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ABC, 14 de Marzo de 2004 EDITORIAL JORNADA DE IRREFLEXIÓN EN poco más de cuarenta y ocho horas, el Ministerio del Interior ha podido presentar ante los ciudadanos los primeros resultados concretos de la investigación policial de los atentados del 11-M. La mochila con explosivos que no llegaron a estallar, localizada entre las pertenencias personales abandonadas por las víctimas, puso en manos de la Policía un teléfono móvil, pista definitiva para localizar a los posibles autores de la falsificación de la tarjeta del teléfono. A primera hora de la tarde de ayer, la Policía detuvo a tres marroquíes y dos hindúes por su presunta relación con estos concretos hechos. Sobre ellos no pesa una sospecha por la autoría material del atentado, pero constituyen una pista muy sólida para la identificación de los autores. Evidentemente, la investigación que cobra fuerza es la que se orienta al terrorismo integrista islámico, aunque las detenciones no sean concluyentes. Atendiendo a la responsabilidad que incumbe a todo Gobierno en la lucha contra el terrorismo, el Ejecutivo de José María Aznar se ha comportado de forma eficaz y transparente. Objetivamente es un éxito que, a los dos días de producirse el macro atentado de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia, los ciudadanos sepan que existe una vía fiable de investigación. Y que sepan también que, en esta tarea de esclarecimiento de los hechos, ni el proceso electoral ni la repercusión en votos han impuesto tiempos muertos. Desde la izquierda se aventaba la sospecha de que retenían información incómoda para darla a conocer después de las elecciones. A pesar de que los hechos desmentían esta insidia, desde la oposición se acusaba ayer al Ejecutivo de ocultar la verdad. Pero no lo ha hecho. Por el contrario, hasta el momento, las únicas informaciones fiables han sido las del Gobierno. Frente a ellas sólo se han urdido intoxicaciones y manipulaciones. La verdad, según era conocida, ha sido facilitada a los ciudadanos, sin cálculos electoralistas. A José María Aznar se le podrán reprochar muchas cosas, pero nunca que se haya reservado el terrorismo para administrarlo a su conveniencia. Y quien afirme lo contrario, tiene la carga de la prueba. SIN duda alguna, estas detenciones darán fuerza a los que ansiaban atrapar al Gobierno con la autoría integrista, bien por si ocultaba la información hasta después de las elecciones, bien por si se confirmaba antes de los comicios y aprovisionaba por cauces extraordinarios las expectativas electorales de la oposición. Pocos ocultaron su ansiedad en la jornada de ayer esperando una noticia que permitiera saltar de Atocha a Bagdad, para anunciar la llegada del castigo integrista por la política exterior del Gobierno popular. La organizada manifestación que cercó la sede del PP expuso bien a las claras la pérdida moral en que se encuentra una parte de la izquierda española, jaleada interesadamente por los suplentes de unos partidos a los que la ley electoral manda callar en la jornada de reflexión. Hoy es más probable que ayer que la responsabilidad del atentado corresponda al terrorismo integrista islámico. Es tiempo, por tanto, de las anunciadas lecturas políticas de esta probabilidad y de que los que han jugado a endosar a Aznar los muertos españoles causados por el terrorismo sunní o baasista en Irak o quizá salafista en Madrid empiecen a hacer efectiva públicamente su ecuación y se atrevan a decir que la culpa de las doscientas muertes es de Aznar y del PP. Los que decían que ETA no podía condicionar la agenda política, que no había que utilizar el terrorismo como arma electoral ni reprochar que en el tripartito catalán estuviera un partido claramente benéfico, en sentido político, con ETA, son los que ahora están husmeando por las esquinas para encontrar un rastro de sangre que les lleve hasta Aznar. Para ellos, el terrorismo islámico sí sirve para atacar a un gobierno democrático, que de ETA sólo se ha ocupado para derrotarla y para condicionar la agenda política y, si hace falta, la moral. De ETA, que ha asesinado en España a casi mil personas desde hace treinta años, no se puede hablar, aunque esté siendo derrotada, aunque haya nuevas esperanzas de libertad en el País Vasco, aunque haya un consenso casi absoluto en la sociedad. AYER, a medida
que pasaban las horas, se puso en marcha la misma maquinaria antidemocrática
que agredió a candidatos populares y asaltó centenares de
sedes del PP durante las protestas contra la guerra y la campaña
de las elecciones locales y autonómicas. Algunos estaban muy interesados
en que antes de la jornada de hoy se supiera con certeza quiénes
eran los autores. Puede que quienes hayan quedado al descubierto de cara
a las urnas sean otros. |