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El Mundo, 14 de Marzo de 2004

Embarazosa situación del Gobierno a pocas horas de la votación

FERNANDO GAREA

MADRID.- Los españoles acudirán hoy a votar con las heridas en carne viva, en un clima de dolor y tensión sin precedentes.

Y el Gobierno afronta las elecciones generales en una situación política embarazosa por la gestión de la crisis y porque la investigación de la masacre vuelve a colocar sobre la cabeza de José María Aznar su decisión más controvertida: la implicación de España en la Guerra de Irak.

Aznar inicia esta noche una amarga retirada de la política.

A partir de la media noche Aznar estará en funciones y quien quiera que sea el nuevo presidente deberá afrontar una de las situaciones más difíciles de los últimos años, empezando por unos resultados viciados.

Los 34,5 millones de españoles con derecho a voto están convocados antes las urnas en un clima de tensión sin precedentes que se concretó ayer en manifestaciones ante las sedes del PP, por primera vez en una jornada de reflexión. Una escena que recuerda a las que se vivieron hace un año cuando se preparaba la Guerra de Irak. Tampoco jamás en la Historia constitucional el candidato del principal partido había comparecido el día antes de los comicios para denunciar «coacción al electorado».

Todos los pronósticos previos de las elecciones han saltado por los aires y los resultados corren el riesgo de estar viciados.Hay que ver si calan las acusaciones del PSOE, formuladas anoche por Alfredo Pérez Rubalcaba, sobre la nefasta gestión de la crisis y la supuesta manipulación o retención de la información sobre los autores de la masacre por parte del Gobierno. Según esta posición, el Ejecutivo tuvo interés en que apareciera la autoría de ETA para quitar el foco sobre la Guerra de Irak y para utilizar contra el PSOE las gestiones de Carod en Perpiñán.

El primer día, el ministro del Interior, Angel Acebes, tras reunirse con Aznar, compareció para apuntar a ETA y descartar otras posibilidades.Luego por la tarde informó del hallazgo de la furgoneta con una cassette con versos del Corán. Y ayer informó de la certeza de la pista islámica. También el primer día, la ministra de Exteriores, Ana Palacio, envió una circular a las embajadas para que acusaran a ETA.

La versión del Gobierno es que es el principal interesado en esclarecerlo cuanto antes, como prueban las detenciones de ayer; que no oculta ninguna información y que es la oposición la que utiliza el horror y los muertos para arañar votos, recuperando el argumento de Irak. Añade que el primero en apuntar a ETA fue el lehendakari y que el Gobierno sólo se basó en los intentos recientes de la banda terrorista para realizar atentados de este tipo.

No se sabe tampoco si realmente la autoría del atentado decide el sentido del voto de alguien. Si, en todo caso, los ciudadanos prefieren una opción de mayoría absoluta firme para enfrentarse al terrorismo. O si la confirmación de la autoría islámica, como represalia por la presencia de Aznar en las Azores, se volverá contra el PP de Rajoy. Según esta versión, alentada desde la oposición, se demuestra que la decisión personal de Aznar tenía un coste para España en forma de vidas segadas por el fundamentalismo islámico.

La respuesta desde el Gobierno es que esa argumentación supone justificar el terrorismo, admitir que hay razones para matar y sostener que se busca -como Carod- una tregua restringida a un territorio concreto a costa de pagar un precio político.Cuando el viernes se le preguntó si se arrepiente de su decisión sobre la implicación en la Guerra, Aznar respondió: «No es el momento».

Todos los pronósticos, todas las encuestas y todos los mensajes de campaña han saltado por los aires, cualquier resultado estará viciado. Los españoles convocados a las urnas sólo tendrán en la cabeza y en el corazón las 200 víctimas de la masacre del jueves en Madrid.

Las novenas elecciones generales de la democracia ya eran especiales porque nunca antes todos los candidatos de los principales partidos habían sido nuevos y nunca antes el presidente del Gobierno no comparecía en las urnas. Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero se estrenan como líderes en unas generales y, en principio, son los únicos con posibilidad de gobernar.

Los principales partidos coinciden sólo en augurar una alta participación, en respuesta a los terroristas. También es imprevisible cómo afectará esa movilización al resultado final de las elecciones más tristes.

Hasta el jueves, todo parecía indicar que el PP ganaría las elecciones y la única duda estaba en si lograría los 176 escaños de la mayoría absoluta o si tendría que gobernar con apoyo sólo de Coalición Canaria o con respaldo de otro partido, como CiU. Los populares manejaban una horquilla de entre 168 y 179 escaños, dando por hecho que era casi imposible repetir los 183 del año 2000, cuando obtuvo diputados por muy pocos votos en una docena de circunscripciones.

Esos escenarios condicionarán como nunca los próximos cuatro años, porque el que gobierne deberá gestionar el desafío terrorista, el plan Ibarretxe y, en otro nivel, la reforma del Estatuto catalán.

Los socialistas preveían unos resultados de entre 140 y 150 escaños, muy por encima del suelo de los 125 que lograron en las anteriores.

IU aspira a llegar a 10 escaños, pero en este caso el factor fundamental es el del llamado voto útil de la izquierda, al que ha apelado reiteradamente Zapatero, para aglutinarlo en torno al PSOE. En cuanto a los partidos nacionalistas, todas las miradas se dirigen a Cataluña. La previsión era que ERC mantenga la subida que apuntó en las autonómicas generales, a costa de CiU.