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Carod-Rovira
fue «elegido» en 1991 por Terra Lliure como interlocutor
para gestionar la disolución. Eran 20 «activistas»
con un muerto a sus espalda
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ABC,
1 de Febrero de 2004
El
primer viaje a Francia
POR
PABLO PLANAS y MARÍA JESÚS CAÑIZARES
Las
«gestiones» con ETA de Josep Lluís Carod-Rovira,
ex «conseller en cap» de la Generalitat de Cataluña,
han abierto una crisis sin precedentes en el Gobierno catalán.
El dirigente republicano, tras reconocer esos contactos y pedir
perdón, ha optado por reivindicar su papel como mediador
y presume de haber logrado la disolución de Terra Lliure,
en 1991, como antecedente. Una historia confusa.
La
verdad, pero con cuentagotas, a golpe de revelación periodística.
Cuando Carod-Rovira, a primera hora de la noche del domingo, supo
que ABC iba a desvelar su encuentro con ETA no dio cuenta de la
información a Maragall. Sólo un socialista, Higini
Clotas, vicepresidente primero del Parlamento catalán, tenía
algún indicio de que el lunes iba a estallar la primera gran
crisis del tripartito que gobierna en Cataluña desde hace
algo más de un mes. Al parecer, Ernest Benach, el presidente
republicano del Parlament, le sugirió al socialista que alguien
podría contar el lunes una reunión de Carod-Rovira
con el entorno de ETA. Otros dirigentes de ERC, como Joan Puigcercós
o Joan Ridao, tampoco sabían mucho más. Lo que suponían
y lo poco que les había querido contar Carod-Rovira esa misma
noche del domingo. El primer secretario de los socialistas catalanes,
Josep Montilla, se enteró también por ABC, como el
propio presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, quien habló
por primera vez con su todavía «conseller en cap»
cuando la noticia era pasto ya de tertulias radiofónicas
y pronunciamientos políticos. Lejos, muy lejos, quedaba el
juramento de lealtad al presidente de la Generalitat que habían
hecho todos los consellers, incluido Carod-Rovira, en su toma de
posesión, el pasado 22 de diciembre.
Trece
años antes, en 1991, Josep Lluís Carod-Rovira, fue
uno de los partícipes en las negociaciones que pusieron fin,
en parte, a Terra Lliure.
En
la primavera de 1991, los cabecillas de Terra Lliure Pere Bascompte
y Jordi Vera constatan que dirigen una «organización»
terrorista formada por algo más de veinte personas, que su
incidencia es, más que nula, patética, y que su capacidad
operativa ha quedado reducida a la mínima expresión.
En sus espaldas cargan con una víctima mortal, una mujer
sobre la que cae la pared de su casa tras la explosión de
una bomba, el 10 de septiembre de 1989, en Les Borges Blanques (Lleida).
Un mes antes, en la Diada del Onze de Setembre, habían herido
a un guardia civil en Banyoles. Y poco más, al margen de
acciones de «kale borroka» y el episodio del tiro en
la pierna al periodista Jiménez Losantos por firmar un manifiesto
en favor del castellano.
Resultaba
obvio que había poco que discutir, pero se intenta presentar
la operación como una negociación ardua y fundamental
para la paz en Cataluña. Por esas fechas, ETA comete la matanza
de Vic, con la participación en ese comando de Joan Carles
Monteagudo, que había sido uno de los miembros más
activos y mejor preparados de Terra Lliure, abatido por la Guardia
Civil dos días después. Las manifestaciones contra
el atentado de Vic ?cometido el 29 de mayo de 1991 y con un saldo
de diez muertos, la mayoría niños que jugaban en el
patio de la casa cuartel?, según la «reflexión»
de los líderes de Terra Lliure demostraba que la «lucha
armada» no contaba con el apoyo del pueblo supuestamente objeto
de la liberación.
Uno
de los inductores intelectuales de esa constatación es, precisamente,
Jaume Renyer, ex secretario municipal del Ayuntamiento de Reus y
actual miembro del Consejo Consultivo de la Generalitat a propuesta
de ERC, quien acompañó a Carod-Rovira en su reunión
con la cúpula de ETA. Por aquella época, Renyer era
un dirigente de «Catalunya Lliure», el brazo político
de todos los grupúsculos independentistas dedicados a la
«lucha armada» en Cataluña y es quien propicia
el contacto de Carod (a quien conoce en una agrupación castellera)
con la «cúpula» de los terroristas, los citados
Pere Bascompte y Jordi Vera. La primera reunión tiene lugar
el 27 de junio de 1991 en la casa que el primero tiene en Pesillà
de la Ribera, en Francia, territorio que los independentistas catalanes
denominan la «Catalunya Nord».
Pocos
días después, el 13 de julio, Terra Lliure da a conocer
el siguiente comunicado: «Terra Lliure, organización
militar que lucha por la independencia total de Cataluña,
se dirige por última vez al pueblo catalán para comunicar
los siguientes acuerdos: vista la buena marcha de las negociaciones
políticas establecidas entre los dirigentes independentistas
procedentes de Catalunya Lliure y de ERC, habiendo comprobado el
sentido de profunda responsabilidad política de ERC en el
proceso hacia la independencia y habiendo considerado la demanda
realizada por la dirección de ERC en la ronda de conversaciones,
la dirección ejecutiva de Terra Lliure ha acordado, con la
consulta y el acuerdo previos con cada uno/a de sus militantes y
colaboradores/as, reconsiderar la posición inicial de tregua
unilateral indefinida y aprobar la autodisolución de nuestra
organización», etcétera, etcétera.
El
viernes, en su comparecencia en el Parlamento catalán, el
propio Carod-Rovira justificó su contacto con ETA en base
a la historia de la desactivación de Terra Lliure. Su versión
de los hechos es la siguiente: «Fui yo quien habló
con esta organización armada catalana por primera vez, con
el objetivo de conseguir que no continuase su actividad violenta.
Y hablé también una segunda vez. Y hechas ya esas
exploraciones, tomada la temperatura a Terra Lliure, fue cuando
entré en contacto con el Gobierno. A partir de aquel momento,
los interlocutores tuvieron enlace directo con el Delegado del Gobierno
en Cataluña (en aquella época el socialista Martí
i Jusmet).
El
punto de encuentro de las reuniones fue el domicilio particular
de un político catalán de la resistencia antifranquista,
desafortunadamente ya desaparecido (alude a Joan Reventós,
el presidente honorífico del PSC y uno de los contrincantes
políticos históricos de Jordi Pujol). Y durante la
negociación, en ningún momento, el Gobierno ordenó
que hubiera ninguna interferencia policial. Y el Ministerio del
Interior confirmó públicamente los contactos. Y el
Ministerio de Justicia autorizó a los interlocutores la visita
de todas las prisiones en las que había internos de Terra
Lliure(...), con respeto a nuestra privacidad (...) Gracias a aquellas
gestiones, Terra Lliure forma parte del pasado y su violencia ya
no parte del paisaje. ¿Hice mal en aquel momento propiciando
el diálogo y planteando la vía política y pacífica
como única forma de resolver nuestros problemas?».
Lo
cierto es que algunos «activistas» de aquella banda
se negaron a aceptar las condiciones del Gobierno porque implicaban,
según ellos, la delación. Y Terra Lliure aún
tuvo un último espasmo, cortado en seco por el juez de la
Audiencia Nacional Baltasar Garzón poco antes de los Juegos.
Una veintena de personas fueron detenidas, juzgadas y encarceladas
?aunque absueltas el cargo de pertenencia a banda armada? en los
días previos a la celebración de los Juegos de Barcelona
y según relatan algunos de ellos, fue la entonces diputada
de CiU Rosa Bruguera quien medió con el Gobierno del PSOE
para lograr el indulto de todos.
Es
más, en el ambiente independentista se atribuye más
peso al ex líder de ERC Angel Colom, posteriormente expulsado
del partido, y a Bruguera en las gestiones de aquellos años
para resolver el asunto planteado por los partidarios de aquella
«lucha armada». Y por último, muchos independentistas
fijan el fin de Terra Lliure en el comunicado que emitió
una facción de la banda el Onze de Setembre de 1995. A partir
de ese instante, fueron muchos los miembros de Terra Lliure que
decidieron afiliarse a ERC.
En
contra de la versión extendida por Carod esa fecha fue la
que marcó el final de aquella historia y es así como
lo explican algunos militantes de ERC que han contemplado la crisis
abierta en el tripartito catalán como una demostración
del envanecimiento y divismo de Carod-Rovira, quien ha perseguido
con una notable obstinación la reunión con ETA, a
la que acudió, según propia confesión, con
el convencimiento de que sería el encargado de anunciar una
nueva tregua indefinida.
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