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| El Diario Vasco, 6 de febrero de 2004 EDITORIAL Ocasión perdida La concesión póstuma de la medalla de Andoain a Joseba Pagazaurtundua fue una decisión de justicia ensombrecida por la oposición de los ediles de PNV y EA. Los argumentos ofrecidos por el portavoz jeltzale o las ex- plicaciones dadas por Josu Jon Imaz, arropando a sus concejales, no constituyen más que excusas que no palían la mezquindad de tal proceder. Es más, el portavoz del PNV coincidió en su elogio a la trayectoria profesional y humana de quien fue asesinado por ETA hace ahora un año, y es a eso a lo que ha de estar sujeta la concesión o no de la distinción. De ahí que resulte bochornoso y descorazonador que el nuevo presidente del EBB avale a sus concejales en Andoain acusando de «partidista» la iniciativa de PSE-EE y PP, cuando de la lectura del expediente instruido no cabe deducir otra intencionalidad que la de reivindicar la memoria de Pagazaurtundua como servidor público. Es legítimo que el PNV critique desde la oposición a quienes ostentan el gobierno municipal de Andoain -PSE-EE y PP-, pero no era eso lo que ayer se juzgaba, sino los méritos de una persona. Tal comportamiento revela una flagrante contradicción del propio Imaz cuando aboga por una «nación cívica» pero rechaza la concesión de una medalla cívica. Incurre en partidismo quien sitúa sus intereses como partido por encima de la consideración que merece la memoria de Pagazaurtundua y del valor pedagógico que un voto favorable a la propuesta habría tenido hacia las bases nacionalistas. Si el nacionalismo cree que la concesión de esa medalla es un ejercicio de partidismo es porque prefiere desprender a las víctimas del terrorismo de su nombre y apellidos, de las ideas por las que la barbarie quiso acabar con sus vidas. Es esa actitud la que desvirtúa el reconocimiento que las víctimas precisan en una sociedad que todavía no ha tomado conciencia de la deuda que tiene contraída hacia su memoria.
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