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El Mundo, 13 de abril de 2004 EDITORIAL Lo que se sabe y lo que no se sabe del 11-M Apenas transcurrido un mes desde la masacre del 11-M, la investigación policial ha avanzado notablemente y ofrece ya un retrato provisional de cómo y quiénes ejecutaron los atentados. La reconstrucción de los hechos muestra que el presunto jefe del comando y la mayoría de sus miembros residían desde hace años en Madrid, donde se escondieron los explosivos y se manipularon para hacerlos estallar en los trenes. Se sabe también que preparaban atentados contra otros objetivos como el centro Parquesur de Leganés o -muy significativamente por lo que tiene de odio religioso- contra el cementerio judío de Hoyo de Manzanares, según revela hoy EL MUNDO. El ministro Acebes subrayó la semana pasada que buena parte de quienes participaron en las acciones del 11-M están muertos o detenidos. Si ello fuera así, podría pensarse que unos cuantos fanáticos con una rudimentaria y casi chapucera organización habrían causado un desastre de enormes magnitudes, que probablemente hubiera podido ser evitado por una más eficaz prevención policial. Hay algunos datos, sin embargo, que sugieren que la planificación y la financiación de los atentados contó con ayuda externa. Sin ir mas lejos, The New York Times publicaba ayer un extenso artículo en el que defendía la teoría de las ramificaciones externas de la trama. El diario estadounidense cuestionaba que Albeldamajid Fakhet El Tunecino fuera el cerebro de la masacre, como ha sostenido Interior, y aseguraba que los servicios secretos de varios países creen que todavía no ha salido a la luz más que una pequeña parte de un vasto iceberg. Aunque la investigación policial en estas cuatro semanas ha avanzado mucho, es posible que la tesis de este diario sea correcta, puesto que es difícil de creer que estas personas muertas o detenidas, de un perfil casi vulgar, hayan podido idear un plan tan maquiavélico y causar tanto daño. El único eslabón que une los atentados de Madrid con Al Qaeda, al margen de la afinidad ideológica, es la entrevista de El Tunecino con Amer Azizi en Turquía hace más de un año, en la que al parecer este dirigente le aseguró al primero que no estaba en condiciones de ayudarle para preparar un atentado en España, aunque le dio su visto bueno. Al Qaeda, sin embargo, no es una organización terrorista con una estructura jerárquica a la manera de ETA. Es más bien una red con conexiones a múltiples niveles, todos relacionados por su odio a Occidente y su idea de la Yihad. No hay que descartar, por ello, que los autores de los atentados de Madrid pudieran contactar con otros miembros de Al Qaeda o que recibieran indicaciones y ayuda financiera de fuera de España, como quien recibe y gestiona una macabra franquicia. La inmolación en Leganés de El Tunecino y sus compañeros ha impedido unos interrogatorios que hubieran sido muy útiles para esclarecer hasta dónde llega la madeja terrorista. Pero existen otros detenidos y otras pistas que la Policía debe investigar a fondo, junto a las aportaciones que puedan hacer otros países. Para evitar que la masacre del 11-M se repita, no hay más remedio que esclarecer esa trama que probablemente conduce a personas y lugares que no han aparecido todavía en la investigación policial.
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