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Manifestantes
de Barcelona relacionan el conflicto iraquí con los atentados.REUTERS
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ABC,
13 de Marzo de 2004
La
unidad de los partidos contra el terrorismo no resiste ni veinticuatro
horas
PABLO PLANAS
MADRID.
Alrededor de las nueve y media del 11-M, el lendakari Ibarretxe
comparecía ante los medios de comunicación. Fue el
primer político en atribuir a ETA la matanza de Madrid. En
ese momento, el número de víctimas se cifraba ya en
una cincuentena. «ETA escribe su final», decía
el lendakari, conmocionado por el efecto de las bombas colocadas
en los trenes de cercanías de Madrid.
Al
poco, el líder independentista catalán Carod-Rovira
declaraba a las emisoras Catalunya Ràdio y Ser sentirse «en
el centro del huracán» porque supuestamente había
comenzado una campaña contra él a cuenta de ese atentado
e insistía en la necesidad del «diálogo»
para acabar con el terrorismo. Tampoco para él cabía
ninguna duda sobre la autoría del atentado que en esos momentos
se decía que era el mayor cometido por ETA en toda su historia.
«Sectores
de la resistencia»
Sólo
para el portavoz de la ilegalizada batasuna, Arnaldo Otegi, la posibilidad
de que la masacre hubiera sido cometida por ETA no era ni una hipótesis.
Según Otegi, «sectores de la resistencia árabe»
eran los autores más probables de la matanza que rechazaba
«tajantemente», entre otras razones porque, afirmaba,
ETA siempre había avisado de la colocación de bombas.
Sin embargo, ese detalle que deslizaba restaba credibilidad a sus
palabras.
Los
terroristas de ETA tienen un amplio listado de atentados indiscriminados
en los que no hubo aviso previo. Por ejemplo, en la matanza de la
casa-cuartel de Vic no hubo aviso y no ha habido aviso cuando se
han hecho estallar coches-bomba al paso de furgones policiales o
autobuses de guardias civiles, «acciones» en las que
han resultado heridas o asesinadas personas ajenas a las Fuerzas
de Seguridad del Estado.
De
este modo, sólo la segunda comparecencia del propio ministro
de Interior, Ángel Acebes, abrió la posibilidad de
que el crimen hubiera sido cometido por otro grupo. Poco después
de las ocho de la tarde, Acebes desvelaba que la policía
había encontrado en una furgoneta robada en Alcalá
de Henares una cinta de audio con versículos del Corán,
lo que había ampliado las líneas de investigación.
Pero a esa hora, la unidad política ya había quedado
seriamente tocada.
En
el País Vasco, el PSE-PSOE se manifestaba por primera vez
en mucho tiempo al lado del PNV, mientras que el PP secundaba la
convocatoria del Foro de Ermua, la entidad cívica surgida
de las movilizaciones sociales contra ETA tras el asesinato de Miguel
Ángel Blanco.
Iniciativa
política y lema
Durante
toda esa negra jornada madrileña, el PP había llevado
la iniciativa política. El candidato Mariano Rajoy fue el
primero en anunciar la suspensión de sus actos electorales,
mientras que el PSOE lanzaba mensajes inequívocos en favor
de la alusión a la Constitución, pese a que en el
tripartito catalán se negociaba un lema alternativo para
las manifestaciones en Cataluña a instancias de ERC. Finalmente,
la formación republicana no consiguió su propósito,
pero la unidad de acción de los partidos políticos
ya había quedado seriamente tocada. La nueva línea
de investigación, sin descartar a ETA, anunciada por Acebes
acabó por desmañar el criterio conjunto.
La
fragilidad de esa unidad quedó manifiesta de nuevo ayer por
la mañana cuando PNV, ERC y PSOE atribuían al Gobierno
y al PP falta de transparencia informativa y, otra vez, una utilización
partidista del terrorismo. Sin embargo, la hipótesis de un
atentado islamista servía a los partidos de la oposición
para poner sobre la mesa del 14-M el factor electoral de la política
exterior del Ejecutivo de Aznar y la participación española
en la guerra de Irak. Por ejemplo, el candidato de Izquierda Unida,
que había tachado a los terroristas de ETA de «nazis»,
aseguraba que el ministro del Interior «se ha dejado llevar
por sus prejuicios». El ex presidente Felipe González
se sumaba a esas consideraciones al afirmar en la Ser que «sería
terrible que al final no fuera lo que nos han inducido a creer».
Ibarretxe pedía que se aclarasen las «dudas razonables»
sobre la autoría del crimen, mientras que para el nuevo líder
del PNV, Josu Jon Imaz, «para la sociedad vasca, el saber
que no ha sido ETA, dentro del horror, supondría que se nos
quitase una pequeña losa de encima».
La
solidaridad con las víctimas iba acompañada ya de
una polémica que redujo el impacto de las escenas de terror,
el listado de los muertos y la solidaridad ciudadana durante las
primeras horas del que es ya el 11-M de Madrid.
ETA
o Al Qaida
En
paralelo y mientras las calles de todas las ciudades españolas
se llenaban de manifestantes en contra del terrorismo -incluido
el de ETA- el ministro del Interior comparecía para advertir
que la situación de la investigación era poco más
o menos que la misma del día anterior. Ante los hechos que
apuntaban contra Al Qaida o alguna de sus múltiples ramificaciones
-el explosivo utilizado, la cinta con los versículos del
Corán, la reivindicación al diario en árabe
editado en Londres, o una llamada al periódico Gara en la
que un comunicante que decía hablar en nombre de ETA negaba
que esa banda hubiera cometido los atentados- seguían plantados
los argumentos policiales sobre los etarras: ya había intentado
masacrar un tren en dirección Chamartín las pasadas
navidades, nunca han descartado los atentados indiscriminados, se
han incautado planos con alusiones al corredor del Henares y la
última partida de explosivo intervenida a la banda era de
quinientos kilos, bastantes más de los empleados por los
asesinos del 11-M. |