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Dos policías controlan la zona de las detenciones. / REUTERS

 

EL CORREO , 18 de enero de 2005

La banda pone en marcha una ofensiva para intentar frenar su «crisis» interna

Los expertos consideran que la organización cuenta con comandos operativos en Vizcaya y Madrid

ÓSCAR B. DE OTÁLORA/BILBAO

Las detenciones de dos comandos dispuestos a matar en apenas seis días revela que ETA ha decidido poner en marcha una ofensiva similar a la que en el año 2000 conmocionó a la sociedad española, pero que en está ocasión está siendo abortada por las fuerzas de Seguridad antes de que los grupos lleguen a actuar. No obstante, esta oleada sería un intento de enmascarar una crisis interna sin precedentes en el seno de la organización.

Los investigadores policiales sospechan que la banda cuenta con al menos dos comandos ya operativos y que podrían atentar en cualquier momento. Uno de estos grupos estaría ubicado en Madrid. El atentado perpetrado el pasado 9 de febrero con coche bomba en Ifema reveló que la organización dispone de infraestructura estable en la capital capaz de robar un coche, ocultarlo, introducir la bomba y falsificar las matrículas. Según distintos análisis, los terroristas contarían con otro grupo en Vizcaya. La detención en Basauri de Pérez Aldunate permitió descartar que su comando -al que ETA había denominado 'Adour', nombre de un río del País Vasco francés- tuviera conexión con el grupo que el pasado 18 de enero hizo estallar un turismo con explosivos en Getxo.

Las indagaciones han revelado la obsesión de ETA por cometer una acción en las vísperas del referéndum de la Constitución europea. Conseguir atentar en esos días otorgaría a la banda una repercusión internacional de gran alcance, precisamente ante un Tratado que ha rechazado de forma pública.

Los expertos consideran que una ofensiva de este tipo esconde un intento por hacer frente a la situación de descomposición en la que se encuentra la banda en la actualidad. Según diversas fuentes, la carta del jefe militar, Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', incautada en la vivienda utilizada por Pérez Aldunate es el mayor síntoma de esta situación. «El enemigo se está regocijando una y otra vez en nuestra debilidad y la confianza de nuestra gente está en crisis», llega a reconocer 'Txeroki'.

Vieja discusión

A juicio de distintas fuentes, la carta podría resumir un ambiente interno creado por la incapacidad de la organización para cometer atentados - «llevamos un año sin tirar a nadie», se lamenta el jefe etarra- pero también por la apertura de debates internos sobre su futuro.

En el año 2002 esta discusión ya se produjo dentro de ETA y en esa ocasión venció la línea continuista. No obstante, la banda tuvo que reconocer la existencia de un sector que apuesta por acabar con la lucha armada y de otro que defiende la radicalización de los atentados. Esta pugna se habría reabierto a raíz de la carta firmada en agosto por seis jefes históricos de ETA presos que aseguraban que la lucha armada «ha fracasado». «Nunca en la historia de nuestra organización nos hemos encontrado tan mal. Nos morimos a fuego lento», escribían los antiguos dirigentes.

Los expertos no descartan que las prisas de 'Txeroki' por que sus comandos cometan un crimen revelen un esfuerzo por acallar las voces internas que comienzan a cuestionar su estrategia. La iniciativa de intentar un atentado contra el Rey se enmarca en este mismo contexto. Mediante un magnicidio, el actual jefe militar -un joven de 32 años sin apenas historial terrorista- intentaría reforzar su autoridad y cerrar cualquier debate.

Las fuentes de la lucha antiterrorista también han resaltado el hecho de que el 'liberado' Pérez Aldunate le pidiese explicaciones a su superior a propósito de las especulaciones sobre una tregua. Según se desprende de la carta de 'Txeroki', la dirección de la banda «entiende que no se hayan cometido 'ekintzas'» ante el «enrarecido» ambiente político. «Pero no hay nada (contactos políticos) por lo que hay que poner muertos sobre la mesa», ordena. De este intercambio se deduce que el etarra «dudó entre los mensajes que escuchaba de Batasuna y las órdenes de la dirección», han afirmado las fuentes consultadas. Esta situación podría obedecer a problemas de comunicación de la banda con sus activistas, que han impedido que la estrategia puesta en marcha en los últimos meses haya sido explicada a los etarras.