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2 de febrero de 2005
Discurso íntegro de Rodríguez
Zapatero
Fuente: La Razón
El señor presidente
del Gobierno (Rodríguez Zapatero):
Señor presidente, señorías,
señor Ibarreche, si vivirnos juntos, juntos debemos decidir. Esa
es la expresión de una profunda convicción democrática
y esta idea expresa la posición del Gobierno ante el debate que
nos trae aquí. Esta Cámara es la sede de la soberanía
popular de España. En ella encontrará usted, señor
Ibarreche, a diputados y diputadas de todas y cada una de las regiones
y nacionalidades que componen nuestra patria común. En estos escaños
se sientan los representantes de las diversas ideologías que conforman
nuestro mapa político. Ninguno de nosotros, por si solo, habla
en nombre de todo el pueblo; solo la suma coral de todas nuestras voces
representa las múltiples voces de las ciudadanas y los ciudadanos
de nuestro país. Por eso, hoy escuchará usted no una sola
voz, mi voz, hablando en nombre de todo el pueblo, sino muchas voces,
diversas, favorables y desfavorables y todas ellas, en conjunto, representar
la soberanía nacional, la pluralidad y la riqueza de nuestro pueblo,
su grandeza.
El Gobierno ha sido, desde el primer día en que el Parlamento vasco
aprobó esta propuesta de nuevo estatuto político, favorable
a este debate y lo ha sido por tres razones, más allá de
consideraciones jurídicas o proced¡mentales. Primero, por
el respeto que merece la decisión del Parlamento vasco, aunque
esta sea por una exigua mayoría; segundo, porque en mi concepción
de la democracia las grandes cuestiones que afectan al discurrir de España
han de ser debatidas en esta Cámara y, tercero, porque en una democracia
avanzada el derecho de propuesta ha de tener el mayor cauce posible para
su ejercicio efectivo. Por todo ello ha de entenderse que no hayamos sido
partidarios de acudir al Tribunal Constitucional que, como guardián
e intérprete último de nuestra norma básica, debe
pronunciarse, en su caso, si así fuera necesario, una vez que lo
haga la representación popular, que en nuestro país es la
instancia suprema de poder político y legislativo solo sometida
a la Constitución. Señorías, el resultado de la votación
sobre esta propuesta es conocido de antemano, ya que los grupos se han
expresado con suficiente claridad.
La propuesta no prosperará, es algo normal en democracia, les sucede
a los gobiernos en los parlamentos o en los tribunales, les sucede a los
parlamentos en los tribunales e incluso le sucede al Estado cuando sus
decisiones son anuladas en el orden internacional. Es la esencia de la
democracia en donde todo poder es limitado y esta sometido a otra voluntad
o a la Ley suprema. Por tanto, pretender enfrentar legitimidades es un
juego falso, es no decir la verdad de lo que se puede y no se puede hacer.
Si esto no fuese as¡, no habría democracia, no habría
garantías ni seguridad jurídica ni libertad. Pero más
allá del resultado de la votación de este debate, éste
puede ser de gran utilidad para el futuro de nuestra convivencia. De entrada,
celebrar el debate supone un reconocimiento recíproco de nuestras
legitimidades,supone aceptar el sometimiento de nuestros puntos de vista
a un mismo patrón de racionalidad. Estamos mostrando ante los ciudadanos
la primera condición política que la gran mayoría
de nosotros nos queremos atribuir, la de demócratas. No deberíamos
olvidarlo. Y tampoco debe olvidar la Cámara que al Gobierno le
corresponde cumplir y hacer cumplir la legalidad, y así lo hará
si fuera necesario.
Como recordarán, un día hace dos años, millones de
españoles, muchos de ellos vascos, salimos a la calle a hacer cumplir
la legalidad internacional vulnerada. Esta misma Cámara fue testigo
un día tras otro de mi defensa de la legalidad internacional, quebrantada
en mi opinión. En cuanto me fue posible, mi primera decisión
como presidente del Gobierno fue desvincular a mi país de una decisión
que consideraba ¡legal. (Rumores.) Lo hice por convicción
profunda, lo hice porque la ley es la garantía de la convivencia,
de la libertad; con la misma convicción que hoy defiendo que este
proyecto sea rechazado en nombre de la ley.
Señorías, nos trae a esta Cámara una cuestión
que algunos consideran pendiente desde hace 25 años e incluso desde
hace mucho más tiempo, como hemos oído hace un momento.
Les habla alguien que se siente muy lejos de cualquier posición
entre las que se conocen o se reconocen como nacionalistas. Mi convicción
profunda se expresa en una firme pasión por la democracia o, como
dijera Herman Hess, soy patriota, sí, pero antes persona o ser
humano. De igual manera, considero que el idioma del Parlamento y de la
democracia es la ley. El respeto a la misma es, sin duda, el gran descubrimiento
de los pueblos para su vida en libertad.
Señorías, esta propuesta, como hemos escuchado aquí,
pretende proponer una nueva relación entre Euskadi y el conjunto
de España y su sustento teórico se centra en el derecho
a decidir del pueblo vasco. Creo con tanto fervor como cualquiera, señor
Ibarreche, en la expresión que representa la voluntad popular y
creo con tanto fervor que esa voluntad popular hay que llevarla a cabo
con todas sus consecuencias, y por eso afirmo: la relación del
País Vasco con el resto de España la decidirán todos
los vascos, no la mitad, y todos los españoles. Porque, señorías,
he oído argumentos y he comprobado que se sostienen posiciones
sobre una visión de España que fue y ya no es; sobre un
concepto de soberanía que fue y ya no es; sobre una noción
del Estado-nación que fue y ya no es y sobre una interpretación
del derecho de autodeterminación que nunca fue y que tampoco lo
es ahora. Señorías, nuestra unión como país
no es un tributo a la historia; nuestra unión como país
no es un apego a una bandera; nuestra unión se sustenta en la fuerza
más poderosa que ha conocido nuestro devenir y el de todos los
pueblos: los valores de la razón, la libertad, la ciudadanía
de iguales, el pluralismo, la supremacía del derecho, de las garantías,
el pacto colectivo, la limitación del poder. Defiendo la integridad
territorial de España porque es integridad de los derechos de los
ciudadanos. Sólo así todas y todos disfrutaremos de una
libertad integral, de una igualdad integral, de un pluralismo real. Eso
es un Estado moderno; ese es el Estado que estamos construyendo. De igual
manera, la libertad de Euskadi es la libertad de sus ciudadanos; una libertad
para decidir, para decidir juntos, aunque es cierto y doloroso que hay
quienes ya nunca podrán decidir. Son muchos buenos vascos que han
sido asesinados. Vascos que seguro que compartirían algo que Mario
Onaindía, un patriota vasco, afirmó: Si me matan no quiero
que digan en mi epitafio que moría por la paz, sino que luche por
la libertad.
Señorías, mi concepción de España es la de
la España constitucional, no sólo porque sea garantía
de unidad sino, ante todo, porque es garantía de libertad y de
convivencia. Mi concepción de España es la de una España
plural, una España que reconoce las identidades de sus pueblos;
identidades demasiadas veces negadas en la historia; identidades a veces
humilladas en la historia; identidades que tienen derecho a ser construidas,
a convivir. Por eso me he sentido orgulloso, como presidente del Gobierno
de España, defendiendo el euskera en Europa. Por eso siento el
mismo respeto y aprecio ante la ikurriña que ante la bandera de
mi tierra. Por eso me siento con autoridad para decir al pueblo vasco,
a los ciudadanos vascos, que la construcción de su identidad, que
sus aspiraciones de las más altas cotas de autogobierno son posibles.
Como hoy son posibles, y las vamos a llevar adelante, hay que hacerlo
decidiendo juntos. Como no hay una única concepción de la
identidad territorial en España, sino muchas, y como ninguna es
más verdadera que la otra, la mejor solución es que todas
convivan, que todas puedan ser vividas.
Señorías, en muchas ocasiones se invoca a la historia para
sustentar legitimidades o esgrimir dominios injustos. Dejemos a la historia
que descanse. Fue Tomás Jefferson quien defendió con más
brillantez la idea de que, en cada momento, el mundo es responsabilidad
de las generaciones vivas. Sabemos que ha habido demasiada gente que en
nombre de las generaciones pasadas han arruinado el futuro de las generaciones
presentes. Por ello hay que caminar, y solo se camina mirando hacia delante,
no hacia atrás; no es mirando hacia el siglo XIX, hacia 1839 ni
hacia los conflictos entre naciones del primer tercio del siglo XX a los
que quiso responder la sociedad de naciones y la teoría de la autodeterminación;
ni siquiera hay que mirar a 1975 o a 1977 y, si me apuran, ni al 2001
o al 2004. Ese mundo pasado, ese mundo histórico que se reclama
es un mundo afortunadamente muy lejano. Hoy estamos mejor y hay perspectivas
para que los pueblos puedan existir, para que las culturas nacionales
sean viables sin necesidad de conflictos ni fronteras. Eso es lo que quiero
decir a los vascos hoy, y ahora eso es posible en Europa a través
del estado constitucional, en Europa donde se resuelven los conflictos
nacionales que antes eran irresolubles hace bien poco tiempo de nuestra
historia. Hemos descubierto que, decidiendo juntos, es posible convivir
sin que tengamos que imponer unos su cultura a otros. Les propongo que
pensemos en el año 2007, no en el año 1839, les propongo
que pensemos en el año 2007, en el año de la vigencia de
la primera Constitución europea; pensemos en la Europa que vamos
a impulsar dentro de 20 días cuando votemos todos juntos -vascos
y catalanes, andaluces, leoneses-, seremos los primeros en hacerlo, antes
que países que alumbraron hace décadas el ideal europeo
en el que soñaron todos los demócratas españoles,
también Aguirre. Esa Constitución, antes incluso de enunciar
el primero de sus artículos, proclama en su preámbulo: Los
pueblos de Europa, sin dejar de sentirse orgullosos de su identidad y
de su historia nacional, están decididos a superar sus antiguas
divisiones y, cada vez más estrechamente unidos, a forjar un destino
común.
Qué lección, señorías. Tomemos nota. Sintámonos
orgullosos de todas nuestras identidades, de todas nuestras historias
y forjemos un destino común como país. Señorías,
después de este debate habrá una votación. La votación
en democracia cierra el debate, pero no lo resuelve. El debate, cuando
se trata de una norma fundamental para la convivencia, solo lo resuelve
el acuerdo. Hoy es previsible que terminemos cerrando un debate, y deseable
que abramos el tiempo de un acuerdo histórico y definitivo. Para
mí, el resultado de la votación no será una victoria
y, por tanto, nadie debe entender el mismo como una derrota. Este 1 de
febrero no es el final de un plan, sino el día en que asistimos
a un nuevo comienzo, a un nuevo proyecto para Euskadi y para el conjunto
de España, un proyecto que ha de tener el respaldo de todos y la
mirada puesta en el futuro, que ha de establecer la prioridad en aquellos
que no pueden vivir como seres libres, en el afán de compartir
las identidades y respetar las aspiraciones nacionales dentro de un gran
proyecto de convivencia, de un gran proyecto que representa una España
orgullosa de su pluralidad. En una España que nos corresponde construir
a nosotros, para los que han de venir y para nosotros, no tenemos más
deudas ni más hipotecas que nuestras propias convicciones, nuestros
mejores valores democráticos. Señorías, sabemos que
la tarea es difícil; es una gran tarea, pero más grande
será la recompensa.
Señorías, si vivimos juntos, juntos debemos decidir. A esa
gran tarea hoy quiero convocar a todos los vascos y a todos los ciudadanos
de este país, que quieren ver la armonía, la convivencia
respetuosa, la riqueza de nuestras lenguas y la fortaleza de nuestra unión,
de una unión que no se impone y una unión a la que se convoca
cada día. Este es mi conripromiso. En esta tarea empeñaré
el legado de tantos hombres y mujeres que saben que tenemos una oportunidad
única y que estamos dispuestos a no fallar.
Señorías, decia Albert Cami que un hombre rebelde es un
hombre que dice no y, desde ese no, construye una realidad nueva. Como
demócrata y como presidente de todos, me opongo a una piopuesta
que no es de todos y para todos. Espero que acepte, señor Ibarreche,
que este no que votamos es un sí a una realidad nueva, más
integradora, en la que quepamos todos. Y, del mismo modo que yo acepto
su buena fe, espero que usted acepte la mía. Todos los vascos y
el resto de los españoles esperan que se les gobierne para la búsqueda
de soluciones, desde la justicia y con esperanza, y así vamos a
hacer nosotros. Muchas gracias. (Fuertes y prolongados aplausos)
El señor PRESIDENTE: Por favor, sé que los reporteros gráficos
tienen que hacer su trabajo, pero tienen ustedes que permitir el trabajo
del señor Ilbarreche. Por lo tanto, les ruego que se vayan turnando
en las fotografías, pero no hagan una pantalla que prácticamente
impida seguir el desarrollo de la sesión. A continuación,
en turno de fijación de posiciones, tiene la palabra don Mariano
Rajoy, en nombre del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso.
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