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AFICIÓN. Ramón Labayen disfruta creando y vendiendo soldaditos de plomo.

 

 



 

El Correo, 17 de julio de 2005

Yo estuve en el Gobierno

Abogados, asesores, profesores... 75 personas han sido hasta esta legislatura consejeros en el Ejecutivo autónomo, de donde muchos salieron para regresar al anonimato

DAVID GUADILLA / ANTONIO SANTOS / OLATZ BARRIUSO/FOTOS: IGNACIO PÉREZ / JOSÉ MARI LÓPEZ

Han pasado más de 25 años desde que se constituyó el primer Gobierno vasco tras la dictadura de Franco. Fue en abril de 1980. Desde entonces, 75 personas -sin incluir a los integrantes de la octava legislatura, recién iniciada- han formado parte de los sucesivos ejecutivos. Consejeros provenientes de cinco partidos -PNV, PSE, Eusko Alkartasuna, Euskadiko Ezkerra y Ezker Batua- han puesto en marcha y desarrollado una Administración que hace dos décadas, simplemente, no existía. Algunos siguen en la política, tres han fallecido -Carmelo Renobales, Javier García Egotxeaga y Carlos Blasco de Imaz- y Fernando Buesa fue asesinado por ETA, varios se han jubilado y otros regresaron a sus actividades profesionales. Una vuelta a veces sencilla y otras traumática. Hay abogados, asesores, ingenieros, profesores de universidad y también está el que se dedica a hacer soldaditos de plomo.

RAMÓN LABAYEN

Hace más de 22 años que Ramón Labayen abandonó los despachos del Gobierno vasco. Participó en la composición del primer Ejecutivo autónomo. Durante tres años -abandonó el cargo en 1983-, estuvo rodeado de otros consejeros, fue portavoz, dirigió el Departamento de Cultura y colaboró en la «frenética» puesta en marcha de una nueva Administración. Dos décadas después, lo que más le preocupa es el almirante Churruca.

El militar guipuzcoano crece en sus manos. Y lo hace porque la pasión de Labayen son los soldados de plomo. Lo son desde la década de los sesenta y en pleno siglo XXI se han convertido en su principal ocupación. Pero el antiguo consejero no es un coleccionista; es un artesano. Él se encarga de adquirir la pieza de metal, moldear la figura, pintarla y, por supuesto, venderla. Tres o cuatro al mes. «Siempre directamente, sin intermediarios».

La de Churruca es la última. Espera terminarla para octubre, cuando se celebren los 200 años de la batalla de Trafalgar, en la que pereció el almirante. «Para hacer una buena figurita hay que documentarse, saber cómo vestía, su aspecto...». No le va mal. En la época de la electrónica, «la artesanía se revaloriza». Sus soldaditos son más que un «orgullo personal». A sus 76 años, «una afición peculiar como ésta es necesaria para el equilibrio mental».

Lejos quedan los años de un Ejecutivo «al que fue un honor pertenecer». Su salida no fue traumática. «El partido (PNV) me facturó a la alcaldía de San Sebastián». De allí fue alcalde y de allí salió para centrarse en su vida privada. Abandonó la política y se dedicó a asesorar a empresas y hacer soldaditos.

JAVIER CAÑO

Javier Caño también perteneció al primer Gobierno vasco. Un Gabinete plagado de dudas. Tantas, que uno de los primeros días le preguntó a Carlos Garaikoetxea: «¿Qué hay que hacer?». Y como respuesta se encontró un: «Intentar; porque yo tampoco he sido nunca lehendakari». Eran los tiempos en que a las visitas se les acogía en un recibidor con un pequeño tresillo ubicado en la sede de la Diputación de Vizcaya, cuando los despachos de algunos departamentos estaban en un céntrico hotel bilbaíno y cuando los sueldos no se pagaban con nóminas, sino con cheques. Aún no se había producido el traslado a Vitoria.

De allí salió en 1984. Abandonó el PNV y pasó a EA. «Volver a tu vida profesional se hace duro. Tienes que reiniciar tu trabajo y, a veces, eso no es fácil». Montó una empresa dedicada al medio ambiente «cuando nadie creía en ello». Años más tarde regresó al Gobierno; lo hizo en 1991, pero sólo estuvo nueve meses y se prometió a sí mismo «no volver en mi vida a ningún» ejecutivo.

JUAN PORRES

Juan Porres entró en abril de 1984 como consejero de Presidencia y Justicia y salió apenas nueve meses después, tras la escisión del PNV. Él apostó por EA. Entre sus responsabilidades estaba la de acudir en representación del Ejecutivo a las canonizaciones y beatificaciones que se realizaban en El Vaticano. Algún vasco llegó a los altares -«aunque, la verdad, no me acuerdo de quién»- y se le presentó la oportunidad de presenciar una ceremonia que «me apetecía ver». Pero no pudo ser. Para acudir a dicho evento, el protocolo exigía frac o chaqué, y en el Gobierno sólo había uno. «Y no era de mi talla». Al final tuvo que ir Javier Caño -consejero de Trabajo-, porque «estaba hecho un figurín».

Anécdotas como ésta plagaron sus nueve meses en el Gabinete Garaikoetxea. «La mayoría de los que entramos éramos profesionales, gente que se ganaba la vida en el sector privado». Y allí volvió. Escribió un libro, regresó a su despacho de abogados y ahora ha vuelto al panorama político: es parlamentario de EA.

JOSEBA ARREGI

De su paso por el Ejecutivo, Joseba Arregi -consejero de Cultura entre 1984 y 1995- recuerda como una constante la existencia de etapas de «ilusión por el trabajo y los proyectos» a las que le sucedían otras de «fuertes peleas internas». Fue el caso de la fragmentación PNV-EA o la división en el PNV que «derivó en el Pacto de Lizarra».

Su época final de parlamentario le permitió «un distanciamiento progresivo» de la política. «Decidí volver a ser un ciudadano sin depender para nada de la Administración pública. Ganarme la vida sin estar en una empresa que dependa de contratos de las administraciones». De las veces que dejó el cargo público, recuerda haber tenido que coger el tren para llegar a San Sebastián para acudir a las clases que impartía en la escuela de Magisterio o ir a sellar la tarjeta del paro en una oficina del Inem. «Es una buena experiencia para no creértelo».

JON AZUA

Lleva fuera de puestos de mando desde 1995. Reconoce que el regreso a la vida civil «es siempre difícil». «Estás 24 horas con una responsabilidad. La vida en la Administración pública, tal y como yo la concibo, es dura y muy criticada. Cuando sales del Gobierno te queda un pequeño vacío», asegura. No todo son, sin embargo, aspectos negativos. «Afrontas una vida más relajada, de menor intensidad pero que, curiosamente, está más reconocida a nivel profesional. Valoran más tu trabajo. Te ven desarrollando cosas, cuando en el Gobierno vasco parece que todo lo hacen siempre otros». Además, «cuando eres consejero, una simple cena y después una copa hace que seas el punto de atención para todos, aunque sólo sea una simple cena, sin más».

Al acabar sus tres etapas en el Ejecutivo, optó por diferentes salidas. En la primera montó una sociedad de promoción empresarial; en la segunda, se fue a estudiar a Harvard y luego presidió la Bolsa de Bilbao. Tras su tercera etapa, pasó por la docencia, varias consultorías y ahora Uliker, empresa propia, situada en la Gran Vía de Bilbao. «Mi filosofía siempre ha sido la de servicio público, por lo que salir y entrar del Gobierno nunca me ha supuesto mayores problemas».

EUGENIO IBARZABAL

Su paso por el Gobierno vasco -aunque técnicamente no tuvo el rango de consejero- supuso para él algo así como completar «la tesis doctoral». «Fue una etapa muy dura, de mucho trabajo y de aprender mucho». Tenía 34 años cuando le tocó vivir uno de los momentos más complicados en la historia del Ejecutivo. Llegó como portavoz del Gabinete Ardanza en plena vorágine por la escisión del PNV. «Recuerdo mi primer día en Ajuria Enea al detalle. Estaba oscuro, de lluvia, pleno invierno. Garaikoetxea acababa de salir y yo iba con Ardanza. Al entrar, había gente llorando. Fueron momentos muy delicados».

En la actualidad, dirige una consultoría de gestión, marketing y recursos humanos, después de ocupar diversos puestos en ETB y TVE. Al echar la vista atrás, asegura que aún le quedan «muy buenos amigos», aunque mantener la relación sea «complicado». «Estaba tan vinculado a la política que, cuando acaba esa etapa, se terminan los temas de conversación con los compañeros», explica. Tras haber entrado al Gobierno «quizá demasiado joven e inexperto» y ser la cara del Ejecutivo, Ibarzabal agradece ahora «la invisivilidad» que da ser un personaje anónimo. «Sólo me conocen los de mi generación». JOSÉ IGNACIO ARRIETA

Se declara un «fan» del Gobierno vasco «esté quien esté al mando. Soy algo corporativista». Ha montado la empresa de comunicación MBN junto a Martínez Ordorika y Andrés Margallo y editan el periódico 'Estrategia Empresarial'. «Sólo me llamó una empresa para interesarse por mí una vez que dejé el Gobierno». «Y en el periódico, haber pasado por Vitoria me ha supuesto algún inconveniente. Me cerraban ciertas puertas para que no se viera como una ayuda».

Se decidió a abandonar el Ejecutivo porque creía que cuatro años más en la Administración -estuvo del 85 al 91- podían «hipotecar» su regreso a la actividad civil. Le queda un «magnífico recuerdo» de su paso por Vitoria, «que no en lo económico. ¿Y si no, que miren en mis declaraciones de patrimonio».

RAMÓN JÁUREGUI

El actual diputado del PSOE en el Congreso accedió al Gobierno con el rédito que supone ser la fuerza con más parlamentarios. Por primera vez -y única hasta la fecha-, los socialistas obtenían más escaños que el PNV, pero, aun así, la lehendakaritza quedaba en manos de Ardanza y Jáuregui se situaba en la vicepresidencia. La legislatura se prolongó desde 1987 a 1991, «y allí aprendimos que es el lehendakari quien rentabiliza mucho más la gestión». Fue una etapa «emocionante» en la que el PNV observaba con «recelo» lo que hacían sus 'compañeros' socialistas.

Jáuregui abandonó el Ejecutivo en febrero de 1991. No tardó en regresar. En 1995, PNV y PSE-EE forman un tripartito con EA. «No hubo una tensión tan fuerte. Los consejos de Gobierno no eran una pelea constante. Se había instalado ya la cultura de la coalición».

MILAGROS GARCÍA CRESPO

«He sido la primera mujer en hacer muchas cosas. Pero ha sido por mi edad, más que por otra cosa». Milagros García Crespo fue la primera mujer que formó parte del Ejecutivo vasco. Estuvo en el Gabinete de Ardanza y Jáuregui dos años antes de pasar a presidir el Tribunal Vasco de Cuentas desde su misma constitución y luego derivar en la presidencia del Tribunal Español de Cuentas.

Decana de la Facultad de Económicas de Sarriko, en Bilbao, su salto a la arena política fue «una casualidad». «No pertenecía al partido socialista, pero debía tener una imagen de progresista», confiesa García Crespo, que desde 2001 ha vuelto a Sarriko, ahora como profesora emérita después de jubilarse.

De su experiencia de Gobierno recuerda los «escasos medios» y el «lenguaje fuerte» que se utilizaba en los consejos del Ejecutivo. «Yo estaba acostumbrada a estar en reuniones con hombres, pero nunca en el tono que allí se utilizaba». Califica de «horrorosas» las condiciones en las que en aquellos años se ejercía el poder desde Vitoria. «No teníamos despachos. Me metieron en una sala que pertenecía al antiguo geriátrico, junto a Lakua. En el baño había una bañera inmensa y en la pared se veían aún las marcas de las cabeceras de las camas que habían retirado».

RICARDO GONZÁLEZ-ORÚS

Fue consejero de Industria en el Gabinete Ardanza de coalición entre nacionalistas y socialistas. Ricardo González-Orús recuerda como «una liberación» su salida del cargo en febrero de 1991. No en vano, su legislatura estuvo marcada por los procesos de reconversión industrial en Altos Hornos y en los astilleros, con la crisis y el cierre de Euskalduna. «Te levantabas todos los días y, al abrir el periódico, veías tu foto arriba y debajo una buena crítica», rememora. De ahí que su paso a la actividad privada -tiene una asesoría de seguridad laboral- fuese «un descanso». Contento con el anonimato que ha ganado en los últimos años, González-Orús asegura que aún hay quien le reconoce cuando va por la calle. «Se quedan mirando porque la cara les suena familiar, pero nada más. Sólo entre los empresarios y sindicatos saben quién soy».

INAXIO OLIVERI

«Fue una etapa importante de mi vida, enriquecedora». Inaxio Oliveri estuvo durante dos etapas en el Gobierno vasco, siempre al frente de la Consejería de Educación. La primera fue breve, apenas ocho meses, de febrero a septiembre de 1991. De aquella estancia apenas guarda recuerdos, quizá la salida, que fue un poco «traumática». Regreso al Ejecutivo en enero de 1995 y no abandonó su cargo hasta julio de 2001. «Fue una labor más intensa, en la que quedó una sensación de eficacia en la gestión». Durante un tiempo fue asesor del Departamento de Sanidad y luego rector de la Universidad de Mondragón. Allí continúa. «La verdad es que mi salida no fue dura».

MARTÍN AUZMENDI

Martín Auzmendi se autodenomina con ironía «el breve». Su mandato al frente del Departamento de Trabajo y Seguridad Social duró apenas nueve meses, los mismos que tardó en desintegrarse el efímero tripartito PNV-EA-EE. «Presenté mi dimisión porque mi contrato con aquel Gobierno había finalizado, ya no se mantenían las mismas condiciones en que se creó», recuerda, en terminología acorde con el puesto que ocupa desde 2002 -presidente del Consejo de Relaciones Laborales (CRL)-, tras una larga etapa en un despacho de abogados.

«No quería que me vieran como al político, sino como a alguien que podía prestar un servicio profesional de forma solvente», ilustra. El consejero rehuía siempre que le era posible la «parafernalia» que acompaña al cargo. «Recuerdo que cuando me incorporé le dije al lehendakari que aquello de los escoltas no me iba. El coche oficial al final era un instrumento de trabajo, pero lo otro...».

JON LARRINAGA

«Cuando eres consejero, te levantas por la mañana y tienes una ventana entera para ver todo lo que tienes por delante. Pero, al salir del Gobierno, esa ventana se cierra y lo más que te queda es una pequeña rendija para observar lo que sucede a tu alrededor. El cambio es brutal». Antes de entrar en el Gabinete Ardanza, este guerniqués pertenecía al servicio de estudios del antiguo Banco Bilbao y era el responsable económico de EE. También fue diputado en Madrid, donde comprobó «la insatisfacción de no poder llegar a todo». Con su llegada al Ejecutivo, todo cambió: «Fue encontrar el camino de la perfección. Tener a cerca de 500 personas es un cambio absoluto». Luego se reincorporó al BBVA. Nunca ha echado de menos el coche oficial. «Soy de Gernika, hago footing por Bilbao. Lo oficial nunca me ha llamado mucho. Soy un ciudadano».

JOSÉ ANTONIO MATURANA

Hubo un tiempo -cerca de ocho años, de 1991 a 1998- en el que la política absorbía la mayor parte del tiempo de José Antonio Maturana, consejero de Urbanismo y Vivienda, primero, y de Transportes y Obras Públicas, después, en los gobiernos de José Antonio Ardanza. Hoy confiesa que la política «me preocupa, pero no me ocupa». De hecho, Maturana reorientó su carrera hacia la actividad profesional. Aunque con una peculiaridad en su caso: aprovechó su experiencia en Lakua para cambiar de ocupación y pasarse a la gestión urbanística, el campo en el que había cosechado su mayor «logro», la denominada 'Ley Maturana'. Abogado de formación -ejerció en la década de los 70-, tras dejar la consejería y con un escaño en la Cámara de Vitoria, se embarcó en un master de Derecho Urbanístico en el IVAP «para reciclarme». Hoy, trabaja como gestor de suelo en la constructora Brues.

ROSA DÍEZ

«Tengo una vocación política clara, una auténtica pasión», enfatiza Rosa Díez. Y todo porque, según dice, nunca se ha planteado otra forma de vida y siempre ha peleado por lo mismo: «Recuperar las libertades y consolidar la democracia». De hecho, reconoce que cuando entró a formar parte del Gabinete Ardanza como responsable de Comercio y Turismo no tenía «ninguna experiencia» en un área económica que le resultaba «desconocida». Años más tarde, se enorgullece sin disimulo de «haber colocado a Euskadi en el mapa de destinos turísticos» con la famosa campaña del 'Ven y cuéntalo'. Aún le recuerdan por la calle, explica, como titular de Turismo «y me preguntan a ver quién lleva ahora el área que dirigía yo». «Y es que, hoy día, la gente no conoce a los consejeros», opina Díez. Asegura que nunca tuvo «mono» del despacho de consejera «porque no es el poder lo que me interesa de la política».

PATXI ORMAZABAL

Patxi Ormazabal casi «agradece» que su partido, EA, decidiera excluirle de las listas electorales. Y lo hace porque está convencido de que, de otro modo, no hubiera «recuperado» aspectos importantes de su vida personal y laboral, que se habrían visto arrastrados por la vorágine de la política. «Para mí no fue traumático dejar la consejería, eso sólo es un trauma para quien no tiene un sitio al que regresar. Siempre hay que tener una red y un lugar al que volver; si no, te conviertes en rehén de tus propias acciones y decisiones y de las de tu partido», reflexiona. Él lo hizo así y en ningún momento se desvinculó del grupo Mondragón, en el que continuó integrado en excedencia durante toda su carrera política. Tras su salida del Gobierno, «y aunque recibí varias buenas ofertas de trabajo», Ormazabal se reincorporó a MCC como responsable de Relaciones Institucionales, «porque siempre he tenido claro que iba a volver al mundo de la cooperativa».