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El Correo, 2 de Septiembre de 2004 El despegue de la inversión amortigua la desaceleración de la economía El mal comportamiento del sector exterior limita el crecimiento al 2,6% en el segundo trimestre y amenaza el objetivo del Gobierno M. J. ALEGRE/COLPISA. MADRID La economía española pierde gas. Su crecimiento se frenó en el segundo trimestre hasta el 2,6% por la negativa evolución del sector exterior. El notable tirón de la inversión no fue suficiente para compensar el debilitamiento de las exportaciones y el alza de las importaciones. El aumento del Producto Interior Bruto (PIB) es una décima inferior al registrado entre enero y marzo -el Instituto Nacional de Estadística acaba de rebajar 0,1 puntos su estimación para ese periodo al situarla en el 2,7%- y se aleja del objetivo del Gobierno para este año: el 2,8%. Es más: comparado con el trimestre anterior, el avance es el más modesto desde finales de 2002. Pese a ello, el Ejecutivo confía en cumplir sus previsiones para este ejercicio, que ya redujo desde el 3% inicial, si se recuperan las grandes potencias de la zona euro, que constituyen el principal mercado de las exportaciones españolas. La desaceleración del PIB no impidió que el secretario de Estado de Economía, David Vegara, juzgara satisfactorio el comportamiento de la actividad. Sobre todo, el repunte de la inversión, que consideró una «excelente noticia» porque, a su juicio, es un indicio del deseado cambio hacia un más sano 'patrón' de crecimiento, menos dependiente del gasto familiar y de la construcción; dos factores muy sensibles a un eventual encarecimiento del precio del dinero. La destinada a bienes de equipo, que llevaba años de atonía y seis meses en 'números rojos', se incrementó el 4%, mientras la dedicada a construcción mantuvo el pulso con una mejora anual del 4,2%. Fuerte consumo La demanda interna aportó nada menos que 3,9 puntos al crecimiento, mientras la externa ya le resta punto y medio. El consumo se mantiene como uno de los pilares básicos de la actividad. El de los hogares se incrementó a un ritmo del 3,2%, una décima menos que hasta marzo, pero una de las tasas más altas registradas en el último año. Detrás de la confianza que favorece ese arreón se encuentran el mantenimiento de los ingresos familiares y el alza del patrimonio doméstico por la revalorización de los inmuebles. También contribuye el buen comportamiento del empleo, aunque la ocupación frenó levemente su nivel de crecimiento hasta el 2%, lo que se traduce en la generación de unos 323.000 puestos de trabajo anuales a tiempo completo. Mientras tanto, el gasto de las administraciones conserva una expansión del 4,3%. El fuerte despegue de la inversión -un 3,9%, el nivel más alto desde finales de 2002- conviene relativizarlo, ya que la comparación parte de datos muy modestos por el desplome sufrido en el segundo trimestre del pasado ejercicio. Su favorable impacto en el PIB amortiguó el mal comportamiento del mercado exterior: las exportaciones se frenaron entre abril y junio -avanzaron a una tasa del 4,7% anual, frente al 5,5% del primer trimestre-, mientras las importaciones subieron un 8,1%, tres décimas más que en la apertura del ejercicio. El comportamiento de las ramas de actividad fue desigual. La caída de la agricultura y la pesca contrasta con la trayectoria ascendente de la industria y la fortaleza de la construcción, aunque tiende a desacelerarse. Por otra
parte, el Instituto Nacional de Estadística anunció ayer
que ofrecerá, a partir de noviembre, un avance del comportamiento
del PIB, como ya hace con la inflación armonizada. |