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!Qué barbaridad!

SANTIAGO GONZÁLEZ/ EL CORREO 11.02.03

Qué barbaridad, lehendakari, permítame empezar con una locución que usted repite una vez y otra, ya sea para valorar los asesinatos etarras, ya para comentar alguna declaración del presidente del Gobierno. "Qué barbaridad" es una expresión doblemente ambigua, por el uso que usted hace de ella y por su propio significado: locución interjectiva que "expresa admiración o protesta", según el admirable diccionario de Manuel Seco.

"Qué barbaridad" ha vuelto a decir tras el asesinato de Joseba Pagazaurtundua y es muy probable que lo haya repetido al enterarse de que su familia no deseaba su presencia, ni la de sus consejeros, ni la de representantes de los partidos que firmaron el acuerdo de Estella en el velatorio del cadáver.

No es un insulto, lehendakari, es un golpe de dignidad, un arrebato de civismo en una familia, como la de Maite, mi amiga del alma, mucho más penetrada de verdad que de corrección política. ¿No saca usted ninguna conclusión del hecho de que fueran especialmente invitados al tanatorio su antecesor y Joseba Arregi? ¿No le dijo nada el cálido abrazo de Maite al lehendakari Ardanza?

Condenaba usted el atentado contra Joseba Pagaza recordando que ETA no tiene sitio en nuestra sociedad, como dijo la inmensa mayoría de los vascos en su manifestación del 22 de diciembre.

Según. En aquella manifestación hubo más gente sin sitio, lehendakari. Eran "guarros y guarras" según su candidato nacionalista a diputado general de Vizcaya. "Fuera, fuera", les decían, "igual que los etarras sois", "canallas", "zorras", "provocadores", "españoles". Uno de aquellos guarros y guarras era Joseba Pagazaurtundua. Él fue el encargado de hinchar los globos. "Quitarles los globos, sinvergüenzas, iros a San Sebastián", gritaban los hooligans de su partido a Joseba y a sus amigos de Basta ya

Joseba ya está para siempre en San Sebastián (Polloe) y usted debería reflexionar sobre su propia falta de sitio en el tanatorio y en la cabecera de las manifestaciones de Andoain, sobre la ausencia del portavoz de su partido en las protestas de la calle de su pueblo, sobre el apoyo tácito de su partido a los 17 alcaldes batasunos, que al igual que el de Andoain, gobiernan en minoría; sobre el apoyo moral de Arzalluz a Batasuna; sobre el odio eterno que ha jurado a Zapatero por decir que "el único proyecto posible es acabar con ETA"; sobre el apoyo legal que los suyos brindan a B. en el Parlamento y en las querellas contra Garzón. Piense en la miseria moral del alcalde de Getxo que no condena el asesinato porque la víctima no es de su pueblo, en el sofisma de coincidir con los asesinos en los fines y discrepar en los medios, y, para comprender su ridiculez, imagíneselo en Corleone. ¿No comprende que sus medios son sus fines? Piénselo y tal vez entienda el abrazo de Maite Pagaza a José Antonio Ardanza. Ella necesitaba un lehendakari. ¡Qué barbaridad, lehendakari! ¡Pero qué barbaridad!