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Varios miembros de la comisión conversan ante la mesa de Emilio Olabarria. [CHEMA BARROSO]

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DIARIO VASCO, 15 de julio de 2004

El mando policial que revisó la furgoneta contradice la versión de los informes del CNI

Asegura que los detonadores, restos de explosivos y la cinta con versículos islámicos no se encontraron hasta la tarde del 11 de marzo La afirmación se ajusta a la cronología del Gobierno del PP

A. TORICES / E. SAN JUAN/COLPISA. MADRID

El máximo responsable policial sobre el terreno durante el hallazgo y primer examen de la furgoneta de los terroristas, Luis Martín Gómez, afirmó ayer en el Congreso, con toda rotundidad, que los detonadores, los restos de un cartucho de dinamita y la casete con versos coránicos que había en su interior no se hallaron el 11 de marzo por la mañana, mientras el vehículo permanecía todavía aparcado en Alcalá de Henares, a escasos metros de la estación de cercanías. Según su versión, las pruebas se encontraron por la tarde, durante una inspección en las instalaciones policiales de Canillas (Madrid).

Con esta afirmación, el inspector, jefe del grupo de Policía Científica de la comisaría de Alcalá de Henares, contradijo la versión de Luis Garrudo, el portero que descubrió el vehículo de los terroristas, que ante la comisión de investigación señaló que creyó oír a algunos agentes que habían hallado estos elementos probatorios durante la inspección en Alcalá, que se alargó de las 11.00 a las 14.15 horas del día de la masacre. También contradijo las interpretaciones que algunos parlamentarios hicieron de una de las notas del CNI conocidas el martes en la comisión, que apuntaron a que los detonadores se hallaron en Alcalá por haberlos dejado los terroristas «a la vista» dentro del vehículo.

Por contra, la declaración de Marín confirma los informes oficiales de la Policía, que indican que tanto los elementos explosivos como la casete, que sirvieron para que el Gobierno insinuase en la tarde del 11 de marzo la existencia de una segunda vía de investigación policial, la islamista, se descubrieron en la instalaciones policiales de Canillas, a donde se trasladó la furgoneta para realizar la inspección policial a fondo.

El compareciente afirmó que está tan seguro de lo que dice porque a la furgoneta, durante todo el tiempo que permaneció en Alcalá, sólo se acercaron él y los guías caninos, y que sólo él llegó a entrar en el interior del vehículo. La razón de ello es, según dijo, que recibió órdenes de comprobar, mediante el rastreo de los perros y con una inspección ocular, que no había artefactos explosivos en la furgoneta antes de trasladarla a las instalaciones policiales, donde se inspeccionaría de forma exhaustiva el interior.

Nada a la vista

Marín Gómez añadió que los rastreos de los perros y la inspección exterior del vehículo descartaron la existencia de artefactos explosivos y que en la inspección visual que realizó del interior sin abrir las puertas no vio elemento alguno que le llamase la atención y, desde luego, no descubrió los elementos que luego se hallaron en Canillas.

El inspector explicó que tuvo que entrar en el coche durante un instante para que se lo pudiese llevar la grúa porque era necesario ponerlo en punto muerto, pues tenía una marcha metida. Señaló que se puso unos guantes, abrió el portón trasero -que minutos antes forzaron para que el perro olfatease la zona de carga-, quitó el seguro de la puerta del copiloto, abrió la puerta desde el exterior, colocó la palanca en punto muerto y volvió a cerrar. Durante los instantes que permaneció en el interior, según contestó a varios diputados, tampoco vio nada.

La narración del jefe de Policía Científica de Alcalá contradijo, no obstante, la declaración realizada por el jefe de esta misma comisaría, Eduardo Blanco, ante la comisión, en la que hace unos días aseguró en al menos tres ocasiones que nadie había entrado en la furgoneta durante el tiempo que fue inspeccionada en la calle.

Uno de los guías caninos que inspeccionó la furgoneta, Francisco Javier Alemán, coincidió ayer en su declaración ante la comisión con las palabras de Martín Gómez. Indicó que él sólo se acercó a la furgoneta para guiar al perro por el exterior, pero añadió que mientras realizaba la operación hizo una inspección superficial del interior del vehículo, a través de las ventanillas, en la que no vio nada que le llamase la atención salvo un chaleco reflectante.

Contradicciones

La declaración que el primer día de la comisión hizo Luis Garrudo, el portero de Alcalá de Henares que alertó a la Policía de la presencia de la furgoneta usada por los terroristas, provocó entonces un verdadero terremoto. Garrudo aseguró ante los diputados sin ningún género de dudas haber oído a pie de furgoneta que los agentes habían encontrado en la primera inspección ocular los siete detonadores.

Era una declaración que desmentía la versión oficial del Ministerio del Interior, según la cual los funcionarios no hallaron ni los detonadores ni la cinta coránica hasta las 15.30 horas del 11-M, una vez que el vehículo fue trasladado a Canillas.

El pasado día 6 varios comisionados insistieron en preguntar a Garrudo si estaba convencido de haber oído por la mañana que habían encontrado los detonadores. El portero fue tajante al afirmar que sí. Sin embargo, el portero no siempre ha mantenido ese misma certidumbre. El juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo remitió ayer al Congreso la declaración que Garrudo prestó ante el magistrado el pasado 19 de mayo. En este interrogatorio, el portero tuvo muchas más dudas que en la comisión a la hora de hablar del momento del hallazgo de los detonadores.

Su declaración policial asegura que: «Hacia las 13.00 horas llegaron otros policías de la unidad canina que reconocieron la furgoneta para comprobar si había algo en su interior. Al rato, decidieron forzar el portón trasero de la furgoneta, y todo eso lo vio el declarante desde su casa. Luego se enteró de que en el interior de la misma había entre otras cosas siete detonadores, pero cree que no lo oyó en ese momento, ya que a lo mejor se lo dijeron después».