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El Diario Vasco, 1 de Agosto de 2004

La comisión de investigación del 11-M no ha logrado determinar qué fue lo que falló

Ex ministros y responsables de seguridad negaron falta de previsión, aunque se ignoraron las alertas existentes Los mandos policiales apenas hicieron autocrítica
M. SÁIZ-PARDO / R. GORRIARÁN/COLPISA. MADRID

La comisión parlamentaria sobre los atentados del 11 de marzo concluyó su etapa de investigación y no pudo determinar qué fallos de prevención y seguridad hubo para impedir la matanza. Ninguno de los mandos de la Policía, la Guardia Civil y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), ni tampoco los ex responsables del anterior Ejecutivo, atinaron a dar una explicación clara y tampoco hicieron el menor atisbo de autocrítica. Se dio la paradoja de que el único que reconoció algún error fue alguien que no compareció ante los comisionados, José María Aznar, quien admitió que su Gobierno tuvo «la guardia baja».

El 11 de marzo, según confirmaron todos los jefes de las fuerzas de seguridad, estaba decretado el estado de máxima alerta porque se esperaba «un gran atentado» de ETA antes de las elecciones que se iban a celebrar tres días después ¿Cómo es posible que con todo ese dispositivo preventivo se desatara la tragedia? ¿Por qué nadie detectó unos preparativos en los que participaron, al menos treinta personas? ¿Por qué nadie se tomó en serio las amenazas de Bin Laden y los antecedentes de los atentados de Casablanca? Estos son algunos de los interrogantes que se han quedado sin respuestas concluyentes.

«Señor X»

El PP y los ex ministros atribuyeron los hechos a que hubo «una mano negra» (quizás ETA) o «una X o un señor X» detrás que organizó, inspiró y ordenó a un grupo de delincuentes efectuar la matanza. El PSOE, los nacionalistas e IU sostuvieron que no fue tan simple, y que hubo imprevisión cuando el anterior Gobierno debería haber tenido encendidas todas las luces de alarma tras las amenazas del líder de Al-Qaida y los atentados de Marruecos. Recordaron que se abandonaron seguimientos policiales de personas que después tuvieron un papel central, y denunciaron que hubo dejadez en el control del tráfico ilegal de explosivos. Mucho cruce de acusaciones, pero nadie, durante un mes de interrogatorios y 38 comparecencias, dio respuestas a qué falló el 11-M.

El ex titular de Interior, Ángel Acebes, aseguró que todos los informes sobre terrorismo islamista hablaban de «amenazas genéricas» y descartaban a España como escenario de atentados, aunque no como «lugar de refugio, de logística». No hubo, garantizó con rotundidad, «ningún aviso de un riesgo concreto y específico» y a pesar de ello, añadió, se realizó «un gran despliegue policial» por temor a que ocurriera un atentado... pero de ETA.

Argumentos similares fueron los utilizados por los jefes de las fuerzas de seguridad. Uno tras otro, todos achacaron la masacre a la fatalidad. Los menos se atrevieron a hacer una sombra de autocrítica, y casi ninguno se atrevió a hacer recomendaciones.

Alertas, sin embargo, las había, pero fueron infravaloradas. Los servicios de inteligencia tuvieron noticias de un instituto de relaciones internacionales de Noruega que recogió una amenaza concreta del terrorismo islamista, aunque de autor anónimo. El aviso recogido en internet decía que España «es el eslabón débil» de los países con tropas en Irak y susceptible de ser objetivo de «ataques terroríficos» a corto plazo.

Éste no era el único documento. Muchos otros papeles aportados a la comisión insistían en que las células durmientes podían despertar. Los encargados de la seguridad, como el ex máximo responsable de la Comisaría General de Información, Jesús de la Morena, dijeron sin embargo que «no había informes precisos de que se fuera a cometer un atentado».