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El
lendakari Juan José Ibarretxe y Juan María Atutxa,
presidente del Parlamento vasco, buscan subterfugios jurídicos
para tramitar el plan secesionista.EFE
Texto
íntegro del documento (publicado en ABC) >>
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ABC,
08 de septiembre de 2003
El
documento de estrategia del Plan Ibarretxe confirma que carece de
cobertura legal
ABC
Reconocen
que el «Estatuto político de libre asociación»
pasa por la «modificación de las bases mismas de la
convivencia»
MADRID.
En paralelo al texto articulado sobre el que el PNV planea sentar
las bases de su proyecto secesionista cincelado en forma de «comunidad
libre asociada de Euskadi», los asesores del lendakari, Juan
José Ibarretxe, le remitieron el pasado 30 de mayo un documento
en el que advierten de las dificultades técnico-jurídicas
-incluso de riesgo político- que entraña su aventura.
Este nuevo documento, que hoy descubre ABC, no viene sino a complementar
el texto articulado del «Plan Ibarretxe» que este periódico
desveló el 23 de julio, aunque a tenor de lo que se deduce
de él, sus autores desconocían que otro equipo de
asesores del lendakari estaba redactando a la vez, y al margen de
ellos, el borrador del «Estatuto político de la Comunidad
libre asociada de Euskadi».
El
nuevo texto se titula «Notas sobre el proceso de preparación
y presentación ante el Parlamento y sobre el procedimiento
de tramitación en el mismo del texto normativo mediante el
que se establezca el contenido jurídico del status de libre
asociación entre Euskadi y el Estado».
Golpe
de mano parlamentario
Y si
de un lado este documento rezuma serias advertencias sobre las dificultades
legales, políticas y sociales que entraña la formulación
del proyecto secesionista, de otro sus autores parecen esforzarse
en apuntar voluntariosas soluciones para sacar adelante en la Cámara
vasca las medidas que permitan el desarrollo de una propuesta que,
de facto, viene a superar los límites del Estatuto de autonomía.
Voluntariosas soluciones que, leídas entre líneas,
no dejan de suponer un golpe de mano parlamentario tendente a justificar,
con artificios aparentemente legales, la ilegalidad del proceso.
Se
trata, en definitiva, de una amalgama analítica de iniciativas
que posibiliten la tramitación parlamentaria del texto articulado
promovido por Ibarretxe, tratando de salvar los escollos que condicionan
las aspiraciones de los nacionalistas dado el juego de mayorías
y minorías primero en la Cámara vasca y, luego, en
las Cortes.
No
en vano, los asesores de Ibarretxe ya alertan en la introducción
de su informe de que «no son pocos los problemas jurídicos
y políticos que plantea la cuestión» ya que,
de un lado, el procedimiento para su tramitación depende
de la calificación final de la propuesta secesionista -es
decir, de su textualidad-, y de otro, depende de la composición
de la Mesa del Parlamento vasco y del Congreso de los Diputados,
órganos llamados a pronunciarse sobre el texto de Ibarretxe.
Como
primera providencia, los expertos sostienen que el «cauce
formal» para la introducción del «Estatuto político
de libre asociación» en el ordenamiento es una reforma
del Estatuto de autonomía que -según reparan- pasa
por la «modificación de las bases mismas de la convivencia».
Y para ello no deja de ser imprescindible «un proceso de formación
del consenso político y social sobre su necesidad y contenido»,
esto es, atraerse hacia sí el favor de la ciudadanía
para la causa secesionista. En esta necesidad de «formación
del consenso político y social» insisten los asesores
de Ibarretxe tanto como en el temor a las filtraciones que puedan
producirse a la Prensa.
Cómo
abrir un proceso que no existe
Una
vez que esa fase sea superada -si lo fuera- y el debate quede «orientado»,
los expertos apuntan el riesgo de que el «clima político»
no sea el adecuado para la «labor de creación de un
acuerdo básico». «Si la duda prende en algunos
sectores sociales -pronostican- y alcanza a un porcentaje estimable
de la ciudadanía, la propuesta difícilmente saldrá
adelante».
Quizá
de ahí pueda devenir la ralentización en los plazos
inicialmente previstos por Ibarretxe para la formulación
pública de su propuesta toda vez que, a los efectivos problemas
técnico-jurídicos advertidos por sus propios expertos,
se unen tanto el proceso de renovación interna en que se
sumergirá el PNV durante los próximos meses como el
malestar creado en sus socios de Eusko Alkartasuna e IU por quedar
marginados en la planificación de la «comunidad libre
asociada».
Pero
más allá de los apuntes socio-políticos, el
informe se afana por construir jurídicamente el andamiaje
que permita, al menos, debatir el proyecto secesionista en la Cámara
autonómica. ¿Dónde observan el principal problema?
Precisamente en que para reformar el Estatuto de autonomía
ni éste ni el Reglamento del Parlamento vasco regulan qué
proceso ha de seguirse, y bajo qué condiciones. De hecho,
no existe un procedimiento parlamentario que lo determine.
Por
ello -y ajenos a que otro grupo trabajaba en paralelo a ellos sin
su conocimiento- sugieren a Ibarretxe, en primer lugar, la creación
de un «comité de sabios» o, en su caso, de una
«convención» para elaborar un texto articulado
del proyecto secesionista. Después, entran en el fondo de
las «lagunas» jurídicas y de procedimiento analizando
dos opciones. La primera, «el cauce ordinario y normal»,
sería una reforma del Estatuto de la Cámara, algo
que no recomiendan y contemplan como «imposible» al
necesitar los nacionalistas una mayoría absoluta que ahora
mismo no tienen y en la que la oposición podría ejercer
una suerte de «derecho de veto».
La
segunda, por la que apuestan, sería recurrir al subterfugio
de una «resolución general de la Presidencia de la
Cámara» con la que «puentear» ese cauce
habitual. En este caso, sería suficiente el parecer favorable
de la Mesa de la Cámara y de la Junta de Portavoces y sólo
sería indispensable para que la resolución prosperara
el apoyo o abstención de uno de los tres grupos de la oposición,
el PP, el PSOE o Sozialista Abertzaleak, grupo éste cuya
disolución ordenada por el Tribunal Supremo se resisten a
obedecer los nacionalistas. Aún así, los expertos
advierten a Ibarretxe de que «la facilidad para sacar adelante
una resolución es por tanto relativa».
«Dura
prueba»
Finalmente,
y de salvar esta «dura prueba», los juristas advierten
de las dificultades que cada fase del procedimiento (ver en páginas
posteriores el texto íntegro del informe) presentan para
la calificación de la propuesta por la Mesa, el debate en
Comisión y en Pleno, así como su posterior, e hipotética,
tramitación en las Cortes Generales. Y tras admitir que es
una iniciativa que «materialmente afecta al texto constitucional»,
concluyen taxativamente que el Congreso podría paralizar
«desde el primer momento» la tramitación de la
propuesta sin necesidad de que el Pleno desautorice al Parlamento
vasco y antes de cualquier referéndum.
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