¡Basta Ya! Imprimir documento
 

NUEVOS SÍMBOLOS. El cartel 'Bakea. ETA ez' da la bienvenida a quien se acerca al Ayuntamiento andoaindarra. / IGNACIO PÉREZ

 

El Correo, 8 de Febrero de 2004

El abismo de Andoain

El rechazo de PNV y EA a la medalla de 'Pagaza' evidencia la sima que separa a nacionalistas y no nacionalistas en el pueblo. Las viejas heridas no han cicatrizado
OLATZ BARRIUSO/ANDOAIN

José Antonio Pérez Gabarain está convencido de que el pasado jueves Andoain perdió una oportunidad de oro para cerrar el círculo de su peculiar transición democrática y convertirse definitivamente «en un espacio de libertad y convivencia». El alcalde socialista de la localidad guipuzcoana -que recuperó el bastón de mando tras las últimas elecciones municipales, las primeras sin Batasuna- cree que el pleno del Ayuntamiento que aprobó la concesión de la medalla del municipio a Joseba Pagazaurtundua pudo haber sido «el del cambio» y sin embargo, lamenta, la negativa de PNV y EA a apoyar la distinción al sargento de la Policía local asesinado por ETA hace hoy un año lo convirtió en «el de la vergüenza».

El polémico rechazo de los nacionalistas de Andoain al homenaje a 'Pagaza' propuesto por PSE y PP -ambos en el gobierno municipal- es el último episodio de una larga cadena de desencuentros que hunde sus raíces en la historia reciente del pueblo, azotado como ningún otro por ETA y la violencia callejera y elevado a la categoría de símbolo. «Triste símbolo de la vergüenza institucional», en palabras del concejal popular Juan Carlos Cano en un discurso del mes de julio, con ocasión de la fiesta que organizó Basta Ya para celebrar la ilegalización y consiguiente desaparición de Batasuna de la vida municipal. Símbolo de la resistencia contra el terror, reflejada en la larga trayectoria de la mayoría de los ediles no nacionalistas pese a los incontables ataques contra ellos y sus bienes. «Metáfora cruel» de las contradicciones del PNV, según la definición más reciente, la de Maite Pagazaurtundua.

Semejante bagaje pesa. Y más en una localidad que se observa con lupa desde fuera precisamente por su carga simbólica. Si Andoain fuese un reflejo exacto de la sociedad vasca podría dar lugar a una paradójica ecuación: al aflojarse la presión radical el abismo político entre nacionalistas y constitucionalistas se ensancha hasta extremos casi irreconciliables. O bien: cuanto más respirable es el aire en las calles de Andoain menos lo es en el salón de plenos. «El ambiente en el pueblo está menos crispado pero la crispación en los temas de gestión es total», resume Cano, que reconoce que las «relaciones personales» entre los corporativos del gobierno y los de la oposición están «muy deterioradas» y describe las comisiones municipales como una auténtica batalla campal en la que los ediles de PNV y EA llegan a protagonizar auténticos «ataques de ira». La clave está, para el representante popular, en que «no han sabido» asumir su papel opositor.

Los socialistas tienen sensaciones similares, exteriorizadas por casi todo el grupo, unido como una piña, tras el pleno del jueves. José Luis Vela, que saltó a los titulares cuando los terroristas le enviaron una carta con amenazas de muerte y una llave de su portal, ha notado -y sus escoltas se lo han corroborado- que en esta legislatura sus conciudadanos «ya no se cruzan tanto de acera» cuando le ven. Su compañero de grupo Fernando Narciso coincide en que el vecino medio de Andoain «ha vuelto a salir a la calle» y vive «un poco más libre y más tranquilo». El alcalde constata que el sector afín a Batasuna está «prácticamente desaparecido» y agradece poder debatir sin pensar en cuál será el próximo «jaleo» que organicen los radicales. Con el incendio de su casa aún reciente, Estanis Amutxastegi explica cómo los signos «ostentosos» de apoyo a ETA -pintadas, pancartas - son, si aparecen, inmediatamente eliminados del paisaje urbano. Todo esto demuestra, dice, que el PSOE «acertó» al apoyar la Ley de Partidos y erraron los nacionalistas que vaticinaron «casi una guerra civil».

Tranquilidad recuperada

La tranquilidad recuperada es fácilmente palpable para quien ha estado antes en Andoain: ahora, un gran cartel con la leyenda 'Bakea. ETA ez' da la bienvenida a quien se acerca al Ayuntamiento, junto a una ikurriña y, desde hoy, la escultura de Agustín Ibarrola en memoria de 'Pagaza'. La mente humana funciona a golpe de estímulos visuales y las imagenes de Andoain ya no dañan la retina de los demócratas, explica Cano, que teme, sin embargo, que pese a la aparente calma haya «una pseudoestructura» de ETA aún activa en el municipio, una percepción que comparte el portavoz del PNV, Mikel Arregi.

Pero, aunque la vida sea más llevadera, las viejas heridas siguen abiertas. Y supuran. Joseba Pagazaurtundua no llegó a ver a Batasuna fuera de la Corporación. Y «le habría encantado», afirman sus compañeros del PSE, que recuerdan que siempre decía que estaría dispuesto a entregar la Alcaldía al PNV con tal de que Batasuna no siguiera gobernando. Por eso no pueden olvidar que los nacionalistas se negaran, en dos ocasiones, a apoyar sus mociones de censura para desalojar a los radicales del Ejecutivo municipal y tampoco perdonan que el jueves «demostraran que no son ni compañeros ni amigos de Joseba, como siempre han dicho». «Ni conciudadanos», apostilla la edil Toñi Landa, silenciosa hasta ese momento.

Arregi también tiene su propia lista de agravios. Aunque reconoce que en Andoain «se vive mejor ahora» -a él le han quemado dos veces el coche-, reprocha al PSE y al PP que «no hayan propiciado un gobierno de concentración a pesar de que PNV-EA ganó las elecciones» y que no «contaran con nosotros» en la manifestación de repulsa al asesinato de 'Pagaza' ni en los actos en memoria de José Luis López de Lacalle. Dice estar «dolido» y «harto» de las dificultades de «hacer política de calle»; una actividad que, dice, «pasa factura». Por eso apuesta por «romper la incomunicación», aunque admite desconocer cuál es la fórmula para lograrlo. En todo caso, está seguro de que la división política no ha alcanzado a los vecinos de Andoain. «En la calle la gente me dice que nos dejemos de tonterías».