|
||||||||
|
EL PAÍS | País Vasco - 19-06-2004 El juez descarta que los cuerpos policiales conocieran los preparativos del 11-M Del Olmo
confirma que los confidentes no avisaron a ningún agente del tráfico
de explosivos Luego, tras cruzar las llamadas de los teléfonos móviles y el movimiento de las tarjetas activadas en Morata de Tajuña, se descubrió que el teléfono número 665040605, que correspondía a Jamal Ahmidan, El Chino o Mowgli, -uno de los suicidas de Leganés- había viajado a Asturias el 28 de febrero. También se localizó a un ex minero, José Emilio Suárez Trashorras, que había mantenido numerosos contactos telefónicos con los integrantes de la "célula de Morata de Tajuña". Sólo tráfico de droga Suárez proporcionó los detonadores y los explosivos a los terroristas, pero nunca informó a la policía que "los moritos", expresión utilizada por él, se interesaban por explosivos y detonadores. Unicamente dijo que estaban dedicándose al tráfico de drogas. El otro confidente, Rafá Zuheir, informó el 17 de marzo a un oficial de la Guardia Civil que sospechaba que Jamal Ahmidan, El Chino, estaba detrás de los atentados porque tenía detonadores y explosivos. Sin embargo, el confidente no orientó a los investigadores a Asturias, sino al País Vasco, a Bilbao. Zuheir confirmó al juez que antes del 11-M no había transmitido información alguna sobre preparativos de los atentados, aunque sí había informado a la Guardia Civil en los primeros meses de 2003 de que dos asturianos, José Emilio Suárez Trashorras y Antonio Toro, le habían ofrecido detonadores y explosivos para quien estuviera interesado. Zuheir llegó a proporcionar a la Guardia Civil una muestra de los explosivos que Suárez y Toro proporcionaban, como confirmó el agente del Servicio de Información del instituto armado cuando declaró como testigo en la causa. El cruce de llamadas telefónicas demuestra que Suárez llamó a Jamal Ahmidan 11 veces entre el 20 de enero y el 4 de marzo de 2004, y fue llamado por éste en 28 ocasiones. Además, realizó numerosas llamadas a otros teléfonos que utilizaban los miembros de la célula de Morata de Tajuña. La implicación de Suárez Trashorras en los hechos aumenta por momentos, y así lo refleja el auto del juez Del Olmo, que señala que tras recibir las peticiones de Jamal Ahmidan, Suárez "procedió a fijar el sistema de recogida de la sustancia explosiva y su traslado a Madrid". Así, ofreció 600 euros a Sergio Álvarez para que trasladara a Madrid el 5 de enero una supuesta partida de DVD piratas, que en realidad eran explosivos. La bolsa que contenían los explosivos la recogió en Madrid Jamal Ahmidan y Suárez nunca pagó los 600 euros. Tras los atentados, Álvarez se percató de la trascendencia de los hechos cuando se enteró de la detención de Suárez y vio la foto de Ahmidan en los periódicos, pero no dijo nada por miedo. Un menor también transportó a Madrid una bolsa de deportes con candado, en la que supuestamente había explosivos, y de la que se hizo cargo Ahmidan, según ha confesado el menor. Lo curioso es que Suárez niega las evidencias y asegura que el menor miente. Suárez sigue manteniendo que creía que los explosivos iban a ser utilizados en una explotación minera en el Magreb, aunque no ofrece ni pruebas ni datos que avalen su versión. La mayor parte de los explosivos utilizados para el 11-M y en la bomba colocada en las vías del AVE fueron obtenidos en el viaje que Ahmidan, Mohamed Oulad y Abdennabi Kounjaa, tres de los integrantes de la célula de Morata de Tajuña, realizaron a Asturias el 28 y 29 de febrero de 2004. Dinamita
sin control El informe remitido por la Guardia Civil no lo tiene tan claro. Aunque señala que los cartuchos de goma-2 ECO del piso de Leganés pudieron llegar a Mina Conchita entre el 23 de enero y el 25 de febrero de 2004, precisa que "al no existir un control riguroso de las numeraciones del explosivo que fue enviado a Mina Conchita desde el depósito de Valdellano, no se puede afirmar con absoluta certeza que los cartuchos hallados en el piso de Leganés, con las numeraciones investigadas, procedan de Mina Conchita". "Otras muchas explotaciones", precisa el informe, "tanto en España como fuera del territorio nacional, han consumido cartuchos con las numeraciones investigadas". Los estudios
de los detonadores son más coincidentes, ya que las citadas minas
asturianas reciben cantidades próximas a los 7.000 detonadores
mensuales, mientras otras minas reciben una treintena. En febrero de 2004
llegaron a Collada y Anexas 3.000 de estos detonadores, y a Mina Conchita,
2.350 del mismo tipo, así como 1.650 de los de cobre de dos metros
de rabiza. |