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Sacudiéndonos el miedo

Puede que sea una realidad el viejo tópico que dice que la esperanza es lo último que se pierde. Ahora bien, a mí siempre me ha dado la sensación de que cuando alguien pronuncia esta frase, realmente confía poco en tus posibilidades de salir del agujero. Vamos, que tienes un futuro tan negro que tan sólo queda agarrarse a un golpe de suerte casi imposible para darle la vuelta a la situación. Y yo estoy firmemente convencida de que con perseverancia e insistencia se consigue todo. Creo que la esperanza se debe y se puede alcanzar a base de trabajo y convicción. No nos resignamos a vivir así, ni tampoco perdemos cualquier esperanza para alcanzar, de una vez por todas, que en esta tierra se pueda vivir dignamente, independientemente de lo que uno piense o diga.
Para ganar la esperanza de vivir algún día en libertad en nuestra tierra necesitamos ir dando pasos, aunque sean poco a poco, que sirvan para salir de esta noria de dolor y repugnancia que asola desde hace tanto tiempo a los vascos. Me refiero a que no podemos permanecer inertes ante esta rutina del dolor que se sucede cada vez que hay un atentado de ETA. Primero es la desolación, el dolor, la tragedia. Nos desplazamos al lugar del atentado y damos el pésame a la familia. Acude también el lehendakari y su gobierno, y esta vez sí, te dan ánimo, un par de palmaditas en la espalda, ponen cara de circunstancias y, compungidos, se van mientras la familia de la víctima se queda con todo ese dolor para el resto de sus vidas. Al día siguiente, el lehendakari convoca una manifestación conjunta, de una falsa unidad, y después, si te he visto no me acuerdo. Y a partir de ahí, una vez anestesiado el dolor y la conmoción social, vuelta a la coacción y al chantaje de otra futura víctima ante la pasividad repugnante de quienes nos gobiernan. Por eso decía que es necesario avanzar poco a poco. Joseba protestaba por esa actitud miserable y así lo ha puesto de manifiesto su familia al no permitir el acceso al velatorio a quienes comprenden de alguna forma que en esta tierra se asesine.
Los políticos, los ciudadanos, debemos ir sacudiéndonos el miedo, los complejos, y actuar con valentía para recuperar en esta tierra la dignidad. Por eso, ayer fue un momento ideal para dejar bien claro que tal y como está el país, no podemos acudir a una manifestación convocada por quien comparte un proyecto político con los asesinos de Joseba. No estamos dispuestos a secundar la convocatoria de Ibarrtexe hasta que no se comprometa prioritariamente en la lucha contra ETA y su entorno. El cambio de actitudes es urgente y necesario, y pienso que ayer, al acudir a la convocatoria del Lehendakari, los políticos perdimos otra oportunidad para recuperar espacios de libertad y dignidad. Combatiendo el miedo y la cobardía, esta sociedad irá poniendo fin a tanta indignidad.
No podemos reclamar libertad desde las instituciones si al mismo tiempo permitimos desde la responsabilidad de nuestro cargo que cuelguen pancartas en favor de asesinos desde esas propias instituciones democráticas. A los donostiarras nos da vergüenza que nuestro Alcalde permita que cuelgue de la casa de todos un cartel de estas características.
Trabajamos por una tierra en libertad y en ese empeño está nuestra esperanza. Y estoy firmemente convencida de que la Libertad no la vamos a recuperar ni con un proyecto nacionalista ni entregando los balcones del Ayuntamiento o la Plaza de la Constitución a los terroristas. La esperanza se mantiene en la perseverancia y nosotros trabajamos por ella siempre desde el Imperio de la Ley. Mientras tanto, mientras trabajamos con valentía para alcanzar la esperanza, denunciando a quienes violan la Ley, a quienes asesinan, a quienes lo permiten, diciendo y haciendo lo que pensamos, seguiremos recordando a Joseba, su memoria y la de tantos otros, que es la única arma de los inocentes.

María San Gil Noain
Portavoz del PP en el Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián