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San Sebastián-Donostia 5 de junio de 2002

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco "Covite", ruega que este texto sea publicado íntegramente en sus páginas de opinión.

ORA PRO NOBIS

Mientras miles de ciudadanos vascos están siendo extorsionados, amenazados, intimidados o insultados cotidianamente por ETA y sus cómplices, y otros miles más lloran y recuerdan con la mayor dignidad a sus muertos, asesinados, los obispos vascos hacen pública una Pastoral, "Preparar la Paz", de la que no es descabellado pensar que esté principalmente motivada por la reforma de la Ley de Partidos y la controversia que ha generado, especialmente en el ámbito vasco. Animados por nuestras convicciones, y a pesar de pertenecer a esa minoría social, según nuestro Lehendakari, crítica respecto al nacionalismo dirigente, resistente y acosada por los asesinos y sus colaboradores, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco quiere opinar en profundidad sobre la Pastoral de los obispos vascos, de los cuales no esperábamos unas palabras tan ofensivas para nuestra realidad y para nuestras legítimas reivindicaciones. Nos gustaría explicar nuestra indignación ante este nuevo ataque a nuestra sensibilidad como ciudadanos vascos directamente afectados por el terrorismo, dado que una de las razones de nuestra constitución fue la acción y la inacción de la iglesia vasca, especialmente su jerarquía, y que entre nosotros existen muchas víctimas creyentes que una vez más se han sentido abandonadas.

El primer punto habla de la incomunicación y el desacuerdo entre los partidos políticos y el diálogo como mágico instrumento de resolución de los problemas y la consecución de la "paz verdadera". Resulta chocante que el primer punto a destacar sea la crítica indiferenciada a todos los partidos políticos como si todos tuvieran igual responsabilidad en lo que los obispos llaman consecución de la paz y nosotros preferimos denominar resolución del terrorismo. Nuestro sistema de libertades políticas se basa en el pacto, en el acuerdo y en diálogo democrático, ¿qué son los parlamentos sino la escenificación de la búsqueda de puntos de encuentro y de intercambio de opiniones y propuestas? El problema principal no es que unos no dialoguen, sino que otros matan, extorsionan, hieren, insultan y amenazan, desvirtuando, estos sí, el profundo valor del diálogo como ausencia del enfrentamiento agresivo y violento.

Según los obispos, la paz es incompatible con el terrorismo. Les agradecemos sinceramente su crítica a ETA y a lo que denominan su "constelación de violencia", ¡qué literarios y poéticos estaban nuestros obispos!, incluso hay una pequeña esperanza cuando en el último párrafo dicen textualmente "la valoración moral del terrorismo de ETA, ha de ser gravemente negativa. Dicha valoración afecta en la debida proporción a todas aquellas personas o grupos que colaboran con las acciones terroristas, las encubren o las defienden".

Su postura ante la situación de los concejales amenazados "un desafío a la vida, a la libertad y al sistema democrático" comedidamente aceptable, aunque no entendemos cómo a estas alturas de la historia del terrorismo, después de tantos asesinatos contra cargos públicos amenazados y la indefensión en la que se encuentran tantos otros ciudadanos representantes de opciones democráticas constitucionalistas, quepan las consideraciones interpelativas como "todos tenemos que preguntarnos si somos suficientemente sensibles al drama que ellos y sus familias padecen". La realidad de victimación de estos ciudadanos y la imprescindible cuota de democracia asediada que representan es una obviedad y un drama que sólo admite compromiso activo y solidario, firme y sin ambigüedades ante el que hay que ser crítico por no haberse propiciado hace tiempo y que reclama propuestas, actos y actividades encaminadas a reconocer y acompañar el sufrimiento de tantos ciudadanos. Hasta este punto y sólo hasta este punto llega la mención de nuestros obispos a la realidad de las víctimas del terrorismo. No se nombra los casi mil asesinados por el terrorismo, las 810 víctimas de ETA, la situación de abandono histórico que han padecido, ni una sola defensa de nuestras reivindicaciones legítimas y que son, nunca nos cansaremos de repetir: memoria, verdad y justicia, ni una mención al trabajo ni esfuerzo de Covite ni de otras asociaciones y fundaciones de víctimas. En vez de esto nos vuelven a regalar ausencia y olvido, como así quedó plasmado en la negativa de nuestros obispos a asistir a la reciente entrega del I Premio internacional a la actuación a favor del recuerdo y apoyo a las víctimas del terrorismo, a los Cuerpos de desactivación de explosivos, Tedax, que se convirtió en un entrañable homenaje a los funcionarios policiales, especialmente, a los más de 500 asesinados por ETA.

Pero sigamos. A partir de este punto el texto cobra toda su crudeza contra los intereses de los miles de amenazados y afectados por ETA, y, desde nuestro punto de vista, abandona a las víctimas para supeditar la hipotética paz de los prelados a la consecución de objetivos políticos en lo que califican "una realidad que viene de lejos". Reivindican una fórmula de convivencia futura que no puede imponerse "por la fuerza ciega o por el puro imperio de la ley". Las víctimas, que nos sentimos amparadas por el Estado de Derecho, que hemos delegado nuestra protección y defensa en las instituciones democráticas, y que, afortunadamente, contamos con una Constitución y un Estatuto de Autonomía que velan por nuestros derechos y libertades, nos sentimos ofendidas por la frivolidad e irresponsabilidad que supone comparar lo que los obispos denominan "imperio de la ley" con la "fuerza ciega", es decir democracia contra barbarie, Estado de Derecho contra terrorismo totalitario. ¿Qué "proyecto integrador" puede existir entre quienes justifican y practican el tiro en la nuca y las leyes democráticas? Ante la conculcación sistemática y masiva de los derechos humanos más básicos no cabe la retórica, las abstracciones, las comparaciones frívolas. Si los obispos pueden vivir, predicar, escribir pastorales y , en parte, ser sostenidos económicamente por el Estado, es porque existió el diálogo, el pacto y el acuerdo político, todo lo contrario a la fuerza bruta, la imposición, la intolerancia y la limpieza ideológica que ETA practica. La Pastoral apoya de forma laxa "las fórmulas políticas que el pueblo ha aprobado", pero no se nombran en ningún momento nuestras normas de convivencia fundamentales, pero sí se hace referencia a "el valor y la relatividad de las diferentes fórmulas políticas", también las de Batasuna, se supone, pero ¿y las de ETA?

La propuesta de paz de los obispos gira ya inexorablemente en las claves del debate nacionalista respecto a la identidad y sus vericuetos de resolución dónde se recrimina la equiparación entre nacionalismo y terrorismo. Echamos en falta la reprobación de los innumerables insultos, amenazas y humillaciones que sufren los ciudadanos constitucionalistas en su condición de tales, ciudadanos vascos que son intimidados en plenos y tildados de "fascistas", "españolistas", etc. por los totalitarios, víctimas vejadas en tantas otras ocasiones cuando, por ejemplo, se rinde homenaje público a los asesinos. ¿No les produce preocupación expresa a nuestros obispos la campaña de acoso y aniquilamiento que sufren los concejales, intelectuales, profesores, periodistas, etc. en tantos y tantos municipios de Euskadi? Esta sí nos parece una verdadera situación dramática y fácilmente constatable. Como recordábamos recientemente, Covite apoya la Ley de Partidos porque las víctimas del terrorismo se deben sentir amparadas en el Estado de Derecho y defendidas de sus agresores por las instituciones democráticas, porque esperamos que se impida legalmente la perversión de que las víctimas sean humilladas incluso con dinero público y porque recrimina e imposibilita que, desde la aparente normalidad democrática, un partido político, practique la connivencia, la apología, la defensa, la justificación y el apoyo a una organización terrorista facilitando su actividad y capacidad de control social mafioso. Ante esta lacerante situación no criticada por los obispos, su aportación constructiva a esta Ley es la de las supuestas "consecuencias sombrías" ¿y las causas que la motivan?, ¿no merecen un análisis? ¿no les mueve a la preocupación?, ¿qué lógica tiene que los obispos critiquen la Ley de partidos y no apoyen el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo? Es estremecedora la afirmación "sean cuales fuesen las relaciones existentes entre Batasuna y ETA". ¿Es igual cuales sean? ¿No hay que investigarlas e incluso felicitarse por su esclarecimiento? ¿No les produce preocupación que ETA pueda estar actuando a través de Batasuna?

Para los obispos vascos optar por la paz es: apoyar a los movimientos sociales que abren caminos ¿a qué ya saben ustedes a qué organización?; mejorar la situación de los presos (los de ETA) en un gesto de humanidad; educar para la paz; y orar mientras intentamos mantener la esperanza. Para Covite conseguir la libertad es apoyar a las víctimas del terrorismo día a día, desde el púlpito, la escuela, el puesto de trabajo y también en sus actos y sus justas reivindicaciones, apoyar el marco político de libertades legalmente refrendado, defender las instituciones democráticas y criticar sin ambigüedades el nacionalismo excluyente, el fanatismo, el totalitarismo y la intolerancia de aquellos que son la principal fuente de nuestros males: ETA y sus cómplices, sin claudicar, sin mezclar la consecución de objetivos políticos particulares con la afirmación y defensa del Estado de Derecho. Para Covite los obispos vascos no nos ayudan a fomentar ni la memoria, ni la verdad ni la justicia. Ora pro nobis.


Señor Obispo:

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco le agradece sinceramente que haya accedido a concederle esta entrevista para tratar del tema de las víctimas del terrorismo y la actitud de nuestra Iglesia hacia ellas.

En primer, lugar COVITE quisiera transmitirle una vez más la sensación de abandono que las víctimas del terrorismo hemos tenido por parte de la Iglesia vasca, y en especial de su jerarquía, en estos más de 30 años de terror. Fue ese permanente olvido del clero vasco para con los asesinados y sus familias, los perseguidos, extorsionados y amenazados, una de las principales razones de que se fundara COVITE en el año 1998. Desde entonces, nuestro colectivo no ha hecho sino trabajar para las víctimas inspirándonos en los principios de memoria, verdad y justicia.

Desde aquel primer momento, en que la jerarquía de la Iglesia vasca se negó a secundar nuestro manifiesto fundacional, los obispos vascos nos sumieron en el olvido, en el ninguneo casi absoluto, al igual que a las demás asociaciones y fundaciones de víctimas. Ni una sola de nuestras iniciativas a favor de las víctimas del terrorismo ha sido secundada por nuestros obispos desde entonces. No nos mencionan. Nunca se han puesto en contacto con nosotros. No responden a nuestras convocatorias, o lo hacen declinando la invitación. Ejemplos recientes serían la ausencia de nuestros obispos en la entrega del I Premio Internacional a la actuación a favor del recuerdo y apoyo a las víctimas del terrorismo, otorgado en 2002 a los Cuerpos de Desactivación de Explosivos (Tedax); su no participación en las recientes II Jornadas Víctimas del Terrorismo y Violencia Terrorista celebradas en San Sebastián; tampoco estuvieron en el último gran acto público de apoyo a los concejales vascos de PP y PSOE amenazados por ETA, celebrado en el frontón Atano III; ni presidiendo la concelebración de la misa en memoria de las víctimas que tuvo lugar el día 21 de febrero de 1.999 en la parroquia del Buen Pastor donostiarra. Etc...

Por su parte, el Episcopado vasco tampoco ha promovido respuestas, actos o actividades encaminadas a reconocer, denunciar y acompañar el sufrimiento de tantos ciudadanos vascos, miles de ellos feligreses de sus parroquias. Ni mucho menos han apoyado iniciativas democráticas que frenaran la acción de los violentos y defendieran a sus víctimas o mantuvieran viva su memoria. Como ejemplo más reciente, nuestros obispos no acudieron al acto en memoria a las víctimas del terrorismo que tuvo lugar el pasado 18 de este mismo mes en la Diputación de Guipúzcoa, organizado por el Sr. Sudupe.

Durante muchos años ningún documento llamando a la acción cristiana contra la injusticia sufrida por las víctimas y a la solidaridad para con ellas. Ninguna propuesta de acción seria por caminar junto a los perseguidos, con los obispos delante. No hubo pastoral criticando, por ejemplo, la injusticia de Lizarra para con los no nacionalistas y el conjunto de la sociedad. Tampoco para dolerse ante la ofensa que supone para los no nacionalistas el ser sistemáticamente tildados de "fascistas" por muchos radicales e incluso por los círculos nacionalistas. Ni redactaron los obispos carta alguna denunciando la persecución y aniquilación por parte de ETA y sus amigos de los representantes políticos de opciones no nacionalistas; ni la falta de libertad de expresión que sufren en el País Vasco decenas de miles de no nacionalistas y cualquiera que critique públicamente el proyecto independentista de ETA. Jamás una pastoral que tratara en exclusiva la inhumanidad que suponen la extorsión y el exilio masivos en nuestra tierra. Ni éstos ni tantos otros ataques más a los más básicos Derechos Humanos de decenas de miles de vascos consiguieron conmover a nuestros obispos hasta el punto de pronunciarse expresamente denunciándolos, y mucho menos de promover acciones cristianas y cívicas para parar el horror y arropar a sus víctimas.

Sin embargo y muy paradójicamente, las víctimas del terrorismo hemos comprobado en este 2002 que lo que no ha conseguido tanta realidad dramática constatable, lo ha logrado un futuro hipotético que nuestros obispos parecen tener poderes especiales para prever. Al parecer e incomprensiblemente para nosotros, las víctimas, lo que pueda pasar en el futuro requiere una intervención urgente y extraordinaria del Episcopado vasco, no así lo que ha ocurrido y ocurre en el presente. En efecto, la aprobación -por mayoría histórica del Parlamento español-, de la Ley de Partidos y la consecuente probable ilegalización de Batasuna conmovieron por fin a nuestros Obispos, hasta el punto de hacerles publicar un texto explícitamente político en el que se posicionaban alto y claro contra tal ilegalización. La Pastoral "Preparar la Paz" sumió a las víctimas en un desasosiego aun mayor del que jamás nos produjo el histórico silencio de la jerarquía de la Iglesia vasca, y fue contestado por COVITE en su comunicado "Ora pro nobis".
La pastoral, entre otros muchos despropósitos, preveía como "sólidamente probables" las "consecuencias sombrías" que la posible ilegalización de Batasuna tendría para la sociedad vasca, y en especial para los perseguidos por ETA. Las víctimas consideramos realmente admirable tanto la ceguera de nuestros Obispos a la hora de no ver el presente, como su supuesta perspicacia para adivinar el futuro.

¿Piensan hoy los Obispos que la ilegalización de un partido que no condena, defiende y apoya al terrorismo ha supuesto una vida cotidiana más sombría para sus víctimas? Después de todo, su pastoral condenaba a ETA y a las personas que colaboran con ella, la encubren o defienden. O sea, Batasuna. ¿No es entonces incoherente posicionarse contra su ilegalización "sean cuales fueren las relaciones existentes entre ETA y Batasuna"? ¿Piensan quizás también que declarar ilegales el robo o la violación y a quienes los ejercen, encubren, apoyan o defienden trae consecuencias sombrías para las víctimas reales y potenciales de los ladrones y los violadores? ¿Creen realmente que las víctimas del terrorismo han vivido más sombríamente en estos últimos meses que antes de la ilegalización de Batasuna? ¿No entienden que para nosotros, las víctimas, ciudadanos demócratas ante todo, es un alivio y una muestra de justicia social que al fin no pueda seguir oyéndose la voz de nuestros asesinos clamando impune y públicamente a favor de nuestra persecución y exterminio, incluso desde nuestras instituciones y subvencionados por ellas (y por nuestros impuestos)? ¿Les queda acaso alguna duda de que Batasuna es la voz de ETA? La voz que no sólo no denuncia nuestro asesinato y persecución, sino que los aplaude, incita, apoya y financia. Promueve homenajes a los terroristas, utiliza ideario, terminología y parafernalia nazis, totalitarias y asesinas. ¿Se ha vuelto nuestra seguridad, como preconizaron Vds., más precaria tras este proceso de ilegalización?
Por el contrario, nosotros nos sentimos mejor defendidos, más justamente tratados y mucho más seguros ahora, al igual que cada vez que nuestras instituciones democráticas adoptan medidas legales contra nuestros verdugos y sus cómplices Y además parece que la realidad nos avala ya que según estudios recién publicados, la violencia callejera y cotidiana y los incidentes radicales en la vida civil han disminuido en un 65% en el País Vasco en los últimos meses, dato que no quiere decir que nos hallemos ni siquiera en parámetros de normalidad propios de cualquier país o región europea, pero que significa un maravilloso avance. Y es un hecho que la ilegalización de Batasuna ha debilitado a ETA. ¿Pensaban Vds. acaso que era mejor no enfrentarse a la bestia por miedo a que se enfureciera más y acrecentara su dominio despótico sobre su entorno? Pues al parecer la bestia, acostumbrada a actuar impunemente, no se ha envalentonado, sino más bien todo lo contrario. ¿No les parece a Vds. ahora que la aplicación de la nueva Ley ha traído luz y no sombras al País Vasco?


Otros puntos del texto de los obispos vascos nos parecieron criticables. Merecía un comentario aclaratorio la frase inicial de la pastoral con relación a quienes no comparten lo que en ella se expresa: "Nuestra sociedad anhela la paz y sufre por no tenerla". Es cierto que la mayoría de nuestra sociedad anhela y sufre por la paz y exige pacíficamente que se defiendan sus derechos democráticos. Pero una minoría, los etarras y sus defensores, no quieren la paz ni permiten a los demás tenerla. Esta minoría sufre sólo por no poder imponer a los demás su proyecto independentista violento, al tiempo que disfruta de todas las libertades y garantías democráticas de las que priva sin embargo a la mayoría pacífica de sus conciudadanos, a los que no deja vivir en paz. Ningún otro enfoque es real, ni aceptable.

Pero este enfoque de los obispos no es nuevo. Para Vds., parece que en el País Vasco conviven dos bandos enfrentados respecto de los cuales se quieren mantener en la equidistancia. Las víctimas opinamos que existe un bando criminal que extorsiona, amenaza, tortura y mata, y otro, pacífico y demócrata, que sufre las consecuencias. En muchas ocasiones pensamos que una gran mayoría de los clérigos y religiosos del país no sabe distinguir en realidad entre víctimas y verdugos, y que se sitúa más cerca de los segundos, ni siquiera en la vergonzosa equidistancia. Sirvan estos ejemplos: en la revista Herria Eliza 2000 se publicó la homilía de un sacerdote navarro en la que éste comparaba al terrorista Argala con Cristo crucificado (para COVITE Cristo era víctima inocente y mártir, y Argala un criminal no arrepentido. ¿Y para ustedes, señor Obispo?); recientemente, un grupo de sacerdotes de Oarsoaldea suscribió una nota de respaldo al polémico cura de Oyarzun en la que leíamos "la Iglesia no hace distinciones entre los muertos de un lado y de otro en la lucha de nuestro pueblo" (¿A qué lucha se refieren? ¿A la pacífica y democrática de las víctimas desarmadas o a la lucha violenta de los terroristas?) ; 358 sacerdotes del País Vasco, Navarra y Bayona firmaron una carta reivindicando la independencia de Euskal Herria y condenando "todas las violencias. ETA es la primera en hacer daño, pero también hace daño la violencia de los que están en la cárcel como están, y la violencia de la tortura, y la violencia de que democráticamente no podemos decir algunas cosas" (¿qué violencia ejercen las víctimas, señores Obispos? Las víctimas sólo han respondido al dolor que les ha infligido el bando criminal sin odio, con paz y con una inquebrantable tenacidad democrática. ¿Qué cosas son las que no pueden decir esos 358 sacerdotes? ¿No es cierto que los presos de ETA son los más temidos y mejor tratados de todos los presos vascos y españoles? ¿Tienen estos clérigos constancia de que se ejerzan torturas a los presos vascos -se refieren sólo a los etarras o a todos los presos vascos- ? Porque en ese caso nosotros, como demócratas, les exigimos que las denuncien caso por caso, ya que no podemos tolerar ese tipo de abuso contra ningún preso en nuestro país. Pero no olviden que los detenidos por sospechosos de colaboración con ETA tienen orden de esta organización terrorista de denunciar haber sido torturados, y éste sí es un hecho bien documentado y constatable. Y por cierto, los clérigos no parecen preocupados por la auténtica presión y tortura psicológica que ETA ejerce en sus presos, obligándoles a cumplir penas íntegras, no permitiéndoles arrepentirse, etc...). Por otro lado, en 1998 el Consejo Presbiteral de Bilbao pidió por escrito a Monseñor Blázquez que dejara de asistir a los funerales por las víctimas de ETA dado el "grave riego de ambigüedad y manipulación"; recordemos también los cientos de funerales rápidos y de compromiso, cuando no casi clandestinos, de asesinados por ETA, en especial aquellos de militares y policías, celebrados en estos más de 30 años, sin olvidar tampoco la negativa de la Iglesia Vasca a celebrar funerales aniversarios por los asesinados por ETA); ejemplo triste es también la colaboración económica de la Iglesia Vasca con los familiares de los presos etarras, no así con las víctimas y sus familiares (¿Cómo pueden Vds. pedir el acercamiento de presos etarras vascos -y no arrepentidos- en su pastoral como "gesto de humanidad", y ni siquiera mencionar a los familiares de víctimas que han de recorrer a veces cientos de kilómetros para visitar las tumbas de sus muertos? ¿Ayudará la Iglesia también a financiar estos viajes?); como último ejemplo, la cesión de la cripta de la Catedral del Buen Pastor a Gestoras pro Amnistía mientras se impedía pisar las escaleras exteriores a los pacifistas que se manifestaban en ese momento contra el secuestro de Julio Iglesias Zamora, ya que para el párroco aquel era un acto político en el que la Iglesia no podía entrar.

¿Pedirá algún día la Iglesia perdón a las víctimas del terrorismo por todas estas muestras de insensibilidad hacia ellas, monseñor Uriarte?.


COVITE encontraba además otro tipo de sinsentidos en su pastoral. Se habla de "...una pluralidad conflictiva de identidades que está reclamando el hallazgo de una fórmula de convivencia" en el País Vasco. Como ciudadanos demócratas entendemos que la pluralidad de identidades en nuestra sociedad es natural, histórica y sana. No es conflictiva y las diferencias existentes se resuelven mediante el diálogo democrático y el consenso. Lo que sí es conflictivo es el intento de imponer una identidad a la otra de forma violenta. En cuanto a la fórmula de convivencia, los ciudadanos vascos la encontramos hace más de 20 años, dentro del marco del presente Estatuto de Autonomía, y nos sentimos amparados por el Estado de Derecho y por nuestras instituciones democráticas. Y creemos que el grave problema del terrorismo tiene solución dentro del marco sociopolítico y jurídico actual. Y que es prioritario. Para las víctimas la paz no es negociable. No se trata de buscar un diálogo para la paz, sino de poder, los demócratas, dialogar en paz.
En otro momento equiparan ustedes "la fuerza ciega con el puro imperio de la ley". Para nosotros sin embargo, el imperio de la ley es la convención de la que nos hemos dotado precisamente para que no triunfe la fuerza ciega. Una democracia debe usar los instrumentos legislativos, judiciales y policiales para impedir los abusos de los criminales. ¿Se les ocurre alguna más civilizada fórmula de convivencia a nuestros obispos?

Por otra parte, las víctimas encontrábamos el mensaje de la pastoral tan coincidente con el del nacionalismo vasco como de costumbre, lo cual no es extraño si pensamos que, según una encuesta del año 87, el 64% de los clérigos vascos decía tener un sentimiento nacionalista. Curiosamente, también el PNV dijo en su día que su proyecto no lo pararían "ni las bombas ni las leyes". De hecho, la Pastoral podría haber llevado por título el mismo lema de la manifestación que el PNV convocó para una semana después y también contra la Ley de Partidos: "Todos los proyectos, todas las ideas, todas las personas". ¿También los proyectos totalitarios, las ideas nazis, las personas asesinas, Monseñor? Pero la principal coincidencia reciente entre Iglesia vasca y nacionalismo es que ambos han tomado postura claramente en contra de la ilegalización de Batasuna, tal como exigía Arnaldo Otegi. ¿No da qué pensar a nuestros obispos que precisamente sean el PNV y la Iglesia los sectores sociales a los que ETA no mata?

En medio de tanto despropósito, de tanta muestra de insensibilidad, las víctimas encontramos dos puntos positivos en su pastoral. Por un lado les agradecemos sinceramente su crítica a ETA y a su "constelación de violencia". También valoramos su denuncia de la situación de los concejales del PP y PSOE amenazados y su llamamiento a la sociedad a defenderlos, acompañarlos y protegerlos. Lamentamos sin embargo lo tardío de esta actitud y el hecho de que su Carta no mencione a los casi 1.000 asesinados por ETA mayoritariamente y demás grupos terroristas, ni a sus familias, ni a los miles de ciudadanos amenazados que no son concejales (profesores, filósofos, periodistas, jueces, fiscales, comerciantes, etc.), ni a los extorsionados, ni a los exiliados...

Pero seamos positivos. Volvamos al llamamiento a la solidaridad para con los amenazados que hace su Pastoral. La realidad de las víctimas del terrorismo es una obviedad y drama que sólo admite compromiso activo y solidario, firme y sin ambigüedades, ante el que hay que ser crítico por no haberse propiciado hace tiempo y que reclama propuestas, actos y actividades para reconocer y acompañar el sufrimiento de tantos ciudadanos. No sólo palabras.

Acciones concretas que proponemos a nuestros Obispos:

- Que se denuncien desde el púlpito y sistemáticamente el drama de las víctimas del terrorismo, llamando a sus fieles a la solidaridad activa, pública y cotidiana con ellas. Condenando a los terroristas y a sus cómplices sin paliativos y de forma pública y continuada y recordando a los asesinos la exigencia del arrepentimiento para el perdón de los pecados. Rezando una oración en todas las celebraciones eucarísticas como se hace en otras diócesis de España, por la paz y por las víctimas del terrorismo.

- Que la Iglesia Vasca promueva acciones, actividades y ayudas para acompañar y ayudar a las víctimas, tales como manifestaciones cívicas, becas de estudios y otras formas de apoyo económico a las víctimas y familiares más necesitados

- Que se celebren en nuestras iglesias misas funerales de aniversario por las víctimas del terrorismo, si éstas son pedidas, debiendo ser personales, para reparar así el olvido de largos años, exigiéndose esta excepción para con ellas, puesto que EXCEPCIONALES fueron las causas de su muerte.

- Que desde la Iglesia Vasca se apoye nuestro Estado de Derecho y toda iniciativa de las Instituciones democráticas y asociaciones cívicas para combatir a los violentos y defender a sus víctimas. Marchando nuestros Obispos al frente de cualquier manifestación democrática en su apoyo.

En el caso concreto de los concejales amenazados, que sean nuestros Obispos los primeros en encontrarse a su lado, acompañarles y defenderles cotidianamente.