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El Correo, 2 de mayo de 2003

Más de 500 curas vascos envían una carta al Papa en la que defienden la autodeterminación

Un total de 530 sacerdotes de las diócesis de Bilbao, Vitoria, Pamplona, Tudela, San Sebastián y Bayona han remitido una carta al Papa en la que defienden el derecho de autodeterminación y la independencia. En su misiva, los curas afirman que «los problemas políticos de Euskal Herria y de la violencia» radican en «la falta de reconocimiento de los derechos colectivos del pueblo vasco». En su opinión, la solución pasa por «el diálogo, la negociación y el respeto y la expresión libre de todas las opciones, sin amenazas».

En el escrito, enviado a Juan Pablo II la semana de Pascua, los curas agregan que «en el origen de las violencias terroristas actuales están la rebelión militar, la guerra fraticida, bendecidas como Cruzadas por la Iglesia, y la dictadura franquista». Los sacerdotes vascos afirman que «sería visto con agrado que invitase a la Iglesia española a pedir perdón por su complicidad histórica en el enfrentamiento civil y el posterior régimen represor de derechos humanos». También solicitan al Vaticano una única provincia eclesiástica para el País Vasco y Navarra, que tenga en Pamplona su Arzobispado. Así, aseguran, «se secundaría el parecer y deseo expresado hace unos años por el pueblo cristiano y por la mayoría de los obispos vascos».

«Óptica nacionalista»

Asimismo, recuerdan en su carta la última instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal, en la que se aseguraba que «no es moral cualquier modo de propugnar la independencia», y lamentan que en el mensaje de los obispos «no se mencionara el exacerbado nacionalismo español y la represión de la lengua y la cultura vascas, tan vigentes hoy en día».

En respuesta a esta carta, el PP y el PSE acusaron ayer a los sacerdotes firmantes de «manipular la realidad» desde una óptica nacionalista. «Nos encontramos una vez más ante la clerigalla batasuna, para quien la Iglesia vasca está antes que la Iglesia de Cristo», aseguró el popular Leopoldo Barreda. Desde el PSE, Javier Rojo afirmó que se trata de «una carta de curas nacionalistas desde el dictado de Setién» y la contrapuso con el compromiso de los sacerdotes vascos que van en las listas del PP y PSE.


Texto íntegro de la carta:

Santo Padre :

Su próxima visita al Estado español nos mueve a dirigirle esta carta firmada por sacerdotes de la Iglesia en Euskal Herria ­de la que forman parte las diócesis de Baiona, Bilbao, Pamplona/Tudela, San Sebastián y Vitoria­ donde colaboramos desde nuestro ministerio pastoral para hacer presente el reino de Dios de justicia, de amor y de paz en medio de los conflictos que como Pueblo vivimos.

Atendiendo su deseo de escuchar y relacionarse con los Pueblos donde vive la Iglesia que Ud. preside en la caridad, deseamos presentarle nuestras inquietudes vividas como sacerdotes en Euskal Herria. Más aun teniendo en cuenta que desde diferentes instancias políticas y también eclesiásticas le llegarán informes e interpretaciones, en ocasiones sesgados, sobre la realidad de nuestra situación que contribuyen a crear confusión moral. Como representante principal de una Iglesia que quiere estar cerca de los pobres y de cuantos sufren, confiamos en su comprensión pastoral.

Nuestro Pueblo siente y sabe que la raíz más profunda de sus problemas políticos y de las graves y dolorosas expresiones violentas está en un conflicto producido por la falta de reconocimiento de nuestros derechos colectivos. Como Ud. mismo afirmó con motivo de la Jornada Mundial de la paz en 1999, « .. una de las formas más dramáticas de discriminación consiste en negar a grupos étnicos y minorías nacionales el derecho fundamental a existir como tales. Esto ocurre cuando se intenta su supresión o deportación, o también cuando se pretende debilitar su identidad étnica hasta hacerlos irreconocibles. ¿Se puede permanecer en silencio ante crímenes tan graves contra la humanidad? Ningún esfuerzo ha de ser considerado excesivo cuando se trata de poner término a semejantes aberraciones, indignas de la persona humana».

Creemos sin embargo que esta situación puede resolverse humana y evangélicamente ­como nuestros Obispos lo han pedido en numerosas ocasiones­ por caminos de diálogo y negociación, de respeto y de expresión libre de todas las opciones sin ningún tipo de amenazas y, sobre todo, por el ejercicio de la decisión libre de este Pueblo sin imposiciones ni recortes antidemocráticos. Como advirtió su predecesor Pablo VI, dirigiéndose a los Cardenales en la Navidad de 1974,... hasta que los derechos de todos los Pueblos, entre los que se encuentran el de autoderminación y el de independencia, no sean debidamente reconocidos y honrados, no podrá haber paz verdadera y duradera. Desde nuestra experiencia pastoral pensamos que en el derecho a la existencia de nuestro Pueblo en formas políticas democráticamente expresadas reside un paso necesario y decisivo hacia la reconciliación y la paz.

Nos dolió profundamente ­y así lo manifestamos en dos escritos un numeroso grupo de sacerdotes­ que la última Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal Española, con significativos votos en contra, calificase como nacionalismo totalitario que quiere imponerse con terrorismo e ideología absolutista, las reivindicaciones de una mayoría vasca que, sintiéndose un Pueblo, reclama sus derechos humanos individuales colectivos. Nosotros, Santo Padre, reprobamos toda clase de terrorismo, y, de manera especial, el ejercido desde el poder y dirigido por los Estados. En honor a la memoria histórica debemos manifestarle que en el origen de las violencias terroristas actuales entre nosotros están la rebelión militar, la guerra fratricida, bendecidas como Cruzada por la Iglesia, y la dictadura franquista.

Lamentamos que la citada Instrucción no mencionara ni descalificara éticamente el exacerbado nacionalismo español y la represión de la lengua y cultura vascas, tan vigentes hoy en día. La tradición secular, la conciencia actual y la praxis ética de nuestro Pueblo desea y busca la paz en la convivencia de una sociedad plural y en el respeto íntegro del derecho a la libertad de todas las personas y Pueblos. Ud. mismo, Santo Padre, que experimentó como ciudadano y pastor las graves y dolorosas dificultades que durante años impidieron a su patria, Polonia, ser libre y dueña de su destino, sabrá comprender nuestra sensibilidad, deseos y aspiraciones.

Nuestra responsabilidad pastoral y amor a Euskal Herria y a los demás Pueblos de la tierra, nos llevan a solidarizamos con tantas personas de ideologías diversas que sufren y son víctimas de un conflicto político, intencionadamente mantenido, que puede resolverse por las vías democráticas de respeto a todos los derechos humanos, tal como Ud. ha subrayado y pedido en repetidas ocasiones.

Somos conscientes de las dificultades que implican tal reconocimiento y ejercicio democrático, dada la complejidad de la situación que vivimos, agravada a lo largo de estos años por las violaciones de derechos humanos fundamentales con muertes, torturas, atentados, represiones, amenazas y recortes de las libertades democráticas, incluida la penosa situación de las presas y presos, alejados de su tierra. Como afirmaba el cardenal Roger Etchegaray en declaraciones durante una visita a su tierra vasca natal, «el Pueblo vasco ya ha sufrido bastante, el diálogo debe sustituir a la violencia y los políticos deben mostrar lucidez y coraje». Esperamos, Santo Padre, que en su viaje al Estado español promueva esa voluntad política para superar todas estas situaciones de sufrimiento.

Nuestro servicio pastoral dentro de la Iglesia en Euskal Herria está hoy íntimamente unido y comprometido en la construcción de la paz, como insisten continuamente nuestros Obispos y es el empeño cristiano general. Sabemos que no es fácil acertar con los medios adecuados para llegar a esa paz basada en la justicia, teniendo en cuenta los graves enfrentamientos que nos separan. Por eso esperamos, Santo Padre, que su presencia en el Estado español y su visita a las comunidades cristianas sean un signo e impulso de reconciliación.

Compartimos su profunda sensibilidad por todas las personas y Pueblos que han sufrido y sufren las consecuencias de diversas violencias y terrorismos, expresión en última instancia de la ausencia de diálogo.

Nos unimos a sus reiteradas llamadas ­por desgracia no escuchadas con frecuencia­ para evitar todas las guerras y violencias. Apoyamos su trabajo incansable por la paz y por conseguir relaciones fraternales y reconciliadas entre todos los Pueblos, en especial con los más pobres y marginados. Admiramos su testimonio evangélico de pedir perdón por las graves injusticias en las que la Iglesia ha sido culpable y sería visto con agrado que invitase a la Iglesia española a una petición de perdón por su complicidad histórica en el enfrentamiento civil y en el posterior régimen represor de derechos humanos.

Le expresamos estas preocupaciones, sentimientos y deseos desde nuestra responsabilidad evangelizadora. Lo hacemos en comunión dentro de nuestra Iglesia en Euskal Herria y solidarios con los demás Pueblos de la tierra. Desde aquí queremos recordarle una vez más que estamos y nos sentimos divididos eclesiásticamente. Pensamos que la unión pastoral de nuestras iglesias locales en una única Provincia Eclesiástica Vasca, con Iruñea/Pamplona como arzobispado, secundando el parecer y deseos expresados desde hace años por el pueblo cristiano y la mayoría de los obispos vascos, sería un importante signo eclesial de reconciliación y de servicio pastoral a este Pueblo. Confiamos y deseamos que su visita sea un signo evangélico de buena noticia a los pobres, de libertad de los cautivos, de fraternidad y de acercamiento a los que más sufren y de paz justa para todos los Pueblos en el reconocimiento de todos los derechos propios de la dignidad humana y de su condición de hijas e hijos de Dios. Desde la comunión eclesial en Cristo le saludamos con respeto y fraternidad.