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2 de febrero de 2005
Discurso íntegro del lendakari
Ibarreche
Fuente: La Razón
El señor representante
del Parlamento vasco (Ibarreche Markuartu):
Señor presidente, señoras y señores
diputados, presidente del Senado y senadores, presidente del Gobierno,
miembros del Gobierno, (El señor Ibarreche Markuartu pronuncia
palabras en euskera.), señoras y señores, quiero que mis
primeras palabras representando aquí al Parlamento Vasco sean en
euskera, lengua oficial en nuestro país, que por supuesto traduciré
a todos ustedes, y que es una lengua milenaria en la que el pueblo vasco
ha expresado generación tras generación sus ansias de libertad
y sus deseos de amistad con los demás pueblos con los que ha convivido
desde el respeto mutuo a lo largo de la historia. (El señor Ibarreche
Markuartu continúa su intervención en euskera, siguiendo
en castellano.) En representación del Parlamento Vasco he venido
a las Cortes Generales españolas a defender el derecho del pueblo
vasco a decidir su futuro.
Este es el centro del debate que hoy tenemos en este Congreso. Comparezco
por petición expresa del Parlamento Vasco para defender la propuesta
del nuevo Estatuto político, no del Gobierno o del lehendakari,
sino una propuesta de Estatuto político aprobado por la mayoría
absoluta del Parlamento Vasco y, por tanto, representando también
a la mayoría absoluta de la sociedad vasca. Lo hago trayendo a
esta Cámara el espíritu de diálogo y de negociación
que ha presidido siempre el sentir, la forma de ser, del pueblo vasco
a lo largo de la historia. Dos cuestiones previas antes de trasladar los
mensajes de fondo.
La primera es que celebramos este Pleno con prisas y escaso de debate
político. Es un Pleno que se celebra sin un debate previo. Ha habido
una negativa a negociar ante el ofrecimiento del Gobierno vasco al Gobierno
español, también ante el ofrecimiento de la Cámara
vasca al Congreso de los Diputados, y todo se pretende sustanciar en un
Pleno, el día de hoy, dando a entender que tenemos un debate profundo
sobre una propuesta muy elaborada, lo cual evidentemente no es posible.
Hay grandes prisas por acabar; prisas, muchas prisas, cuando éste
es un debate que necesita de serenidad, mucha serenidad.
La segunda cuestión previa que quiero trasladar es que el contencioso
vasco, el problema vasco, la cuestión vasca -da igual, como ustedes
quieran denominarla- no es nueva en esta Cámara ni su debate tampoco,
ni yo la primera persona que he venido a traerla a esta Cámara,
y probablemente tampoco seré, con toda seguridad, la última.
Sí creo que hay una serie de cuestiones que merecen la pena ser
recordadas. La primera (por favor, para no confundir, sobre todo a la
opinión pública en España), en torno a que el contencioso
está directamente ligado a la existencia de la violencia de ETA.
La violencia de ETA es dañina, inhumana y, además, hace
un daño inmenso, por supuesto, a las personas y a las familias
contra las que se cometen atentados, y también a la imagen del
pueblo vasco. Y nada ha hecho más daño, nada hace más
daño a la imagen de un pueblo pacífico y trabajador como
es el vasco que la violencia de ETA.
Pero no hay que confundir lo que es el problema político de relación
entre Euskadi y España, muy anterior, muy anterior a la existencia
de la bárbara e inhumana violencia de ETA. Son casi 200 años
los que en muchos casos también se han visto en esta Cámara
debatiendo en torno a la relación política entre Euskadi
y España. Son casi 200 años desde que se inició aquella
discusión con la Constitución de Bonaparte, a partir de
1808; con la Constitución de Cádiz, a partir de 1812; con
las llamadas leyes de abolición foral, en los años 1839
y 1876. ¿Por qué, si no, se recoge en la Constitución
española la adicional primera, hablando del amparo y respeto de
los derechos históricos de los territorios forales, precisamente,
considerados 140 años antes en la derogatoria segunda cuando se
dice: Se consideran definitivamente derogadas las leyes abolitorias de
25 de octubre de 1839 y 25 de julio de 1876? ¿De qué se
está hablando sino de unos derechos históricos, de unos
territorios forales, de un pueblo que tenía una manera determinada
de relacionarse, de vivir políticamente con las instituciones,
primero de las españas, después del Reino de España?
¿Cómo, si no, se entiende que la Constitución recoja
140 años más tarde la existencia de esos derechos que dice
amparar y respetar, y cómo se entiende que el Estatuto de Autonomía
de Gernika tuviera una disposición adicional que refleja de manera
textual: La aceptación del régimen de autonomía que
se establece en el presente estatuto no implica renuncia del pueblo vasco
a los derechos que como tal le hubieran podido corresponder en función
de su historia?
Estamos, por tanto, ante la historia de una formulación que, en
términos de convivencia, no hemos sabido resolver entre unos y
otros a lo largo de estos últimos 200 años. No hemos inventado
nada. No ha inventado nada el Parlamento vasco cuando ha aprobado un nuevo
estatuto político para la comunidad vasca. El lehendakari Aguirre
decía aquí, en la sesión del Pleno del Congreso el
5 de diciembre de 1935, entre fuertes protestas y rumores según
consta en el "Diario de Sesiones", textualmente: Nosotros vinimos
a las Cortes Constituyentes con un espíritu de cordialidad del
que vosotros no os dais cuenta.
Hemos venido con nuestro estatuto votado por el pueblo y con ese mismo
espíritu. ¿Y qué es lo que ha sucedido? Están
agonizando estas Cortes y nuestro estatuto sigue ahí esperando.
Esta es exactamente la misma posición que hoy tengo como representante
del Parlamento vasco en esta Cámara. Vengo con un estatuto a presentar
una propuesta de estatuto, de nuevo estatuto político aprobado
por la mayoría absoluta del Parlamento vasco. Y vengo con la mano
tendida para negociar, para abrir un proceso negociador porque entiendo
que de ninguna manera desde esta Cámara se puede trasladar un no
a la posición del Parlamento vasco sin admitir que previamente
es necesario negociar. Venimos con la mano tendida para negociar y espero
de todo corazón que ustedes no la desprecien hoy en esta Cámara
cuando al final del día realicemos la votación. Mi primer
mensaje es que creo sinceramente que existe un camino, creo sinceramente
que existe una solución, creo sinceramente que existe un punto
de encuentro. Y este es el derecho a decidir y la obligación de
pactar.
Como dije al comienzo, este es el centro del debate. Hace 25 años
se aprobó, se ratificó por la sociedad vasca, previamente
de haber sido aprobado en esta Cámara, el Estatuto de Autonomía
de Guernika. Hoy es una ley que sigue sin cumplirse, a pesar de las decisiones,
en muchos casos unánimes, que al respecto que se han dado en el
Parlamento vasco al que hoy represento. Por ello quiero que quede constancia
en el "Diario de Sesiones" este incumplimiento. Pero no he venido
ha hablar de pasado, sino sobre todo a hablar de futuro y si tenemos ilusión
por desarrollar el autogobierno, el autogobierno previsto en el Estatuto
de Guernika y el autogobierno previsto en el aprobado nuevo estatuto político
es porque estamos ilusionados en Euskadi los vascos y vascas con el nivel
de autogobierno que hemos conseguido con el Estatuto de Autonomía
de Guernika. Porque hemos visto que el autogobierno ha sido sinónimo
de bienestar es por lo que queremos, por lo que creemos que tenemos derecho
a tener un mayor, un mejor nivel de autogobierno.
Apostamos por un futuro que dice sí al derecho de la sociedad vasca
a decidir. Apostamos por un futuro que dice sí al pacto entre Euskadi
y España. Apostamos por un futuro que dice sí a la negociación
con el Estado, a la mano tendida y no a la mano rechazada. Derecho a decidir
y obligación de pactar, esta es a mi juicio, esta es a juicio de
la Cámara vasca hoy de manera mayoritaria la clave de la solución
democrática del conflicto que venimos arrastrando durante los últimos
200 años. Hoy presento un acuerdo por mayoría absoluta,
realizado o acordado en el Parlamento vasco. Cumplimos con las previsiones
legales previstas en el Estatuto de Autonomía de Guernika. No sirve
hablar de las reglas de juego y luego cuestionarlas cuando éstas
se cumplen y ustedes nos han trasladado que no están dispuestos
a negociar. Que están dispuestos a que esta Cámara diga
no a la decisión de la mayoría absoluta del Parlamento vasco
y de la sociedad vasca sin siquiera abrir un proceso negociador.
Y yo les pregunto a todos ustedes, ¿por qué tienen miedo?
¿por qué tenemos miedo a que se forme una Comisión
del Parlamento vasco y de estas Cortes Generales para iniciar un proceso
negociador? ¿A qué debemos temer? ¿A qué debe
temer esta Cámara? Creo en el diálogo. Por eso he venido
aquí a este Congreso representando al Parlamento vasco, a pesar
de que como se ha trasladado a los medios de comunicación ustedes
ya han decidido, antes de que se celebre este debate, cuál es el
sentido de su voto, qué es lo que van a decir a pesar de que, cómo
decía al comienzo, tengo muchas dudas de que en una sesión
como ésta, con unas intervenciones como las que tenemos, lógicamente
marcadas por el Reglamento y la Junta de Portavoces, me parece que es
prácticamente imposible, metafísicamente imposible que se
sustancie un debate de este calado. Pero en todo caso quiero decirles
una cosa. Si he venido es porque creo que, mientras tengamos la posibilidad
de la voz y la palabra, defenderemos una y mil veces, en este caso en
nombre de la mayoría absoluta del Parlamento vasco, el derecho
del pueblo vasco a decidir su futuro. Por eso creo que es extraordinariamente
importante, a pesar de todas las dificultades, estar hoy aquí.
Segundo mensaje. El pueblo vasco es un pueblo mayor de edad, la sociedad
vasca es una sociedad dinámica, moderna y plural, que afronta el
futuro con esperanza, somos una sociedad sensata y madura, tenemos mayoría
de edad para decidir y además queremos decidir, queremos tomar
decisiones por nosotros mismos.
Euskadi es hoy una sociedad que avanza, en esta legislatura hemos logrado
de nuevo ponernos a la cabeza del Estado en materia de renta familiar
disponible, tenemos el máximo de ocupación histórica
que hayamos tenido nunca a lo largo de nuestra historia, hemos rebajado
la cifra de paro por debajo de la propia media en Europa, hemos creado
más de 4.000 empresas en esta legislatura y somos más atractivos
que nunca, el año 2004 nos ha visitado más gente que nunca
en nuestro país, superando el récord de visitas que habíamos
tenido en el año de la tregua. Somos, por tanto, un país
que avanza, un país moderno, avanzado económicamente y además
solidario, somos en definitiva un país serio, y tenemos muy claro
que hay un binomio que está asociado a los vascos y vascas en general
con independencia de a qué partido voten, y es que el autogobierno
ha sido y es hoy en Euskadi sinónimo de bienestar. Por eso reivindicamos
más autogobierno, no para enfrentarnos con Madrid, ni con el Gobierno
español ni con esta Cámara, no, en Euskadi queremos más
autogobierno para vivir mejor, para mejorar el nivel de bienestar de los
vascos y vascas. Una sociedad plural desde el punto de vista político,
desde el punto de vista cultural, desde el punto de vista de la lengua,
desde el punto de vista de los sentimientos de identidad, sí, pero
tenemos un mínimo común denominador, todos somos vascos,
y hoy más de ocho de cada diez vascos y vascas creen que es a nosotros
a quienes corresponde definir y decidir nuestro futuro.
Reivindicamos, por tanto, la capacidad de decidir como el cauce central
de una sociedad vasca plural, y así será el futuro del autogobierno
en Euskadi. No lo van a decidir en reuniones usted, señor Rodríguez
Zapatero, o usted, señor Rajoy, no van a sustituir ustedes la voluntad
de los vascos. Somos los que hoy en Euskadi vivimos y trabajamos, hayamos
nacido donde hayamos nacido, en Bilbao, en Sevilla, en Bucarest o en Dakar,
somos los que en Euskadi hoy vivimos y trabajamos, votemos al Partido
Popular, al Partido Socialista, al PNV, a Izquierda Unida o a Eusko Alkartasuna,
somos los vascos que hoy vivimos y trabajamos en Euskadi los que decidiremos
nuestro futuro. Tercer mensaje. La propuesta que yo presento aquí
en nombre del Parlamento vasco es una propuesta para la convivencia. Ustedes
pueden pretender trasladar los mensajes que crean oportunos, pero yo de
todo corazón les vengo a traer la visión mayoritaria de
la Cámara vasca. Esta es una propuesta para convivir, no es una
propuesta para romper. En el ejercicio de nuestro derecho democrático
a decidir, el Parlamento vasco ha aprobado por mayoría absoluta,
como exige por cierto el estatuto, una propuesta de convivencia entre
Euskadi y el Estado español basada en la libre asociación
y en el respeto mutuo. Ejercemos, por tanto, nuestro derecho a decidir,
no en clave de ruptura, sino en clave de convivencia.
El nuevo estatuto no habla -no encontrarán ustedes ninguna referencia-
en términos de romper, sino de convivir, no en términos
de imposición, sino en términos de libre asociación;
no encontrarán ustedes agravios, encontrarán tolerancia,
no encontrarán crispación, encontrarán fundamentalmente
una formulación política hecha en términos de afectividad.
En el siglo XXI los proyectos de convivencia están basados en la
libre asociación, no están basados en la imposición.
Hoy, ni siquiera, tus hijos viven contigo sino comparten tu proyecto.
Euskadi no es una parte subordinada del Estado español. Quiero
decírselo con toda claridad aquí como representante del
Parlamento vasco.
Miren ustedes, el Estado español será un proyecto en común
sólo si las partes que lo componemos así lo queremos. Si
así lo decidimos. Nuestra propuesta para la convivencia, además,
nada niega, ni en nada obliga a otras naciones y regiones del Estado español.
No la planteamos para obligar a otros pueblos de España a seguir
nuestro camino, ni para impedirles que sigan el suyo. Es una propuesta
compatible, por tanto, con un verdadero Estado plurinacional. Es solidaria
también con otros pueblos de España al establecer, mediante
el sistema del concierto y el cupo, nuestra contribución a las
cargas generales del Estado y, sobre todo, a los programas de solidaridad
de los que somos contribuyentes netos. Cuarto mensaje. Es una propuesta
legal, legítima y democrática. Es una propuesta con todos
los requisitos legales que exige el Estatuto cumplidos, presentada aquí
por el Parlamento vasco, de manera abierta para su negociación
bilateral con las Cortes Generales, como exige la Constitución.
Es legal porque es aprobada, de acuerdo con el artículo 46 del
Estatuto, y remitida legalmente a las Cortes Generales para iniciar el
trámite de negociación entre una delegación del Parlamento
vasco y otra de las Cortes Generales. Es legítima, es democrática
y está abierta a la negociación.
El Parlamento vasco ha sido el campamento base del diálogo durante
cuatro años. El que ha querido ha aportado. Partidos políticos,
agentes económicos y sociales, 36.000 familias vascas nos han trasladado
sus puntos de vista en relación con el Estatuto que hoy, aquí,
presento. El proceso ha estado permanentemente abierto y ha contado también
con el impulso de un Gobierno vasco tripartito, plural, donde hay dos
fuerzas nacionalistas vascas y otra que no lo es, PNV, Eusko Alkartasuna
y Ezker Batua un partido federalista de Estado; que tenemos el 48 por
ciento de los votos emitidos en las elecciones de mayo de 2001; y que,
además, la única sentencia que ha tenido a lo largo de todo
su trayecto ha sido una sentencia del Tribunal Constitucional a favor,
por cierto, de las tesis del Gobierno vasco y del Parlamento vasco y en
contra de las tesis de los impulsores de que el Tribunal Constitucional
evitara, incluso, que el debate se diera en la Cámara vasca, en
contra, por tanto, de las tesis que mantenían principalmente el
Partido Popular, seguido a rueda, eso sí, por el Partido Socialista.
Cuatro años negando lo evidente, hasta que en Abril del año
2004 el propio Tribunal Constitucional fue quien tuvo que decir que la
propuesta era legítima y democrática. No puede ser -decía-
en principio cuestionada la competencia del tripartito vasco para proponer
una reforma del Estado autonómico o, en general, para remitir al
Parlamento autonómico las normativas jurídicas. Entender
otra cosa -añadía- sería desconocer la lógica
del sistema democrático parlamentario, uno de cuyos fundamentos
consiste en que el Parlamento es la sede natural del debate político.
Muy bien, pues deben saber ustedes, que han negociado la posición
de esta Cámara, que han estado cuatro años acudiendo al
Tribunal Constitucional para que estas cuestiones no se debatieran en
la Cámara vasca. Esto, por tanto, es muy importante que se conozca
en Euskadi, pero me resulta particularmente importante que se conozca
también en España. La única sentencia que del Tribunal
Constitucional ha nacido, en relación con este estatuto político
que yo presento hoy aquí, ha sido una sentencia para dar la razón
al tripartito vasco, al Parlamento vasco y no a quienes estaban manteniendo
-Partido Popular y Partido Socialista- que el Parlamento vasco primero,
y después esta Cámara, podía debatir acerca de esta
cuestión. ¿Me pregunto qué negociación es
posible con quien no ha querido siquiera sentarse a hablar durante cuatro
años? Porque sólo las posiciones en unos, en otros no, comenzaron
a cambiar como consecuencia de esta sentencia del Tribunal Constitucional.
No estamos ante un problema jurídico. Estamos ante un problema
de voluntad política. Estamos convencidos de que la Constitución
española, en función de los instrumentos a los que he hecho
yo antes referencia (disposición adicional primera, derogatoria
segunda y Estatuto de Autonomía de Guernica en la disposición
adicional), tiene instrumentos para encajar el derecho de los vascos a
decidir nuestro propio futuro. Estamos convencidos, y quiero decirlo aquí
bien alto y bien claro, y abogamos por militar en el constitucionalismo
útil, no en aquel otro tipo de constitucionalismo que utiliza fundamentalmente
la Constitución, que utiliza las normas jurídicas como arma
arrojadiza, como elementos que imposibilitan, llegan incluso a negar la
posibilidad de realizar acuerdos políticos que lo que hagan es
traer como consecuencia una adaptación de las normativas jurídicas.
Mi quinto mensaje es que hoy tenemos una oportunidad histórica
para abrir la puerta a la solución del problema vasco. Por eso
vengo a ofrecer la mano tendida de la sociedad vasca para negociar un
nuevo marco de convivencia con España para el siglo XXI. No desaprovechen
esta oportunidad dando un portazo a la propuesta que por mayoría
absoluta ha aprobado el Parlamento Vasco. No rechacen el diálogo
y la negociación. No desaprovechemos esta oportunidad histórica
que hoy tenemos, porque tenemos la posibilidad de solucionar, de encarar
un problema de convivencia que está vigente desde el siglo XIX.
A pesar de la transición estamos ante una asignatura histórica
pendiente, y hoy, 166 años después de la primera ley de
abolición foral, de los derechos históricos y de los fueros
por la fuerza, después de haber reconocido en la propia Constitución
española que esos derechos existían en relación con
unos territorios forales y de hacer una expresa referencia en el Estatuto
de Autonomía de Guernica, hoy tenemos una oportunidad histórica
si no despreciamos la mano tendida que yo vengo a traer en nombre del
conjunto de las instituciones democráticas vascas, en este caso
del Parlamento Vasco. La propuesta, señoras y señores, no
es un problema, la propuesta es una oportunidad. Yo no coincido con algunos
de ustedes que creen que el debate político fractura. El debate
político no fractura, lo que hace es reforzar la democracia.
El debate político no divide, el debate político precisamente
lo que imposibilita es la división; lo que divide es no debatir,
no negociar en términos políticos. La negociación,
el que hoy saliéramos de aquí comprometiéndonos a
una negociación seria entre las Cortes Generales y el Parlamento
Vasco, no es una decisión que fuera a crispar ni a la sociedad
vasca ni a la sociedad española. Lo que creo que realmente crispa
es no abrir la puerta a la negociación, porque no hay que tener
temor a la democracia, no tenemos que tener temor a que las sociedades
sean consultadas. ¿Por qué tener temor a que la propia sociedad
vasca sea consultada? ¿A qué tememos, a que a la sociedad
vasca se le pregunte o a la respuesta que puede dar la sociedad vasca
cuando se le pregunte? Mensajes finales, porque me queda ya poco tiempo,
presidente. El primero para decir en esta Cámara que, a pesar de
los pesares, yo soy optimista, porque pase lo que pase hoy en esta Cámara,
se vote lo que se vote en esta Cámara, no será ni el comienzo
ni el final de un camino que no tiene vuelta atrás y que terminará
en un momento determinado con una consulta democrática a la sociedad
vasca, que yo espero, precedida de un acuerdo, sea además con plena
validez jurídica. En segundo lugar, un mensaje para ustedes, señor
Presidente, señor Zapatero, y para el señor Rajoy. Ustedes
ya han pactado lo que aquí se va a decidir y en esta tribuna está
el representante de un pueblo pacífico y civilizado que viene a
pedir diálogo y respeto a la decisión democrática
de sus ciudadanos. Ustedes ya han pactado negárselo; están
en su derecho, pero tendrán que explicar a todos los ciudadanos
y ciudadanas vascas que ustedes dos ya han pactado cómo será
nuestro futuro y que de nada servirá la decisión democrática
que los vascos puedan expresar porque ustedes dos ya lo han decidido por
todos ellos. El tercer mensaje es a la Unión Europea, a la comunidad
internacional. Quiero decirles que estoy aquí como representante
del parlamento de un país que pide con respeto, con educación
que se escuche la decisión democrática de sus ciudadanos.
No venimos a imponer nada a nadie sino a ofrecer nuestra mano tendida
para negociar un acuerdo de convivencia amable con España. Hoy,
en cualquier país de tradición democrática del primer
mundo, planteamientos como el que nosotros hacemos no causan ningún
problema, es normal que la decisión clara e inequívoca de
una sociedad sea tenida en cuenta; lo que sería tremendo sería
lo contrario, que una sociedad que se pronuncie de forma clara e inequívoca
no fuera tenida en cuenta a la hora de decidir su futuro. Y planteamos
instrumentos jurídicos y políticos modernos, no del siglo
XIX sino del siglo XXI, para interpretar y desarrollar el derecho a decidir
y la obligación de pactar, tal y como hoy están planteando
en sociedades avanzadas como Canadá, Quebec, Irlanda, Flandes,
Valonia, etcétera. Un cuarto mensaje para la sociedad española,
para trasladarles que yo creo que es perfectamente posible encontrar,
si nos lo proponemos, un modelo político para convivir y participar
juntos en Europa respetándonos unos a otros. Lo creo firmemente
y lo quiero trasladar aquí honestamente en nombre del Parlamento
vasco. Yo sé que hay mucha gente en España que entiende
que el futuro de Euskadi lo debemos decidir los propios vascos, mucha,
muchísima gente en España y quiero agradecer en ese sentido,
en nombre del Parlamento vasco, la enorme cantidad de muestras de cariño
que hemos recibido de todos los pueblos de España y muy especialmente
desde el pueblo andaluz, el pueblo gallego y el pueblo catalán.
Termino con un mensaje para la sociedad vasca. Estoy orgulloso del pueblo
vasco, de nuestra historia milenaria, de nuestra lengua, el euskera, una
de las lenguas más antiguas de Europa, pero estoy aún más
orgulloso de nuestros hombres y mujeres, de todos los vascos y vascas
que hoy vivimos y trabajamos en Euskadi, como antes decía, hayamos
nacido donde hayamos nacido y votemos al partido político que votemos.
Es fundamentalmente a vosotros a quien quiero dirigirme para deciros que
el futuro nos pertenece y que lo escribiremos nosotros, pactando con los
demás, pero lo escribiremos nosotros de nuestro propio puño
y letra.
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