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GARA, 24 de diciembre de 2003 Jesús Lezaun - Sacerdote De nuevo la esperanza La espléndida
esperanza suscitada por Lizarra-Garazi dejó, cuando feneció,
un reguero de añoranzas que nunca cesaron. A todas horas era añorada
con nostalgia por muchos. Hoy parece que podría renacer de nuevo.
Sería una auténtica bendición. Podríamos cantar
a pleno pulmón el "Nunc dimitis". No se trata de algo frente o contra nadie, sino de un esfuerzo común a favor de este pueblo. Evidentemente, cada uno mantendría exactamente su peculiaridad y su especificidad y sus concretos objetivos políticos. Pero todos coincidirían en una reclamación global, el derecho de autodeterminación, y en una gestión común de ella que no se nos quiere reconocer. No es mucho pedir, ni existe ningún obstáculo para hacerlo en común. No es casi nada, pero es un punto de arranque inexcusable. Nada altera para mal, y mucho se conseguiría para bien de todos, para que esta democracia maltrecha que está siendo el hazmerreír de todos y la vergüenza para el que la patrocina e impone, sea de una vez real. Por fin ella sería una realidad aún no alcanzada. Una unión entre todos los abertzales que nadie puede rechazar, creo yo. Sería una hecatombe para todos. Cada uno que sea lo que quiere, repito, que haga la política que le plazca en las cosas concretas y en la configuración del país, pero bajo el cobertizo de un derecho de autodeterminación que entre todos habremos conseguido y que él sólo conseguirá que este pueblo sea lo que él quiere. ¿A quién puede sobresaltar esto? ¿A quién puede herir? ¿Quién se puede zafar de esta reclamación común? ¿A quién le puede siquiera molestar, si es la quintaesencia de la democracia? ¿Quién lo puede negar, a no ser que parta de absolutos imperialistas cerrados y estériles, creadores de tensiones extremas? Como anunciara en su momento y en su concreto alcance circunstancial Martin Luther King, todos tenemos un sueño, el de un pueblo en pie, unido para ob- tener un objetivo que a todo el mundo va a beneficiar y en nada va a estorbar a nadie, a no ser que se empeñe y se aferre a sus trasnochados imperialismos. Derecho de autodeterminación para todos. ¿No es esto lo que se busca para todos los pueblos, y no imperios caducos y ridículos? ¿Para qué, además? ¿Qué es lo que se va a conseguir con ellos? El cese de tensiones, luchas, sufrimientos y falta de una verdadera paz para todos y de una fraternidad sin desconfianzas ni escalas sociales o políticas. Quien se niegue a ello puede estar seguro de no ser un demócrata, aunque alardee de ello, y de cometer una flagrante injusticia, porque, aunque la democracia puede concretarse en diversas circunstancias en muchas cosas diversas, en las circuns- tancias en que se encuentra el País Vasco, ésta de la autodeterminación es para nosotros esencial, el punto de arranque de todo, y no digamos de la paz. Un derecho
de autodeterminación reconocido que a ciencia cierta traerá
la paz. A mí me asombra una cosa que nunca he podido entender,
aquella o aquellos que se empeñan en poner el carro delante de
los bueyes. ¿Quién puede dudar de que, unidos todos los
vascos en la reclamación como objetivo único en las próximas
elecciones políticas del derecho de autodeterminación, ETA
no va a aceptar lo que hasta ahora no ha aceptado, el cese de las armas
que muchos abertzales le hemos pedido, para que el pueblo se pueda expresar
con plena libertad hacia la paz total y en el ejercicio de todos sus derechos
individuales y colectivos? Hagamos la prueba ya, ahora mismo. Estamos
en la posibilidad próxima de ello. Veremos todos qué clima
se crea. Estamos como quien dice tocando el cielo, y que nadie nos lo
arrebate inmisericordemente, cruelmente, neciamente. ¡Maldito sea
mil veces! Nunca hemos tenido una oportunidad como ésta, ni el
pueblo todo, ni siquiera ETA. Eso, unido al plan Ibarretxe, con todos
sus mejoramientos, aunque limitados, a conseguir, son la pura y elemental
racionalidad. Seamos de una vez racionales, hagamos y pidamos lo posible
y hasta lo fácil. Lo contrario sería una insensatez monstruosa
que no podríamos resistir. Estoy pensando sobre todo en el PNV
de Arzalluz, de Imaz o de Egibar. Ahora es la hora. Que se vea una vez
de qué somos capaces los vascos. |