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Joseba
Pagazaurtundua
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El
País - DOMINGO - 06-07-2003
PABLO
ORDAZ
"Ya
te pillaremos"
A
JOSEBA PAGAZAURTUNDUA LE AVISARON DE QUE LO MATARÍAN
Antes
de matarlo, a Joseba Pagazaurtundua le dijeron que lo iban a matar.
Fue el 8 de agosto de 2002. Sobre las ocho y media de la tarde.
Unos 30 o 40 simpatizantes de Batasuna se acercaron a la sede socialista
en Andoain (Guipúzcoa) armados con escobas y cubos de pegamento.
Tenían la intención de empapelar los cristales de
la Casa del Pueblo con unos carteles donde se leía "precintado".
No sabían, o quizá sí, que dentro del local,
aparentemente cerrado, se encontraban cuatro hombres. Uno de ellos
era Joseba Pagazaurtundua, jefe de la policía local de Andoain,
de 44 años, casado y padre de dos hijos, de baja laboral
por culpa del acoso sistemático al que lo tenía sometido
el entorno de ETA. También estaba allí Estanis Amustxastegi,
uno de los cinco concejales socialistas del pueblo, gente acostumbrada
a levantarse de madrugada porque su coche o su balcón habían
sido atacados y estaban ardiendo. O a descubrir por la mañana
que un desconocido había deslizado en su buzón una
llave y una carta como la que recibió José Luis Vela
aquel mismo verano: "Toma la llave de tu portal, pero no te
tranquilices demasiado, pues tenemos 47 copias más y 47 personas
dispuestas a darlo todo por eliminarte". Los otros dos hombres
que aquella tarde de agosto estaban en la sede socialista de Andoain
cuando los radicales llegaron eran los escoltas del concejal Estanis
Amustxastegi.
Hacer
frente
"Oímos
ruido y salimos enseguida", recuerda Amustxastegi, "eran
30 o 40 energúmenos de Batasuna que seguramente no se esperaban
que nosotros estuviéramos allí dentro. Puede que eso
les desconcertara. Eso y que les hiciéramos frente. Empezaron
por los insultos. Nos decían lo de siempre: 'asesinos', 'fascistas',
'hijos de puta', 'españoles'... Mis escoltas estaban allí,
a nuestro lado, pero sin poder ayudarnos porque su cometido no es
meterse en trifulcas, bastante hicieron con mantener el tipo en
una situación así. Sólo éramos dos contra
tantos, pero ni Joseba ni yo nos queríamos ir. Quizá
esto no se entienda fuera de aquí, pero la Casa del Pueblo,
nuestra sede, aunque pequeña y cutre, es nuestro único
espacio de libertad, lo único que tenemos; por eso no dejamos
el local solo nunca. Hasta que lo mataron, Joseba se dedicaba a
abrirlo por la mañana y a cerrarlo por la tarde; a protegerlo.
Los simpatizantes de Batasuna, jóvenes en su mayoría,
muchos de ellos vecinos del pueblo, siguieron insultándonos
y luego nos lanzaron algunas piedras. A Joseba le pegaron fuerte
con el palo de una escoba en el hombro izquierdo y le hicieron un
hematoma. Nos decían de todo, pero uno de ellos, antes de
marcharse, le dijo alto y claro a Joseba: '¡Ya te pillaremos!".
Al
día siguiente, todavía dolorido, Joseba Pagazaurtundua
se acercó a la comisaría de la Ertzaintza en Hernani
e interpuso una denuncia por las agresiones y amenazas. El jefe
de la policía local pudo identificar a uno de los agresores,
un vecino del pueblo, un habitual en ese tipo de algaradas y de
nombre Koldo Otamendi Gutiérrez.
Como
era de esperar, no pasó nada. Por supuesto que el alcalde
de entonces, militante de Batasuna, no condenó los hechos,
y la vida siguió en Andoain tan tranquila para la mayoría
y tan difícil para unos pocos. Ya por entonces, Joseba pasaba
muchas horas en el sótano de la sede, una especie de catacumba
asfixiante de donde partía una escalera secreta para salir
corriendo en caso de ataque. A veces, allí abajo, abría
una libreta cuadriculada y le escribía a su madre cartas
que nunca le llegó a mandar. De entonces es el manuscrito
que se reproduce al pie de esta página: "El alma se
me escapa trozo a trozo cuando veo un nuevo asesinato. Ay, madre,
qué miedo tengo, he de salir a la calle, afuera esperan ellos,
los que desean sangre. Ay, madre, me han de matar, y no puedo evitarlo.
Que mi grito de libertad lo acojan los ciudadanos...".
Maite
Pagazaurtundua, hermana de Joseba, concejal socialista en Urnieta
(Guipúzcoa) y activista de Basta Ya, recuerda aquel tiempo:
"Golpes, insultos, pintadas...; mi hermano sufrió durante
varios años el calvario de saberse objetivo de los que lo
habrían de matar. El alcalde de Batasuna no condenó
los atropellos contra él y otros vecinos, y alfombró
con sus silencios el camino de los asesinos. No sería inverosímil
que el anterior alcalde fuera amigo de los agresores. Lo inverosímil
sería justo lo contrario".
Sabiendo
que lo iban a matar, Joseba seguía obsesionado con la seguridad
de sus amigos. "Siempre estaba pendiente de los demás",
recuerda el concejal Amustxastegi, "me decía: 'Ándate
con cuidado, Estanis, no bajes la guardia nunca'; y yo le respondía:
'Tú eres el que te tienes que cuidar, Joseba, joder, que
tú no tienes escolta, y yo sí".
Joseba
no era un hombre triste. Muy al contrario. Le gustaba escuchar el
último disco del grupo Suburbano, un trabajo que se titula
Los delirios del pirata y que cuenta la historia de Juan sin Sombra.
"Joseba", cuenta su hermana Maite, "daba el tipo
del pirata del disco. Era vital, arrojado, muy libre por dentro,
nadie influía en su pensamiento. Era de verdad una persona
con pensamiento crítico, y valiente. Aunque por dentro, en
silencio, fue sufriendo cada vez más en los últimos
tiempos y lo notábamos fugazmente, también en la mirada.
Porque Joseba siempre había tenido una mirada y un semblante
con mucha chispa". A Joseba le gustaba con locura una de las
canciones del disco. Se llama Adiós a las penas de abril,
y sobrecoge escucharla ahora, sabiendo lo que ha pasado: "Atrás
quedarán las penas de abril / y la luna del viernes sin ti.
/ Si con la pleamar se vuelve a nacer, / que esta vez sea lejos
de aquí (...). Vi la muerte bailar junto a mí. / Pasé
del silencio a ser más que un rumor. / De ser sombra a volver
a vivir. / De no tener nombre a dar tanto de que hablar (...). Adiós
a las penas de abril".
Todo
el mundo sabe que se cumplió la amenaza. Que a Joseba Pagazaurtundua
lo pillaron desprevenido el 8 de febrero pasado y le descerrajaron
tres disparos, dos en la cabeza y uno en el hombro. Cayó
sobre los periódicos que estaba leyendo en un bar y que había
comprado un rato antes en la librería Stop. De esa forma
unió su destino al de su amigo el periodista José
Luis López de Lacalle, asesinado un domingo de mayo del año
2000 cuando volvía de comprar los periódicos en el
mismo quiosco.
El
lunes pasado, cinco meses después de que mataran a Joseba
Pagazaurtundua, se celebró en Tolosa el juicio contra Koldo
Otamendi por aquella amenaza que sí se cumplió. Tras
el juicio, al que el agresor ni se dignó acudir, los allegados
a Joseba fueron al bar que hay junto al juzgado de Tolosa para tomar
un café.
Allí,
reunidos en torno a la memoria de Joseba, se encontraban su hermana
Maite, amenazada por ETA, y el abogado Rubén Múgica,
hijo de otro socialista asesinado por ETA. De pronto, alguien cayó
en la cuenta de que allí mismo, en el café Frontón,
un terrorista mató al ex gobernador socialista Juan María
Jáuregui. A Estanis Amustxastegi se le vino a la cabeza aquella
frase que aún sigue vigente: "Ya te pillaremos...".
Las
cartas de Joseba
MAITE
PAGAZAURTUNDUA ha escrito esta semana: "Joseba no podrá
asistir al juicio porque efectivamente lo pillaron. Lo asesinó
un varón joven abertzale y totalitario ya hace cinco meses.
No podrá acompañarle su buen amigo José Luis
López de Lacalle porque fue asesinado por un comando de jóvenes
abertzales (...). No se nos oculta que el juicio de faltas esconde
algo nada leve, esto es: la estrategia de la violencia que busca
imponer la ley del terror, eliminar a unos y doblegar a otros para
allanar el camino de la mayoría".
Maite
Pagazaurtundua recoge en su carta, hecha pública a través
de varios periódicos vascos, una cuestión que a su
hermano Joseba le atormentaba todavía más que el acoso
etarra y que dejó por escrito: "En Euskadi somos muchos
y muchos los amenazados por ETA. Y somos muchos los abandonados
por el nacionalismo gobernante. Y somos muchos los que no vemos
actitudes democráticas en los autodenominados nacionalistas
democráticos. Para muestra puede bastar un botón:
se nos dice que el que no aguante la presión de ETA y su
entorno que se vaya de la política. ¿Quién
va a decir lo que es aguantar la presión terrorista? ¿EA
y sus amigos, catedráticos de la equidistancia (salvo honrosas
y admiradas excepciones)? Los partidos nacionalistas moderados no
desean estar en el punto de mira de ETA. ¿Qué nos
pueden reprochar a los que aguantamos las tarascadas de los terroristas?
Y además una reflexión para ustedes y los que piensan
como ustedes: Yo no pienso así porque me quieran matar. Me
quieren matar por pensar así y actuar en consecuencia, lo
cual no se podría decir de muchos nacionalistas".
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