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GARA, 24 de diciembre de 2003

Jesús Lezaun - Sacerdote

De nuevo la esperanza

La espléndida esperanza suscitada por Lizarra-Garazi dejó, cuando feneció, un reguero de añoranzas que nunca cesaron. A todas horas era añorada con nostalgia por muchos. Hoy parece que podría renacer de nuevo. Sería una auténtica bendición. Podríamos cantar a pleno pulmón el "Nunc dimitis".
Los elementos positivos para arreglar el conflicto y alcanzar la paz florecen de nuevo y estaría a punto de surgir una nueva ilusión que nos llenaría a todos de satisfacción. ¿Puede vislumbrarse un ensueño realista, que traiga la paz tan deseada a este pueblo maltrecho, pero invencible en sus anhelos y deseos? Dios lo quiera, y los hombres, los políticos sobre todo, también.
Suenan aires venturosos de unión entre abertzales sin exclusión. A una situación siniestra sucede un esperanzador plan de paz de Ibarretxe, y a éste un ofrecimiento concreto de unión entre todos por parte de la izquierda abertzale, que sería condición necesaria e insustituible de la paz que todo el mundo dice desear. Nadie podría faltar a la cita, pues todo el mundo es necesario, imprescindible. Al plan general de Ibarretxe sucede un concreto ofrecimiento que precisa aún más las cosas.

No se trata de algo frente o contra nadie, sino de un esfuerzo común a favor de este pueblo. Evidentemente, cada uno mantendría exactamente su peculiaridad y su especificidad y sus concretos objetivos políticos. Pero todos coincidirían en una reclamación global, el derecho de autodeterminación, y en una gestión común de ella que no se nos quiere reconocer. No es mucho pedir, ni existe ningún obstáculo para hacerlo en común. No es casi nada, pero es un punto de arranque inexcusable. Nada altera para mal, y mucho se conseguiría para bien de todos, para que esta democracia maltrecha que está siendo el hazmerreír de todos y la vergüenza para el que la patrocina e impone, sea de una vez real. Por fin ella sería una realidad aún no alcanzada.

Una unión entre todos los abertzales que nadie puede rechazar, creo yo. Sería una hecatombe para todos. Cada uno que sea lo que quiere, repito, que haga la política que le plazca en las cosas concretas y en la configuración del país, pero bajo el cobertizo de un derecho de autodeterminación que entre todos habremos conseguido y que él sólo conseguirá que este pueblo sea lo que él quiere. ¿A quién puede sobresaltar esto? ¿A quién puede herir? ¿Quién se puede zafar de esta reclamación común? ¿A quién le puede siquiera molestar, si es la quintaesencia de la democracia? ¿Quién lo puede negar, a no ser que parta de absolutos imperialistas cerrados y estériles, creadores de tensiones extremas?

Como anunciara en su momento y en su concreto alcance circunstancial Martin Luther King, todos tenemos un sueño, el de un pueblo en pie, unido para ob- tener un objetivo que a todo el mundo va a beneficiar y en nada va a estorbar a nadie, a no ser que se empeñe y se aferre a sus trasnochados imperialismos. Derecho de autodeterminación para todos. ¿No es esto lo que se busca para todos los pueblos, y no imperios caducos y ridículos? ¿Para qué, además? ¿Qué es lo que se va a conseguir con ellos? El cese de tensiones, luchas, sufrimientos y falta de una verdadera paz para todos y de una fraternidad sin desconfianzas ni escalas sociales o políticas. Quien se niegue a ello puede estar seguro de no ser un demócrata, aunque alardee de ello, y de cometer una flagrante injusticia, porque, aunque la democracia puede concretarse en diversas circunstancias en muchas cosas diversas, en las circuns- tancias en que se encuentra el País Vasco, ésta de la autodeterminación es para nosotros esencial, el punto de arranque de todo, y no digamos de la paz.

Un derecho de autodeterminación reconocido que a ciencia cierta traerá la paz. A mí me asombra una cosa que nunca he podido entender, aquella o aquellos que se empeñan en poner el carro delante de los bueyes. ¿Quién puede dudar de que, unidos todos los vascos en la reclamación como objetivo único en las próximas elecciones políticas del derecho de autodeterminación, ETA no va a aceptar lo que hasta ahora no ha aceptado, el cese de las armas que muchos abertzales le hemos pedido, para que el pueblo se pueda expresar con plena libertad hacia la paz total y en el ejercicio de todos sus derechos individuales y colectivos? Hagamos la prueba ya, ahora mismo. Estamos en la posibilidad próxima de ello. Veremos todos qué clima se crea. Estamos como quien dice tocando el cielo, y que nadie nos lo arrebate inmisericordemente, cruelmente, neciamente. ¡Maldito sea mil veces! Nunca hemos tenido una oportunidad como ésta, ni el pueblo todo, ni siquiera ETA. Eso, unido al plan Ibarretxe, con todos sus mejoramientos, aunque limitados, a conseguir, son la pura y elemental racionalidad. Seamos de una vez racionales, hagamos y pidamos lo posible y hasta lo fácil. Lo contrario sería una insensatez monstruosa que no podríamos resistir. Estoy pensando sobre todo en el PNV de Arzalluz, de Imaz o de Egibar. Ahora es la hora. Que se vea una vez de qué somos capaces los vascos.