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Decenas
de miles de personas en la plaza Colón de Madrid protestaron
contra los atentados. ÁLVARO HERNÁNDEZ / AP
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El
Diario Vasco, 13 de Marzo de 2004
Europa
se manifestó en Madrid
Dirigentes
políticos, sindicalistas, artistas y futbolistas se sumaron
a la convocatoria Millones de personas toman las calles del país
COLPISA./MADRID
Europa
se unió en Madrid en contra del terrorismo. Primeros ministros,
jefes de la diplomacia, embajadores, representantes de la Comisión
Europea se sumaron a la gigantesca manifestación que durante
más de dos horas colapsó el centro de la capital para
mostrar su solidaridad con las víctimas. Gobierno y oposición
marcharon codo con codo junto a dirigentes empresariales y sindicales,
presidentes de instituciones y representantes de todos los sectores
de la sociedad.
En
la cabecera de la protesta, junto al Príncipe Felipe y las
infantas Elena y Cristina, caminaban el presidente del Gobierno,
José María Aznar; los ex presidentes Leopoldo Calvo
Sotelo y Felipe González; los líderes del PP, Mariano
Rajoy; del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero; de
IU, Gaspar Llamazares; el ministro Ángel Acebes y los presidentes
del Congreso y del Senado, Luisa Fernanda Rudi y Juan José
Lucas; y del Tribunal Supremo, Francisco Hernando, y del Constitucional,
Manuel Jiménez de Parga.
A su
lado marchaban el presidente de la Comisión Europea, Romano
Prodi y el alto representante de la UE para la Política Exterior,
Javier Solana; el primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin;
el jefe del Gobierno de Italia, Silvio Berlusconi; el primer ministro
portugués, José Manuel Durao Barroso; el secretario
general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer; los ministros de Asuntos
Exteriores de Alemania, Joschka Fischer; de Suecia, Laila Freivalds;
de Argentina, Rafael Bielsa y de Marruecos, Mohamed Benaissa, y
los comisarios europeos Antonio Vitorino, Pedro Solbes y Loyola
de Palacio. El alcalde de París, Bertrand Delanoé;
el vicesecretario general de la OTAN, Alessandro Minuto y el embajador
en España de Estados Unidos, George Argyros, se sumaron también
a la marcha.
La
convocatoria atrajo a otros dirigentes políticos que viajaron
a Madrid para estar presentes en la protesta. El ex presidente de
la Generalitat, Jordi Pujol desfiló cerca de los portavoces
parlamentarios de CiU, Xavier Trías, y del PNV, Iñaki
Anasagasti; de la presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza
Aguirre, y del alcalde de la villa, Alberto Ruiz Gallardón.
Un poco más atrás, el presidente de la CEOE, José
María Cuevas; los líderes de Comisiones Obreras y
de UGT, José María Hidalgo y Cándido Méndez;
el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, y el presidente de
la Conferencia Episcopal, cardenal Rouco Varela, que nunca hasta
ahora había participado en una manifestación.
La
lluvia, que no cesó de caer, no arredró a otras muchas
caras conocidas que también se echaron a la calle para mostrar
su repulsa a la barbarie. La Duquesa de Alba y su hijo Cayetano
debutaron como manifestantes, al igual que el ex presidente del
BSCH, José María Amusátegui, o el presidente
del Real Madrid, Florentino Pérez, los jugadores Raúl
y Guti, y el director general del club, Jorge Valdano.
Almodóvar,
Bardem y Bibi
Más
veteranos en marchas populares, no faltaron tampoco el director
de cine Pedro Almodóvar y los actores Pilar Bardem, Javier
Bardem y Bibiana Fernández.
Otras
muchas personalidades de todo el mundo enviaron mensajes de condolencia
y solidaridad con las víctimas del atentado. Entre ellas,
alguno de los galardonados con el premio Príncipe de Asturias,
como el cineasta Woody Allen, el científico Robert Gallo,
el ex presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov,
el filósofo Jurgen Habermas o el músico Daniel Baremboim.
Calles
en silencio
En
el resto del país, a las 19 horas, sólo hubo dos sonidos:
el tañido de las campanas de todas las iglesias del país
y el rumor de los pasos de millones de españoles que, a esa
hora, inundaron las calles de sus localidades para mostrar su repudio
a la masacre perpetrada en Madrid, y también su solidaridad
con las víctimas de la barbarie. Las instituciones públicas
y privadas se volcaron con ellos. También la capital del
Estado, que en su honor levantará un monumento allí
donde se desató el infierno: la estación de Atocha.
Fue
una reacción ejemplar. Los ciudadanos dejaron a un lado las
cuitas sobre la autoría de la masacre y se echaron a las
calles para lanzar dos mensajes bien definidos: a los terroristas,
sean quienes sean, que siempre les tendrán enfrente; a las
víctimas, que nunca estarán solas. Pese a la persistente
lluvia que azotó buena parte de la península durante
todo el día -«No llueve, el cielo está llorando»,
rezaron algunas pancartas-, la práctica totalidad de los
núcleos urbanos del país vieron recorridas sus fantasmales
calles -el comercio y la hostelería cerró, así
como los lugares de divertimento- por nutridas manifestaciones de
repudio y dolor.
La
relación completa de actos y concentraciones es imposible.
Todas las capitales de provincia y los núcleos urbanos de
más de 50.000 habitantes vivieron manifestaciones multitudinarias
como nunca antes habían conocido. Probablemente los de menor
población también, pero no hay datos fiables. En todos
los sitios, los mismos gritos, las mismas protestas, las mismas
lágrimas igual de doloridas. Y todas las miradas, de frente
o de reojo, vueltas hacia el corazón del país. |