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La Razón, 13 de Marzo de 2004

EDITORIAL

España unida

La comparecencia, ayer, del presidente del Gobierno, José María Aznar, no sirvió para que los ciudadanos conozcamos quién ordenó y quién llevó a cabo la matanza del jueves en Madrid. El Gobierno afirma que, en estos momentos, no puede descartar ni la implicación de la banda ETA en este atentado, ni que los autores de los asesinatos pudieran ser extremistas de origen islámico, pertenecientes o no a la red de Al Qaida. Según eso, lo que hoy parece más conveniente es dejar trabajar en libertad a las Fuerzas de Seguridad del Estado y, en lugar de enredarse aún más en la madeja creciente de rumores y medias tintas, no perder la perspectiva que supone la brutalidad del ataque sufrido por los españoles. Y es que, al margen por completo de posibles interpretaciones o utilizaciones torticeras de hechos tan brutales que han conmocionado a todo el mundo, si es ETA quien superó el jueves todas sus marcas de vesania, ello no haría en modo alguno buenos a los terroristas de Al Qaida. Si los islamistas no han atentado hasta ahora en España ello no les hace menos asesinos ni su actitud merece un desprecio menor.
Historial sangriento

Y lo mismo ocurre en caso contrario: si ETA no tuvo parte en la masacre, tampoco su organización criminal dejaría de serlo un ápice, pues conviene recordar sus planes frustrados por la Policía, y que llevaba sus mochilas bomba repletas con la sangre de un millar de víctimas inocentes que sólo querían vivir en paz y en libertad. Y es que es innegable que, en la España de hoy, donde un individuo como Otegui goza de la seguridad jurídica y la libertad sobrada para moverse a su antojo y permanecer en su escaño pese la ilegalización de su grupo, o dos etarras son puestos en libertad porque el imperio del Estado de Derecho les permite beneficiarse de errores en su proceso, el terrorismo carece de cualquier tipo, no ya de justificación, sino de simple explicación. Lo cierto es que todos los terrorismos carecen de justificación y, como sabemos hasta la saciedad desde el 11-S, coinciden en el asesinato de inocentes con matanzas indiscriminadas. Hemos insistido en estas páginas que aquel día terrible cambió el mundo y estamos desde entonces implicados en una subterránea guerra mundial de la que nadie puede considerarse neutral o creerse a salvo.

Manipulación electoral

Pero sería absurdo ignorar que este tipo de criminales mata simplemente por el placer de asesinar y que no busca dividir a los pueblos, doblegar sus voluntades por medio del terror y la siembra de la discordia. Por eso los atentados se han producido intencionadamente en plena campaña electoral, porque es evidente que de alguna forma buscan romper la tranquilidad democrática e incidir con su baño de sangre en la intención de voto de los españoles. Éste es el motivo de que hoy, más que nunca, resulte imprescindible mantener la serenidad, tal y como han reflejado, con magnífica exhibición de talante democrático, las últimas intervenciones de los candidatos del PP, y del PSOE, manteniéndose al margen de la tentación de servirse de esta desgracia como arma electoral, que sería tanto como dar una baza los terroristas en su sangriento intento de alterar los resultados de las elecciones generales de este domingo.

Respuesta del pueblo español

ETA, Al Qaida, o quien haya sido el bárbaro que ordenó la matanza, encontró una justa respuesta el mismo jueves, en la extraordinaria solidaridad, en el comportamiento, ejemplar y digno de la mayor de las admiraciones, de los españoles unidos ante una desgracia de dimensiones tan tremendas como la que nos ha tocado ahora sufrir. Ayer, en todas las ciudades los españoles se reunieron al mediodía, frente a sus centros de trabajo o en la misma calle, para recordar a las víctimas y hacer ver los terroristas que nada podrán contra nosotros. Y ya por la tarde, en impresionantes manifestaciones, pero sobre todo en el corazón de Madrid, el escenario de la masacre, dijimos en voz alta y de forma inconfundible que estamos unidos ente el crimen y dispuestos a todo para defender nuestra libertad, nuestra Constitución y nuestra convivencia, nuestro estilo de vida. Nuestra nación, en suma. Podemos sentirnos orgullosos de haber afrontado con éxito, en estos días de horror, de dolor compartido, un reto para la dignidad nacional.

Serenidad frente al terrorismo

Somos, como han recordado estos días tanto El Rey como el presidente del Gobierno y los principales líderes de los grandes partidos políticos, una gran nación, uno de los mejores países del mundo, que también en la desgracia es capaz de mantener la unidad y la serenidad.
Éstas son nuestras mejores armas para combatir el crimen, las que ayer desfilaron por las calles en una noche desapacible, cansadas de llorar y de sufrir por las víctimas, y las únicas que nunca podrá derrotar al terrorismo. Venga de donde venga.