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ABC, 9 de agosto de 2004 LA COMISIÓN DEL 11-M, SIN TRUCOS DESDE el PSOE se ha sugerido un final trucado para la Comisión investigadora del 11-M, consistente en aparcar las declaraciones explícitas de responsabilidad política del PP a cambio de un pacto de Estado contra el terrorismo islamista. La reacción de la mayoría de los grupos, incluido el PP, ha sido contraria, como no podía ser de otra forma ante un sondeo que, si se consumara, significaría un escandaloso fraude político. Las conclusiones de la Comisión y el pacto contra el terrorismo islamista tienen sus propias razones de existir, independientes unas de otras, y responden a necesidades políticas diferentes, aun cuando los atentados del 11-M hayan establecido una conexión temporal y política. Para el PP no tiene ningún atractivo que le ofrezcan unas conclusiones cómodas cuando ya está amortizado el mayor mal que le pueden suponer, es decir, la acusación de que mintió entre el 11 y 13 de marzo. A estas alturas, y gracias a la propia investigación y, preferentemente, a la declaración de Ángel Acebes, es una acusación sin crédito alguno. Mayor dificultad tendrá el PSOE, en el plano moral y político, para mantener esas imputaciones en el texto final que se debata en septiembre. Ya no hay opinión pública para un linchamiento gratuito del PP y es el PSOE el que tendrá que asumir las consecuencias de haber acusado sin pruebas. Su mayoría parlamentaria le permitirá hacer unas conclusiones a su medida, pero si no se corresponden con lo que los ciudadanos han visto y oído en el Congreso de los Diputados, perderá todo el capital político invertido en su ajuste de cuentas con el PP. Los populares se han sacudido el aturdimiento de la derrota y la sociedad española ha hecho lo mismo con la conmoción de los atentados. En cuanto al pacto contra el terrorismo islamista, siempre será mejor tenerlo que no tenerlo, pero es más que dudoso que ahora mismo concitara un consenso superior al del Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo de diciembre de 2000, que el PNV pretende dinamitar proponiendo un único pacto que «replantee» la política contra ETA. Hay grupos políticos que no comparten siquiera el concepto de terrorismo que están aplicando los Tribunales españoles. Mayor será su discrepancia para articular una respuesta común al terrorismo integrista, que está camuflado tácticamente en el plano internacional con coartadas teóricas y conflictos reales que impiden a una parte de la opinión pública, sobre todo europea, distinguir entre víctimas y verdugos. La situación de Palestina, la postguerra iraquí y, en general, la atracción por un islamismo antiamericano constituyen prejuicios insalvables para que una parte de la izquierda se sume a un consenso que, si se pretende que sea eficaz, tiene que abordar, en el plano político, el rechazo a cualquier legitimación del terrorismo integrista, y en el plano operativo, la voluntad de cooperar con nuestros aliados, la disposición a utilizar la fuerza en acciones militares y el compromiso con una comunidad internacional de inteligencia. En política interior, la legislación antiterrorista actual es suficiente para replicar con eficacia al terrorismo islamista y amparar a las víctimas, pero es necesario añadir un diagnóstico común sobre la amenaza del integrismo musulmán, lo que requiere sinceridad y falta de prejuicios. Hay un riesgo procedente de unas organizaciones terroristas, sin finalidad política alguna, que aspiran a un cambio de civilización y están animadas por una visión fanática de su religión. Cuentan con una infraestructura mundial y con recursos económicos y materiales suficientes para causar daños y víctimas en proporciones inimaginables. Tratar este riesgo con ingenuidades multiculturalistas o prejuicios ideológicos que ignoren la incidencia de la inmigración o del culto de doctrinas radicales sólo aumenta la debilidad de las democracias amenazadas. Ese pacto antiterrorista merece el esfuerzo de PP y PSOE, pero no podrá ser complaciente con la corrección política. Y menos aún ser el precio para adulterar la Comisión del 11-M. |