| EL
ECO DE IMANOL
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Era valiente, pero le pudo la tristeza y se fue sin querer decir
nada, sin quejarse de nada, en el más humilde de los silencios.
-Yo
ya sabía que acabaría yéndose al sur, a ese
sur donde nacen ríos de ese vino fino que él hizo
mestizo en vaso de sidra. |
A
quienes conocimos a Imanol, pero no fuimos de ese círculo
de amigos de la primera órbita, nos quedó una sensación
confusa tras su muerte. La gente no se muere así, de una
forma tan estúpida, sin meter ruido, sin patalear. Luego
te cuentan que se murió de pena y tristeza y se te parten
las tripas. ¿De pena…? ¿De tristeza…?
Pero si siempre estaba sonriendo. Si siempre estaba contento e ilusionado.
Sólo su música era triste e íntima, pero aquí
por estos nortes todas las músicas son tristes e íntimas.
Yo había hablado mucho con Imanol del sur, porque a mí
también me gusta el sur. A los dos nos ahogaba este norte,
porque este norte nuestro es oscuro, pesado y húmedo. Húmedo
de lágrimas de llorones. Nos han mentido intencionadamente
con eso de la fuerza, la sinceridad, la honradez de los vascos.
Por suerte los vientos de la última historia han disecado
todas esas monsergas. Aquí se miente, se traiciona, se arrincona,
se humilla, se odia y se da la espalda sin ningún pudor no
sólo a los distintos, como predicaba Sabino Arana, sino también
a los propios. A Imanol le tocó esa suerte y dentro de ese
pedazo de hombrachón, se cobijaba un ser mucho más
sensible y débil de lo que todos pensábamos.
Imanol era nómada, sus escasas pertenencias eran las de un
nómada y su casa en Gros era la casa de un nómada.
Le costaba muy poco hacer las maletas porque estaba acostumbrado
y en ellas sólo metía las cuatro cosas que conservaba.
Yo ya sabía que acabaría yéndose al sur. Ese
sur de donde brotan todos los colores, todas las alegrías
y todo el oxígeno. Ese sur donde nacen ríos de ese
vino fino que él hizo mestizo en vaso de sidra. Al sur de
la nueva vida, del nuevo Imanol que quizás acabarían
convirtiendo en Manué o Lolo. Pero ese sur se convirtió
en su exilio, en su olvido. Fue un nuevo Iparraguirre. Porque el
sur no es lo que parece, como tampoco lo es el norte y como tampoco
lo son todos los puntos cardinales del mundo. Porque el sur es también
tierra de vividores, de tahúres y de piratas. Imanol no era
nada de eso. Era valiente, pero le pudo la tristeza y se fue sin
querer decir nada, sin quejarse de nada, en el más humilde
de los silencios. Se dió cuenta de que había caido
en una trampa mortal.
Conocí a Imanol hacia el 88 y me he tomado algunos vinos
con él en el Durán de Gros. Teníamos una buena
relación y nos contábamos algunas cosas. "¡Hola
chavalote…!", me decía siempre. Bueno, creo que
ese era su saludo universal. No entiendo que sólo unos pocos
supieran que lo estaba pasando mal. No entiendo que sólo
unos pocos supieran que estuvo tres largos meses ingresado en un
hospital donostiarra en estado de extrema gravedad. Y que un amigo
se lo llevó de nuevo a Tombuctú, como él llamaba
a su escondite, en un estado penoso, porque ya no quería
estar en su tierra, pese a que sus amigos le animaban a volver.
Pese a que ETA le hubiera ya amnistiado, según dijo alguien.
No entiendo ese silencio suyo ni el de sus amigos que se niegan
a decir media palabra. ¡Adiós Imanol, le han dicho,
hasta el reencuentro! Y han cerrado sus bocas, para que nadie utilice
su recuerdo, ni manipule su mirada tierna. No quieren ni portadas,
ni crónicas rosas. Eso sí lo entiendo. No quieren
que nadie use su nombre en vano, ni para comprar ni para vender
nada. Eso también lo entiendo. Pero no entiendo que no se
quiera hablar de él. No entiendo que se quiera silenciar
hasta su eco. Quizás seamos todos algo culpables de su soledad.
Yo no quiero callarme. Y menos en verano, que hasta los helados
te dejan ese recuerdo de vainilla o chocolate. Imanol también
nos ha dejado su sabor de amistad.
Este trabajo quiere ser el eco de ese "¡hola chavalotes!"
que nos regalaría Imanol desde su sonrisa alta y amplia en
un reencuentro imposible ya, pero deseado. He recogido diversos
testimonios de la gente que le quiso. Sólo unos pocos, porque
aunque es un placer recorrer los diferentes tramos de su vida, la
amplitud de este trabajo es la que es. Testimonios de gente diversa
que convivió con él en la infancia, que compartió
los lápices y los graphos, las hambres y los aplausos, las
guitarras y las semicorcheas. Testimonios de gente que se apena
no haberle conocido mejor. Me hubiera gustado hablar con sus hermanas,
con Txema Garces, Karlos Jiménez y los músicos que
le han acompañado durante todo este tiempo, con Marian, su
compañera última, con sus colegas cantantes, con esa
cuadrilla del cincuenta cumpleaños que le pusieron otra esquela,
en fin. Ojalá esto no acabe aquí y podamos hablar
de Imanol con naturalidad, sin requiebros y sin complejos. Pero
me temo que aún es demasiado pronto . JOSEMARI |