la "torturada".
También se ve una diferencia muy notable en las acotaciones del ancho… ¿Producidas por la cara tan hinchada a golpes?
En fin… Quizás ha llegado el momento de poner punto y final a este “análisis”, tan “amateur”.
Da la impresión de que tanto la boca como la barbilla, en una y otra foto, sí pertenecen a la misma persona. Pero hay dudas razonables de que sea así en los demás elementos de ambos rostros, lo que abona la suposición del trucaje fotográfico, muy fácil de hacer, por otra parte, hasta con medios tan sencillos como los que se han empleado en estas páginas.
Merecería la pena seguir con la investigación; que médicos traumatólogos opinasen, por ejemplo, sobre las diferencias que se han señalado aquí; Que técnicos en informática y en Tratamiento de Imágenes pudiesen someter a ambas fotos a un minucioso escrutinio.
Si se verificase que se trata de una foto trucada, debería elaborarse un dossier completo con todos los pormenores del caso para denunciar y sacar a la luz, de una vez por todas, otra de las armas con las que los terroristas atacan a la Sociedad: la mentira.
Todo ello sin desprecio de la verdad objetiva que pudiera estar en otros casos de sevicias comprobadas, una lacra inadmisible que habría que erradicar… pero no en la compañía de quienes han hecho de la manipulación, la falsedad, la crueldad, la insensibilidad, la absoluta falta de empatía con el dolor ajeno, unas malditas señas de identidad, esas sí bastante diferenciadoras del común de los mortales. |
| |
|
|
|