Actualidad Imprimir documento
DV.10-02-2003

El Alef vasco

FLORENCIO DOMÍNGUEZ/PERIODISTA Y ESCRITOR

Jorge Luis Borges, el escritor argentino, dedicó uno de sus relatos al Alef, el punto en el que estaban concentrados todos los puntos del Universo. En Euskadi, el Alef vasco se llama Andoain porque esta localidad guipuzcoana es el paradigma de la realidad política de la Comunidad Autónoma.

En Andoain, el terrorismo etarra está repitiendo a escala local su estrategia de limpieza ideológica de los no nacionalistas. Mediante el acoso sistemático a los socialistas se quiere borrar del mapa a una expresión política que hace cuatro años era mayoritaria en el municipio. Se pretende silenciar a esa parte de la población acallando la voz de quienes son sus líderes políticos y sociales. La materialización de esta estrategia se lleva a cabo a través de la acción coordinada de la violencia callejera, los asesinatos de ETA y la cobertura política de Batasuna que arropa a los terroristas y capitaliza los réditos del miedo. Los socialistas han sido reiteradamente insultados, amenazados, atacados y asesinados, pero también han sido atacados los hijos y los vecinos de los ediles a fin de provocar su desestimiento o, si esto no es posible, su aislamiento social.

La localidad guipuzcoana es también el reflejo fiel, a escala, de la respuesta que el nacionalismo institucional da a esta situación de falta de libertades y de intimidación colectiva. Los nacionalistas se han negado a desalojar del poder a Batasuna permitiendo a este partido seguir controlando un ayuntamiento que rechazó, con los votos de PNV y EA, enviar una delegación municipal al juicio contra el asesino de José Luis López de Lacalle, pero que se gasta cada año tres millones y medio de pesetas para subvencionar los viajes a las cárceles de los amigos y familiares de los presos de ETA. Ese ayuntamiento que en una misma sesión rechaza mostrar su apoyo a una vecina, testigo protegida sometida a amenazas por colaborar con la Justicia, pero que expresa su respaldo al agresor, identificado por la mencionada testigo, que ha huido para no cumplir la pena impuesta por los tribunales.

Esta perversión de los valores cívicos ni siquiera es útil para poner a salvo a los propios ediles nacionalistas pero sirve, sin embargo, para que se crezca el totalitarismo etarra y se reafirme en sus fechorías. Lo que perciben los acosados por el terror es una actitud de condescendencia con la violencia en el día a día por parte de un nacionalismo que clama contra Baltasar Garzón cuando el magistrado se plantea si se está produciendo una limpieza étnica o ideológica en el País Vasco, pero que no reacciona con eficacia cuando casos como el de Andoain ponen de manifiesto la realidad de esa estrategia de exclusión de los no nacionalistas.

Por eso, los monólogos post mortem del lehendakari suenan en los oídos de las víctimas como un barroco ejercicio de esoterismo vacío ajeno a su dolor.