| El
Diario Vasco, 12 de febrero de 2004
MAITE PAGAZAURTUNDUA
| HERMANA DEL POLICÍA LOCAL ASESINADO EN ANDOAIN
«El
PNV debe ser capaz de ponerse en nuestra piel para poder cambiar»
Un año después
del asesinato de su hermano, Maite Pagazaurtundua refleja
en un libro sobre su familia la tragedia vasca y afirma que
«merece la pena luchar»
JAVIER GUILLENEA
Es
su cumpleaños y acaba de presentar el libro Los Pagaza.
Historia de una familia vasca, en el que, a través
de sus recuerdos familiares, rememora el largo camino de la
violencia en el País Vasco. Maite Pagazaurtundua, edil
del PSE-EE en Urnieta y hermana de Joseba, jefe de la policía
local de Andoain asesinado por ETA el 8 de febrero de 2003,
escribió el libro desde el dolor que le produjo aquella
muerte. Pese a todo, el texto no es pesimista. Revela una
enorme confianza en la sociedad vasca e insiste en la necesidad
de que el PNV «se regenere moral e ideológicamente»
porque «sería más fácil edificar
una Euskadi con todo lo que nos une».
-¿Quiénes
son los Pagaza?
-Una
familia vasca como tantas otras, que habría permanecido
en el anonimato si no hubiera sido porque el peso de un asesinato
nos hizo salir a la palestra.
-¿Hay
muchos Pagaza en Euskadi?
-Hay
muchas familias comprometidas en defender ideas, en ser vascos
a su manera, y que por eso tienen que pagar un precio muy
alto. Lo hacen en silencio y con un dolor sordo y costoso.
-En
su libro recupera la memoria de su infancia. ¿Tiene
un primer recuerdo que le sirva para explicar lo que ocurre
en Euskadi?
-El
de algunas cocinas que conocí cuando era niña.
Cocinas de gente católica y honrada donde sin embargo
hacían categorías de las gentes simplemente
por el lugar donde habían nacido. Y a aquellos que
no habían nacido en el País Vasco o no sabían
hablar euskera los llamaban churrianos o maketos. En esas
cocinas se tejió parte de la tragedia vasca y de lo
que nosotros hemos tenido que sufrir.
-Hay
un recuerdo que le falta. El recuerdo de la paz.
-Deseo
fervientemente poder construir ese recuerdo. Es una realidad
que hay que construir para que podamos tenerla en la memoria
y para que los hijos y los nietos puedan conocer una Euskadi
donde no haya gente que mate a otros porque no piensan como
los asesinos.
-Usted
admite en el libro que fue una «niña con conciencia
política nacionalista». ¿Cuándo
cambió?
-Son
recuerdos muy íntimos. Tienen que ver con un día
de clase en la ikastola Urumea. Nos habían hablado
del nacionalismo y del socialismo vascos en una clase de historia.
A los nacionalistas los pusieron muy bien y a los socialistas
fatal. Eso no me pareció justo porque yo tenía
un enorme respeto a la figura de mi abuelo, así que
fui a la cocina de casa y le pregunté a mi madre si
el aitona era malo. Ella me preguntó por qué
decía eso y yo le respondí que lo habían
dicho en clase. A partir de ahí empecé a despertar
a una forma diferente de ver las cosas y pronto me di cuenta
de que hay maneras de ver el mundo más amplias que
la del nacionalismo. Aunque no abandoné para nada el
amor a mi tierra, empecé a considerar que lo importante
son los seres humanos y que las cosas que nos dividen son
bastante pequeñas.
-¿El
voto en contra del PNV y EA a conceder a su hermano la Medalla
al Mérito de Andoain le ha hecho pensar en modificar
su libro?
-Lo
que pienso es que no me he equivocado al poner las cosas que
pongo. Aunque las personas que votaron aquello fueran tan
arrogantes y no vieron el fondo de lo que se planteaba, yo
les he tratado con mucha delicadeza en el libro y, pese a
que tal vez no se lo merezcan, no cambiaría nada.
-¿Qué
le pide al PNV?
-Que
sea capaz de ponerse alguna vez en nuestra piel. Estoy segura
de que si lo hicieran de verdad y la muerte de nuestros familiares
la vieran como la de uno de los suyos podrían empezar
a entendernos y a cambiar, y podrían reaccionar de
una manera distinta. Los sentiríamos no fríos,
como ahora los sentimos, sino cercanos. Sería entonces
muchísimo más fácil edificar una Euskadi
con todo lo que nos une.
-¿Sería
el comienzo de la regeneración que le reclama al PNV?
-La
regeneración moral estaría bien, pero también
hay un elemento ideológico que ellos tienen que regenerar.
No pueden dar por buenos argumentos como que estamos invadidos,
que nosotros somos enemigos de Euskal Herria o que somos de
fuera, porque si lo siguen haciendo están intoxicando
el ambiente social.
-¿Confía
en que Josu Jon Imaz lidere esta regeneración?
-No
tengo elementos de juicio para saberlo. Al día de hoy
no tengo motivos para pensarlo, pero espero equivocarme.
«No
caer en el error»
-¿Qué
quedará en la sociedad vasca después de ETA?
-Una
sociedad que tiene mucha fuerza, capaz de hacer muchas cosas
buenas, de pelear por un futuro de bienestar social. Ojalá
que lo que hemos sufrido nos sirva para aprender a no caer
nunca en el error del fanatismo.
-¿Y
qué quedará del fanatismo?
-A
los fanáticos habrá que reciclarlos. En eso
tienen que ayudar los nacionalistas, porque para ellos es
más fácil llegar a ese mundo ideológico.
-¿Caín
está ganando a Abel en el País Vasco?
-Destroza
familias, hay hermanos que matan a hermanos, pero Caín
está cada vez más débil. Cada vez puede
matar menos.
-Su
hermano asesinado, usted amenazada... ¿Ha merecido
la pena el viaje de los Pagaza?
-Siempre
merece la pena hablar y no callar. Uno se arrepiente por lo
que no ha dicho y, sin embargo, cuando dice aquello que cree
que es justo se siente mejor internamente. Vale la pena luchar
por las libertades. Siempre. Pero ojalá que no tengamos
que pelear durante mucho tiempo porque es muy cansado y muy
costoso.
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