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La Vanguardia, 13 de Marzo de 2004

EDITORIAL

Civismo maduro

Ciudadanos de toda España vivieron ayer un día de profundo dolor y sentido luto por las víctimas de los cuatro atentados perpetrados contra cuatro trenes de cercanías, en Madrid, la mañana del jueves y que segó doscientas vidas e hirió a casi mil quinientas personas. Un atentado que ha golpeado no sólo a la sociedad española, sino europea y mundial, y que constata una vez más que el terrorismo se ha mundializado.

Si el mismo día del cruel atentado fue una jornada de horror pero también de solidaridad de los madrileños para con las víctimas y sus familias y de los españoles para con los madrileños, la de ayer fue una jornada de luto, expresado la mayoría de las veces en contenido silencio en concentraciones, paros y masivas manifestaciones de protesta.

De nuevo los ciudadanos españoles han mostrado la cívica madurez de que vienen haciendo gala desde hace años con su callada, unánime y unitaria muestra de solidaridad con las víctimas y sus familias, y en defensa de la democracia. Instituciones públicas y privadas, organizaciones sindicales, patronales y sociales, comercios, clubs y asociaciones de todo tipo fueron protagonistas del clamor unánime contra el terrorismo y contra el miedo. Cientos de miles de muestras anónimas, como el de colgar telas blancas con crespones negros en los balcones o encender velas en las calles y colocar flores en lugares simbólicos, proliferaron en las ciudades sin que se diesen consignas en este sentido. El calor humano de la ciudadanía se impuso, de nuevo, frente a quienes pretenden atentar contra la paz y la cohesión social.

El atentado del jueves en Madrid es el más duro y mortífero que ha sufrido España desde la Guerra Civil. Al lógico estado de shock de la sociedad le siguió el dolor y el luto, el afecto por las víctimas y sus familias y la solidaridad. Un sentimiento que, por supuesto, no termina con las masivas manifestaciones de ayer, sino que proseguirá hasta que se hayan restañado, en la medida de lo posible, las heridas físicas y psíquicas sufridas. La ciudadanía ha aprendido a estar con las víctimas del terrorismo y seguirá haciéndolo.

La sociedad española se pregunta ahora el quién y el porqué. Sobre todo se interroga quién está detrás de un atentado tan cruel e inexplicable a cualquier razón. En la mañana del jueves, todo parecía señalar como autora a la banda terrorista ETA, creencia propiciada por la declaración institucional de la presidencia del Gobierno de Ajuria Enea y después desde el Ministerio del Interior. Unas declaraciones, del lehendakari Ibarretxe y del ministro Acebes, que bien pudieron ser precipitadas por la tremenda impresión del atentado y la necesidad de dar una respuesta inmediata y creíble basada en deducciones aunque no en certezas. A última hora de la tarde del jueves, sin embargo, se abrió la posibilidad de una acción del terrorismo islamista y más en concreto de la red de Al Qaeda, una posibilidad que, durante el día de ayer, fue ganando crédito.

Sin embargo, el ministro del Interior en una comparecencia a media tarde de ayer mantuvo la ambigüedad sobre la autoría de los atentados aunque insistió en la de ETA como hipótesis principal, sin más argumento que los antecedentes más inmediatos de la banda y su conocida voluntad de cometer un atentado extraordinariamente mortífero. Coincidiendo en el tiempo con la rueda informativa del ministro Acebes, la banda negaba cualquier responsabilidad en los atentados del jueves en Madrid en una llamada telefónica a ETB y al diario “Gara”, que acostumbra a actuar de portavoz de los terroristas. La credibilidad del ministro del Interior jamás podrá compararse con la de una banda terrorista por mucho que haya asumido casi siempre sus fechorías.

La incertidumbre sobre la autoría de los atentados ha hecho mella en la opinión pública, una parte de la cual puede mostrarse desconcertada cuando no con la impresión de que se le está escondiendo información por motivos únicamente electorales. Un supuesto que resulta poco creíble pero que puede haber calado en un sector de la ciudadanía. Los partidos políticos urgen al Gobierno a ser diligente, transparente y veraz en la información sobre las investigaciones de las fuerzas de seguridad. Pero difícilmente puede informarse sobre conjeturas y presunciones. La certeza de la investigación no debe ser nunca objeto de premuras.

La jornada electoral
Los terroristas, eso sí que es seguro, han actuado a sabiendas de que la celebración de las elecciones legislativas de mañana puede poner en dificultades la unidad entre los demócratas, porque dividir es uno de sus objetivos. Unos comicios los de mañana que son, ciertamente, muy importantes y con suficientes interrogantes como para que las legítimas ambiciones de unos y otros se enfrenten, especialmente si se tiene en cuenta que uno de los ejes de la suspendida campaña era, precisamente, la supuesta utilización electoralista del terrorismo.

Todos los partidos políticos han superado con sobresaliente la trampa de la división que les tendieron los terroristas y han estado a la altura exigida. Como lo han estado los ciudadanos. No cabía esperar otra actuación, por supuesto, de unas instituciones que son uno de los pilares de la democracia. Otra forma de actuar hubiera sido decepcionante a la par que muy peligrosa para el futuro de nuestra convivencia pacífica, ya suficientemente puesta a prueba con el brutal atentado del jueves.

Ahora es preciso seguir confiando en la profesionalidad de las fuerzas de seguridad y dejar que las investigaciones sigan su curso hasta la completa aclaración de los hechos y la detención de los autores. Pero también es necesario que la asistencia a las urnas en el día de mañana sea también muy masiva. Cuantos más ciudadanos acudan a expresar su voto más se refuerza la democracia y más contundente es el rechazo al terrorismo. Una alta participación electoral será también una dignísima manera de homenajear a las víctimas del atentado del jueves en Madrid.