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El Mundo, 7 de abril de 2004 EDITORIAL Brillante persecución del 11-M Mientras los forenses tratan de averiguar a cuántos terroristas corresponden los restos humanos desperdigados entre los restos del piso de Leganés donde se inmolaron los cabecillas de los atentados del 11-M, la Policía cree que se ha desarticulado el núcleo de la célula terrorista que atentó en Madrid. Han sido detenidas 26 personas y han pasado a disposición judicial o se han suicidado los autores materiales de la matanza, que seguían contando con medios y ánimos para atacar indiscriminadamente a la población. Con la cautela que cabe guardar ante una investigación no concluida -la policía local está peinando los pisos de alquiler de varias localidades madrileñas a la busca de terroristas huidos- lo conseguido hasta ahora es un éxito cuyo valor no puede quedar oscurecido por las sombras previas a la tragedia. Es cierto que el aparato de Seguridad del Estado falló a la hora de prever los atentados, del mismo modo que ocurrió en EEUU antes del 11-S. Los servicios de Inteligencia no advirtieron la posibilidad de un ataque islamista de esta violencia en España. Los terroristas fueron capaces de actuar, además, en medio de las excepcionales medidas de vigilancia puestas en marcha ante el temor de que ETA atacara en Madrid antes de las elecciones. La lección ha sido durísima y tiene que llevar a un radical replanteamiento del modo de trabajo que se ha venido empleando hasta ahora. Pero asumiendo los errores de prevención, es incuestionable que, desde la misma mañana del 11 de Marzo, la respuesta de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado merece un sobresaliente. La rapidez y eficacia empleada para seguir la trama homicida y detener a quienes planearon y ejecutaron los atentados ha contribuido a tranquilizar a millones de ciudadanos conmocionados y a reforzar la confianza en su policía. Naturalmente, el hallazgo de un artefacto explosivo en la vía del AVE o los tremendos acontecimientos de Leganés pusieron de nuevo en vilo a la ciudadanía. Pero todo lo que puede decirse es que no han sido sino dos éxitos policiales sin los que ahora estaríamos lamentando males mayores. En el primer lugar de los honores debe figurar el nombre del fallecido Javier Torronteras Gadea, que junto a sus 12 compañeros heridos del Grupo Especial de Operaciones expuso su vida persiguiendo a los terroristas. La Comisaría General de Información de la Policía, bajo las órdenes del secretario de Estado de Seguridad Ignacio Astarloa y del ministro Acebes, y todas las fuerzas de seguridad han trabajado a marchas forzadas en una brillante operación. Lo hicieron, además, en unas durísimas circunstancias, bajo una presión ambiental, emocional y política sin precedentes en los días previos a unas elecciones y ofreciendo públicamente resultados y pistas concluyentes para la investigación desde apenas unas horas después de las explosiones de Atocha.
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