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EL MUNDO, 21 de julio de 2004

CONFESIONES ASOMBROSAS, COARTADAS INCREIBLES Y UN ESTRAMBOTE TENEBRISTA

La comparecencia ayer ante la Comisión del 11-M del jefe de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, Félix Hernando, no ha hecho más que acrecentar nuestras peores sospechas de que tras el mayor atentado terrorista de la Historia de España se oculta una oscura trama como mínimo de graves negligencias e inquietantes vasos comunicantes. Tras el testimonio de Hernando quedan flotando sensaciones de enorme gravedad. En primer lugar, que el jefe de la UCO no dijo la verdad ante el Parlamento. En segundo término, que el informe firmado por el general Gómez Arruche y luego entregado por el Gobierno al Parlamento y al juez está plagado de omisiones, mentiras y contradicciones. Y, en tercer lugar, que toda acción que suponga seguir impidiendo la comparecencia de los confidentes y de sus controladores supone una afrenta a la democracia y una estafa a los ciudadanos.

De los muchos datos inverosímiles que salieron de boca de Hernando -quien, según las versiones a las que Garzón dio en su día total credibilidad, llevó a Suiza el maletín para comprar el silencio de Amedo y Domínguez-, el más flagrante es que el 12 de marzo el agente Víctor habló con su confidente Zouhier hasta cuatro veces pero que en ninguna de esas conversaciones trataron de los explosivos, sino solamente de un skin buscado por la Guardia Civil en Cataluña.

Conversación inverosímil

Es decir, que el jefe de la UCO nos quiere hacer creer que un agente, que a esas horas ya conocía la existencia de importantes indicios que apuntaban a la pista islámica -la ya famosa furgoneta con sus detonadores y su cinta coránica- y estaba al tanto de que el explosivo hallado en la mochila de Vallecas era Goma 2 Eco, no preguntó a su confidente si tenía algún dato que permitiera averigar el origen de esa dinamita. Un confidente que no era, ni mucho menos, un delincuente o chivato cualquiera, sino el mismo individuo que un año antes le había puesto sobre la pista de los explosivos de Avilés. La misma persona con quien viajó a Asturias para identificar a los traficantes de dinamita; el que le había entregado en la mano una muestra de la Goma 2 Eco vendida por Toro y Suárez Trashorras; y el mismo al que periódicamente había llamado para saber si había nuevos datos en relación con la trama de los explosivos.

No sólo eso. Cuando el 12 de marzo Víctor descolgó el teléfono ya sabía que su interlocutor tenía vínculos muy estrechos con varios islamistas, puesto que había sido gracias a la información aportada por Zouhier que la UCO había llevado a buen puerto la Operación Merlín, que se saldó con la detención de 13 ladrones de joyerías, entre ellos Rachid Aglif, íntimo amigo de Jamal Zougam y como él imputado por el 11-M. Así lo reconoció ayer el propio Hernando en respuesta a una de las preguntas del minucioso e incisivo interrogatorio al que le sometió el portavoz popular Vicente Martínez Pujalte.

También en relación con esta conversación y con las otras tres que Víctor mantuvo con Zouhier los días 4, 9 y 10 de marzo, resulta inexplicable y como tal muy sospechoso que éstas fueran omitidas por completo del informe del que Gómez Arruche intentó ayer desmarcarse asegurando que él se limitó a firmar lo que otros le habían puesto delante. Dicho informe -que significativamente tampoco menciona la operación Merlín- está redactado cronológicamente y de forma que se entremezclan las aportaciones realizadas por Zouhier a diversas operaciones policiales con sus revelaciones sobre la trama de Avilés. Y, sin embargo, cuando llega el momento de explicar qué tipo de información ofreció el confidente a sus controladores antes y después del 11-M, el documento se escuda en la ambigüedad -se refiere a «el siguiente contacto» sin aclarar respecto a qué fecha- para dar a entender que Zouhier no dijo ni una palabra que permitiera sospechar a los agentes de la UCO lo que estaban tramando El Chino y su banda. Ayer descubrimos por Hernando que el informe miente, que Zouhier y Víctor hablaron como mínimo en ocho ocasiones entre el 4 y el 13 de marzo. ¿O es que a la persona que lo redactó y cuyo nombre debe ser puesto en conocimiento de la Comisión no le parecía éste, un dato que ha dejado a todo el mundo boquiabierto, relevante para la investigación?

Otra información de gran interés aportada ayer por el jefe de la UCO es que el superior de Víctor, un tal Paco, acudió a la cárcel de Valdemoro para «presentar» a Zouhier a dos miembros de los servicios de Información que investigaban los explosivos, quienes a su vez solicitaron al recluso que les pusiera en contacto, mediante una carta, con Antonio Toro. Este dato merece en sí mismo una investigación a fondo y que se llame a declarar de inmediato tanto a Paco como a Zouhier, Toro y a los agentes que les querían contactar.

No menos urgente, en este sentido, es la comparecencia de los máximos responsables de la Comandancia de Asturias, a quienes Hernando no dudó ayer en transferir toda la responsabilidad por el estrepitoso fracaso de la investigación de la trama de los explosivos; un fracaso que permitió al comando de Leganés hacerse con su carga mortífera. Según su testimonio, la UCO se desentendió por completo de dicha investigación tras remitir un informe a sus colegas asturianos el 27 de febrero de 2003, después de lo cual tampoco supo nada más del «vasto y extenso operativo policial» al que se refiere el informe de Arruche. Si ello es verdad -y no está claro que lo sea ya que agentes de la Guardia Civil de Avilés aseguran que a ellos sólo les mencionaron el tráfico de pastillas-, entonces ¿para qué siguió la UCO interpelando periódicamente a Zouhier sobre los explosivos?

Todo sugiere que Hernando es consciente de que son cada vez más las posibilidades de que Zouhier acabe compareciendo ante la Comisión del 11-M y que, un tanto desesperadamente, está buscando una salida. Por una parte, echando balones fuera y por otra, reconociendo algunos datos clave que hasta ahora permanecían ocultos.

Pero su estrategia no parece acabar ahí. Sin que nadie se lo preguntara, el jefe de la UCO concluyó su intervención lanzando un mensaje estremecedor a Zouhier sobre el enorme riesgo que entraña delatar a los amigos. El confidente, aseguró, «está perdido»; «su vida corre peligro» y deberá «cuidarse muy mucho porque será objeto de las iras de aquellos a los que vendió». ¿Se refería Hernando con tan tenebroso estrambote sólo a los delincuentes a quienes denunció Zouhier o procede el peligro también de quienes hasta ahora le habían protegido?