| San
Sebastián-Donostia 5 de junio de 2002
El
Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco
"Covite", ruega que este texto sea publicado íntegramente
en sus páginas de opinión.
ORA
PRO NOBIS
Mientras
miles de ciudadanos vascos están siendo extorsionados, amenazados,
intimidados o insultados cotidianamente por ETA y sus cómplices,
y otros miles más lloran y recuerdan con la mayor dignidad
a sus muertos, asesinados, los obispos vascos hacen pública
una Pastoral, "Preparar la Paz", de la que no es descabellado
pensar que esté principalmente motivada por la reforma de
la Ley de Partidos y la controversia que ha generado, especialmente
en el ámbito vasco. Animados por nuestras convicciones, y
a pesar de pertenecer a esa minoría social, según
nuestro Lehendakari, crítica respecto al nacionalismo dirigente,
resistente y acosada por los asesinos y sus colaboradores, el Colectivo
de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco quiere
opinar en profundidad sobre la Pastoral de los obispos vascos, de
los cuales no esperábamos unas palabras tan ofensivas para
nuestra realidad y para nuestras legítimas reivindicaciones.
Nos gustaría explicar nuestra indignación ante este
nuevo ataque a nuestra sensibilidad como ciudadanos vascos directamente
afectados por el terrorismo, dado que una de las razones de nuestra
constitución fue la acción y la inacción de
la iglesia vasca, especialmente su jerarquía, y que entre
nosotros existen muchas víctimas creyentes que una vez más
se han sentido abandonadas.
El
primer punto habla de la incomunicación y el desacuerdo entre
los partidos políticos y el diálogo como mágico
instrumento de resolución de los problemas y la consecución
de la "paz verdadera". Resulta chocante que el primer
punto a destacar sea la crítica indiferenciada a todos los
partidos políticos como si todos tuvieran igual responsabilidad
en lo que los obispos llaman consecución de la paz y nosotros
preferimos denominar resolución del terrorismo. Nuestro sistema
de libertades políticas se basa en el pacto, en el acuerdo
y en diálogo democrático, ¿qué son los
parlamentos sino la escenificación de la búsqueda
de puntos de encuentro y de intercambio de opiniones y propuestas?
El problema principal no es que unos no dialoguen, sino que otros
matan, extorsionan, hieren, insultan y amenazan, desvirtuando, estos
sí, el profundo valor del diálogo como ausencia del
enfrentamiento agresivo y violento.
Según
los obispos, la paz es incompatible con el terrorismo. Les agradecemos
sinceramente su crítica a ETA y a lo que denominan su "constelación
de violencia", ¡qué literarios y poéticos
estaban nuestros obispos!, incluso hay una pequeña esperanza
cuando en el último párrafo dicen textualmente "la
valoración moral del terrorismo de ETA, ha de ser gravemente
negativa. Dicha valoración afecta en la debida proporción
a todas aquellas personas o grupos que colaboran con las acciones
terroristas, las encubren o las defienden".
Su
postura ante la situación de los concejales amenazados "un
desafío a la vida, a la libertad y al sistema democrático"
comedidamente aceptable, aunque no entendemos cómo a estas
alturas de la historia del terrorismo, después de tantos
asesinatos contra cargos públicos amenazados y la indefensión
en la que se encuentran tantos otros ciudadanos representantes de
opciones democráticas constitucionalistas, quepan las consideraciones
interpelativas como "todos tenemos que preguntarnos si somos
suficientemente sensibles al drama que ellos y sus familias padecen".
La realidad de victimación de estos ciudadanos y la imprescindible
cuota de democracia asediada que representan es una obviedad y un
drama que sólo admite compromiso activo y solidario, firme
y sin ambigüedades ante el que hay que ser crítico por
no haberse propiciado hace tiempo y que reclama propuestas, actos
y actividades encaminadas a reconocer y acompañar el sufrimiento
de tantos ciudadanos. Hasta este punto y sólo hasta este
punto llega la mención de nuestros obispos a la realidad
de las víctimas del terrorismo. No se nombra los casi mil
asesinados por el terrorismo, las 810 víctimas de ETA, la
situación de abandono histórico que han padecido,
ni una sola defensa de nuestras reivindicaciones legítimas
y que son, nunca nos cansaremos de repetir: memoria, verdad y justicia,
ni una mención al trabajo ni esfuerzo de Covite ni de otras
asociaciones y fundaciones de víctimas. En vez de esto nos
vuelven a regalar ausencia y olvido, como así quedó
plasmado en la negativa de nuestros obispos a asistir a la reciente
entrega del I Premio internacional a la actuación a favor
del recuerdo y apoyo a las víctimas del terrorismo, a los
Cuerpos de desactivación de explosivos, Tedax, que se convirtió
en un entrañable homenaje a los funcionarios policiales,
especialmente, a los más de 500 asesinados por ETA.
Pero
sigamos. A partir de este punto el texto cobra toda su crudeza contra
los intereses de los miles de amenazados y afectados por ETA, y,
desde nuestro punto de vista, abandona a las víctimas para
supeditar la hipotética paz de los prelados a la consecución
de objetivos políticos en lo que califican "una realidad
que viene de lejos". Reivindican una fórmula de convivencia
futura que no puede imponerse "por la fuerza ciega o por el
puro imperio de la ley". Las víctimas, que nos sentimos
amparadas por el Estado de Derecho, que hemos delegado nuestra protección
y defensa en las instituciones democráticas, y que, afortunadamente,
contamos con una Constitución y un Estatuto de Autonomía
que velan por nuestros derechos y libertades, nos sentimos ofendidas
por la frivolidad e irresponsabilidad que supone comparar lo que
los obispos denominan "imperio de la ley" con la "fuerza
ciega", es decir democracia contra barbarie, Estado de Derecho
contra terrorismo totalitario. ¿Qué "proyecto
integrador" puede existir entre quienes justifican y practican
el tiro en la nuca y las leyes democráticas? Ante la conculcación
sistemática y masiva de los derechos humanos más básicos
no cabe la retórica, las abstracciones, las comparaciones
frívolas. Si los obispos pueden vivir, predicar, escribir
pastorales y , en parte, ser sostenidos económicamente por
el Estado, es porque existió el diálogo, el pacto
y el acuerdo político, todo lo contrario a la fuerza bruta,
la imposición, la intolerancia y la limpieza ideológica
que ETA practica. La Pastoral apoya de forma laxa "las fórmulas
políticas que el pueblo ha aprobado", pero no se nombran
en ningún momento nuestras normas de convivencia fundamentales,
pero sí se hace referencia a "el valor y la relatividad
de las diferentes fórmulas políticas", también
las de Batasuna, se supone, pero ¿y las de ETA?
La
propuesta de paz de los obispos gira ya inexorablemente en las claves
del debate nacionalista respecto a la identidad y sus vericuetos
de resolución dónde se recrimina la equiparación
entre nacionalismo y terrorismo. Echamos en falta la reprobación
de los innumerables insultos, amenazas y humillaciones que sufren
los ciudadanos constitucionalistas en su condición de tales,
ciudadanos vascos que son intimidados en plenos y tildados de "fascistas",
"españolistas", etc. por los totalitarios, víctimas
vejadas en tantas otras ocasiones cuando, por ejemplo, se rinde
homenaje público a los asesinos. ¿No les produce preocupación
expresa a nuestros obispos la campaña de acoso y aniquilamiento
que sufren los concejales, intelectuales, profesores, periodistas,
etc. en tantos y tantos municipios de Euskadi? Esta sí nos
parece una verdadera situación dramática y fácilmente
constatable. Como recordábamos recientemente, Covite apoya
la Ley de Partidos porque las víctimas del terrorismo se
deben sentir amparadas en el Estado de Derecho y defendidas de sus
agresores por las instituciones democráticas, porque esperamos
que se impida legalmente la perversión de que las víctimas
sean humilladas incluso con dinero público y porque recrimina
e imposibilita que, desde la aparente normalidad democrática,
un partido político, practique la connivencia, la apología,
la defensa, la justificación y el apoyo a una organización
terrorista facilitando su actividad y capacidad de control social
mafioso. Ante esta lacerante situación no criticada por los
obispos, su aportación constructiva a esta Ley es la de las
supuestas "consecuencias sombrías" ¿y las
causas que la motivan?, ¿no merecen un análisis? ¿no
les mueve a la preocupación?, ¿qué lógica
tiene que los obispos critiquen la Ley de partidos y no apoyen el
Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo? Es estremecedora
la afirmación "sean cuales fuesen las relaciones existentes
entre Batasuna y ETA". ¿Es igual cuales sean? ¿No
hay que investigarlas e incluso felicitarse por su esclarecimiento?
¿No les produce preocupación que ETA pueda estar actuando
a través de Batasuna?
Para
los obispos vascos optar por la paz es: apoyar a los movimientos
sociales que abren caminos ¿a qué ya saben ustedes
a qué organización?; mejorar la situación de
los presos (los de ETA) en un gesto de humanidad; educar para la
paz; y orar mientras intentamos mantener la esperanza. Para Covite
conseguir la libertad es apoyar a las víctimas del terrorismo
día a día, desde el púlpito, la escuela, el
puesto de trabajo y también en sus actos y sus justas reivindicaciones,
apoyar el marco político de libertades legalmente refrendado,
defender las instituciones democráticas y criticar sin ambigüedades
el nacionalismo excluyente, el fanatismo, el totalitarismo y la
intolerancia de aquellos que son la principal fuente de nuestros
males: ETA y sus cómplices, sin claudicar, sin mezclar la
consecución de objetivos políticos particulares con
la afirmación y defensa del Estado de Derecho. Para Covite
los obispos vascos no nos ayudan a fomentar ni la memoria, ni la
verdad ni la justicia. Ora pro nobis.
Señor Obispo:
El
Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco
le agradece sinceramente que haya accedido a concederle esta entrevista
para tratar del tema de las víctimas del terrorismo y la
actitud de nuestra Iglesia hacia ellas.
En
primer, lugar COVITE quisiera transmitirle una vez más la
sensación de abandono que las víctimas del terrorismo
hemos tenido por parte de la Iglesia vasca, y en especial de su
jerarquía, en estos más de 30 años de terror.
Fue ese permanente olvido del clero vasco para con los asesinados
y sus familias, los perseguidos, extorsionados y amenazados, una
de las principales razones de que se fundara COVITE en el año
1998. Desde entonces, nuestro colectivo no ha hecho sino trabajar
para las víctimas inspirándonos en los principios
de memoria, verdad y justicia.
Desde
aquel primer momento, en que la jerarquía de la Iglesia vasca
se negó a secundar nuestro manifiesto fundacional, los obispos
vascos nos sumieron en el olvido, en el ninguneo casi absoluto,
al igual que a las demás asociaciones y fundaciones de víctimas.
Ni una sola de nuestras iniciativas a favor de las víctimas
del terrorismo ha sido secundada por nuestros obispos desde entonces.
No nos mencionan. Nunca se han puesto en contacto con nosotros.
No responden a nuestras convocatorias, o lo hacen declinando la
invitación. Ejemplos recientes serían la ausencia
de nuestros obispos en la entrega del I Premio Internacional a la
actuación a favor del recuerdo y apoyo a las víctimas
del terrorismo, otorgado en 2002 a los Cuerpos de Desactivación
de Explosivos (Tedax); su no participación en las recientes
II Jornadas Víctimas del Terrorismo y Violencia Terrorista
celebradas en San Sebastián; tampoco estuvieron en el último
gran acto público de apoyo a los concejales vascos de PP
y PSOE amenazados por ETA, celebrado en el frontón Atano
III; ni presidiendo la concelebración de la misa en memoria
de las víctimas que tuvo lugar el día 21 de febrero
de 1.999 en la parroquia del Buen Pastor donostiarra. Etc...
Por
su parte, el Episcopado vasco tampoco ha promovido respuestas, actos
o actividades encaminadas a reconocer, denunciar y acompañar
el sufrimiento de tantos ciudadanos vascos, miles de ellos feligreses
de sus parroquias. Ni mucho menos han apoyado iniciativas democráticas
que frenaran la acción de los violentos y defendieran a sus
víctimas o mantuvieran viva su memoria. Como ejemplo más
reciente, nuestros obispos no acudieron al acto en memoria a las
víctimas del terrorismo que tuvo lugar el pasado 18 de este
mismo mes en la Diputación de Guipúzcoa, organizado
por el Sr. Sudupe.
Durante
muchos años ningún documento llamando a la acción
cristiana contra la injusticia sufrida por las víctimas y
a la solidaridad para con ellas. Ninguna propuesta de acción
seria por caminar junto a los perseguidos, con los obispos delante.
No hubo pastoral criticando, por ejemplo, la injusticia de Lizarra
para con los no nacionalistas y el conjunto de la sociedad. Tampoco
para dolerse ante la ofensa que supone para los no nacionalistas
el ser sistemáticamente tildados de "fascistas"
por muchos radicales e incluso por los círculos nacionalistas.
Ni redactaron los obispos carta alguna denunciando la persecución
y aniquilación por parte de ETA y sus amigos de los representantes
políticos de opciones no nacionalistas; ni la falta de libertad
de expresión que sufren en el País Vasco decenas de
miles de no nacionalistas y cualquiera que critique públicamente
el proyecto independentista de ETA. Jamás una pastoral que
tratara en exclusiva la inhumanidad que suponen la extorsión
y el exilio masivos en nuestra tierra. Ni éstos ni tantos
otros ataques más a los más básicos Derechos
Humanos de decenas de miles de vascos consiguieron conmover a nuestros
obispos hasta el punto de pronunciarse expresamente denunciándolos,
y mucho menos de promover acciones cristianas y cívicas para
parar el horror y arropar a sus víctimas.
Sin
embargo y muy paradójicamente, las víctimas del terrorismo
hemos comprobado en este 2002 que lo que no ha conseguido tanta
realidad dramática constatable, lo ha logrado un futuro hipotético
que nuestros obispos parecen tener poderes especiales para prever.
Al parecer e incomprensiblemente para nosotros, las víctimas,
lo que pueda pasar en el futuro requiere una intervención
urgente y extraordinaria del Episcopado vasco, no así lo
que ha ocurrido y ocurre en el presente. En efecto, la aprobación
-por mayoría histórica del Parlamento español-,
de la Ley de Partidos y la consecuente probable ilegalización
de Batasuna conmovieron por fin a nuestros Obispos, hasta el punto
de hacerles publicar un texto explícitamente político
en el que se posicionaban alto y claro contra tal ilegalización.
La Pastoral "Preparar la Paz" sumió a las víctimas
en un desasosiego aun mayor del que jamás nos produjo el
histórico silencio de la jerarquía de la Iglesia vasca,
y fue contestado por COVITE en su comunicado "Ora pro nobis".
La pastoral, entre otros muchos despropósitos, preveía
como "sólidamente probables" las "consecuencias
sombrías" que la posible ilegalización de Batasuna
tendría para la sociedad vasca, y en especial para los perseguidos
por ETA. Las víctimas consideramos realmente admirable tanto
la ceguera de nuestros Obispos a la hora de no ver el presente,
como su supuesta perspicacia para adivinar el futuro.
¿Piensan
hoy los Obispos que la ilegalización de un partido que no
condena, defiende y apoya al terrorismo ha supuesto una vida cotidiana
más sombría para sus víctimas? Después
de todo, su pastoral condenaba a ETA y a las personas que colaboran
con ella, la encubren o defienden. O sea, Batasuna. ¿No es
entonces incoherente posicionarse contra su ilegalización
"sean cuales fueren las relaciones existentes entre ETA y Batasuna"?
¿Piensan quizás también que declarar ilegales
el robo o la violación y a quienes los ejercen, encubren,
apoyan o defienden trae consecuencias sombrías para las víctimas
reales y potenciales de los ladrones y los violadores? ¿Creen
realmente que las víctimas del terrorismo han vivido más
sombríamente en estos últimos meses que antes de la
ilegalización de Batasuna? ¿No entienden que para
nosotros, las víctimas, ciudadanos demócratas ante
todo, es un alivio y una muestra de justicia social que al fin no
pueda seguir oyéndose la voz de nuestros asesinos clamando
impune y públicamente a favor de nuestra persecución
y exterminio, incluso desde nuestras instituciones y subvencionados
por ellas (y por nuestros impuestos)? ¿Les queda acaso alguna
duda de que Batasuna es la voz de ETA? La voz que no sólo
no denuncia nuestro asesinato y persecución, sino que los
aplaude, incita, apoya y financia. Promueve homenajes a los terroristas,
utiliza ideario, terminología y parafernalia nazis, totalitarias
y asesinas. ¿Se ha vuelto nuestra seguridad, como preconizaron
Vds., más precaria tras este proceso de ilegalización?
Por el contrario, nosotros nos sentimos mejor defendidos, más
justamente tratados y mucho más seguros ahora, al igual que
cada vez que nuestras instituciones democráticas adoptan
medidas legales contra nuestros verdugos y sus cómplices
Y además parece que la realidad nos avala ya que según
estudios recién publicados, la violencia callejera y cotidiana
y los incidentes radicales en la vida civil han disminuido en un
65% en el País Vasco en los últimos meses, dato que
no quiere decir que nos hallemos ni siquiera en parámetros
de normalidad propios de cualquier país o región europea,
pero que significa un maravilloso avance. Y es un hecho que la ilegalización
de Batasuna ha debilitado a ETA. ¿Pensaban Vds. acaso que
era mejor no enfrentarse a la bestia por miedo a que se enfureciera
más y acrecentara su dominio despótico sobre su entorno?
Pues al parecer la bestia, acostumbrada a actuar impunemente, no
se ha envalentonado, sino más bien todo lo contrario. ¿No
les parece a Vds. ahora que la aplicación de la nueva Ley
ha traído luz y no sombras al País Vasco?
Otros puntos del texto de los obispos vascos nos parecieron criticables.
Merecía un comentario aclaratorio la frase inicial de la
pastoral con relación a quienes no comparten lo que en ella
se expresa: "Nuestra sociedad anhela la paz y sufre por no
tenerla". Es cierto que la mayoría de nuestra sociedad
anhela y sufre por la paz y exige pacíficamente que se defiendan
sus derechos democráticos. Pero una minoría, los etarras
y sus defensores, no quieren la paz ni permiten a los demás
tenerla. Esta minoría sufre sólo por no poder imponer
a los demás su proyecto independentista violento, al tiempo
que disfruta de todas las libertades y garantías democráticas
de las que priva sin embargo a la mayoría pacífica
de sus conciudadanos, a los que no deja vivir en paz. Ningún
otro enfoque es real, ni aceptable.
Pero
este enfoque de los obispos no es nuevo. Para Vds., parece que en
el País Vasco conviven dos bandos enfrentados respecto de
los cuales se quieren mantener en la equidistancia. Las víctimas
opinamos que existe un bando criminal que extorsiona, amenaza, tortura
y mata, y otro, pacífico y demócrata, que sufre las
consecuencias. En muchas ocasiones pensamos que una gran mayoría
de los clérigos y religiosos del país no sabe distinguir
en realidad entre víctimas y verdugos, y que se sitúa
más cerca de los segundos, ni siquiera en la vergonzosa equidistancia.
Sirvan estos ejemplos: en la revista Herria Eliza 2000 se publicó
la homilía de un sacerdote navarro en la que éste
comparaba al terrorista Argala con Cristo crucificado (para COVITE
Cristo era víctima inocente y mártir, y Argala un
criminal no arrepentido. ¿Y para ustedes, señor Obispo?);
recientemente, un grupo de sacerdotes de Oarsoaldea suscribió
una nota de respaldo al polémico cura de Oyarzun en la que
leíamos "la Iglesia no hace distinciones entre los muertos
de un lado y de otro en la lucha de nuestro pueblo" (¿A
qué lucha se refieren? ¿A la pacífica y democrática
de las víctimas desarmadas o a la lucha violenta de los terroristas?)
; 358 sacerdotes del País Vasco, Navarra y Bayona firmaron
una carta reivindicando la independencia de Euskal Herria y condenando
"todas las violencias. ETA es la primera en hacer daño,
pero también hace daño la violencia de los que están
en la cárcel como están, y la violencia de la tortura,
y la violencia de que democráticamente no podemos decir algunas
cosas" (¿qué violencia ejercen las víctimas,
señores Obispos? Las víctimas sólo han respondido
al dolor que les ha infligido el bando criminal sin odio, con paz
y con una inquebrantable tenacidad democrática. ¿Qué
cosas son las que no pueden decir esos 358 sacerdotes? ¿No
es cierto que los presos de ETA son los más temidos y mejor
tratados de todos los presos vascos y españoles? ¿Tienen
estos clérigos constancia de que se ejerzan torturas a los
presos vascos -se refieren sólo a los etarras o a todos los
presos vascos- ? Porque en ese caso nosotros, como demócratas,
les exigimos que las denuncien caso por caso, ya que no podemos
tolerar ese tipo de abuso contra ningún preso en nuestro
país. Pero no olviden que los detenidos por sospechosos de
colaboración con ETA tienen orden de esta organización
terrorista de denunciar haber sido torturados, y éste sí
es un hecho bien documentado y constatable. Y por cierto, los clérigos
no parecen preocupados por la auténtica presión y
tortura psicológica que ETA ejerce en sus presos, obligándoles
a cumplir penas íntegras, no permitiéndoles arrepentirse,
etc...). Por otro lado, en 1998 el Consejo Presbiteral de Bilbao
pidió por escrito a Monseñor Blázquez que dejara
de asistir a los funerales por las víctimas de ETA dado el
"grave riego de ambigüedad y manipulación";
recordemos también los cientos de funerales rápidos
y de compromiso, cuando no casi clandestinos, de asesinados por
ETA, en especial aquellos de militares y policías, celebrados
en estos más de 30 años, sin olvidar tampoco la negativa
de la Iglesia Vasca a celebrar funerales aniversarios por los asesinados
por ETA); ejemplo triste es también la colaboración
económica de la Iglesia Vasca con los familiares de los presos
etarras, no así con las víctimas y sus familiares
(¿Cómo pueden Vds. pedir el acercamiento de presos
etarras vascos -y no arrepentidos- en su pastoral como "gesto
de humanidad", y ni siquiera mencionar a los familiares de
víctimas que han de recorrer a veces cientos de kilómetros
para visitar las tumbas de sus muertos? ¿Ayudará la
Iglesia también a financiar estos viajes?); como último
ejemplo, la cesión de la cripta de la Catedral del Buen Pastor
a Gestoras pro Amnistía mientras se impedía pisar
las escaleras exteriores a los pacifistas que se manifestaban en
ese momento contra el secuestro de Julio Iglesias Zamora, ya que
para el párroco aquel era un acto político en el que
la Iglesia no podía entrar.
¿Pedirá
algún día la Iglesia perdón a las víctimas
del terrorismo por todas estas muestras de insensibilidad hacia
ellas, monseñor Uriarte?.
COVITE encontraba además otro tipo de sinsentidos en su pastoral.
Se habla de "...una pluralidad conflictiva de identidades que
está reclamando el hallazgo de una fórmula de convivencia"
en el País Vasco. Como ciudadanos demócratas entendemos
que la pluralidad de identidades en nuestra sociedad es natural,
histórica y sana. No es conflictiva y las diferencias existentes
se resuelven mediante el diálogo democrático y el
consenso. Lo que sí es conflictivo es el intento de imponer
una identidad a la otra de forma violenta. En cuanto a la fórmula
de convivencia, los ciudadanos vascos la encontramos hace más
de 20 años, dentro del marco del presente Estatuto de Autonomía,
y nos sentimos amparados por el Estado de Derecho y por nuestras
instituciones democráticas. Y creemos que el grave problema
del terrorismo tiene solución dentro del marco sociopolítico
y jurídico actual. Y que es prioritario. Para las víctimas
la paz no es negociable. No se trata de buscar un diálogo
para la paz, sino de poder, los demócratas, dialogar en paz.
En otro momento equiparan ustedes "la fuerza ciega con el puro
imperio de la ley". Para nosotros sin embargo, el imperio de
la ley es la convención de la que nos hemos dotado precisamente
para que no triunfe la fuerza ciega. Una democracia debe usar los
instrumentos legislativos, judiciales y policiales para impedir
los abusos de los criminales. ¿Se les ocurre alguna más
civilizada fórmula de convivencia a nuestros obispos?
Por
otra parte, las víctimas encontrábamos el mensaje
de la pastoral tan coincidente con el del nacionalismo vasco como
de costumbre, lo cual no es extraño si pensamos que, según
una encuesta del año 87, el 64% de los clérigos vascos
decía tener un sentimiento nacionalista. Curiosamente, también
el PNV dijo en su día que su proyecto no lo pararían
"ni las bombas ni las leyes". De hecho, la Pastoral podría
haber llevado por título el mismo lema de la manifestación
que el PNV convocó para una semana después y también
contra la Ley de Partidos: "Todos los proyectos, todas las
ideas, todas las personas". ¿También los proyectos
totalitarios, las ideas nazis, las personas asesinas, Monseñor?
Pero la principal coincidencia reciente entre Iglesia vasca y nacionalismo
es que ambos han tomado postura claramente en contra de la ilegalización
de Batasuna, tal como exigía Arnaldo Otegi. ¿No da
qué pensar a nuestros obispos que precisamente sean el PNV
y la Iglesia los sectores sociales a los que ETA no mata?
En
medio de tanto despropósito, de tanta muestra de insensibilidad,
las víctimas encontramos dos puntos positivos en su pastoral.
Por un lado les agradecemos sinceramente su crítica a ETA
y a su "constelación de violencia". También
valoramos su denuncia de la situación de los concejales del
PP y PSOE amenazados y su llamamiento a la sociedad a defenderlos,
acompañarlos y protegerlos. Lamentamos sin embargo lo tardío
de esta actitud y el hecho de que su Carta no mencione a los casi
1.000 asesinados por ETA mayoritariamente y demás grupos
terroristas, ni a sus familias, ni a los miles de ciudadanos amenazados
que no son concejales (profesores, filósofos, periodistas,
jueces, fiscales, comerciantes, etc.), ni a los extorsionados, ni
a los exiliados...
Pero
seamos positivos. Volvamos al llamamiento a la solidaridad para
con los amenazados que hace su Pastoral. La realidad de las víctimas
del terrorismo es una obviedad y drama que sólo admite compromiso
activo y solidario, firme y sin ambigüedades, ante el que hay
que ser crítico por no haberse propiciado hace tiempo y que
reclama propuestas, actos y actividades para reconocer y acompañar
el sufrimiento de tantos ciudadanos. No sólo palabras.
Acciones
concretas que proponemos a nuestros Obispos:
-
Que se denuncien desde el púlpito y sistemáticamente
el drama de las víctimas del terrorismo, llamando a sus fieles
a la solidaridad activa, pública y cotidiana con ellas. Condenando
a los terroristas y a sus cómplices sin paliativos y de forma
pública y continuada y recordando a los asesinos la exigencia
del arrepentimiento para el perdón de los pecados. Rezando
una oración en todas las celebraciones eucarísticas
como se hace en otras diócesis de España, por la paz
y por las víctimas del terrorismo.
-
Que la Iglesia Vasca promueva acciones, actividades y ayudas para
acompañar y ayudar a las víctimas, tales como manifestaciones
cívicas, becas de estudios y otras formas de apoyo económico
a las víctimas y familiares más necesitados
-
Que se celebren en nuestras iglesias misas funerales de aniversario
por las víctimas del terrorismo, si éstas son pedidas,
debiendo ser personales, para reparar así el olvido de largos
años, exigiéndose esta excepción para con ellas,
puesto que EXCEPCIONALES fueron las causas de su muerte.
-
Que desde la Iglesia Vasca se apoye nuestro Estado de Derecho y
toda iniciativa de las Instituciones democráticas y asociaciones
cívicas para combatir a los violentos y defender a sus víctimas.
Marchando nuestros Obispos al frente de cualquier manifestación
democrática en su apoyo.
En
el caso concreto de los concejales amenazados, que sean nuestros
Obispos los primeros en encontrarse a su lado, acompañarles
y defenderles cotidianamente.
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