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ABC, 11 de mayo de 2004

Los que previeron el 11-M

Si entre el 11 y el 14 de marzo algunos medios de comunicación ofrecieron una lección de virtuosismo en técnicas comunicativas de erosión de imagen de un Gobierno, ahora intentan rizar el rizo con una fantástica reescritura de la lucha antiterrorista en España. Presentan informes genéricos del CNI, que no van más allá del saber común, como advertencias especificas sobre atentados del Al Qaeda, transforman la amenaza fundamentalista contra todas las democracias en avisos indicadores de un próximo 11-M, y, sobre todo, y esto es lo más grave, pretenden convertir al partido político que más insistió en la gravedad del problema terrorista, nacional e internacional, el PP, en un inconsciente que no prestó la atención necesaria a la lucha antiterrorista.

He aquí que esa izquierda española que ridiculizó en el Congreso al anterior ministro de Interior tras la detención en enero de 2003 de varios fundamentalistas con aquello de que «la mentira es la mentira y el jabón es el jabón», la misma izquierda que siempre ha mirado por encima del hombro a un PP «obsesionado por el terrorismo y la seguridad», la que incluso ha sugerido que la alerta sobre los peligros del terrorismo fundamentalista era una exageración de líderes exaltados y agresivos como Aznar, Bush y Blair, esa izquierda acusa ahora a la derecha de justo lo contrario de lo que la acusaba antes del 11-M. Los «obsesivos antiterroristas» ha sido convertidos en los «blandos inconscientes».

Es tal la incongruencia del mensaje que incluso se utiliza como elemento de apoyo la difusión entusiasta de las tesis de Richard Clarke, ese oportunista que era máximo responsable de la lucha antiterrorista en Estados Unidos el 11-S y que ahora cuenta a la opinión pública mundial que él no tuvo ninguna responsabilidad, que toda correspondía al descuidado de Bush.

Pero, lo que es casi cómico, la izquierda española parece encantada con un personaje más belicista que Bush, que lo que quería, mucho antes del 11-S, era poner en acción medidas militares como bombardear los campamentos de Al Qaeda.

Y el daño al consenso antiterrorista se intensifica. Ese consenso ya sufrió un duro golpe entre el 11 y el 14 de marzo cuando los mismos que tanto habían repetido que no había que usar políticamente el terrorismo, olvidaron repentinamente sus advertencias. Pero cuando todos esperábamos una vuelta a la sensatez, las cosas no hacen más que empeorar.

Persiste el intento de deslegitimación del trabajo antiterrorista del PP y continúa la difusión de la peligrosa tesis de que es posible prevenir un atentado.

Mientras esto ocurre, el presidente del Gobierno se mantiene agazapado tras su talante y simpatía, como si nada tuviera que ver con la lucha antiterrorista. Tal vez confía en que a él la suerte le sonreirá y ningún atentado ensombrecerá su mandato; porque, si esto ocurriera, todos los argumentos que sus círculos próximos lanzan contra el Gobierno anterior se podrían volver contra él. Y para entonces, quizá no le quede consenso antiterrorista al que apelar.

EDURNE URIARTE