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El Diario Vasco, 20 de marzo de 2004 El
juez imputa a los tres marroquíes detenidos el sábado en
Lavapiés los atentados del 11-M Considera
que son miembros de Al-Qaida y los envía a la prisión madrileña
de Soto del Real. Los dos indios arrestados son también encarcelados
como colaboradores con la célula terrorista MELCHOR SÁIZ-PARDO/COLPISA. MADRID Los primeros detenidos por la masacre del 11-M ingresaron a primera hora de la mañana de ayer en la cárcel madrileña de Soto del Real. El juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo, que tomó declaración durante toda la madrugada a los cinco extranjeros arrestados el pasado sábado en la capital madrileña, decretó prisión incondicional e incomunicada para todos ellos, que negaron cualquier relación con los atentados de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia. El instructor acusó a los tres marroquíes detenidos en el madrileño barrio de Lavapiés -Jamal Zougam, su hermanastro Mohamed Chaoui y su empleado Mohamed Bakali- de ser los autores de los 190 asesinatos que por ahora constan en la causa y de 1.400 homicidios frustrados correspondientes al número de heridos. Además, el magistrado imputó a los magrebíes sendos delitos de pertenencia a banda terrorista Al-Qaida, cuatro delitos de estragos -tantos como trenes explosionaron- y la sustracción de la furgoneta hallada en Alcalá de Henares. Mientras, Vinay Kohly y Suresh Kumar, los dos indios que supuestamente colaboraron en la modificación de los móviles robados que fueron utilizados a modo de temporizadores en las trece mochilas-bomba, fueron acusados por el juez de un delito de colaboración terrorista y de falsificación en documento mercantil en concurso con defraudación, por la manipulación de las tarjetas de prepago de los teléfonos y la alteración de los certificados de éstas. Los interrogatorios de los sospechosos, que se iniciaron a las 21.15 horas del jueves, se extendieron durante más de siete horas, hasta las 4.00 horas de ayer. En todo momento -según explicaron fuentes judiciales- los cinco arrestados negaron cualquier relación con las bombas que sacudieron Madrid la pasada semana. Todos ellos sostuvieron, tal y como habían hecho durante los cinco días de interrogatorios en sede policial, que a las 7.39 horas de la mañana del 11 de marzo -hora de los atentados- se encontraban durmiendo en sus respectivos domicilios de la capital madrileña. El juez del Olmo reservó el último de los interrogatorios para Jamal Zougam, el principal sospechoso y supuesto autor material de los ataques. Sin levantar la vista del suelo, el tangerino respondió durante horas las preguntas del magistrado, para terminar llorando ante el juez, el fiscal y su abogado de oficio. Sin contactos Zougam admitió conocer al hispano sirio Imad Edim Barakat Yarkas, Abu Dahdah, el jefe de la célula española de Al-Qaida, detenido en noviembre de 2001 en la denominada operación Dátil. No obstante, el marroquí aseguró haber perdido el contacto con el cabecilla de Al-Qaida cuando éste entró en prisión. El jueves, el propio Abu Dahdah admitió ante el juez Baltasar Garzón que acudía con frecuencia antes de su captura a la verdulería y al locutorio que Zougam tenía en Lavapiés. Nada ha trascendido del interrogatorio judicial de Jamal Zougam sobre sus contactos con otros destacados terroristas islámicos descubiertos por la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) de la Policía. En particular, la relación del principal sospechoso del 11-M con el líder de los activistas de Ansar el Islam, el mulá Krekar, y con uno de los cerebros de los atentados de Casablanca del pasado mayo, Abu Mughen, paisano y amigo de Zougam. Tras su declaración negando cualquier relación con los atentados de Madrid y eludiendo las preguntas comprometidas sobre el teléfono móvil encontrado en una de las mochilas bombas y que supuestamente él mismo manipuló, Jamal Zougam fue llevado de nuevo a los calabozos de la Audiencia Nacional. Allí permaneció rezando durante gran parte de la noche y toda la mañana hasta que fue conducido a Soto del Real. Confirma la coartada El hermanastro y empleado de Zougam en el locutorio de Lavapiés, Mohamed Chaoui, más extrovertido que Jamal, quiso en todo momento exculpar a su familiar. Aseguró que el día de la masacre se levantó a las 9.45 horas y que junto a él, en la cama de al lado, Zougam dormía plácidamente. Chaoui quiso también dejar claro ante el juez Del Olmo que las relaciones entre ambos no eran buenas ni demasiado estrechas debido a «diferencias» entre los dos a causa de la extrema «religiosidad» de Zougam. El tetuanés Bakali, también trabajador en el locutorio de Zougam, fue el más vehemente a la hora de desvincularse de los atentados. Llegó a defender a gritos su inocencia y afirmó que el 11-M se levantó de la cama a las 10.55 horas, tres horas más tarde de las explosiones en los trenes. Dijo que fue un compañero de piso el que le despertó y le informó de los atentados.
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