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El Correo, 8 de Febrero de 2004 Una simple medalla KEPA AULESTIA El voto negativo del PNV en el pleno que concedió la medalla de Andoain a Joseba Pagazaurtundua ha coincidido con el inicio de la campaña de sensibilización auspiciada por el Gobierno vasco en torno a las víctimas del terrorismo. En la presentación de la campaña en Madrid, el lehendakari Ibarretxe rechazó toda utilización partidaria de la memoria de quienes han sido objeto de la inquina terrorista. Al parecer su partido entendió que la concesión de una medalla institucional a un servidor público asesinado por ETA y cuyos méritos nadie ha cuestionado entraba dentro de ese supuesto rechazable. El episodio ha dejado una duda: si Josu Jon Imaz comparte realmente tal apreciación, o si, aun contrariado por la decisión de sus concejales, el presidente del EBB consideró más llevadero asumirla que intentar una gestión condenada al fracaso ante la junta municipal de la localidad en medio de la batalla que libra por la presidencia del Gipuzku buru batzar frente al andoaindarra Egibar. Es una incógnita que jamás se despejará. Pero lo cierto es que Imaz defendió la postura de la organización local de su partido avalando así la idea de que el reconocimiento compartido de las víctimas sólo puede realizarse mediante mínimos basados en la igualdad ante la muerte causada y, en el fondo, en el anonimato que las sumerja a todas ellas en un todo compacto. Es esa la manera en que la equidad se aproxima a la indiferencia. También cabe interpretarlo mediante esta conclusión: los únicos homenajes no partidistas a las víctimas serán aquellos que el PNV considere adecuados. Todos los demás serán tachados de partidistas. En el pleno de Andoain el portavoz jeltzale expuso razones que llevarían a los concejales del PNV a votar no, pero que lo mismo hubiesen servido para optar finalmente por la abstención e incluso por el sí. Sus duras palabras de crítica a la política de las formaciones constitucionalistas, con las que incluso llegó a enjuiciar severamente el intento de imposición de un «pensamiento único», nada tenían que ver con la propuesta sometida a votación. ¿O sí? Probablemente no fue el procedimiento ni la relevancia del reconocimiento institucional que socialistas y populares querían conceder al recuerdo del policía municipal lo que irritó a los jeltzales. Probablemente fue que Joseba Pagazaurtundua era de los otros. Ahí estribaba el partidismo: en que los otros quisieran conceder una medalla a uno de los suyos. El pleno de Andoain evidenció la ausencia de quienes tras su ilegalización no pudieron concurrir a las elecciones municipales y que hace un año, en ese mismo salón, se negaron a condenar el asesinato de Pagazaurtundua. El transcurso de la breve sesión y, en especial, el voto de los jeltzales inducían a pensar en algo inquietante: en si los ausentes -que rehusaron condenar el crimen- no habían conseguido alienar la voluntad de quienes se negaron a conceder a la víctima nada menos que una simple medalla.
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