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ABC, 25 de marzo de 2004 EDITORIAL Madrid, kilómetro cero PODEROSA e impresionante la imagen de Sus Majestades los Reyes y sus hijos compartiendo con el pueblo herido el dolor infinito de todo un país. Quizás nunca como ayer, el oficio de Rey llegó a sublimar de manera tan nítida y apabullante su principal potencia, esa conexión directa con el sentimiento de los españoles que le hacen ser, en los momentos críticos, la piel misma de España y el espejo sincero en el que se ven reflejados todos sus habitantes. Emoción y abrazo, más aún, extensibles a todos los rincones del mundo, como atestigua la presencia en el funeral de Estado oficiado ayer en memoria de las víctimas del 11-M de los más altos dignatarios del planeta. España sufrió hace dos semanas su particular 11 de septiembre. Un atentado brutal para el que nadie estaba psicológicamente preparado. Hoy el dolor sigue todavía vivo y a flor de piel. Sin embargo, sería un error que con el pasar de los días nos quedáramos en la autocompasión. Nadie puede asegurarnos que no se repita una agresión similar y las autoridades deben poner cuanto esté en sus manos para intentar frustrar o evitar una catástrofe como la vivida. En menos de una semana se reunían los ministros de Interior y Justicia de la UE, sus homólogos de Exteriores y, finalmente, los directores de los principales servicios de inteligencia europeos. Su objetivo, mejorar la coordinación de los esfuerzos nacionales antiterroristas. El hecho de que la Policía española ofrezca los nombres de sus principales sospechosos es un paso adelante, pero deja entrever el largo camino que queda por recorrer si de verdad se quiere poner en marcha algún mecanismo europeo que permita enfrentarse a una amenaza global, como es hoy el terrorismo, de manera coordinada y conjunta. Por otro lado, la extensión a la colaboración policial y de servicios de información con los países árabes resulta imprescindible. Hasta ahora ésta ha sido parcial y muy selectiva. La UE debería incluir en sus programas de cooperación con el Mediterráneo la formación conjunta de expertos antiterroristas y la OTAN debería profundizar en su diálogo mediterráneo en la mejora de las políticas antiterroristas y contra la proliferación en la zona de manera urgente. Puede muy bien que los ejecutores de las matanzas del 11-M lleguen a ser detenidos en suelo español, pero también es posible que los cerebros reales de los atentados se estén paseando tranquilamente allende nuestras fronteras. Mejorar las capacidades antiterroristas del mundo árabe es una asignatura pendiente y urgente. La batalla del terror nos la han traído a nuestro suelo, pero no es sólo aquí donde hay que vencerlo. Al igual que durante años el combate contra ETA se vio mermado por encontrar los terroristas vascos un enclave de seguridad en el sur de Francia, hoy los fundamentalistas islámicos que atentan contra nosotros se refugian en la desidia o en la incapacidad de muchos gobiernos para ejercer de manera eficaz su autoridad. Impedir que el terror disfrute de paraísos desde los que operar es ya una obligación de cualquier gobierno responsable. Las bases de toda esta lucha conjunta y global han de ponerse en marcha de inmediato. Partiendo quizás del simbólico acto celebrado ayer en la catedral de la Almudena, Madrid debe ser desde ayer una especie de «kilómetro cero» de donde parta este nuevo espíritu de lucha unitaria contra el terror, sin distinciones ni graduaciones, sin orillas, que sólo benefician a quien emplea la violencia. Porque, efectivamente, el dolor de Madrid, el dolor de España, fue ayer también la sincera aflicción compartida por todos aquellos comprometidos con la erradicación de la peor y más letal plaga de este incipiente siglo XXI.
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